Película en blanco y negro de 1964, dirigida por Miguel Picazo, basada libremente en la nivola de Unamuno del mismo título. Es fascinante. La fotografía en blanco y negro; la escena del niño -Ramirín- en el cementerio donde se muestra un tremendo drama familiar sin hacerlo explícito; la sutileza de los estados psicológicos (la tensión erótica entre los dos cuñados); el rico, gracioso y estupendo español que habla la tía Tula (Aurora Bautista), entre otras cosas, hacen de esta película, pour moi, una obra maestra, o dicho de manera menos grandilocuente, que es un placer verla y que no se olvida después. No sé, por cierto, de qué nombre es hipocorístico Tula. Ah, consultando veo que es diminutivo de Gertrudis. La tía Gertrudis, la pobre tía Tula.
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