Ludwig Fulda

Tal día como hoy nacieron Walter Benjamin y Ludwig Fulda. Se diría que tuvieron la misma mala estrella. Ambos eran judíos en tiempos del nazismo. Fulda se quitó la vida en marzo de 1939 a los 76 años y Benjamin en setiembre de 1940; la más directa forma de escapar a los campos de exterminio a los que estaban destinados. Fulda murió unos meses antes del estallido de la guerra, Benjamin cuando la guerra llevaba un año y la mancha de terror del Tercer Reich se extendía por Europa. Fulda fue el encargado de publicar, en setiembre de 1914, el "manifiesto de los 93" breve texto que reunía las firmas de importantes personajes de la cultura alemana en favor de la causa de su país cuando estalló la Primera Guerra Mundial. En 1914 Fulda podía justificar a Alemania ante Europa, era un patriota alemán y a nadie le sorprendía eso. Hoy está olvidado pero en su tiempo Fulda tuvo mucho éxito como dramaturgo. Leo en Wikipedia que entre 1888 y 1932 se contó entre los autores más representados de su época. Hizo traducciones de Calderón de la Barca, Tirso de Molina, Lope de Vega. También de Molière. La última película que rodó Greta Garbo (1941) se basa en una pieza de teatro de Fulda. Difícil de imaginar lo que tuvo que significar para Fulda, como para tantos judíos asimilados, el ascenso y triunfo del nazismo. Con qué nostalgia debió de recordar sus años juveniles, cuando le sonreía el éxito y podía vivir tranquila y libremente en su amado país. A partir de 1933 todo eso cambió. Ya no era alemán, era judío. El país del que estás tan orgulloso te escupe de la noche a la mañana. No sólo te escupe, te persigue para asesinarte. Amor no correspondido. Nostalgia de la tierra inocente, no del estado; nostalgia de los ríos, árboles, paisajes de Alemania, no de sus gobiernos. La nostalgia del exiliado Heine cien años atrás. En 1938 Ludwig Fulda estaba de visita en Estados Unidos pero tuvo que volver a Alemania. Más tarde trató de conseguir el permiso para salir otra vez hacia ese país pero le fue denegado. Sin duda desesperado se suicidó en Berlín en marzo de 1939 cuando de todas partes colgaban esvásticas y atronaban los aullidos de Goebbels y Hitler. A partir de 1935 Fulda pasó con su mujer temporadas en el extranjero, en Francia e Italia, leo en Wikipedia. Cuántas veces no hablarían, en la intimidad, en voz muy baja, porque vivían en el temor continuo, del peligro que corrían si seguían en Alemania. Qué temores y esperanzas no combatirían en sus conciencias. "Quizá se arreglen las cosas, no puede ir todo tan mal, esto es insensato..." Mientras tanto el proceso de privación de derechos era gradual pero implacable. Hitler detentaba el poder desde 1933. Fulda, se supone, no reaccionó a tiempo y se vio atrapado. ¡Pero no era tan fácil escapar! Vería cómo se hacía el vacío a su alrededor, cómo él y su familia y todos los judíos empezaban a ser señalados, perseguidos, encarcelados, expulsados de sus puestos de trabajo y despojados de sus bienes. Hay cosas tan enormes, tan negativas, que son difíciles de creer. La naturaleza humana es inclinada a la esperanza, muchas veces contra toda evidencia. Billy Wilder dijo una vez con mucha ironía y amargura: "the optimists died in the gas chambers, the pessimists have pools in Beverly Hills". No hablaba a la ligera, su madre murió en Auschwitz. Los primeros pensaron "ya se arreglará" Pero conocieron el horror que los asesinó y no pudieron dar testimonio. Los segundos fueron más realistas, aunque pocos llegaron a tener piscinas en Hollywood. Emigrar debe de ser una decisión muy dolorosa y muy difícil. Y quién sabe hasta qué punto es decisión consciente y no resultado de las circunstancias, como al aturdido al que empujan y de esa forma se libra de un peligro mortal. El doloroso exilio fue primer acto de la tragedia, el paso previo al inimaginable exterminio de millones de judíos. 

Prejuicios

Conocemos o vemos a una persona e inmediatamente nos hacemos una idea de ella. "Hacerse una idea" es una expresión interesante, como la de "pararse a pensar". Qué bien nos vendría, por cierto, "pararnos a pensar" porque, como sabemos, vamos a trompicones y cada vez más acelerados (esta idea no es nueva, desde luego). Conocemos, decía, a una persona y la encasillamos. Quizá hacemos igual con nosotros mismos, también tenemos una opinión sobre nosotros (somos desconocidos íntimos, si puede decirse así). Creo que somos muchísimo más influenciables de lo que creemos. Que millones de personas cayeran bajo el hechizo de Hitler o Mussolini (no tanto mágico hechizo como propaganda y control de los medios de comunicación y las escuelas) da que pensar. Vuelvo al asunto. Alguien se entera de que fulanito, al que tenía por ignorante, pasó los veranos de su juventud en el extranjero. Esto quiere decir: fulanito tiene más mundo del que yo pensaba. Además tiene una habilidad que desconocía, habla muy bien el idioma de ese país. Así que hay que reorganizar todo el edificio. Juzgamos con muy groseros criterios a nuestros semejantes (¿será este otro "juicio grosero"?). Por eso la polarización que sufre nuestra sociedad es un mal signo. Azules unos, rojos otros, verdes los de más allá. Una forma muy simple de distinguir a unos de otros que no admite matices. No hay voluntad de concordia, de entendimiento. Quien piensa de manera diferente es un adversario al que hay que neutralizar. Va por delante el odio antes que el oído. Hay una minoría de revoltosos a la que le gustaría, alegando la vieja excusa del desorden y el caos, ver cómo se suspenden los derechos y libertades. 

Viaje nunca realizado

De joven quería hacer un viaje en particular: ir hasta Brindisi en tren y desde allí embarcarse hasta Patrás, en Grecia, en uno de los ferrys que recorren ese trayecto. Sería el viaje inverso al último viaje de Virgilio. Era un viaje byroniano, juvenil, insistente como proyecto. Nunca se realizó. 

Paseando en silencio

Nunca estuvimos tanto tiempo sin escribirnos, sin tener comunicación. Es decir, sin dar tantas señales de mutuo afecto.

Un escritor olvidado, Gustav Hochstetter, muerto en 1944 en el ghetto de Theresienstadt, publicó en 1913 en el diario "Prager Tagblatt" un breve cuento titulado Schweigend wandern que como poco es curioso. En aquellos años ya existía el teléfono. Lo que imaginó Hochstetter fue el teléfono móvil. Un hombre de negocios con agotamiento nervioso tiene que irse a descansar a las montañas por prescripción médica. Parte en tren. Está sólo y de repente oye la voz de su mujer dentro de la mochila. Revuelve dentro de ésta y saca un aparato. Su señora le ha puesto en la mochila un teléfono sin hilos, muy caro, para poder hablar con él. La mujer le aburre con una cháchara interminable. Le hace hablar con su jefe, con su suegra, etc. Al final el hombre tira el teléfono a un lago. 

Haciendo cola

Me sitúo detrás de un carrito y espero pacientemente mi turno para pagar en caja. Después de un momento una cajera me hace señales; me dice que la cola está más allá. El carrito detrás del que me había colocado disciplinadamente estaba detenido y aislado en medio del pasillo. Hago a la chica un gesto que quiere decir "qué despiste". Sin embargo, me parece que no es un simple despiste. Es como si dejáramos a un lado la inteligencia cuando estamos entre la masa, inmersos en una mecánica, sea la que sea. Tocaba guardar cola y me puse detrás del último carrito sin advertir que la cola estaba unos metros más adelante. Esa mecánica nos convierte en borregos. Esto explica muchas cosas. 

Del horizonte al punto

La nostalgia es una emoción que aparece con los años. La ilusión, en cambio, intensa en los años mozos, se va atenuando. De joven se pisa un vasto dominio (por decirlo como Aleixandre). Ese dominio se va reduciendo con el paso del tiempo hasta llegar a ser un angosto agujero en el cual el antiguo horizonte de la infancia y la juventud se cierra definitivamente en un punto. 

Osos de Somiedo

Se han convertido en una atracción turística cada vez más en auge. Los visitantes del Parque Natural quieren ver a los osos pardos en estado salvaje. Tienen derecho, por supuesto. Es el gusto por coleccionar "experiencias interesantes", característico del hombre actual. Por ejemplo, bajar hasta el fondo del Atlántico en batiscafo para ver los restos del Titanic, viajar a Noruega para ver la Aurora Boreal o visitar los campos de batalla de la Primera Guerra Mundial poco después del armisticio, cosa que indignaba a Karl Kraus (la cosa viene de lejos). En las montañas cantábricas vive el oso pardo en la alegre compañía de raposas, rebecos, víboras, lobos, caballos, venados y turistas. Esta avidez de "experiencias interesantes" atrae a esos parajes a cientos de homínidos provistos de prismáticos y otros aparatos ópticos de alta tecnología. Aumenta la población osera y aumenta la afluencia de turistas. Hay que poner cordura. Para eso están los organismos que se dedican al estudio y conservación del plantígrado, que por algo entienden. Si te encuentras con un oso sigue sus consejos: no le tires piedras al oso. Como ha aumentado, por fortuna, la población de osos en los últimos años los problemas, por desgracia, aparecen. Dice el jefe del Servicio de Vida Silvestre que tiene a su vez un jefe que a su vez tiene un jefe que a su vez tiene un jefe: "Cuando aumenta la población de osos, hay más probabilidades de que uno de ellos entre en alguna localidad para buscar comida —a un contenedor, un restaurante, un gallinero—, lo que puede generar alarma. En cuanto vemos que algún ejemplar lo hace más de una vez, activamos el protocolo” ¿Y qué es el protocolo?, pregunta un colegial. La cosa consiste en tender una trampa al incauto animal, anestesiarle y colocarle un collar con GPS, como explica otro jefe, el jefe de la sección de Recursos Naturales. Hay que meter al oso en vereda. Es el tesoro del Parque Natural, cierto, pero puede ser revoltoso. Así es como aparece la figura del "oso problemático" como si de un adolescente se tratara. "Una vez que el oso problemático se mete en el cilindro, científicos y veterinarios se desplazan hasta ahí para dormirlo —sin que el animal los vea—, se le toman muestras de sangre y pelo para ver su estado de salud, y le colocan un collar con GPS que ayuda a entender sus movimientos —lo que ofrece una valiosa fuente de conocimiento— y, sobre todo, adelantarse a sus incursiones una vez liberado" dice el redactor de la noticia. Los turistas hacen excursiones y los osos problemáticos hacen incursiones. En efecto, son "científicos", y no simples mortales, los encargados de atrapar y fichar al oso problemático. Hay un involuntario humorismo en todo esto. La "sociedad de control" se extiende también a los animales salvajes.

Philadelphia zombies

El barrio de Kensington en Philadelphia es el infierno de Dante. No sé hasta qué punto las imágenes grabadas con móvil que pueden verse en distintos medios son fiables. Si la cámara es objetiva lo que se observa es un paisaje humano devastador: decenas de jóvenes tirados en la calle, entre la basura, totalmente ensimismados, inconexos, destrozados por los efectos de las drogas sintéticas que se venden y consumen allí. Las drogas son, sobre todo, el fentanilo, un opiáceo sintético potentísimo (50 veces más que la heroína, 100 veces más que la morfina) que se mezcla con la xilacina, un tranquilizante de uso veterinario. Con ese cóctel ya pueden imaginarse los daños para el organismo. Detrás de este infierno están los demonios que se enriquecen con la destrucción de tantas vidas. Esa no es la América con la que sueñan los "espaldas mojadas" y por la que se juegan la vida. 

Blogs abandonados

Con un par de excepciones (blogs de Jorge Ordaz o Ferrer Lerín, de los que he consultado) todos los blogs a los que tenía enlace, casi todos llevados por amigos o conocidos, están abandonados. Ha crecido la maleza, son casas en ruinas. La últimas entradas son del año 2018 o 2016. Es melancólico ver que incluso para los blogueros el tiempo pasa. Había cierta red de lecturas, nos seguíamos, éramos una comunidad de blogueros. En este blog (tan abandonado como los demás) son muchos los comentarios que dejó mi llorado amigo Felipe, atento lector de estas notas. Ahí están, en el mundo virtual, hasta que se borren no sé cómo. Con Felipe, que murió en noviembre de 2020, perdí a un gran amigo que era además un maravilloso conversador. Pasé con él horas deliciosas hablando de literatura, historia, filosofía, de tantas cosas, mientras bebíamos una copa de vino y fumábamos un puro, con Cristina presente, en la taberna de "El Molinón". Tuve la satisfacción de que Felipe y José Luis Sevillano (otro amigo poeta cuyo blog está abandonado) se conocieran por mi mediación. Ambos eran aficionados a fumar en pipa. Además se aficionó a este blog una chica sevillana (también tenía su blog) que solía dejar comentarios, siempre ingeniosos. Sin olvidar al "anónimo" que solía discrepar de lo que yo escribía. Empecé este blog en el 2012 llevando una vida que ahora me parece un sueño. Estaba ilusionado con el juguete. No estaba desengañado todavía. Creía (supongo que como tantos otros blogueros) en el espejismo de la publicidad que da escribir en internet. Yo jugué a ser un intelectual, con mi modesta tribuna a mi disposición.  Hoy es sábado de un día de junio del año 2023. Paso por aquí y escribo con tiza en los muros ruinosos de este blog estas palabras. Nunca tenemos la certeza de saber si del otro lado hay alguien (amigo, conocido o desconocido) que nos lee. 

Generación del 27

Además de la generación del 27, de sobra conocida (aunque tal vez no haya que exagerar) existe otra que también podría llevar ese nombre, tan excepcional como la de los poetas españoles. Se trata del grupo de jóvenes físicos (no llegaban a treinta años excepto uno) que sentó las bases de la Mecánica Cuántica en lo que fue una revolución científica como ha habido pocas a lo largo de la historia. La "otra generación" del 27 tiene su retrato, como lo tiene la española (foto en el Ateneo de Sevilla, centenario de Góngora) y fue tomada en Bruselas, congreso Solvay, en octubre de ese año tan importante para la física y la literatura española. Los Lorca, Alberti, Guillén, Dámaso, Salinas o Gerardo de la Mecánica Cuántica fueron Heisenberg, Schrödinger, Dirac, Pauli, Born, Jordan. Unos se expresaron en español, los otros en alemán (excepto Dirac). 

Se nos van las horas

El tiempo no es veloz por rápido sino por constante. No descansa jamás (adverbio de tiempo) y eso lo hace inatacable. Grano a grano en el reloj de arena o gota a gota en la clepsidra. Tengo muchas cosas que hacer pero no encuentro tiempo para hacerlas. Siendo yo tiempo me falta tiempo. No sólo falta tiempo para realizar algo, sino para "pararse a pensar" si es que eso es siempre conveniente. Estoy esperando un tren en una estación desierta y cuando abro los ojos (no sabía que los tenía cerrados) ya estoy en el vagón, ya he llegado al destino, ya estoy esperando nuevamente otro tren. Más que envejecernos el tiempo nos arrastra, nos lleva de los pelos, incluso a los calvos como yo. 

Free at last

La patria verdadera no es la infancia, la patria verdadera no existe. Es un anhelo que no se colma jamás. Por eso creo que vivimos en el exilio. A veces en ese estado de ánimo melancólico que me sorprende al atardecer miro las nubes hacia el horizonte, larga fila de nubes grises y compactas, mientras sopla un viento frío que viene de una región desconocida y desierta. Hoy estamos aprisionados por los Estados, por los trabajos, por los miedos apocalípticos, por la presión social, por las demandas del mercado. Todo se lo dejamos a la tecnología, cada vez cobra más importancia y poder en nuestras vidas. Los sueños de libertad en todo el mundo, a lo largo de los siglos, han sido ahogados en sangre y heces. El epitafio de Martin Luther King dice: "Free at last. Free at last. Thank God Almighty I'm free at last" ¿Será que sólo en la muerte encontramos la libertad? 

Huracán del progreso

Como  individuos nuestro ciclo vital es el de siempre: infancia, adolescencia, juventud, madurez, vejez y muerte. Eso ha sido así desde la noche de los tiempos. Es la naturaleza. Pero en unas pocas generaciones los cambios sociales (no tanto políticos) han sido alucinantes. Lo que una generación ha conocido la siguiente lo considera no obsoleto, sino prehistórico. Es vertiginosa la velocidad de este progreso tecnológico que ha modificado por completo nuestra manera de relacionarnos. Las redes sociales, las app para ligar, el teletrabajo, etc. Las consecuencias de este frenesí desatado aún no se conocen. Se necesita tiempo para que se asienten los edificios, nada firme puede sostenerse sobre el viento. Nos estamos acostumbrando a la fuerza a una inseguridad permanente. 

Así

Es digna de estudio la costumbre actual de titular tantas noticias empezando por el adverbio "así". Así fue, así han reaccionado, así se produjo, etc etc. El periodismo de hoy se dirige a un observador morboso y acrítico de la actualidad.

La edad y la muerte

No todo envejece en nosotros según pasan los años. Hay algo que cada vez es más joven: se trata de la muerte. A los viejos les atrapa siendo una muchacha, los que mueren jóvenes son capturados por una muerte vieja. La muerte va a la inversa de nuestra edad. Cosas del género, como en español "muerte" es femenino la imaginaremos así. 

TikTok

Pues sí, querido amigo, yo creo que los humanos seguimos oliendo a bruto por mucho móvil que usemos y muchos viajes que hagamos. Nos gusta el olor del sobaco, no la fragancia del jazmín. Hay excepciones, pero son eso: inmensas excepciones. Qué va, yo no soy una de ellas aunque diga esto. Creo que  nos iremos haciendo (estamos en el mundo TikTok)  cada vez más primitivos, que iremos perdiendo gusto, complejidad, capacidad de concentración, pero que mantendremos unos límites, de lo contrario la sociedad se desintegraría. Existe, me parece, una autorregulación, un instinto de supervivencia muy fuerte. El nazismo encerraba un germen suicida. Esta queja no es original, muchos pelmas a lo largo del tiempo entonaron canciones parecidas: ahora están muertos y olvidados. Yo tuve, tengo, mi parte en este presente maravilloso. Pienso que la hora de cierre ha sonado en los jardines de Occidente, aunque esta frase tiene por lo menos cien años. 

Retórica italiana

Antes de la Primera Guerra Mundial Italia era un país muy dado a la retórica entre políticos, militares y poetas. Discursos grandilocuentes, inflados, floridos, llenos de metáforas. Típicos representantes de este estilo barroco fueron D'Annunzio y Marinetti. Los generales del ejército italiano solían arengar a sus soldados con piezas semejantes. Luego se vio que esa guerra mundial no tenía nada de heroico; al contrario, era horrible, espantosa, infernal. Un poeta de entonces barrió toda aquella hojarasca de palabras huecas (no sólo estética sino moralmente despreciables) más propia de tiempos pasados. El poeta es Ungaretti. Es posible que su experiencia como soldado en el frente le hiciera rechazar la retórica al uso. A veces se necesita una guerra cruel para depurar un estilo literario. En el amanecer del 26 de enero de 1917 Ungaretti escribió el poema más breve que yo conozco (palabras escogidas como ninguna otras): Mañana. Me ilumino /de inmenso. Ungaretti se adhirió al fascismo y Giovanni Papini, al que ya nadie lee aunque es muy buen escritor, no ocultó sus simpatías por ese movimiento. Cuestión que da que pensar: hombres inteligentes como éstos cayeron en la fascinación de Mussolini. No eran las cosas tan simples como las vemos hoy.

La vida es una catástrofe

Cada vez tengo más claro que la vida es una catástrofe. Estoy seguro de ello. Es peor que una pesadilla. Hay un principio MALO en la vida, de lo contrario no sería tan facilísimo romperse la crisma, enloquecer, malograrse, arruinarse, enfermar, quedarse solo, morir. Ser engañado, explotado, bombardeado, apuñalado, atropellado, estafado, abandonado, traicionado, gaseado o ser el agente de esas situaciones: el que engaña, explota, bombardea, apuñala, atropella, estafa, abandona, traiciona, gasea. Los papeles suelen intercambiarse. La vida es algo cuyo único propósito, si tuviera alguno, es transmitirse ciegamente a otro ser (lo que nos provoca el atormentador deseo sexual); eso es para lo único que importa el individuo. Pasan los años y a ese individuo que se arruga se le somete a la terrible vejez, asiste a su ruina física, a la ruina de todo lo que es, mientras conoce impotente que la espantosa muerte se acerca cada vez más rápido. Puede admitirse que la vida es hermosa, por momentos, mientras dura la juventud, mientras dura el engaño. Breves son los días felices de los mortales. Pero los años caen uno tras otro y llega la vejez humillante e inhóspita. En la Primera Guerra Mundial murieron 20 millones de personas. Veinte millones de personas que no se conocían entre sí. Este es sólo un ejemplo de lo terrible que es nuestra naturaleza. 

Qué diría Goya

Goya no diría nada. Hipótesis imposible. Qué diría Goya del asalto a sus majas hecho por dos adolescentes que protestaban contra el cambio climático, o mejor dicho, contra la pasividad de los gobiernos o de quien corresponda. El sagrado Arte, el patrimonio de la Humanidad, convertido en objeto de escándalo por dos niños. De repente descubrimos que esos cuadros tan custodiados son frágiles, perecederos, vulnerables y que pueden utilizarse como medios dejando de ser fines. Quizá a Guy Debord le hubiera parecido muy bien y hubiera considerado ese asalto una performance. El arte es un termómetro perfecto para medir la temperatura moral de una época. Ya se han visto ataques con botes de pintura a otros cuadros, estos chicos han sido más considerados y sólo se han pegado con loctite a los marcos de cada una de las majas. Hacían una buena composición. Uno al menos debiera haberse desnudado. Pero no nos engañemos, este tipo de actuaciones no es nuevo. Un tal Eróstrato incendió el templo de Diana en Éfeso sólo para ser recordado por esa hazaña. 

Charles Dantzig

Leo por encima el grueso Dictionnaire égoïste de la littérature française de Charles Dantzig. No conozco a este escritor. Es un erudito impresionante. Parece que sabe de memoria toda la literatura francesa, que lo ha leído todo. Es muy fino. No sé si existe traducción al español de este libro, creo que no: en realidad es un libro para franceses y francófonos. La entrada "Comedia, tragedia" dice: "el destino de las comedias es terminar en dramas y el destino de las tragedias terminar en ridículo" En la entrada siguiente "Comenzar (por qué)" hace Dantzig una lista de escritores franceses y al lado pone los libros de estos autores por los que no hay que comenzar, según él. Por ejemplo: Honoré de Balzac / Eugenia Grandet. Baudelaire / sus Cartas. Albert Camus / El extranjero. Jean Giono / Saludar a Melville. Valéry / El señor Teste. Zola / Los cuatro evangelios. 

Refugio

Subió al cementerio a dejarle una rosa roja. Hace casi diez años que murió de una manera inaceptable, porque puede aceptarse la muerte, qué remedio, pero no ciertas maneras de morir. Piensa de qué cosas se ha librado ella al morir entonces: lo primero, naturalmente, de la pandemia, el trauma del confinamiento, las medidas sanitarias, la psicosis, todo el planeta amenazado por un virus, los muertos por millones. Después tantas cosas más, una graciosa retahíla: la degradación de la vida social, en España aparece la extrema derecha, se funda un partido que venía a asaltar los cielos y se desintegró en purgas después de decepcionar a sus simpatizantes (gente humilde, a esos la decepción siempre les toca). Más tarde el sainete del Procés, con la república que duró un minuto. Más cosas: redes sociales, odio sin freno, multimillonario que compra Twitter. Cada vez más distancia entre una minoría de multimillonarios oligarcas y una multitud envilecida de pobres. Alquileres que se disparan y hoteles de lujo que se construyen. Más cosas: la crisis económica que sigue asfixiando, el coste de la luz y la gasolina. Bueno, las noticias no dan cuenta de atentados islamistas (¿Quiere decir que no los hay? ¿Cómo han quedado Afganistán, Irak, Siria o Yemen?). ¿Estábamos tranquilos? Vuelve Rusia, el país enemigo de Occidente: la guerra de Ucrania, la amenaza del holocausto nuclear. Más cosas: la degradación de las condiciones laborales, la humillación de los trabajadores (cargas de trabajo demenciales que los humillan y enferman: depresión, ansiedad, problemas cardiovasculares, etcétera). Y para rematar la nueva alegría de estos tiempos luminosos: un nuevo terror, el cambio climático que ya trae veranos insoportables y además de esto la destrucción del medio ambiente. Le deja una rosa. No caben más coches en el aparcamiento. 

Burdeos

De Burdeos a Burdeos hay varias horas de camino a pie. Una ciudad con escasos puentes que estuvo cerca de ser tan imponente como Londres, pero que, por suerte, se quedó en un tamaño más humano, menos monstruoso. Observo que allí está de moda entre los jóvenes dejarse bigote con las guías para arriba, como era costumbre en los años de la Primera Guerra Mundial. No me extrañaría que dentro de poco veamos tal uso en esta parte del mundo desde la que escribo. Cuántos humanos pueblan la tierra. 

Colocación

Ya no se usa el verbo "colocar" en la acepción de encontrar un puesto de trabajo fijo y digno que asegure una posición de por vida. Esto ha pasado a la historia como cualquiera sabe. La precariedad es tan general que nadie se coloca y los que podían decir de su trabajo hace tres décadas que estaban bien colocados se encuentran ahora, en el ocaso de sus carreras, con que los tratan como si fueran galeotes, con absoluto desprecio. Es una dialéctica eterna. Soportar tempestades de sinsentido (pero quién se pregunta por el sentido de nada si está reducido a la condición de esclavo) para llegar a ver cómo degenera tu profesión (que es tu medio de vida en definitiva) que hace poco era respetada. Terminaremos pagando por el derecho a respirar. Es insoportable pensar que tanta angustia sea inútil y sólo tenga por respuesta el estúpido silencio del cementerio. 

Noviembre 1915

En noviembre de 1915 se culminó la tarea de encontrar las ecuaciones de campo de la Teoría de la Relatividad General. Después de muchas tentativas entre 1907 y 1915 Einstein llegó por fin al resultado deseado. Yo creía que en esa carrera era Einstein el único corredor pero no es así. David Hilbert, un matemático de Gotinga, estaba sobre la pista en ese momento y llegó a los mismos resultados que Einstein también en noviembre de 1915. Aunque no se pone en duda que la primacía del descubrimiento le corresponde a Einstein por un razón importante: Einstein con una audacia pasmosa pensó la teoría (principios de equivalencia y covariancia y uso de cálculo tensorial) cosa que Hilbert no hizo. Hilbert usó sus profundos conocimientos matemáticos para trabajar sobre lo que Einstein había imaginado y construido. O dicho con un símil: Hilbert era muy buen piloto  pero conducía un coche prestado. 
No había calma alrededor. Europa se hallaba en medio de la terrible catástrofe de la Primera Guerra Mundial durante ese noviembre de 1915 de trabajo febril de Einstein y Hilbert (Einstein dice en alguna carta que se olvidaba de comer) Wissenschaft und Krieg. Dos sabios de la reconcentrada Alemania descifraban matemáticamente la estructura del universo mientras cientos de cadáveres quedaban insepultos en batallas bestiales. 

Un hombre extraordinario

De las pocas cosas que recuerdo de mis lejanos años de universidad (mi paso por esa institución fue breve y muy discreto) recuerdo tonterías o anécdotas principalmente. Creo que se me olvidaron todas las explicaciones que nos dieron sobre física, fisiología animal, geología, botánica y, sobre todo, matemáticas. Puedo decir que no entendí una sola frase de las que nos dijo aquella profesora pequeña que llenaba la pizarra en cinco minutos. Recuerdo dos frases de dos profesores: la primera fue en la primera lección del profesor de Citología e Histología. Dijo hablando de Adán y Eva que gozaban de los bienes "preternaturales". La segunda frase que recuerdo la dijo el profesor de fisiología vegetal cuando explicando algo en que intervenía el químico Joseph Priestley le llamó "hombre extraordinario". No hace falta decir que no me licencié. 

Qué frase tan triste

Chéjov poco antes de morir le dijo a su mujer que lo acompañaba en los últimos momentos, en un caluroso día de julio de 1904 en un hotel de Badenweiler, en la Selva Negra; le dijo Chéjov: "no se pone hielo sobre un corazón vacío". Es una frase que me sobrecoge por su infinita tristeza.  

Franja de Gaza

Una situación humanitariamente insoportable como las de los dos millones trescientos mil palestinos que malviven amontonados en la franja de Gaza, territorio minúsculo, no sólo no se está remediando sino que empeora. Las cifras de todo son aterradoras. Debe de ser el infierno. ¿Tendrá algún día remedio esa ignominia para la humanidad? Acabamos de salir, parece, de una pandemia. Guerra en Ucrania. EEUU al borde de la guerra civil, cayendo en picado. China rampante. El Rayo Vallecano sigue sin ganar la Champions. Es curiosa nuestra especie: lanza al espacio telescopios como el James Webb, desarrolla la IA y permite que exista la franja de Gaza. Qué mala suerte nacer en ese lugar de la Tierra, que ya sabemos que es menos que un punto en este universo inconcebiblemente vasto y hostil. Creo que me iré sin saber si el hombre es un ángel o una bestia. Lo más sensato, me parece, es tomarlo como una mezcla de ambos. Me acuerdo a veces de la frase de Chamfort (que cito en traducción muy libre): "viviendo y viendo a los hombres es necesario que el corazón se rompa o se vuelva de piedra"

Nuevos palabros

Cambia la dirección de una empresa y los empleados deben adaptarse al sistema del fuerte. Pero no sólo cambia la herramienta tecnológica; también cambian las palabras. Ahora los empleados deben utilizar otra jerga; de repente usan palabras como "boleta" "estadillo" y aberraciones pseudoanglosajonas como "click & service" (clicanservis) que harían sangrar los oídos de un borracho de Birmingham. Son realmente notables la ignorancia, la pedantería y el esnobismo de los altos ejecutivos y el mundo de las finanzas. Pero tienen poder, así que hay que bailar al son que tocan. O eso se creen ellos. Se ha hecho de noche otra vez. Un niño que mañana será un ejecutivo defenestrado estaba hoy jugando con un guau guau. 

Cartas de Flaubert

Leo una antología (sería mejor decir "selección") de las cartas de Gustave Flaubert. Se conservan cerca de 4.500. La edición de Antonio Álvarez de la Rosa es magnífica. Conduce al lector por el camino de la vida de Flaubert dividiendo en etapas los años. Es el trabajo de una vida, una labor encomiable la de Álvarez de la Rosa (en el prólogo afirma que su trato con Flaubert ya tiene unos cuarenta años). Se publica en Alianza Editorial. Muy recomendable para quien quiera conocer de cerca, casi en la intimidad, a este francés depresivo, melancólico, quejoso y escéptico, que echaba pestes de sus contemporáneos. Una curiosidad: cuando escribía la muerte por envenenamiento de Madame Bovary padeció dos indigestiones con vómitos, tanto se había "metido en el personaje" como se dice ahora. 

Algo va mal

Quizá sean figuraciones mías pero advierto un notable incremento del odio en la sociedad. Estamos irritables, agresivos, groseros. Poco espacio donde respirar aire puro. Somos más propensos al insulto que a la palabra amable. En algunos programas de televisión, que ven millones de espectadores, el trato a los concursantes es sádico y denigrante. La crueldad es del domino público y queda retirada a la esfera privada, aterida de frío, la benevolencia. Un gesto amigable me parece cada vez más raro. Esta mañana, en el delirio del trabajo, una mujer me llamó "cielo" o "cariño" y casi me caigo del susto. Lo habitual es el silencio malhumorado, la mirada de desprecio o la palabra áspera. Como mucho un mundano "vive y deja vivir" y gracias señormío por no patear al caído. Moral de resistencia. Convivir se ha convertido en sobrevivir. Con todo creo que no debe perderse la fe en la democracia y la libertad. Mantener el desprecio y el asco hacia los líderes populistas, productos del resentimiento y el odio, que han medrado con el falso carisma alimentado en la televisión basura. Hobbes me hace muecas desde las sombras y no tengo claro qué camino tomar. ¿Mano de hierro porque en el estado de naturaleza el fuerte aplastaría al débil? Ojalá, como quería Borges, tal vez ingenuamente, no necesitáramos gobiernos. La desaparición de los estados sería... bueno, no sé si una utopía o una pesadilla aún peor que la actual. A peor es muy fácil ir. En unas horas se quema un bosque que tardó décadas en formarse. La destrucción es rápida. La decadencia tiene a favor la gravedad. En poco más de diez años un puñado de nazis hizo de la nación más culta de Europa un pueblo de asesinos, gracias al adoctrinamiento y la propaganda. Percibo signos evidentes de degradación social. O quizá estoy equivocado. O tal vez estoy soñando. O quizá vivo en otro planeta. En lo que no me equivoco es en que la vida cada vez está más cara; en que derechos fundamentales como el trabajo y la vivienda son lujos más que derechos. No me equivoco en que las desigualdades sociales están aumentando. Considero justas a las personas que hoy se mantienen firmes, no levantan la voz, no se unen a la manada, siguen leyendo y no avasallan blandiendo su manojo de derechos en el puño. Si me preguntaran  por un acto cívico hoy respondería: leer a Montaigne o a Tucídides. No arrastrar por el fango la humanidad que hay en nosotros. 

Misantropía

Cinco minutos en medio de la rutina para romper su inercia. Detengo mis pasos. Disimulo un poco para que no me tomen por loco. Bueno, dicen que Sócrates estuvo quieto un día entero, concentrado, absorto, ausente y como en trance. Es un fastidio ver por todas partes a humanos, son una pesadilla. Este bullir de masas humanas no creo que sea exclusivo de nuestra época: la antigua Roma llegó a tener un millón de habitantes. Es la idea de encontrarse con un grupo de ruidosos congéneres en el norte de Noruega o en la Antártida lo que me inquieta. Es cuestión de temperamento, no es algo racional: para mí, como para ese personaje de Sartre, el infierno son los otros. No sé si lo entiendo en el mismo sentido de Sartre (ese intelectual ya casi olvidado). Creo que sí, qué otro sentido podría tener esta frase: "el infierno son los otros". Estoy seguro de que este sentimiento de fastidio que me producen los humanos es cada vez más frecuente. No se confiesa. Se mantiene en secreto. Da vergüenza. "¡No me juzguéis!" nos decimos unos a otros. Si estamos solos en realidad que por lo menos no nos estorbemos. Pero nos estorbamos. 

Telescopio James Webb

Por el telescopio James Webb mira el ojo de la Humanidad. Creo que hasta miran por él los innumerables muertos, hasta Adán, y los aún no nacidos. Las primeras imágenes captan un área del universo tan grande como un grano de arena sujeto entre los dedos con el brazo extendido. Esa imagen es un caleidoscopio de galaxias remotísimas formadas hace unos 13 mil  millones de años. Todo esto es más que colosal y abrumador: no hay palabras para describir semejante barbaridad. Una vez fuimos el centro del universo. Decía Pascal que el silencio eterno de los espacios infinitos le estremecía. Pues bien, si nosotros conocemos el océano Pacífico, Pascal conocía del universo, en comparación con nosotros, la orilla de la playa. ¿Hay que admirarse ante esa inmensidad? ¿Cómo reaccionar? Entusiasmo, asombro, pataleo, aullidos, reverencia, silencio. Por falta de imaginación tal vez no sale uno a la calle desnudo con una foto del James Webb en las manos. ¡Ante eso qué importa cualquier cosa! Quién puede saber de dónde venimos y a dónde vamos. Para darse coraje nada mejor que tener presente esas fotos del universo. Joe Biden presenta las imágenes del telescopio James Webb y habla de la grandeza del pueblo americano. ¿Es idiota o qué? No ha comprendido nada. Habla, claro está, como el presidente de su país. Mira de reojo a sus enemigos rusos y a sus competidores chinos. Lo infinitamente pequeño sale de su boca. 

Humanidades

Qué nos enseñaron de niños. Qué les enseñan hoy a los niños. Ignoro cuáles son las tendencias de la última pedagogía, pero me temo, conociendo a ese gremio de pedantes, que son suficientemente ridículas y dañinas para las inocentes criaturas. Las asignaturas y los exámenes son una triste manía de los educadores y los planes de estudio. ¿Cuánto se tarda en asfixiar el genio que tantos niños atesoran antes de caer en la escuela? ¿Es acaso ésta una pregunta romántica? Con el sistema de exámenes no importa tanto la materia que se estudie como aprobar su examen: el medio se convierte en fin. Esto es una obviedad, desde luego. Existe y se amplía la brecha educativa: soy partidario de la educación universal, gratuita y pública. Mi piadoso deseo: que el hijo de un ama de casa tenga tantas oportunidades como la hija de un profesor de universidad. Los institutos al final de curso se asemejan a ferias de ganado donde se premia a la vaca más linda. Yo padecí ese sistema de enseñanza. No guardo buen recuerdo de mis años escolares. Los jóvenes persas aprendían tres cosas: a montar a caballo, a tirar con arco y a decir la verdad. Pueden enseñarse multitud de materias: me hubiera gustado recibir clases de esgrima, de física cuántica y de paciencia. Ya no tengo la edad de la promesa; estoy en la edad de los frutos, en la madurez otoñal de la vida. Miro hacia atrás. He dejado unos cuantos poemas. ¿Tendrán algo de valor? No lo sé. No me quita el sueño. Por lo demás hago lo que la inmensa mayoría: ganarme la vida mal que bien en un trabajo humillante, como un simple apéndice del ordenador, en la alienación del trabajo asalariado. Y para esto hemos estudiado trigonometría, la regla de Markovnikov, los fragmentos de Okazaki y los afluentes del Danubio. Bien, son saberes inútiles para el curso de la vida que uno ha seguido; pero mejor saber que ignorar. Una persona que conoce a Montaigne no pasa las horas muertas viendo telebasura. ¿No es así? Educar, educarse, importa, es vital. Quienes condenan a un niño a la ignorancia que hará de él un siervo toda su vida le hacen tanto mal como si lo mataran. Hace poco conocí las opiniones políticas secretas, vertidas en un diario, del lógico Gottlob Frege. Era reaccionario, antidemócrata, antisemita, fervoroso nacionalista alemán. Su estrechez de miras era considerable. ¿Cómo puede alguien emocionarse con una sonata de Beethoven y ser mala persona? Eso se preguntaba un personaje de la película "La vida de los otros" Es el tema obsesivo de George Steiner: "las humanidades no humanizan" Dijo Georges Bernanos: "la cólera de los imbéciles llena el mundo" La humanidad actual se podría reducir a esto: es una carrera espacial privada entre un puñado de multimillonarios analfabetos. Mucha miseria y ninguna grandeza. Que hayan dejado de ilusionarnos los viajes espaciales es algo que parecía imposible, pero nos han envilecido tanto que esto se ha producido.

Blog que languidece

A esta hora de la tarde solía ponerme a escribir alguna nota en este blog. Hace tiempo que languidece el pobre, durante meses ha estado abandonado. Crecen sobre él los hongos y la maleza como lo hacen sobre los amores y las amistades perdidas. Ahora estamos más distraídos, al menos yo lo estoy. El exceso de trabajo (signo de los malos tiempos) me tiene más ocupado de lo que quisiera. El móvil se lleva la mayor parte de mi vigilia, creo que lo miro cada diez o quince minutos. Es una locura, como el piar insistente de los gorriones antes de amanecer. Hace tiempo que no leo un libro con calma sea ensayo o novela o cualquier otra cosa. Echo de menos las antiguas costumbres, aquella época (¡época nada menos!) en que no había ni facebook, ni wasap, ni twitter, ni móviles. Voy a ser original: sucede que hay demasiado ruido. Los aficionados a la literatura parece que han cambiado la lectura por la mitomanía (esta buena observación es de Ignacio Peyró): si ponen un texto o una cita en alguna red social se acompaña siempre de una foto, que es lo importante. En este intervalo de silencio del blog he publicado un libro de poemas El delito mayor, (Trabe, 2022). No me considero poeta, bien es cierto que lo seré en la medida en que escribo artefactos que pueden considerarse poemas. Mi profesión es más modesta: pertenezco al ayer respetable y hoy muy castigado gremio de los empleados de banca. Llevo casi treinta años repartiendo felicidad a los pensionistas en la ventanilla de una oficina. Jamás he ascendido un peldaño. Soy de una horizontalidad proverbial.  Es incalculable la suma de dinero que ha pasado por mis manos en estas tres décadas pero tal vez se aproxime al PIB de una república centroafricana. Cuando empecé era un joven tímido y mitómano que detestaba ese empleo tradicionalmente considerado como gris; el tópico de la vida anodina, rutinaria y monótona de un hombrecillo sin ninguna cualidad destacada. Era mejor, sin duda, ser reportero de guerra, astronauta, piloto de caza, atracador de bancos, pirata o filósofo. Con treinta años de labor bancaria es natural que tenga dificultades para considerarme poeta o cosa parecida. Soy una persona bastante antipoética. Ahora que un actor porno con cara de niño gana sus buenos dineros por rodar películas pornográficas afirmo que tenemos un problema en lo que se refiere a la manera de ganarse la vida honradamente. La famosa escala de valores (o los mismos valores) está trastornada. Zerfall der Werte, la decadencia de los valores sobre la que escribió Hermann Broch. No es nuevo el problema. He visto en estos treinta años cómo han desaparecido las cajas de ahorros (cómo las han destruido, más bien) y cómo de tener un trabajo relativamente respetado socialmente se ha pasado a ser un galeote al que cualquiera puede insultar. Cualquier ilustre cliente se siente hoy con derecho a llamar a voz en grito "ladrones" o cosas similares a los sufridos empleados que atienden en las oficinas y que cumplen el establecimiento de horarios arbitrarios de atención al público o ponen la cara cuando se cobra una comisión. Hace unos años eran rarísimos estos comportamientos poco civiles de los clientes: hoy son casi diarios. No se diga que tienen derecho a protestar de esa forma: existen otras maneras de hacerlo sin ofender a los que trabajan. Basta de quejas. Esta vida es un teatro. Cada uno representa su pequeño papel, casi siempre ridículo, y luego "buenas noches".  Y nunca más volvemos. 

De la humildad

Recuerdo en este momento dos películas que podría llamar "franciscanas". Son "Il Posto" de Ermanno Olmi y "Diario de un cura rural" de Robert Bresson. Películas en blanco y negro rodadas con actores desconocidos, amateurs. Para Olmi y Bresson hacer cine debía de ser un sacerdocio; no les interesaba el éxito comercial. Por encima de todo son artistas. Sienten predilección por los sencillos, por los humildes, por los seres anónimos. Conmueve la mirada atenta y simpática, sin aspavientos, de estos dos maestros del cine hacia la vida de los olvidados, de los últimos, de las eternas víctimas. ¿Quién que haya visto "Mouchette" podrá olvidar ya a esa niña? ¿Y quién que haya visto "Il posto" olvidará al ragazzo de pueblo que se presenta a las oposiciones en la enorme Milán? Los italianos emplean la palabra "sistemare" para significar la procura de un empleo estable y bien remunerado. Eso es lo que el chico, empujado por su familia y su entorno, pretende. Recomiendo vivamente estas dos maravillas del cine.

Somos los mejores

Que el ser humano es un granuja, un  bribón que sabe disfrazarse de justiciero, creo que lo prueba el que, si tiene poder o influencia, nunca deja de hablar bien de sí mismo. Aún cometiendo las mayores felonías dice defender la justicia y el derecho. Mejor me callo porque ahora yo estoy incurriendo en otro vicio antiguo: criticar a los demás como si yo fuera perfecto. 

Imágenes de los antiguos

Veo un busto de Tucídides y caigo en la cuenta de que toda la representación que tiene el hombre moderno de los personajes de la Antigüedad se basa en puras conjeturas. ¿Quién sabe cómo eran los rasgos de Platón o de Aristóteles? Nos ha llegado el resto en mármol de una ilusión. 

Rayos X

Ha visto hace poco la radiografía de su rodilla izquierda. El largo hueso del fémur como una columna dórica, la tibia, el peroné y la rótula. Una imagen abstracta y extraña de su cuerpo. Es una sensación peculiar ver esa foto inquietante: "¿así es mi pierna? ¿Soy así por dentro?" Dicen que la mujer de Roentgen al ver la placa de su mano con el anillo de boda dijo: "he visto mi propia muerte". Es inquietante comentario, pero muy verdadero. Llevamos dentro el esqueleto, esa estructura secreta que nos mantiene y que un día asomará a través de la carne descompuesta. (Aunque la incineración es impaciente y destruye los huesos). 

Como ovejas

En la cola kilométrica para la tercera dosis. Uno siente que solamente ocupa un espacio que no importa. Para no ser cadáver o propagador de la enfermedad hay que pasar por esa humillación. 

Solterita

Está sentada en un banco, cerca de una esquina, entre arbolitos y asfalto, coronada por el ruido de un avión que vuela bajo. Sentado a su lado está su perrito, uno de esos chuchos cuya raza no tiene otra cualidad que la de despertar afecto por lo frágiles y pequeños que son. (Dicho de paso, me parece patológica la explosión de mascotas en las ciudades, aunque entiendo la razón: la ciudad es inhóspita, y no es menor la necesidad de dar afecto a alguien que la de recibirlo). Esta mujer pasa de los cincuenta, no está casada ni tiene novio. Es una mujer un poco ajada por los años, pero resulta bella y sabe arreglarse, tiene estilo. Lo más triste de esta escena es que la mujer está acariciando al perrito con una ternura que a mi se me figura que hubiera ido dirigida al hombre que no apareció -que ya no aparecerá- en su vida. Hay muchísimos de estos dramas rurales de Lorca en las ciudades. Por fortuna estas mujeres no tienen el estigma de la soltería, aunque les quede la soledad.  Viendo a esa mujer solitaria la vida me parece irremediablemente triste. 

Pueblo revisitado

¿Qué es la vida del hombre sobre la tierra? Paso breve. Esto se advierte mucho mejor cuando se regresa fugazmente, un corto paseo en una tarde de otoño, por un pueblo donde hace años trabajamos y al que no habíamos regresado desde entonces. Pueblo pequeño donde unas caras rimaban con otras. Caminé otra vez, con unos años más encima, mirando los edificios. Están más gastados. Algunos negocios habían cerrado (la floristería de Laura, el bar Marcelo) otros permanecían. Cuando iba diariamente a este pueblo habría como mucho una sola tienda de animales: hoy hay al menos siete, incluida una peluquería canina y un dormitorio para gatos. Negocios que cierran, nuevos negocios. Reconocí algunas caras: qué estragos hace con nosotros el tiempo. Me acordé del último tomo de "En busca del tiempo perdido" de Proust. Muchos de los que conocí han muerto y no lo sabré. Había bastantes niños que aún no habían nacido cuando yo me fui del pueblo, bruscamente, de un día para otro. Con toda normalidad llegué a trabajar un viernes y ya no volví más. Desaparecí sin dejar rastro. Seguramente nadie me recuerda, aunque trabajé en ese pueblo más de once años. El paso del tiempo lo arrastra todo. Creo que estoy imitando, sin darme cuenta, a Azorín. 

Cambios

Las condiciones de vida actuales son adversas para la construcción de un hogar. Aparte de esto el hogar está desapareciendo: no sólo porque nos lo amuebla IKEA o porque no hay fuego en la cocina ni tampoco vida vecinal, sino porque cada individuo de la familia vive encerrado en el interior de la burbuja autista que es su teléfono móvil. Nos enseñan egoísmo y distracción permanente. Desconocidos bajo el mismo techo, ausentes y presentes a la vez, progenitores e hijos coexisten sin relacionarse. Para los millones de solitarios esta situación es catastrófica pues les hace casi imposible salir de esa condición de anacoreta urbano para vivir en compañía del otro (haya o no relaciones sexuales). El solitario se acostumbra a la incomodidad de su vida individual y por una ley natural pierde el interés por encontrar a una persona con la que convivir. Esto es muy triste. Aplicaciones como Tinder, con millones de usuarios, son vertederos del amor: la inmensa mayoría (no todas supongo) son aventuras vacías, efímeros chateos; insatisfacción, fracaso y tedio. Exposición de un mercado digital en el que el cuerpo está ausente. No es culpa de los "usuarios", es el medio el que les utiliza. Esta es una sociedad insociable (rasgo que ha acentuado la pandemia). Se arroga el derecho de entrar "hasta la cocina" en el espacio privado de cada vivienda familiar tanto en el ocio como en el trabajo, que cada vez es más invasivo. El teletrabajo difumina los límites entre tiempo productivo y descanso: oficina y dormitorio se confunden. Podemos conectarnos en pijama. Todo esto hará estallar la cabeza a muchas personas: son cambios demasiado violentos y rápidos como para que podamos asimilarlos. No tengo ni idea de hacia donde vamos, pero me parece que no vamos por buen camino. Por otra parte, la historia no ha sido, precisamente, "ir por buen camino" 

Canción sobre un poema de Lermontov

Creo que a todos nos ha sucedido que nos enamoramos de una música o de una canción como en un flechazo. Al principio es una pieza aún misteriosa, de contornos borrosos. Como sucede que la escuchamos, si tenemos ocasión, una y otra vez, la música se va definiendo y va entrando en la memoria sin las lagunas del principio. Así es como se enamora uno de alguna canción. Esto me ha sucedido ayer al escuchar en internet por pura casualidad una canción desconocida. Me fascinó desde las primeras notas. Es una canción rusa cuya letra es el poema "Oración" del poeta Mijaíl Lérmontov. La letra dice más o menos: "En momentos difíciles de la vida/ si la tristeza oprime el corazón / repito de memoria una plegaria maravillosa. / Hay una fuerza bendita /en la armonía de esas palabras vivas / y respira una incomprensible / y santa delicia en ellas/  El alma se libera de su carga/ la zozobra queda lejos / y creo y lloro / y es tan fácil tan fácil... " Voy a escucharla otra vez, que anda uno muy falto de emoción auténtica. 

Otra vez la playa

En esta tarde de mediados de octubre volví a pasear por la orilla del mar. Estaba en calma y me fui calmando yo. El día despejado, azul profundo del cielo. Pensaba que la vida es trágica, que los dioses también mueren, que el agua es la sangre de un dios muerto. Recordé los versos de Rimbaud en la reverberación de la luz en el agua: Elle est retrouvée. Quoi? -L'Eternité. C'est la mer allée avec el soleil. No conozco una sola persona que sea libre. Es probable que jamás haya existido. Pensé que si los dioses me enviaban la muerte en ese momento -no después, no mañana- no me importaría demasiado. Caer fulminado, sin dolor ni angustia, en ese instante luminoso, profundo y solitario. No me han concedido esa gracia, me han mandado a la mierda los dioses. De vez en cuando juego a ser pagano. No se me entienda mal: no deseo morir. "No deseo morir pero me es indiferente estar muerto", dijo un antiguo. También dijo el poeta: "es sólo de los vivos el deseo de la inmortalidad" ¿Habrá tanta diferencia entre estar vivo y muerto? Al menos el muerto se ha liberado "de la triste costumbre de ser alguien y del peso del universo".  Por lo menos no he tirado la tarde a la basura verde

Pastillas de John Donne

Servirá menos que un reloj de sol en una tumba

Ojos que a todos miran, no miran sino sudan

Los que son algo sabios son los mejores tontos

Por exceso de calor Amor mata a más jóvenes que a viejos mata la Muerte por exceso de frío

¿Quién no se reiría de mi si dijera que vi arder un día entero la pólvora de un frasco?

El mismo honor, cuando tú a mi te rindas, se perderá, como vida te quitó la muerte de esta pulga

Amor es luz creciente y duradera y su primer instante, tras el mediodía, es noche

Pero no llames a esto larga vida, sino piensa que soy, estando muerto, inmortal

El mismo Sol que crea el tiempo mientras pasa

En las almas crecen los misterios de Amor y sin embargo el cuerpo es su libro

Brilla aquí para nosotros y estarás en todas partes, esta cama es tu centro, estos muros tu esfera

¿Y cuándo ese calor que me inunda las venas añadió un sólo hombre al balance de la peste?

Haz saber tus pensamientos, fuera yo te estudiaré como lejos se sitúa quien gran altura mide


Pregunta y orden

¿Será De Broglie, con su dualidad onda-corpúsculo, el puente entre la interpretación clásica de la física aplicada a los fenómenos cuánticos y la interpretación estadística de los mismos que representa la escuela de Copenhague? ¿Será De Broglie el punto intermedio entre la ecuación de onda de Schrödinger y el principio de Incertidumbre de Heisenberg? 
¿Por qué España sigue siendo un erial en ciencia? Quizá algún científico no esté de acuerdo con esta afirmación. Veo en una librería que el benemérito y solitario José Manuel Sánchez Ron, que hace de la divulgación científica en España una misión, acaba de publicar una biografía del físico canario Blas Cabrera. A continuación copio una orden del Boletín Oficial del Estado, publicada el 17 de febrero de 1939, que concierne a este eminente físico español.  
Orden de 4 de febrero de 1939 separando definitivamente del servicio a varios Catedráticos de Universidad.
Iltmo. Sr.: Es pública y notoria la desafección de los Catedráticos universitarios que se mencionarán al nuevo régimen implantado en España, no solamente por sus actuaciones en las zonas que han sufrido y en las que sufren la dominación marxista, sino también por su pertinaz política antinacional y antiespañola en los tiempos precedentes al Glorioso Movimiento Nacional.
La evidencia de sus conductas perniciosas para el país hace totalmente inútiles las garantías procesales, que en todo caso constituyen la condición fundamental de todo enjuiciamiento y por ello,
este Ministerio ha resuelto separar definitivamente del servicio y dar de baja en su respectivos escalafones a los señores... aquí una larga enumeración. Entre estos señores se encuentra Blas Cabrera Felipe, Catedrático de Ciencias de la Universidad Central.  Otros profesores separados: José Gaos, Wenceslao Roces, Julián Besteiro. Muchos de ellos encontraron generosa acogida en el México del presidente Lázaro Cárdenas.  Qué catástrofe europea la de aquellos años. 

García Márquez

He tenido que esperar a los 53 años para leer Cien años de soledad. No había leído la historia de Macondo. Me ha parecido la mejor novela de la literatura castellana después del Quijote. No he leído Fortunata y Jacinta, es verdad, que tal vez sea candidata al segundo lugar. Creo que no hace falta decir más. Es absolutamente grandiosa. Ya, si ya sé que no descubro nada, señora. Pero, qué manera de escribir, qué imaginación tiene Gabriel García Márquez. 

Obrar o escribir

Nunca me tomé en serio mi vocación literaria, en realidad no me gusta escribir. Lo que de verdad me gusta es leer. Pero, además, a cuántas cosas se renuncia por seguir un camino entre libros. Hombres de acción hay pocos, es cierto. Escribir consiste simplemente en poner con el mayor acierto posible una palabra detrás de otra. Pienso en lo frágiles que son la salud y la vida. Vivo en espera de la muerte, lo que pasa entretanto, lo que me viene quedando de vida, se lo reparten las visitas al supermercado, las horas de trabajo, los desplazamientos por carretera, los paseos por las redes sociales, las consultas al móvil (wasap, hotmail, etc).  Mi mente está inquieta. Mi cuerpo sufre frecuentes dolores. Esto es mi vida a día de hoy. Si sigo así me temo que caeré en el olvido eterno a los tres días de mi muerte (muerte que sólo llorarían de verdad cuatro o cinco personas, o tal vez me equivoco y me aprecia más la gente de lo que supongo). Hay algo agradable en pensar que seremos olvidados y que no dejaremos huella ninguna. ¡No hace falta esperar a la muerte! Por experiencia sé que no hace falta morirse para ser olvidado de muchos. ¿Dónde están aquellos amigos de mi lejana juventud? Imposible imaginar las muchedumbres de personas anónimas que ya han pasado por este mundo y los que empujan por entrar en él. Ayer vi una grabación de un cámara, soldado alemán en el frente del Este. Año 1941, quizá. Las imágenes mostraban a unos hombres jóvenes, judíos, que corrían hacia una fosa. La siguiente imagen, a distancia, recogía el momento en que eran asesinados. Seguramente alguno quedó malherido. Justo después del crimen se cubría con tierra la fosa común. ¿Quiénes eran esos hombres que corrían hacia su propia muerte? Yo soy cada uno de esos hombres; soy yo, que ahora escribo estas líneas. Tengo las mismas pasiones que ellos: deseo, miedo, esperanza, alegría. Eran individuos, fueron irrepetibles. Qué maravilla banal, insignificante. Pero también soy cada uno de los asesinos. Es terrible el juicio de la historia, porque es inapelable. Cartago siempre perderá ante Roma. Muchas veces me pregunto: con un material tan deleznable como es el tiempo, ¿qué podremos construir duradero en esta vida efímera, rodeada de peligros, donde cada día que se mantiene uno con vida es una victoria? La teoría de la Relatividad no se inventa todos los jueves. ¿No habrá sido todo un sueño? ¿No estaremos soñando? 

El tambor de hojalata

Para que no muera este blog (que tengo muy descuidado) dejo aquí escrito que hace unos días terminé de leer El tambor de hojalata, de Günter Grass. A pesar de los desastres del mundo (lo de Afganistán clama al cielo) o tal vez por eso, me aferro a la lectura. Novela publicada en 1959 sobre la Alemania de los años de la Segunda Guerra Mundial. El libro goza de una merecidísima fama. Me parecía imposible escribir un libro que pudiera estar a la altura de aquellos años terribles en Europa, sin embargo el genio de Günter Grass consigue presentar una historia memorable. Oskar Matzerath es un personaje inmortal. Es un libro que recomiendo vivamente leer. La traducción de Miguel Sáenz me parece admirable. 

Sin límites

Suelo escribir estas notas después de la cena. Cada cena, por cierto, es la última cena, por lo menos hasta el día siguiente. Soy uno de los millones de solitarios que desayuna, come, cena y duerme solo casi todos los días. Hay algo de castigo en eso. No me extraña que la palabra "resistencia" esté de moda. Resistencia como manual o incluso como estilo de cocina. Pandémicos o no, nuestra pequeña sociedad planetaria lleva un camino de rosas. Pero nos vamos arreglando, como se arreglan en el Congo o en cualquier otro país en el que la vida de un pobre vale menos que... (convoco a la imaginación para que me proporcione ese algo minúsculo que vale más que la vida de un pobre). No he visto el horror de Gaza o del Congo o de un poblado de chabolas sabe dios dónde; no he vivido en Colombia, ni en México. Poco conozco y conozco demasiado. Hay algo, además de la estupidez (la mía incluida desde luego), para lo que no parece existir límites. 

Será el instinto

No sabemos por qué hemos nacido, ni para qué. No pedimos nacer y moriremos cuando nos llegue la hora. Cada uno de estos centros del universo, en la mayor soledad. Mientras tanto (esos millones de segundos que son nuestra vida) estamos en el mundo sin entenderlo, partículas infinitesimales de la naturaleza y ahora de la sociedad global. Antes para "aniquilar nuestra importancia" tenían el cielo estrellado (Kant), ahora es la propia sociedad humana la que aniquila nuestra importancia, con la diferencia de que el cielo estrellado elevaba el ánimo, mientras que el hormigueo de la masa (menos presente en la calle que en internet) es más humillante que otra cosa. Pasaremos por este mundo sin comprender la inmensa violencia de la naturaleza y la historia; creo que no advertimos, al menos yo no lo advierto, la infinita potencia de creación y destrucción que opera en cada momento. Como dijo el poeta Carlos Marzal: "salvar la piel un día es un milagro" Seremos borrados de la faz de la tierra como si fuéramos un montón de polvo por el huracán terrible que sopla en todo momento. Nos iremos y no habremos entendido para qué nacimos, para qué vivimos, para qué sufrimos y para qué morimos. Como decía otro poeta; "...y seguirán los pájaros cantando..." O no, ya podemos imaginar una aniquilación total de la vida. Existe un nuevo concepto que se refiere al exterminio de toda vida provocado por el hombre: "omnicidio". Sea como sea, que no me distraigan posibles apocalipsis: lo único cierto es que cada uno de nosotros será borrado y olvidado. A vivir, si nos dejan, que son dos días. ¿Podemos entregarnos a un despreocupado hedonismo? Con lo cara que está la luz, lo difícil que es aparcar, el control que ejerce sobre nosotros el Big Data, este frenético ritmo de vida... ¿En serio nos dejarán tranquilos? En absoluto. En el siglo XX, ayer como quien dice, perecieron millones de personas por culpa de guerras y otras catástrofes. Nada indica que esto no vuelva a suceder. No comprendo, la verdad, qué insistencia es la nuestra (la de la especie humana a la que pertenecemos) en crecer y multiplicarnos, aunque no es racional, está arraigada en nosotros, en lo más íntimo de las células, no depende de nosotros: no somos libres. Es más poderosa que la muerte. Será el instinto, qué sé yo. 

El corto verano de la clase media

El trabajo es un valor ya que se trata de la actividad que nos permite ganarnos la vida realizando una tarea que redunde en beneficio de la sociedad. Gracias al trabajo digno y seguro una persona puede tener un hogar y fundar una familia si le apetece (en la inmensa mayoría de los casos lo hará). Un trabajo así da importancia, seguridad, sentido a la persona que lo tiene. Esto es un derecho fundamental. Ese es el principio y el ideal. Hoy se ha alcanzado tal grado de corrupción y podredumbre que ningún trabajador -salvo una minoría privilegiada- puede estar seguro de no ser despedido mañana por la mañana. No hay honradez en los trabajos que se desarrollan actualmente, no porque los trabajadores sean tramposos sino porque obedecen a un sistema que supura. Si para estar bien considerado en una empresa hay que ser un estafador es que algo no funciona. Esto sucede en muchas empresas. Aparte de esto, el margen de iniciativa del trabajador es cada vez más escaso: no se puede dar un paso sin que el sistema (configurado por imbéciles) lo permita o lo "autorice" como dice ese espantoso verbo. De esta forma el trabajador es un simple apéndice del ordenador al que está conectado. Es terrible que la experiencia laboral esté completamente despreciada cuando es el principal valor de un trabajador (sea médico, abogado, empleado, mecánico, piloto, profesor, funcionario, etc). Qué riqueza humana se pierde cuando se despide prematuramente a un trabajador (¡a decenas de miles!) que ya no es rentable. El trabajo muy rara vez es alegría (así lo pintaba la propaganda del horroroso estado soviético) y casi siempre es humillación, tedio, desafección del trabajador con respecto a su empresa. Es lamentable que un trabajador de cincuenta años -que está en la plenitud de su capacidad- no piense más que en prejubilarse o en irse de su empresa en buenas condiciones económicas. No hay forma más perversa de despertar un egoísmo atroz y un deseo mezquino. Muy podrido tiene que estar el trabajo para que suceda esto. Tengamos claro lo siguiente: tener trabajo no es simplemente recibir un salario a final de mes. Es, además, tener la confianza de que ese puesto de trabajo no va a perderse, no sólo por despido, sino por traslado. Trabajar sin esa confianza fundamental, con el temor a ser despedido o trasladado, no es tener trabajo. Vivir en vilo es también miseria. Considero esta degradación del trabajo una señal clara de la decadencia de nuestra civilización. Progresarán la inteligencia artificial, las computadoras, pero los hombres se están viendo reducidos a algo superfluo y a ser esclavos de la propia máquina. Monstruosa paradoja. Esto no es nuevo, un tal Samuel Butler ya lo observó hacia 1872. La situación es estupenda: en el pasado un sociedad de esclavitud, en el futuro lo mismo. El corto verano de la clase media. Qué puto desastre. 

Lugares deprimentes

Lo único agradable a la vista es el río. En ambas laderas casas destartaladas, ruinosas, desordenadamente dispersas. En el valle la monstruosidad de una población con edificios de 8 plantas y planta urbana, ni pueblo ni ciudad. No es insólito: es el mismo desarrollo que tuvieron las comarcas industriales desde mediados del siglo XIX. Aquí no hay más que ruinas y abandono. La población que queda son ancianos (la mayoría), algunos jóvenes de clases baja y los pocos supervivientes de la heroína. Se paga el nicho en el cementerio como se paga el alquiler de un trastero, es una costumbre del lugar. Todo es pobreza y grisura en estas poblaciones, quien vive contento aquí es porque ha perdido por el camino (si es que la tuvo alguna vez) la luz del intelecto. Cualquier persona inteligente y sensible siente la necesidad de huir de ese valle sofocante. Es inútil allí tratar de cultivar la sensibilidad y la inteligencia, ¿para qué? ¿Quién entendería una fina ironía o una alusión culta? Infiernos como éste son, por desgracia, muy numerosos. Aunque no haya guerra. En estos lugares la vida, cuando florecía, era dura y áspera. Ahora que la decadencia es completa están la estupidez, el aislamiento, la tristeza. Hay muchos cuerpos envilecidos por la sobrealimentación. Las mujeres son vulgares, no saben vestirse. En esta comarca cerrada la expresión más corriente de los vecinos, empleada como muletilla, como un tic, es "cagondios". Nunca saldrán de la miseria en la que viven y no se dan cuenta de la miseria en la que viven. Sobre todo es una miseria intelectual. La injusticia de la vida les ha colocado en ese pozo, porque más que valle es un pozo, como el pozo de una mina. Compadezco a cada niño que nace en ese valle. 

Vanidad

Los actores, actrices, cantantes, gentes del espectáculo, esta clase de personajes públicos tienen el vicio de la vanidad en altísimo grado. (De los políticos que hacen carrera a la sombra de un partido ya ni hablamos) Bajo la sagrada etiqueta de "cultura" -que es de lo que comen, ni más ni menos- ya pueden ejecutar las más ridículas obras que un aura de respeto les protege. En general los actores, actrices, cantantes etc  son gentes de una inteligencia mediana y escasísima cultura. No serían graves estas limitaciones sino fuera porque la vanidad les empuja a dar su opinión sobre cuestiones de las que no tienen ni idea. Son entrometidos, especialmente en política. Aunque digan barbaridades exigen atención, hablan con autoridad. No se tratan más que con sus compañeros de profesión, se casan entre ellos, tienen muy arraigado el instinto de rebaño (son corporativistas como médicos, jueces, militares, etc). Como suelen tener una agradable apariencia física imponen a las miradas más inocentes: si se les observa con atención se verá que son muñecos vacíos de intelecto. El cine nos ha acostumbrado a creer que a la vuelta de la esquina nos espera una maravillosa historia de amor. Muchos han esperado toda su vida una ocasión semejante (engañados por el cine) y murieron sin tropezar con esa bella actriz o ese galán. Porque todo es mentira cuando no se llega al arte. En la llamada "cultura" hay vulgo como lo hay entre los sacerdotes o entre los científicos. Que una actividad sea prestigiosa (la ciencia, el arte, las letras, la religión -ésta en el pasado) no quita para que la mayoría de los que la ejerzan no posea un especial talento. Un comediante discreto e inteligente es la cosa más rara que existe. 

Estuvo bien

El sentimiento de apocalipsis no es nuevo, desde luego. Lo tienen los vivos, esto también es obvio. Es darse mucha importancia esperar el fin del mundo: podríamos ser más modestos, sería sólo el fin de la humanidad. Este es un sentimiento (y un deseo) cada vez más anhelado. A la vista del horror cotidiano en las noticias (odio y estupidez sin descanso), de la pesadilla del pasado y de lo fácil que es olvidarlo, de tantos fracasos, dolores, esfuerzos inútiles y mentiras, ¿no es ya suficiente? Sí, yo creo (es mi opinión personal) que ya es suficiente. Nos iremos masacrando otras especies, todo lo que pillemos por delante. Ya no habrá más humillaciones ni más bajezas ni más gobiernos de Vichy, por poner un ejemplo. Sin embargo es un error desear el fin de la humanidad por desaliento o pesimismo, aparte de que esta idea no tiene nada de original y parece el delirio de un solitario resentido con todo. Así que me retracto de lo dicho. No sé si me explico. 

Luces

Creo, en efecto, en la bondad y en la verdad. Deben existir, de lo contrario estamos perdidos. Ahora bien, esas buenas acciones, rectos pensamientos, esas vidas decentes, me parecen como luces que alumbran un instante en medio de la oscuridad de un inmenso espacio tenebroso. Suponiendo que nos esforcemos por el bien (lo que jamás se consigue del todo) no logramos iluminar esas tinieblas, esa enorme bóveda negra. Todo lo más esa breve luz sirve, sólo para nosotros, de testimonio de la dignidad humana. Eso me parece, vaya. 

La ciudad y los perros

Sería de interés considerar esta relación: cuanto más inhóspita es la ciudad más mascotas se cuidan. Ya que la calle es casi una selva dediquemos nuestro afecto a un animal que nos adore. La relación entre hombre y perro es fascinante. El animal no nos juzga, tampoco nos denunciará si lo maltratamos. Realmente es confortador (y todos necesitamos que nos tengan en cuenta) que un ser vivo al que sólo le falta hablar nos acepte tal como somos: de esa forma soñamos el amor ideal. ¿Cómo es que no se ha escrito una historia universal desde el punto de vista de los perros o los caballos? Lástima que no tengamos manera de conocernos a través de otras criaturas. ¿Qué dirían de nosotros? 

En plena distopía

Si veo un anuncio que dice que tu asesor te "ayuda" o que tal o cual compañía "cuida de ti" está claro que es a cambio de dinero, que no se hace gratis y que, por tanto, mienten. El hombre es un animal astuto y sabe engañar muy bien. Mentira es el aire que respiramos. Con el engaño se domina a las masas, con el engaño se envía a la muerte (a matar y a morir) a millones de individuos. Con el engaño nos hacen odiar al enemigo de un minúsculo círculo de poderosos. Lamentablemente, observo que la estupidez gana terreno en todos los frentes y a marchas forzadas: como pueblo estamos envilecidos y amaestrados. Al mundo lo gobiernan cuatro personas, cada vez más voraces y poderosas. El perro tiene que hacer cada vez más gracias para roer el hueso. La pandemia ha favorecido este envilecimiento. No veo que aprendamos nada de esta pandemia, más bien lo contrario. Si la vida se endurece, nosotros nos endurecemos. Quizá no estemos lejos de acabar este drama o sainete que es la Historia en un planeta devastado por la contaminación. No, lo malo no está por venir (no seas ingenuo, pienso) ya estamos en plena distopía. No me lo dicen sólo las cifras de paro o los datos más o menos exactos sobre el calentamiento global o la extinción en masa de especies vegetales y animales: me lo dice nuestro comportamiento alterado, nuestra tristeza, nuestro humor de emergencia. A la inmensa mayoría le va muy mal, a una minoría le va de maravilla. Esto sucede también en las dictaduras. 
      Cuando nos sonrían y nos digan que todo está bien, que somos muy importantes, entonces es cuando nos empujarán al vacío. Escribo esto con una sonrisa, mirando hacia otra parte. No me tomo en serio estos catastrofismos. Si no sabemos si mañana estaremos en este mundo.

El gitano y Pascal

Tengo mucho que agradecer a los gitanos del rastro, me refiero a los que se especializan en libros de segunda o de tercera o de enésima mano. Los precios están tirados, como los libros. Son libros que se recogen con misericordia, más que comprarlos se rescatan. En León compré uno fabuloso, era un libro del físico Werner Heisenberg de la editorial  Rowohlt; en alemán, claro. Me costó 50 céntimos. Fue uno de los mayores hallazgos librescos de mi increíble existencia. Hoy, en el mercado semanal de ese pueblo de la cuenca minera asturiana donde no abundan los catedráticos precisamente, había un puesto similar. Es la primera vez que veo en ese mercado un tenderete con algunos libros. Lo llevaban una mujer gorda y una muchacha, su hija, medio tumbada en una silla plegable. Entre cacharros, coches de juguete, quincalla y todo tipo de menudencias había unos cuantos libros de bolsillo. A un euro el libro. A mi lado estaba un gitano de unos 60 años rebuscando como yo entre los libros. Agarró del suelo una edición de Sarpe de los "Pensamientos" de Pascal. La estuvo mirando un momento y la compró. 

Tumbarse en la arena

La playa se va llenando de gente, todos huidos de la ciudad. El mar cambia de color. No hay una nube en todo el cielo. Detrás de las dunas sólo se oye el oleaje. Se tumba en la arena sin quitarse el abrigo negro, con la cabeza mirando al mar. Parece un mendigo. La mochila le hace sombra. Es tan grato soñar con la libertad, sobre todo en estos tiempos de peste. La arena es limpia y además hay que aprender a ser sucio. Pretender ser inmaculado en este universo loco es una pedantería moral. ¿O no es así? Una playa del Cantábrico, una playa del Pacífico o del mar de China. Son las mismas dunas de la película "La mujer de la arena" (1964) de Hiroshi Teshigahara. Las obras maestras, como esta película, tocan símbolos universales y no se pueden explicar por la razón. 

El odio

Lo que se decía en la entrada anterior del amor, ¿no sirve, en parte, para el odio? El objeto odiado es también una obsesión. El odio es muchísimo más frecuente que el amor.  Basta repasar la Historia.

El amor

Una persona está enamorada de otra cuando comienza a confundir al objeto amado con un paisaje o con los elementos de la naturaleza. El amor no es de este mundo: de este mundo, creo, son los impuestos, el comercio (si un barco bloquea el canal de Suez se pierden cada minuto millones de euros, yenes, dólares, rublos) las cosas cotidianas que son a ras de suelo. El amor es un dios que transporta a su presa a un estado de sueño en el que la realidad aparece transfigurada. Se da en los jóvenes, sobre todo, porque están llenos de ilusiones, no tienen experiencia y son dados a la ensoñación. Además por sus jóvenes arterias puede correr mejor este dios de la sangre que embriaga como el vino. El amor exige un gasto enorme de energía, es una prueba para la salud. El objeto amado puede causar que el contorno de unos montes, una playa, una calle en una ciudad o un objeto estén cargados de una inmensa fuerza evocadora. Es una monomanía. La emoción y el intelecto van juntos siempre en las cosas que merecen la pena. Lo mejor de nuestra breve vida no pertenece a este mundo. Con acierto exhortaba Baudelaire a embriagarse de vino, de poesía o de virtud. Podría haber añadido de "amor" aunque el tiempo apague los delirios eróticos.  El amor es una rebeldía, un desafío a la autoridad milenaria de los sacerdotes, jueces, notarios y demás personas respetables. Todos los grandes amores son trágicos. Nada hay que nos haga más felices ni más desgraciados que el amor. Las personas sensatas, las ya entradas en años, huyen de él. 

Somos iguales

Viendo una tertulia de un canal ruso que habla de sus cosas rusas me dio por pensar que todos los hombres somos iguales. No fue una reflexión sino una revelación. Todos nos expresamos más o menos igual, tenemos la misma figura, deseamos lo mismo y odiamos lo mismo. El fenómeno humano es variado, pero la naturaleza humana es idéntica en cada rincón de este minúsculo planeta. ¿Estaré equivocado? Putin dice que los rusos son "genéticamente" distintos y otras sandeces por el estilo. Por desgracia hay muchos malos gobernantes y Putin es uno de ellos. Tampoco ayuda, ciertamente, que Biden responda afirmativamente a la pregunta de un periodista norteamericano sobre si cree que Putin es un asesino (killer).  Si volvemos a matarnos entre nosotros pensaré que el hombre es un primate irremediablemente idiota y cruel. Una criatura muy complicada pero que finalmente no vale ni el sudor de sus pies. Estúpidos prejuicios, estúpido orgullo, estúpida ambición y estúpida crueldad. Menudo moralista estoy hecho. 

Apuntes

El progreso: un pasito adelante y tres atrás.                                                             

Le viene a la mente esta frase: "espectro de su propia tiniebla" Le suena de algo y no sabe de qué.              

Un poema en prosa de Baudelaire trata (si es que los poemas "tratan" de algo) de una mujer vieja que al acercarse cariñosamente a un niño para hacerle arrumacos le espanta con su fealdad: "Ay, para nosotros, desgraciadas viejas, ha pasado la edad de agradar incluso a los inocentes y causamos horror a los niños que quisiéramos amar" Esa estampa se titula "La desesperación de la vieja". Conocí de niño a una vieja así. Tenía la cara desfigurada por una quemadura que sufrió en su infancia. No sabía hablar, emitía una especie de gemidos. Le llamaban La mudina. La mujer se acercó para darme un beso y me aterrorizó. Baudelaire muestra el doloroso conflicto entre la fealdad física y la amabilidad del alma. Es una variación del tema de la bestia que detrás de una apariencia horrible encierra un alma generosa y llena de afecto: el Quasimodo de Víctor Hugo o el Hombre Elefante. La figura inversa es la persona de gran belleza física y alma depravada. Esta idea trastoca nuestra natural inclinación a considerar lo bello como bueno y lo feo como malo. Lucifer era un ángel bellísimo; el demonio, en cambio, es monstruoso. 

La fuerza divina que empuja hacia las alturas a la Virgen en la Asunción de Tiziano. Frente a esa fuerza trascendente el despegue de un cohete espacial se queda en casi nada. Es una ley de la dinámica: acción y reacción. No existe la Gracia. El combustible es el hidrógeno líquido. La luna de Leopardi o el claro de luna de la sonata de Beethoven frente a Neil Armstrong. 

Orwell, Camus y Oscar Wilde sólo vivieron 46 años. Ya les superas en edad. Cada vez te parecen más jóvenes. Aún siguen brillando y brillarán largo tiempo. Vidas breves pero muy bien aprovechadas. 

Importancia de la belleza para la vida civilizada. El poder que llena de zonas verdes la ciudad y abre caminos de piedra entre árboles que respeta es un benefactor de los hombres. Espacios donde el alma se solaza. Encontrar la relación directa entre la superficie de parques y la salud mental de los ciudadanos. A más clorofila menos agresividad y estupidez. ¿Es necesariamente así? No he conocido ningún árbol que fuera estúpido, dijo un poeta. 

Se derrumba la convivencia

Los efectos de estos tiempos oscuros de peste que vivimos, de abrumadora fealdad, comienzan a notarse en la conducta de cada uno de nosotros. Afloran ya sin ningún disimulo las pulsiones violentas. Guerra en las familias, guerra en el trabajo, guerra en la calle. Odio, irritación y resentimiento. Cada día que vivimos (que sobrevivimos) es una conquista. Hasta este grado de miseria hemos caído como civilización. La deshumanización es imparable, vertiginosa. No sólo España, también sucede en Europa. Como especie parecemos condenados. Hasta alivia pensar que el mundo ha empezado sin el hombre y se terminará sin él. O, como decía Foucault, que el hombre desaparecerá como se borra un rostro en la arena. Mientras eso llega (que no lo veremos nosotros) este ruido furioso, este desierto de amor, esta maldita discordia, esta procesión de espectros. 

Perder el respeto

En una conferencia sobre el Ulises de Joyce dice Borges que los irlandeses fueron geniales escritores en inglés porque no se sentían obligados por la tradición inglesa. No le tenían respeto y eso les permitió desafiar ciertas convenciones que un inglés consideraría intocables. Sagrado, profano. Joyce era, en este sentido, un "profanador", se atrevió a romper moldes, a ir más lejos en la invención literaria. Lo mismo, agrega Borges, ocurre con los judíos asimilados en el ámbito germánico. Se sabe que las bases de la teoría de la Relatividad especial ya eran conocidas por varios físicos,  pero sólo Einstein se atrevió a dar el paso a lo desconocido. Un caso semejante es el de Freud, que fue en su terreno tan revolucionario como Einstein. El caso de Kafka me parece significativo. No era alemán, ni checo, ni judío ortodoxo. Este desarraigo personal le permitió advertir como nadie la condición del hombre moderno: el individuo insignificante aplastado por la maquinaria burocrática. Aunque es mucho más que eso, pues su obra tan original toca la esencia metafísica de nuestra naturaleza. No sé si me explico. La física moderna, uno de cuyos padres (o madres) es Galileo, comenzó su camino refutando las teorías de Aristóteles sobre el movimiento y los cuerpos celestes. A Galileo le bastaron unas noches observando el firmamento con un telescopio para demostrar la falsedad de la cosmología del griego. En su tiempo esto era una herejía. Galileo se fiaba de los experimentos no de la autoridad; interrogaba a la naturaleza y si Aristóteles estaba equivocado peor para Aristóteles. Copérnico, claro está, sacudió los cimientos del  mundo al poner al sol en el centro. No es cuestión, por tanto, sólo de talento, hace falta audacia. Otro ejemplo que se me ocurre es el de Nietzsche. Siendo un joven filólogo desafió la manera que se tenía hasta entonces de entender a los griegos. No eran sólo "noble sencillez y serena grandeza" como afirmaba Winckelmann, sino que tenían un fondo pesimista y oscuro. No sólo Apolo, sino también Dioniso. Esto chocaba con el ideal clásico helénico que tenían Goethe, Schiller o Schopenhauer. Lo resume bien el título del libro del filólogo británico E.R. Dodds Los griegos y lo irracional. Que yo sepa Nietzsche fue el primero en ver ese lado orgiástico, demente y pesimista de los antiguos griegos. Más tarde Nietzsche atacó furiosamente al Cristianismo. Hay que tener mucho coraje para atreverse, como hizo Spinoza, a someter al examen de la razón a las Sagradas Escrituras. Esto hizo Spinoza en el Tratado teológico-político. Se granjeó el odio de su comunidad religiosa, como es sabido, y fue expulsado de su seno con terribles maldiciones. Otro ejemplo: los pintores impresionistas provocaron un escándalo cuando se dieron a conocer. La obediencia no es la virtud de los descubridores. ¿Qué prejuicios morales, estéticos, científicos tendremos hoy? Que los tenemos es seguro. ¿Qué falsos ídolos existen hoy? ¿Quién se atreverá a demostrar que el rey está desnudo? Que el socialismo soviético era una patraña creo que pocos lo dudan ya. ¡Y a cuántos intelectuales engatusó! ¡Qué ciegos estaban! Una nota importante: es posible que alguno de estos audaces destructores de prejuicios fuera en su vida privada un buen padre de familia. Joyce y Freud, por ejemplo, eran así. Orwell también. Tenemos la idea de que un revolucionario es un alborotador que da voces en público. Nada es más falso que eso. Suelen ser cautos, por la cuenta que les tiene. A la mayoría de los hombres no les gusta nada que le muevan el suelo que tienen bajo los pies. 

Rimbaud

Aunque cada vez me cueste más creerlo también yo fui joven. Pero cuidado, que tampoco soy viejo. Mi década prodigiosa fueron los años 90. Acababa de despedirme del deporte y comencé a interesarme, con ese fervor de los muchachos, por la literatura y la filosofía. El mundo era joven. Si había viejos los veía, pero no los sentía. Trato de recordar qué personaje encarnó para mí la juventud. Quizá me engañe, pero creo que fue Rimbaud. ¡Qué entusiasmo al leerlo! No me enteraba de nada, o de casi nada, me parece. Incluso llegué a imitar su poema El barco ebrio. Pero Rimbaud sólo hay uno. El poco francés que sé me lo enseñaron Baudelaire y Rimbaud. En 1991 se celebró el centenario de la muerte de este poeta. El poeta. A mí, que tenía 23 años, ya me dejaba atrás en juventud. Es sabido que Rimbaud dejó de escribir a los 19 años. Tengo un retrato suyo en el apartamento donde vivo, el célebre que le hizo el fotógrafo Carjat hacia 1872, un año después de la Comuna. Cara de niño frágil y asustado. Ojos claros. Era un genio auténtico aunque no supiera nada de la vida aún. Es normal. Ahí está, eternamente joven en el instante detenido. En algún momento de éxtasis llegamos a creer que podríamos ser tan grandes como él. Sueños de juventud muy nobles y muy insensatos. De su terrible agonía en un hospital de Marsella no queríamos saber nada, no la entendíamos. Ese Rimbaud moribundo y derrotado no existía. De haber vivido más, ¿hubiera sentado la cabeza? La edad nos enfría la sangre. Es ridículo pretender ser un joven perpetuo. La juventud es un testigo que cedemos, por las buenas o por las malas, a los que llegan detrás. Así se hizo desde que el mundo es mundo. Qué breve y qué luminosa fue la juventud, encanto descarado de la vida. Como decía con malicia y acierto Luis Cernuda: "poetas mozos de todos los países hablan mucho de él en sus provincias" Estos tiempos de peste no son para jóvenes, me parece una lástima tener veinte años hoy: no pueden salir, no pueden amarse, no pueden reunirse. Están recogidos en sus habitaciones, siempre están afuera porque están conectados. Esa es su relación con el mundo. No les culpo de nada, los compadezco. Ningún vagabundeo (no se les permite). Su capacidad de aventura, su libertad, es moneda barata. ¿A dónde irán que no haya cobertura? Pueden viajar en vuelos low cost al confín del mundo (ahora ni eso pueden) pero siguen enjaulados. Paul Nizan escribió hacia 1931 un libro desengañado sobre su viaje al mismo Adén al que huyó Rimbaud buscando al salvaje, como hizo Gaugin. A finales del siglo XIX aún era posible. En tiempos de Nizan, primeras décadas del siglo XX, esto ya era una quimera. Un Nizan hastiado regresó a la vieja Europa, como Rimbaud, entrando por el puerto de Marsella: le crecle bouclé, je vis un matin le château d'If, et devant des collines blanches, Notre-Dame-de-la-Garde. J'étais servi: les premiers emblèmes venus à ma rencontre étaint justement les deux objets les plus révoltants de la terre: une église, une prison. Iglesias ya ni quedan, están vacías. Prisiones hay, gozan de muy buena salud. Y no sólo son esos edificios siniestros. El control que se ejerce sobre nosotros, Rimbaud, es algo que ni llegaste a imaginar. ¡Buen viaje al África colonial, muchacho! ¡Huye, huye tú que pudiste!


Ferlosio

Rafael Sánchez Ferlosio es un personaje que era enormemente simpático. Si me oye decir esto se iba a enojar. Porque precisamente su categoría o su elegancia le haría repelente ese adjetivo cursi. Me gusta de él que no tenía pelos en la lengua. Detestaba el deporte, el nacionalismo, el papel social del literato, la moderna pedagogía, etc. Con las zapatillas puestas disparaba contra todo. Tenía un punto de loco pero se quedó en el límite así que fue más lúcido que nadie. Era original. En eso que llamó "pecios" y se conoce como "aforismos" es un consumado maestro. Yo disfruto leyéndolos, muchos no los entiendo pero me agradan igual. Hay una foto de él sentado en una butaca con bata y zapatillas -quien está en bata y zapatillas es Ferlosio, no la butaca, perdón, maestro- que es memorable. (Unos segundos de pausa). La he buscado en internet (desde donde escribo) y tengo que rectificar. No llevaba bata. Mira desafiante al frente. ¿Con quién relacionaría a Ferlosio con su preocupación por el lenguaje, su afán de derribar ídolos reconocidos por la sociedad y la época yendo siempre a contracorriente y con su talento para la frase corta y acerada? Pienso inmediatamente en Karl Kraus. 

El fin del mundo

El fin del mundo no es tan fácil. Qué va. A la vista de los acontecimientos de los últimos meses, de los cambios "disruptivos" que están en pleno desarrollo (la vida  individual y social volcada a lo virtual; internet nuestra ágora, escuela y mercado), aparte, naturalmente, de la pandemia, observo que terminar con el mundo es muy difícil. Grosera imaginación la de quien cree que esto sucede en un instante. No con un trueno, sino con un susurro. Así termina el mundo.                                                               Relaciones a distancia (muchas con desconocidos) con intervalos de días, semanas o meses. Creo que estamos ante un cambio antropológico de dimensiones desconocidas. Pronto dejaremos de ser corpóreos. Aunque sigamos necesitando comer tres veces al día, ir al baño y hacer cola para echar la bonoloto.  

Matemáticas

Ya que el mundo se ha vuelto tan hostil, tan enemigo, tan oscuro, me estoy haciendo aficionado a las fugas (las de Bach no, otras). Si no hay confinamiento escapo solo a la orilla del mar, con el deseo de subir a una nave de tres palos como la de James Cook (originalmente un buque para transportar carbón) y poner rumbo a los mares del Sur. Me conformaría con una barca, remando hasta la deshidratación y el agotamiento hasta perder de vista la costa. Si el confinamiento no permite desplazamientos (obedecemos resignados las disposiciones de la autoridad) me queda, como al prisionero, el recurso de la imaginación. No tengo talento para las matemáticas, qué lástima. Con gusto me olvidaría de estas oscuras y agobiantes circunstancias tratando de comprender la Teoría de Grupos de Galois o la Teoría de Conjuntos de Cantor. Qué poder de abstracción, qué alejamiento del mundo sensible. Hay infinitos más "grandes" que otros. ¿No fue, por cierto, el siglo XIX el que conoció un mayor avance y consolidación de las matemáticas? Creo que sí. ¡Nada de suposiciones, tendría que demostrarlo! Hay en las matemáticas una voluntad de orden que ya conocían los apasionados griegos. Recuerdo la frase del matemático alemán y judío, judío y alemán (o prusiano más exactamente) Carl Gustav Jacobi: "el único fin de la ciencia es honrar el espíritu humano" Si hoy todo se desmorona, si parece que reina el caos, las matemáticas y su belleza ideal son, para mí que no soy creador, un excelente pasatiempo. La posibilidad de la fuga del mundo. El matemático francés Poncelet cayó prisionero de los rusos en la campaña de Napoleón. Durante su cautiverio (1812-1814), sin ningún libro a mano, estableció los fundamentos de la geometría proyectiva. 

Engañados

En el apocalipsis zombi que fue el asalto al Capitolio de Washington hubo -que yo sepa- una víctima mortal, una mujer de San Diego que había dejado su residencia para asistir al magno acontecimiento. La pobre mujer era partidaria acérrima de Trump. Recibió un balazo en el pecho. Sacrificio inútil. No será una mártir de nada, había puesto sus esperanzas en un miserable al que la vida de los rednecks no le importa lo más mínimo. Es terrible pensarlo, pero ha muerto en vano. Trump se apresuró, forzado por las circunstancias, a renegar de sus propios y salvajes entusiastas. Estremece pensar que uno pueda poner toda su ilusión en una persona o una causa que son completamente falsas. ¿Cuántas veces nos han engañado? La Iglesia ha sido especialista en eso. Tomando como ejemplo a esa mujer me pregunto si no habré sido engañado también yo. Si no me habré inclinado ante un poder arbitrario, si no soy capaz de conocer la realidad social y mis propias circunstancias. Por ejemplo, la literatura es cosa de señoritos. Quizá el engañado se culpe a sí mismo de su situación vital o de su fracaso cuando no es más que la víctima de un orden social injusto. Ya sabemos que en la carrera de la vida una minoría de señoritos nace con privilegios e inmunidad moral y una masa anónima tiene que luchar por subsistir. La idea de "lucha" por cierto, tan enaltecida por los sindicatos  -cuando existían- es un error. Nadie puede cambiar nada si está en el fondo del pozo. Luchar, para esta gente, es simplemente mantenerse en pie. Eso es todo. Pero los pobres no tienen moral. Quienes han hecho las revoluciones han sido señoritos con mala conciencia. Sin embargo la simpatía, más o menos sincera, que pudieran tener por los marginados, los más humildes, no confunde sus destinos. Ciertamente, la rebelión tendría que ser una inevitable urgencia, pero su inutilidad es desesperada. Hacer que el individuo salga de la infancia, que sea una persona autónoma que piense por sí misma y sepa guiarse sola en la vida, fue el ideal de la Ilustración. Lo que nos enseñaron nuestros mayores, pienso, era falso. No engañaban por mala fe, sino por ignorancia. Derribar falsos ídolos.