Instantánea

Un paseante camina por el laberinto del parque urbano. Se fija en un hombre solo, apartado, sentado en un banco. Tiene la cabeza hundida, parece dormir, pero está tan inmóvil que podría tomarse por muerto. En todo caso es un hombre derrotado, nadie normal adopta esa postura a plena luz del día. El caminante se mueve y llega a un punto en el que ve, en el mismo eje, la cabeza hundida de ese miserable y unos metros más allá, en otro banco, a una pareja de chicos, muy jóvenes, muy guapos, enamorados y felices, que se hacen un selfie.

De la fragilidad de la vida

No creo que haya cosa en la que más nos engañemos: me refiero al sentimiento de que la vida es algo sólido, indestructible y firme; que se da por supuesta nuestra supervivencia en plazo indefinido. La vida tiene algo propiamente loco o demencial, es una borrachera organizada, un engaño tenaz. Sería muy llamativo para una conciencia lúcida (una conciencia angélica, digamos) observar esa seguridad con la que caminamos los mortales por este laberinto, este desierto inclemente del tiempo en medio de una naturaleza hostil. Nos acechan innumerables peligros. Somos como el agua que cae de peña en peña, hacia lo incierto, hacia abajo. Ciertamente la vida sería insoportable de tener esa extremada lucidez: sería como si contáramos cada latido del corazón como si fuera el último. Para comprender cabalmente nuestra existencia, esta caída en el tiempo, tendríamos que situarnos fuera de ella, lo que es imposible. Todos los muertos de los siglos (una suma que no deja de crecer y de borrarse) no bastan para hacernos comprender la situación en la que estamos. 
        En definitiva: cuando podríamos darnos cuenta de nuestro precario existir ya no podremos darnos cuenta de nada.

Ionesco

"La cantante calva" es una pieza fundacional (que se dice) del Teatro del Absurdo. Bueno. La historia es bien simple: en los alrededores de Londres vive el matrimonio Smith. Reciben la visita del matrimonio Martin y luego la de un bombero. También hay una sirvienta que anuncia la llegada del matrimonio visitante. ¿De qué hablan estos personajes? Parece que Ionesco nos está tomando el pelo. La obra se estrenó en París en 1950, no es precisamente una cosa reciente. Es muy hábil Ionesco: no dice que la realidad sea absurda ni nada parecido, los personajes dicen cosas vacías (aparentemente). Es un permanente juego que rompe la lógica de las relaciones sociales y es algo más profundo. Si ver a un hombre atándose los zapatos en la calle es un gran acontecimiento, entonces, ¿qué está pasando? ¿Y dónde está esa cantante calva? Suceden cosas extrañas sin que a nadie le llame la atención: ¿qué hace un bombero en una reunión de dos matrimonios? Es normal. Los Smith, los Martin y el bombero van perdiendo la cabeza a medida que pasa la velada: terminan por hacer juegos de palabras y finalmente sonidos sin sentido. Ya, claro: es el clímax, es entonces cuando más sentido tiene la obra.
       Yo asistí al estreno en París en 1950, antes de que naciera. Me gustó tanto que decidí nacer 17 años después. Ahora comento esa pieza (la leí esta mañana y me encantó). Mientras escribo esto (aún no he muerto) oigo a gente dar voces de alegría. Ver a un señor leyendo el periódico es un gran acontecimiento. Por eso estoy agradecido a Ionesco y a la madre que lo parió.

La mariposa en el mapa

Que levanten la mano los que conozcan a Frederic Prokosch. Dedicar un libro a un autor totalmente desconocido es un riesgo si quien lo escribe es alguien al que le interesa más el éxito que la propia literatura. Jorge Ordaz (Barcelona, 1946) ha escrito un libro La mariposa en el mapa (Luna de Abajo, 2018) que trata de su relación como lector con Frederic Prokosch. Este señor existió, efectivamente. No es una invención. Fue un prolífico escritor norteamericano nacido en Madison, Wisconsin y muerto en el sur de Francia. Un americano europeizado que parece estar en tierra de nadie: demasiado europeo para los americanos, demasiado americano para los europeos. "No recuerdo con exactitud cuándo oí hablar por primera vez de Frederic Prokosch", dice la primera frase del libro. A partir de aquí nos espera un relato espléndidamente construido, en el que se discute sobre la fama y el olvido, las modas que vienen y van, los avatares de las publicaciones, la impostura en la literatura, las identidades ficticias y la influencia de la crítica literaria. Ordaz aprovecha para hablar de libros, del destino de los libros: en el capítulo "Cosas que a veces traen los libros" hay un fascinante catálogo de objetos que aparecieron en algunos libros que Ordaz adquirió a lo largo de los años. Hay algo de autobiográfico, en cierto modo Ordaz se identifica con el destino de su héroe (el capítulo "Rechazos" es una lección para todo escritor joven que quiera hacerse un nombre). Jorge Ordaz inserta un par de homenajes a amigos suyos, letraheridos como él: Alberto Cardín, José Doval, Pedro Ugalde, todos ellos fallecidos. Es evidente que Ordaz sabe que este libro no va a ser un éxito de ventas y es lástima porque rezuma literatura por los cuatro costados: pasión por la literatura. Aquí se cuenta una historia doble: la historia de un autor (Prokosch) y la historia de un lector (Jorge Ordaz). Es una historia de amistad a través de las letras.
           Este libro demuestra, sin proponérselo, que para ser escritor se necesita haber leído mucho (la erudición de Ordaz es abrumadora) y no sólo "obras maestras" de "grandes genios". Hay, además, que tener un gusto propio, poco convencional. (¿Pero quién diablos es Prokosch?) La prueba es este libro, La mariposa en el mapa, donde Ordaz consigue rescatar de los "anaqueles polvorientos" (como diría el poeta José Luis Sevillano, otro gentleman como Ordaz) de las librerías de lance a este raro escritor americano que conoció muy joven la fama con sus dos primeras novelas (celebradas por gente como Thomas Mann o Albert Camus) y que el tiempo se ha encargado de borrar. Sin embargo, y este es el prodigio, Prokosch cobra vida en este libro que no es ensayo, ni biografía, ni novela. Despierta la curiosidad por la obra de este autor. "Este texto, dice Ordaz, es la historia del reencuentro con un autor que me ha acompañado con intermitencias durante cincuenta años y cuya vida, personalidad y obra literaria me resultan especialmente fascinantes" ¡Cincuenta años! El libro está enriquecido con ilustraciones entre las que figuran un par de cartas que Prokosch escribió en inglés a Jorge Ordaz, admirable admirador de este oscuro personaje. A los que pasen por este blog y lean esta nota les recomiendo vivamente La mariposa en el mapa, que es un rareza en el mejor sentido de la palabra. Un libro generoso que es un homenaje a Prokosch y en sentido más amplio a la literatura. Cacen, señoras y señores, esta mariposa.

Aquí, filosofando...

"Sólo hay un problema filosófico verdaderamente importante: el suicidio". No estoy de acuerdo con el gran Camus. Pero eso es otro asunto. Hay otra forma de considerar si la vida (absurda o no) merece la pena. Pueden cambiarse los términos del problema camusiano de esta forma: "si te dieran la posibilidad de volver a nacer y ser la misma persona con la misma vida que has llevado hasta este momento, ¿aceptarías?" Pero no es lo mismo preguntarle esto a un chico de 20 años que a una vieja de 97. Tampoco es lo mismo preguntarlo a alguien que en ese momento se rompe una pierna o sufre una humillación que a alguien que en ese momento está cenando en un restaurante con la persona que ama. Nos hemos enterrado ya muchas veces a lo largo de la vida. Hemos olvidado muchísimo. Vivir consiste, sobre todo, en olvidar. Lo extraño es que de tanta pérdida se conserve nuestra identidad personal. ¿Qué tenemos finalmente? Si realizamos una reducción drástica sólo nos queda este instante fugitivo, este "ahora" fugaz. ¿Hay cosa más frágil que esta duración permanentemente comprometida por toda clase de peligros? Si somos lúcidos constatamos que la vida es una alucinación, es un tenue sueño. Sabemos que un día (puede ser dentro de 5 minutos) nuestro corazón se parará. "De la vida, decía Anaxarco, no sé que me sorprende más: si su nulidad o su extrañeza". Pitágoras decía: "da lo mismo estar vivo que estar muerto". Sólo los pocos que alcanzan un altísimo grado de conciencia demuestran esta indiferencia en la que se vence el terror de la muerte. La muerte, para ellos, es un espantapájaros. 

Lobos

Yo estaba solo en ese momento, empezaba a oscurecer. Caminaba por un sendero al lado del río, entre árboles. Llegué al cercado de los lobos. No vi ninguno en ese momento. Puede ser que "el aula del lobo" hubiera cerrado. Al poco rato aparecieron tres ejemplares adultos, como no soy experto no supe distinguir el sexo de cada uno. Eran grandes, robustos, con una cola grande, orejas puntiagudas y hocicos afilados. Entre ellos se hostigaban, gruñían (en todo grupo existe una jerarquía). Recuerdo el gesto de uno: pasó su cabeza por encima del lomo del otro. Se habían acercado para ver a ese humano solitario que les visitaba. Si caminaba unos pasos ellos se movían. Si me detenía, ellos también. Entre nosotros había una valla y a unos tres metros una cerca con una malla verde que no permitía observarles con detalle. Esos tres lobos cautivos no daban ningún miedo, desde luego. Pensé en la frase latina que todo el mundo conoce: "homo homini lupus". Aprovechando que estaba solo me tomé la libertad de recitarles en voz alta unas estrofas de la "Oda a un ruiseñor" de Keats (el lugar boscoso y la hora eran propicias) a ver si esos sonidos ingleses les encantaban de alguna manera. Me parecieron inocentes, si son carnívoros no es culpa suya. En eso que se llama "naturaleza" cada especie tiene su sitio y su función. Se trata principalmente de comer y ser comido. Que la naturaleza en conjunto tenga una finalidad ya lo dudo mucho. No lo creo. En todo caso: pobres lobos cautivos y vencidos. La loba capitolina fue la madre de Roma. La civilización consiste en dominar al "lobo" que llevamos dentro, en proteger a los débiles. Esa es una tarea extremadamente difícil, por eso la civilización es tan preciosa como frágil. Últimamente se habla mucho en España de una particular "manada". Aplicada a los lobos es una descripción, aplicada a humanos es una metáfora repulsiva. Respiramos un aire pestilente. Considerando estas cosas me despedí de los tres lobos. 

Nuestras vidas son los ríos

Primero la barca está quieta en un lago silencioso. Poco a poco comienza a notarse un ligero movimiento: el lago era, en realidad, un río. La barca navega apaciblemente por la corriente suave, uno podría mirar con calma el paisaje y las orillas. Es un hermoso paisaje. Pero la barca empieza a desplazarse más deprisa, la corriente es un poco más fuerte. Aparecen las primeras turbulencias, la barca se mece. La atención se desvía de la contemplación del paisaje al gobierno de la nave. Ahora la barca no navega, es la corriente la que la arrastra. Es cada vez más difícil mantener el equilibrio en la cubierta, hay que agarrarse. Por primera vez se oye un rumor en la dirección de la corriente, un ruido desconocido y tenebroso. Ahora la corriente es muy fuerte, la barca se zarandea, golpea las olas, las olas la golpean. El lejano rumor es ya un estruendo creciente que se hace ensordecedor. No hay vuelta atrás (nunca la hubo, eso lo sabemos ahora). Y llega el momento en que se comprende todo: la barca se precipita hacia las cataratas, hacia el abismo.  

Aniversario

[1] Se cuenta que Escipión, al ver la ciudad totalmente aniquilada y sumida en una absoluta destrucción, lloró y que eran sus enemigos el objeto de su llanto. [2] Había llegado a ser plenamente consciente y había comprendido en su fuero interno que de forma inevitable la divinidad hace sucumbir ciudades, pueblos y todos los estados del mismo modo que lo hace con los hombres. Eso le sucedió a Ilion, la que una vez fue una ciudad feliz, y eso le sucedió a los una vez enormes imperios de asirios, de medos y de persas, y, sobre todo, al que había brillado en tiempos más recientes, el imperio de los macedonios. Ya fuera de forma deliberada, ya fuera porque se le escaparan, se dice que recitó estos versos:
 
   Llegará un día en que perezca la sagrada Ilion,
   y Príamo y el pueblo de Príamo, el diestro lancero.
 
Polibio le preguntó abiertamente, [3] porque había sido su maestro, qué quería decir con esas palabras. Dicen que no se guardó de mencionar claramente a su patria y de expresar su temor por ella al contemplar en aquellos momentos el destino de las cosas humanas. Estas palabras Polibio mismo las escribe como las oyó.
 
 Polibio, Historias, XXXVIII 22.1                                                     Traducción de Emilio Díaz Rolando
                                                  
Recordé hoy este pasaje y lo anoto aquí. Hoy se cumplen cinco años. Hoy hace cinco años que ella no está. 

Un poema de Vicente García

Vicente García (Gijón, 1971) acaba de publicar un nuevo libro de poemas titulado "Años otoñales". El poema que sigue pertenece a este libro:

SINOS

Luis Cernuda perseguía las sombras de sus sueños,
que para él eran la verdad de la vida.
Baroja imaginaba un amor imposible, aprendiendo
a decirles adiós a las muchachas.
Eliot y Tólstoi vivieron pesadillas conyugales.
Antonio Machado fue caminando a solas por los campos
de su alma, triste y pensativo.
Álvaro de Campos fue siempre el que quería que
le abriesen la puerta ante paredes sin puertas.
De todos ellos has aprendido a escribir, y a vivir en lo escrito.
Que los hados te otorguen una suerte mejor.

Aprendemos juntos a comer mierda

Una sección del diario digital "El País" es publicidad descarada de un importante banco español. El periodismo está comprado, no es nada nuevo. La propaganda no es directa, se encubre con una sutil estrategia comercial. A este banco debe de importarte mucho la educación de los ciudadanos pues con el lema cursi de "aprendemos juntos" (prefiero ser autodidacta, dejadme en paz) dedica su espacio publicitario a difundir videos donde supuestos expertos en pedagogía, educación, psicología y demás sabidurías del momento pretenden mejorarnos la vida. Estos expertos se creen investidos de una autoridad mágica, sermonean sin el menor sentido del ridículo. Todo lo que dicen (su verborrea es insoportable) no vale nada, absolutamente nada, desde el mismo momento en que se ponen al servicio de un banco. Están haciendo teatro y lo saben.

Mondoñedo

Como a todo inadaptado a su época me gusta la intrahistoria. Me gustan los pueblos apartados, los lugares dejados de la mano de Dios (pero que tengan wifi). Pocos sitios más desolados, más propicios a la melancolía, que Mondoñedo. Ese pueblo fantasmal de la provincia de Lugo del que fue obispo fray Antonio de Guevara. Alojarse una noche en la hospedería del seminario de Santa Catalina es hacer un viaje en el tiempo. Sólo se puede ser feliz recordando el pasado o esperanzado en el futuro (los políticos miran siempre al porvenir con intención de capturar votos). El presente siempre es insatisfactorio: son muy raros los momentos en que existe una armonía entre el mundo y nosotros, pero el sentimiento de que esa felicidad es fugitiva sirve para enturbiarla. El seminario de Santa Catalina estuvo activo entre 1583 y 2013 (año en que cerró definitivamente). 430 años de historia en los que nunca se había interrumpido la actividad docente. Dentro de esos sólidos muros de granito pueden oírse las voces de tantas generaciones de chicos desaparecidos hace siglos, las paredes murmuran declinaciones latinas: esas aulas desoladas estaban llenas de muchachos que empezaban la vida. Ahora no hay más que soledad, silencio y abandono. Largos pasillos desiertos. Muy ingenuo habría de ser uno para no sospechar que en ese seminario sucedieron cosas desagradables y sórdidas, algunas horribles: abusos sexuales, palizas, algún suicidio. Siempre los fuertes abusando de los débiles. Un periodista francés comentando la novela "El nombre de la rosa" decía que esa abadía del recóndito norte de Italia era un lugar "perverso" porque en ella no se dedicaban solamente a la conservación del saber ni a estudiar a Aristóteles ya que también sucedían asesinatos, sodomía, suicidios, venenos, inquisición, codicia sin límites. Umberto Eco le contestó: "a propósito de lugares perversos, ¿conoce algún otro lugar aparte de esa abadía que no sea igual de perverso?" Un tipo muy listo Umberto Eco. 
       El seminario de Santa Catalina de Mondoñedo, que parece un manicomio, me recordó a la abadía a la que llegó fray Guillermo de Baskerville. Las paredes del claustro están decoradas con los retratos de los papas del siglo XX: desde León XIII hasta el actual papa Francisco. Miro la cronología y busco los papas que estaban sentados en el solio pontificio cuando las dos guerras mundiales, los que estaban a la cabeza de la Iglesia cuando Lenin organizó la revolución rusa, Stalin barrió a sus enemigos y Himmler organizó los campos de exterminio: son Benedicto XV y Pio XII. Semillero de clérigos que bendecían los ejércitos de Franco en la cruzada contra el comunismo.  Todo, pues, "humano, demasiado humano" que decía Nietzsche.
      Si de verdad hubiera una providencia divina en la Historia, como sostiene la Iglesia, esas catástrofes no hubieran sucedido. Sea como sea a mí me tocó pasar allí la noche del viernes santo. Para mí fue una noche como otra cualquiera. Lástima que en nuestra época no se estudie latín y que no haya un triste lugar propicio al estudio y la meditación. Lástima que todos sepamos quién es un futbolista imbécil y arrogante, experto en patadas, pero nadie conozca, digamos, a Lucrecio (aquel poeta latino enemigo mortal de todas las religiones). De manera que mis sentimientos frente a ese lúgubre lugar son "ambivalentes", por decirlo como Freud, que fue otro sabio crítico con la religión a la que consideraba una "ilusión"

Fórmulas en la arena

Hace frío en esta playa del Cantábrico. La playa está desierta y no quiere decir el nombre para que no acudan en masa a destrozarla sus insufribles congéneres. Sí, el paseante solitario es un poco misántropo, pero hay destinos para el vocerío como los hay para la soledad y a este señor le ha tocado el segundo. Con el paraguas dibuja en la arena fórmulas matemáticas: dibuja la ecuación de la relatividad general de Einstein, dibuja la fórmula de Boltzmann. Y se acuerda de lo que dijo Newton: I don't know what I may appear to the world, but to myself I seem to have been only like a boy playing on the seashore and diverting myself in now and then finding a smoother peeble or a prettier shell than ordinary, whilst the great ocean of truth lay all undiscovered before me. Poco durarán estos garabatos escritos en la arena: la marea del gran océano de la verdad subirá y los borrará.  Al paseante solitario, un poco más tarde, también.
I do not know what I may appear to the world, but to myself I seem to have been only like a boy playing on the seashore, and diverting myself in now and then finding a smoother pebble or a prettier shell than ordinary, whilst the great ocean of truth lay all undiscovered before me.
Read more at: https://www.brainyquote.com/quotes/isaac_newton_387031
I do not know what I may appear to the world, but to myself I seem to have been only like a boy playing on the seashore, and diverting myself in now and then finding a smoother pebble or a prettier shell than ordinary, whilst the great ocean of truth l
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I do not know what I may appear to the world, but to myself I seem to have been only like a boy playing on the seashore, and diverting myself in now and then finding a smoother pebble or a prettier shell than ordinary, whilst the great ocean of truth l
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do not know what I may appear to the world, but to myself I seem to have been only like a boy playing on the seashore, and diverting myself in now and then finding a smoother pebble or a prettier shell than ordinary, whilst the great ocean of truth
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do not know what I may appear to the world, but to myself I seem to have been only like a boy playing on the seashore, and diverting myself in now and then finding a smoother pebble or a prettier shell than ordinary, whilst the great ocean of truth
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I do not know what I may appear to the world, but to myself I seem to have been only like a boy playing on the seashore, and diverting myself in now and then finding a smoother pebble or a prettier shell than ordinary, whilst the great ocean of truth lay all undiscovered before me.
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I do not know what I may appear to the world, but to myself I seem to have been only like a boy playing on the seashore, and diverting myself in now and then finding a smoother pebble or a prettier shell than ordinary, whilst the great ocean of truth lay all undiscovered before me.
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La Relatividad

Para entretener mis ocios y aburrimientos he dedicado unas cuantas horas estos últimos días a seguir un curso en internet que explica la "Teoría de la Relatividad" de Einstein. La teoría está muy bien explicada por un brillante astrofísico francés. Como se sabe esta teoría tiene dos partes: relatividad restringida (1905) y general (1915). Un campo gravitatorio es equivalente a la ausencia de un campo gravitatorio si es un sistema referencial acelerado. Eso lo entendí. Quiere decir que si dejamos caer un cuerpo en un lugar cerrado no podemos saber si estamos en la tierra o en una nave que se moviera con aceleración. La gravedad es democrática: los cuerpos que caen llegan al mismo tiempo al suelo (digamos) independientemente de su masa: ya sea una tiza o una bola de plomo. Esta teoría, como es fácil de ver, implica una enorme abstracción, explica la naturaleza pero no tal como la vemos en la vida ordinaria. Para comprobar que funciona realmente -y por ahora funciona- hay que considerar un laboratorio inmenso: el universo. El espacio-tiempo se curva por la acción de un campo gravitatorio. Así que la Tierra no gira alrededor del sol porque exista una fuerza de gravedad que la atraiga (como dice Newton) sino porque el sol, con su masa, deforma el espacio-tiempo, la geometría, y la tierra no hace más que seguir esa curvatura. Otra cosa curiosa: se podría viajar al futuro (aunque naturalmente nos faltan los medios tecnológicos) pero no al pasado. En fin, he entendido lo suficiente para comprender que la "Teoría de la Relatividad" es, sin duda, uno de los productos  más admirables de la mente humana.

El argentino aquel

Hacía mucho tiempo que no leía un cuento de Borges. Hoy leí otra vez "La biblioteca de Babel". Borges es uno de esos autores de los que puede decirse que nos descubren un mundo. En su caso no sólo su obra, gracias a Borges he conocido a muchos otros escritores que sin él no hubiera conocido (lo que podemos decir la mayoría de sus lectores): Gibbon, Shaw, Mauthner, Schopenhauer, Croce. Es cierto que Borges dedica poca atención a los rusos: Tólstoi, Dostoievski, Gógol o Chéjov. Sea como sea, ese cuento, "La biblioteca de Babel", me sigue pareciendo fantástico, en todos los sentidos de la palabra.

No te agobies

Iª q. 46 a. 1 co. Respondeo dicendum nihil praeter Deum ab aeterno fuisse. (Respondo diciendo que nada excepto Dios puede ser eterno). Pues muy bien, pues vale. Me alegro por él, por el doctor Angélico. Eres uno de esos pedantes de los que se burlaba Cervantes en el prólogo del Quijote.
          Il me semble que, si le despotisme venait à s'établir chez les nations démocratiques de nos jours, il aurait d'autres caractères: il serait plus étendu et plus doux, et il dégraderait les hommes sans les tourmenter. ¿Ahora en francés? ¿Fútbol? ¿Fútbol? Gol! O cualquier otra gol-osina. Dubai. Un Rolex. Cartier. Ferrari. 
         Da ist keine Hoffnung im Tod, er ist nur eine einfachere, das Leben eine verwickeltere, organisiertere Fäulnis, das ist der ganze Unterschied! (La muerte no es una esperanza; es sólo una putrefacción más sencilla que la más desarrollada y organizada putrefacción de la vida; esa es toda la diferencia). Pues estupendo. Me alegro. Worin es fault es fault es fault.
         Worin es fault. Otra pista de despegue en el aeropuerto de Munich o de Bratislava.
        Si l'idée de la mort, dans ce temps-là, m'avait assombri l'amour, depuis longtemps déjà le souvenir de l'amour m'aidait à ne pas craindre la mort. Car je comprenais que mourir n'était pas quelque chose de nouveau, mais qu'au contraire depuis mon enfance j'étais déjà mort bien des fois. Desde la infancia hasta la edad adulta. Desde la Edad Media hasta nuestros días. Altamira fue ayer. La tierra sigue dando vueltas, con nosotros para divertir al universo, cada vez más agotada, alrededor de una estrella cada vez más débil. 
        A este ritmo de acabamiento llenaremos de huesos la corteza terrestre. Qué lástima hombre de des-humanidad. Fuiste uno de esos ingenuos que creyó que la cultura mejora a los hombres. Vaya festival de citas. Nos refina un poco, pero, ¿elimina la bestia que llevamos dentro? No exageres, hombre. ¿Que no exagere? Mira las noticias. Repasa la historia. Eso sin considerar las bromas macabras del destino, en las que la malicia humana no interviene. Vive tranquilo, hombre, no te agobies. No me seas cioran. Tienes salud y trabajo, ¿de qué te quejas? 

Un poema de Zbigniew Herbert

INFORME DE LA CIUDAD SITIADA

Demasiado viejo para llevar armas y luchar como los demás
me dieron generosamente el papel inferior de cronista
escribo -no sé para quién-  la historia del sitio

Se supone que debo ser exacto pero no sé cuándo empezó la invasión
hace 200 años en diciembre en setiembre quizá ayer al amanecer
aquí todos sufren una pérdida del sentido del tiempo

todo lo que hemos dejado es el lugar el apego al lugar
aún gobernamos sobre las ruinas de los templos espectros de jardines y casas
si perdemos las ruinas no quedará nada

escribo lo que puedo al ritmo de interminables semanas
lunes: comercios vacíos una rata es la unidad monetaria
martes: el alcalde asesinado por asaltantes desconocidos
miércoles: negociaciones para un alto al fuego -el enemigo ha capturado a nuestros mensajeros
no sabemos dónde sostienen que es el lugar de la tortura 
jueves: tras una asamblea violenta la mayoría de las voces rechazan
la moción de los mercaderes de especias para una rendición incondicional
viernes: se declara una epidemia sábado: nuestro invencible defensor
N.N. se suicida domingo: no queda más agua repelemos
un ataque en la puerta oriental la llamada Puerta de la Alianza 

sé que todo esto es monótono no puede conmover a nadie

evito todo comentario reprimo mis emociones me limito a los hechos
sólo los hechos parece que se aprecian en los mercados extranjeros
sin embargo con cierto orgullo me gustaría informar al mundo
de que gracias a la guerra hemos criado una nueva especie de niños
a nuestros niños no les gustan los cuentos de hadas juegan a matarse
despiertos y dormidos sueñan con sopa con pan con huesos 
igual que los perros y los gatos 

al atardecer me gusta caminar cerca de los puestos de avanzada de la ciudad
a lo largo de la frontera de nuestra incierta libertad
miro a los enjambres de soldados bajo sus luces
escucho el ruido de los tambores gritos bárbaros
verdaderamente es inconcebible que la ciudad aún se defienda
el sitio ha durado largo tiempo los enemigos tienen que turnarse
nada les une excepto el deseo de nuestra aniquilación
Godos Tártaros Suecos las tropas del Emperador regimientos de la Transfiguración
quién puede contarlos
los colores de sus estandartes cambian como el bosque en el horizonte
del delicado amarillo de los pájaros pasan al verde al rojo al negro invernal

así al atardecer liberado de los hechos puedo pensar
en lejanos y antiguos asuntos por ejemplo en nuestros
amigos de más allá del mar sé que simpatizan sinceramente 
nos envían harina manteca de cerdo sacos de consuelo y buenos consejos
ni siquiera saben que sus padres nos traicionaron
nuestros antiguos aliados en el tiempo del segundo Apocalipsis
sus hijos no tienen culpa merecen nuestra gratitud por tanto somos agradecidos
no han conocido un sitio tan largo como la eternidad 
los golpeados por la desgracia siempre están solos
defensores del Dalai Lama Kurdos montañeros afganos 

mientras escribo estas palabras los partidarios de la conciliación
han ganado sobre el partido de los inflexibles 
la normal vacilación en los ánimos el destino aún está en la balanza 

los cementerios crecen el número de los defensores disminuye
pero la defensa continúa continuará hasta el fin
y si cae la ciudad y escapa un sólo hombre
llevará consigo la ciudad por los caminos del exilio 
será la ciudad 

miramos en el rostro del hambre en el del fuego en el de la muerte
y en el peor de todos -el rostro de la traición
y sólo nuestros sueños no han sido humillados

Un poema de Miroslav Holub

NAPOLEÓN

Niños, cuándo 
nació Napoleón Bonaparte,
pregunta el maestro.

Hace mil años, dicen los niños.
Hace cien años, dicen los niños.
El año pasado, dicen los niños.
Nadie lo sabe.

Niños, qué hizo
Napoleón Bonaparte,
pregunta el maestro.

Ganó una guerra, dicen los niños.
Perdió una guerra, dicen los niños.
Nadie lo sabe.

Nuestro carnicero tenía un perro
que se llamaba Napoleón,
dice Frantisek.
El carnicero le pegaba y el perro murió
de hambre
el año pasado.

Y todos los niños tienen pena ahora
por Napoleón.

Que mi destino no importe

En el autobús leo en folios 
los poemas que imprimo.
Amanece detrás de los cristales. 
A mi alrededor los vivos y sus afanes.
Chicos, mujeres comienzan la jornada.
Leo "Los dioses de Grecia" 
de pie, manteniendo el equilibrio.

El autobús se para ante el semáforo en rojo.
Hitler ordena la invasión de Rusia.
Esta vieja ciudad podría ser Minsk,
sus edificios montones de ruinas
y sus habitantes espectros.
Hablamos español, una lengua viva.

Llevo en los bolsillos del abrigo un montón
de folios atados con una goma.
Poemas de Yeats, de Rilke, de Auden, de
Zbigniew Herbert. Próxima parada
"Plaza de la Paz". Ya tengo que bajarme.
Dentro de este autobús
doy cercos a la negra sepultura.
Trato de ser digno. 
                                  Observo el arcoiris 
de la fuente. No percibo millones de detalles.

Trato de ser digno.
Es el remordimiento del superviviente.
Petrarca me sostiene. Me sostiene comer.
Pero soy torpe y débil y tenaz
y no sé lo que quiero.
Me he vuelto astuto como un zorro hambriento.
Tubos de escape, aire contaminado
y polvo en suspensión.

Si la vida no tiene sentido 
que mi destino no importe,
que la belleza y la bondad me eleven
mientras no acabe hurgando en la basura
o meándome encima.

"Herencia", de Ana Vega

Texto de la presentación de "Herencia" de Ana Vega en la librería Santa Teresa de Oviedo, el 18 de enero del 2018.

Los gritos salían de la boca del toro de Falaris convertidos en una rara música que agradaba los oídos del tirano siciliano. Ana Vega realiza esta extraña operación: su dolor vital, su inadaptación al mundo, su rabia, su desesperación se convierten en poemas de gran potencia. No hay ninguna pose en ellos. Lo que más admiro de su escritura (pienso en “El cuaderno griego” además de este libro) es su franqueza, su elocuencia, la ausencia total de frivolidad. Dice en uno de los poemas de este libro: “Atada pues de por vida/ a la miseria y a las ratas/ pero nunca a la mansedumbre” Parece domesticada pero es como un felino. Instinto. Resiliencia.

La poesía de Ana Vega es directa, seca, sin retórica. Nos mete de lleno en su torbellino de malestar. El poema “Rendición” empieza: “Todo lo que soy es, parte de, avanza, camina hacia/ y desde la miseria. /  La miseria en su más amplio sentido/ y tejido universal. Moral, física, económica, laboral/ del individuo y de quien elige que ésta le defina. / Acostumbrada a dirigir mis pasos entre estos escombros / de humanidad”

Estos poemas desarrollan un desafío, una desobediencia, una rebeldía. La poeta sabe que existe algo (el poder, el orden social) que intenta impedirle que hable, que proteste, que ponga el grito en el cielo. Es perfectamente consciente de esto: “Si pretendes impedir que hable/ o piense o diga ambas cosas/ debes atar bien fuerte mis muñecas/ y coserme la boca con tal brutalidad/ que impidas que yo misma/ me devore los labios/ hasta escupir todo silencio” Y más adelante concluye: “Y contra esto he de decirte también/ es imposible cualquier intento/ de silenciarme”

El libro se abre con citas de Cortázar, Hugo Mújica, Pessoa y Valente. “Herencia” me recuerda los lamentos de César Vallejo: el sufrimiento; o, mejor dicho, el escándalo del sufrimiento.  En “Voy a hablar de la esperanza” dice el poeta peruano: "Yo no sufro este dolor como César Vallejo. Yo no me duelo ahora como artista, como hombre ni como simple ser vivo siquiera. Yo no sufro este dolor como católico, como mahometano ni como ateo. Hoy sufro solamente. Si no me llamase César Vallejo, también sufriría este mismo dolor. Si no fuese artista, también lo sufriría. Si no fuese hombre ni ser vivo siquiera, también lo sufriría. Si no fuese católico, ateo ni mahometano, también lo sufriría. Hoy sufro desde más abajo. Hoy sufro solamente". Ana Vega también siente y se expresa así.

Por su sentimiento de caos y cierta vena apocalíptica Ana Vega pasaría, para mí, por una poeta expresionista. Es el tema de la decadencia, de la podredumbre, de las maldiciones hereditarias. Uno de aquellos poetas expresionistas dice: “Jamás atravesados por sentimientos/ mutuamente insensibles y rígidos/ ascienden y se hunden/ los soles, los átomos: los cuerpos en el espacio” La naturaleza es una mecánica despiadada (no ha perdido la piedad, simplemente no la conoce). Esta insensible mecánica física es también la mecánica de la transmisión de la vida: la maquinaria biológica que perpetúa ciegamente taras y miserias.

En este libro de Ana Vega hay antiguas humillaciones, hambre atrasada, pobreza hereditaria, exclusión, rabia acumulada, muebles ajenos. Este libro está atravesado por el estigma de pertenecer a una clase social, es un libro político. Contiene aquella época de escasez de la posguerra, emigraciones frustradas, servidumbres remotas que llegan hasta el presente. Ana Vega tiene la inteligencia suficiente para darse cuenta de sus orígenes. Se ha liberado de la fatalidad y la injusticia  hereditarias en la medida en que las conoce, pero esto mismo le hace sufrir. Este libro es una paradoja de la lucidez: por un lado la consciencia del determinismo hereditario, de la injusticia social; por otro la voluntad de escapar de esa herencia que a la vez se asume y se rechaza. Estaría realmente hundida si no se diera cuenta de su situación y viviera más o menos satisfecha. Reconocer la enfermedad es el principio de la curación. Dice en un poema: “La herencia no me ha enseñado nada, / tan sólo a repetir los errores/ de la manera más incauta posible” Y también: “Mi padre recuerda aún hoy/ la ferocidad con la que éstos/ devoraban el maíz crudo. /Dicha herencia / nos impide/ aflojar la mandíbula/ en esta casa”  Qué rebeldía, qué furia y qué rabia hay en estos versos del para mí mejor poema del libro “La bicicleta”: "Aprendí el significado de poseer cosas muy pronto y todo lo que significa no tenerlas. También que a las señoras de bien les gusta escoger a niñas de familia humilde pero que sin embargo son “finas” y “educadas” -dieron por hecho que la cultura de los libros sólo alcanzó a los que pudieron comprar dicha cultura y dichos libros- puesto que la cultura viene de cuna, de cuna y ornamentos, dicen". Sí, las señoras de bien que escogen niñas de familia humilde pero que sin embargo son “finas” y “educadas”. Contagiados por la indignación dan ganas de pegarle fuego a las casas de esas señoras de bien. Ana Vega expone con elocuencia estas injusticias. Hace que a uno le hierva la sangre.

Esta penosa historia no es nada excepcional, naturalmente. Por otra parte la miseria más negra fue el estado general de la humanidad y lo sigue siendo en muchas partes del mundo (entre nosotros está más disimulada pero existe y para verlo aquí está este libro). Aparte de esto los graves conflictos familiares siempre han sido frecuentísimos aunque no todos le escriben, como Kafka, una carta al padre.

El peso de la Herencia, la institución de la familia. En el  poema “La bicicleta” dice Ana Vega: "Veo en este tejido familiar la raíz de quien soy ahora y muchas de las alteraciones que sufro al contemplar cómo la escena se repite y negarme a tragar mentira alguna pues en mi piel y en mí llevo la experiencia, conciencia e instinto de más de una generación entera, como para que alguien venga a decirme ahora que las cosas han cambiado o que a alguien le interesa dicho cambio". Ana Vega rastrea en sus antepasados el origen de sus alteraciones. Quiere comprenderse. Hay algo de hipnosis en este libro. Ella es la cúspide de una montaña de generaciones. Están presentes la sombra de sus abuelos, las historias de infancia de su padre y su madre (como el “La muñeca” “Maíz” o “El cuadro). Al contar su historia familiar Ana Vega cuenta –con más o menos diferencias- la historia de todos nosotros. El olor agrio de la antigua pobreza permanece hoy disimulado por perfume, por ropa de Primark y por el humo de los tubos de escape: olor de axilas, glándulas, bocas destrozadas, genitales. Aquella suciedad, la desnutrición, la ignorancia, la convivencia con las bestias. La vida parece una enfermedad de transmisión sexual. La confesión personal se convierte en constatación del sufrimiento: “Todas las vidas están dibujadas en forma de cruz” dice en un poema.

Su poema “Miseria” es un agudo examen de la vergüenza que da ser pobre en esta sociedad de consumo. (¿Sociedad de consumo? Este concepto ya se ha repetido millones de veces, es una obviedad sin valor, es como decir “el cielo es azul”). En este poema se dice: “Tres veces en un mismo día a la oficina de banco. Diez llamadas para pedir un poco de liquidez” y continua: “porque tu vida depende de quien puede adelantarte dinero, / porque tu vida depende de quienes se ríen en tu cara”  Llegar al supermercado “y que cualquier producto que un niño alcanza con el brazo suponga un reto insólito: / por mucho que estires los dos brazos no llegas a pagar el importe exacto/ de cualquier sección de las de elementos prescindibles”  (A mí los supermercados, dicho sea de paso, me causan más melancolía que una visita al cementerio). Ana Vega ha debido de oír muchas veces palabras edificantes, consejos dictados por la vanidad de supuestos amigos. Es fácil dar consejos, dice, si las cosas te van bien: “qué bueno dar lecciones desde el otro lado de la alambrada/ quizá yo misma desde ese lado también/ me habría atrevido” Ana Vega ataca a los abogados de este mundo; a quienes justifican beatamente la situación del miserable y le recomiendan cristiana resignación. Ana Vega conoce bien los mecanismos psicológicos de los marginados y la moral que se les aplica. Como dice en “Compasión”: “La compasión es acercarse al otro/ desde un lugar más elevado. /Es permitirse este juego de poder/ del que nace toda desigualdad/ Es atreverse a dar lecciones de vida/ o imponer sabidurías que no han soportado/ el peso de vida y conciencia” Se nota que la poeta está harta de oír esa música celestial.

Leyendo “Herencia” me vino a la mente el verso de García Lorca: "y la vida no es noble, ni buena, ni sagrada".  Visto cómo acabó el pobre Lorca debe de ser cierto. Y como hablamos de herencia (la herencia de la carne) recuerdo aquel poema de Larkin: “Anda que tus padres bien te jodieron/ queriendo o sin querer, la jorobaron/ Con todos tus defectos te cargaron/ y algunos de propina aún añadieron” Defectos, taras, miserias transmitidas de generación en generación. Los padres son culpables e inocentes: culpables en cuanto padres, inocentes en cuanto hijos. La solución pasaría por romper esta cadena no teniendo descendencia. No el camino que desciende, sino el que asciende es el que recorre Ana Vega.

En Ana Vega todo es lucha. Hay heridas, insomnios, frío, sangre, lágrimas, colmillos, alambradas, soledad, desafíos, abismos. La poeta tantea y conoce su fuerza, su capacidad de resistencia. Así lo dice en el último poema del libro “Herencia”: “una devastación interior / que concluye en una cierta fiereza/ o carácter salvaje o indómito/ tal vez herencia animal/ de quien ha logrado sobrevivir/ a lo largo de esta historia”  Devastación interior, dice. Y no parece que exagere. No hay pose en sus versos. El libro se cierra con una cita de Thomas Bernhard, otro que sabía de fríos, de sótanos, de respiraciones y de extinciones.

Estamos en 2018. “Herencia” es un buen libro para celebrar el cincuentenario de mayo del 68. El envilecimiento de la vida pública, la precariedad, los sueldos de miseria, el trabajo esclavo, el horror que vomitan a diario los medios, el desprecio por la reflexión y el silencio, el desastre medioambiental y dios sabe cuántas taras más es lo que hemos heredado.
Me temo que seguiremos royendo granos de maíz. De maíz transgénico. Mientras tanto a resistir, como Ana Vega.

Di fastidii e di noie

Tres nombres al azar: Alfred de Musset, Aníbal Carracci y el Parmigianino. Mal, acabaron muy mal. 
         Joder, qué decepción. 
        Tan mal como Nerval, Baudelaire, Lautréamont, Aloysius Bertrand, Catulle Mendès, Tristan Corbière, Verlaine, Rimbaud, Larra, Espronceda, Rosalía de Castro, Mozart, Bécquer, Leopardi, Novalis, Schiller, Chénier, Hölderlin, Kleist, Lenau, Pushkin, Lermontov, Shelley, Keats, Byron, Raimund, José Asunción Silva, Pellizza da Volpedo, el padre Arolas, Nietzsche, Van Gogh, Wilde, Trakl, Georg Heym, Verhaeren, Hermann Ungar, Kafka, Tucholsky, Stefan Zweig, Virginia Woolf, Albert Ehrenstein, Armando Buscarini, Gabriel Ferrater, Sylvia Plath, Anne Sexton, John Berryman, Scott Fitzgerald, Jaroslav Hasek, Modigliani, Albert Camus, Tadeusz Borowski, Ödön von Horváth, Pavese, Walter Benjamin, Mandelstam, Marina Tsvetáyeva, Maiakovski, Isaac Babel, Chéjov, Esenin, Dovlátov, Hemingway, Delmore Schwartz, etc etc 
        La fatalidad, la desolación, el huracán de la Historia se los llevó a todos de mala manera.
       Vorsicht! Cuidado! Beware! Las Musas son las Furias, escilas y caribdis. Sea como sea, el último acto de esta comedia es siempre sangriento. Hay pocas "eutanasias". Algunos, muy pocos, aguantaron: Goya, Goethe, Thomas Mann, Víctor Hugo, Günter Grass, Beckett, Borges, Eliot, Vargas Llosa... ¡y hasta Cioran y Charles Bukowski!  

Et a questo modo pose fine (Parmigianino) ai travagli di questo mondo, che non fu mai conosciuto da lui se non pieno di fastidii e di noie

En la sala de cine

Estoy en una sala de cine sentado en las filas de atrás, en una esquina. Entré para pasar el rato. Hay bastante gente. Por un momento desvío la atención de la película -que no es gran cosa- y me fijo, con la sensación de hacer algo extravagante, en los espectadores que me parecen bastante más interesantes.