Un sueño

Nada extraño, estaban dando un paseo. No era un país en guerra. No había una catástrofe. Monotonía absoluta. Era una tarde de un martes de agosto, muy buena temperatura. El cielo se había despejado. Compraron un helado en un puesto. Ella llevaba pantalones cortos y playeros, tenía tatuajes en un brazo y en un muslo. Se puso las gafas de sol en un semáforo. Nada extraño. El acompañante no parecía poseído por la felicidad, no iba flotando (esto sí que le extrañó). Sus caras no expresaban nada. No se distinguían en nada del resto de la gente. Ella tuvo un golpe hace poco más de un año, una pérdida. (Nunca vemos pasear a los muertos de los que pasean, pero existen y pesan mucho, cada vez menos, hasta que desaparecen). Les adelantó cuando pasaron junto al hombre que tocaba la trompeta. En ese momento podría darse la vuelta, enfrentarlos,  y decir el nombre de ella y sus dos apellidos y el nombre de su pueblo. Los esperó más adelante junto a una fuente. Volvieron a aparecer. Caminaban despacio, ella levantó el brazo como indicando algo y luego tiró la tarrina del helado en una papelera de la plaza. Se acercaban o se alejaban de él según su voluntad. No iban cogidos de la mano, pero horas tiene el día para la intimidad. Iban charlando de cosas banales, aunque no se acercó tanto como para oírles. ¿Qué más? Ella llevaba un bolso amarillo en el brazo derecho. ¿Era el mismo bolso de entonces? No. Y esta vez lo llevaba colgado del hombro, no del codo. Se había teñido de verde un mechón del cabello. ¿Cómo era él? Corpulento, calvo, con barba blanca, camiseta negra, unos diez años mayor. Se perdieron calle abajo, se iban acercando a ese lugar horrible que nadie de los que estaban cerca conocía. Ni ellos tampoco. Les dejó irse, como si dijéramos. ¿Podría adivinar lo que iba pensando cada uno? Eso no. Eran las criaturas del sueño.

Noche serena

Subo de excursión con mi familia al puerto de San Lorenzo (1.327 m). Son las once y media de la noche. Me acompañan mi mujer (con la que no tengo relaciones desde hace meses) y mis dos hijos (la niña de 13 años a la que sorprendí viendo pornografía en el móvil) y el niño de 7 (al que abandono a su suerte frente a la TV durante horas). Mi hogar son gritos, facturas, farsas de reconciliación, ternura torpe, apuros económicos, visitas diarias al centro comercial, vacaciones en la costa, televisión, telediarios, grupos de padres de whatsapp, sonrisas a los vecinos, masturbaciones, comida para perros, facebook, ruido. Para salir de la rutina he llevado a mi mujer y a mis dos hijos al puerto San Lorenzo. Un poco de montaña les vendrá bien, cierto que la hora es poco acostumbrada y mañana es lunes. El cielo está despejado. La bóveda celeste. Le digo a mi hija: "mira, ése es Júpiter". Tengo que abofetearla. Dejamos el coche a dos kilómetros, demasiado lejos para recuperarlo. Vemos pasar aviones continuamente. Empieza a hacer bastante frío. Mi mujer me pregunta a gritos: "¿para qué nos trajiste aquí, imbécil?" Mis hijos se asustan, empiezan a llorar. No volveremos más a casa. No volveremos más a casa. Nos quedaremos los cuatro aquí, juntos, para siempre, lejos del mal, bajo la noche serena.

Otro hilo que se pierde

De vuelta del paseo por esta pequeña ciudad lluviosa reparé en que hace tiempo que no veo por las calles del antiguo a un catedrático emérito de Geografía de la Universidad de Oviedo, el profesor Quirós. Era un hombre barbicano, que llevaba boina, solitario, silencioso, tenía un aire triste. Una vez coincidimos en la barra de una cafetería: se sentó a mi lado, tomó un vino y se fue. Le conocía de vista, nunca le traté ni fue alumno suyo (era una eminencia en Geografía, uno de esos raros sabios del ámbito universitario). ¿Y por qué me llamaba la atención al verlo como me llamó hoy la atención el dejar de verle? Había sido profesor de Carmen cuando ella estudiaba Geografía en la Universidad y llegó a licenciarse. Mediados de los años ochenta. En alguna ocasión me habló de él. La estoy viendo ahora imitando a este hombre socarrón que a Carmen le imponía mucho respeto. Como internet resuelve muchos misterios, escribí su nombre en google, con un pálpito. Si dejamos de ver un tiempo a una persona vieja es muy probable que no volvamos a verla nunca más. Nunca más. Nunca más. Y eso, efectivamente, fue. Vi la noticia de su muerte en los diarios regionales ocurrida hace poco más de un mes. Era un hombre discreto, con cierta fama de huraño. Otro hilo que se pierde en la eternidad. Descanse en paz.

Recapitulación

Hay intelectuales que consideran que internet da oportunidad a cualquier imbécil de manifestar sus opiniones o escribir sus mamarrachadas. Una de las posibilidades que tiene cualquier imbécil es la muy sabrosa de llevar un blog (que parece que está en declive, frente a formas más atractivas como facebook o twitter). Y aquí me miro el ombligo y veo que este blog comenzó en el 2012 y que a lo tonto a lo tonto lleva seis años. Esperaba, cuando comencé, que con el tiempo me daría alguien una ínsula o un condado, en premio de mis valiosas contribuciones a la cultura. Toma, me dije, pues no es fácil la cosa: me pongo a hablar de algún poeta alemán, cito a Baudelaire, opino sobre algún suceso de actualidad, denuncio a Putin, me burlo de Trump, acreciento la fama de algún poeta amigo copiando un poema suyo, traduzco algún texto del alemán o el francés y me veré en un santiamén convertido en una figura de la talla de Umberto Eco, Fernando Savater o el mismo Borges, cargado de prestigio, acrecentada mi fama y apartando a los admirados lectores como si fueran moscas. Esto era cuando se me ocurrió la bendita idea de abrir un blog. Como el que no se consuela es porque no quiere me digo a mí mismo que tengo muy pocos lectores, pero que qué buenos son. Y si dejan comentarios (sobre todo si son anónimos) doy palmas de alegría.
     Y digo, declaro y certifico, a ese puñado de lectores míos, que "El Quijote" -que estoy leyendo estos días- es el mejor libro de cuantos se han escrito. Y que el que quiera leerlo que lo lea, y el que no que no lo haga, que nadie tiene obligación pero eso que se pierde y más estando escrito en la lengua que mamamos con la leche que nos dieron. Y que Dios os dé salud y a mí no olvide. Vale.

Rasgos fundamentales de nuestra época

Muy pretencioso sería uno si se figurara resolver un problema tan arduo como el de señalar los rasgos fundamentales del tiempo presente. Que los tiene, estoy seguro. ¿Cuáles son? Descubrirlos es harina de otro costal. Porque, ¿de qué rasgos hablamos? ¿Y qué sociedad consideramos? ¿Son rasgos universales; es decir, pueden servir para la Patagonia lo mismo que para una provincia interior de China o un archipiélago del Pacífico? Al plantear esta cuestión asoma el que podría ser un rasgo interesante: que ese rasgo o característica se puede suponer extendido a toda la redondez de la Tierra. Cada habitante de este planeta siente -de una forma más o menos consciente- que la Tierra se nos está quedando pequeña. Van desapareciendo -si queda alguna todavía- aquellas sociedades minoritarias, débiles, digamos "primitivas" para entendernos, que podrían servir como espejo; un espejo que permitía distinguir mejor unas culturas de otras. Tengo edad suficiente para haber conocido, aunque algo atenuada, la cultura rural del campo asturiano. Era otro mundo. Hoy puede uno estar en lo profundo de un bosque apartado y oír sobre su cabeza el paso continuo de los aviones mientras recibe mensajes en el móvil. El desdichado Cardenio del Quijote, que se retiró a las soledades de Sierra Morena por un amor desgraciado, estaría hoy perfectamente localizable... y a tratamiento.
A propósito de esto, recuerdo un par de textos que Paul Valéry escribió en 1919, titulados "La crisis del espíritu". Valéry habla, con admirable lucidez, de un universal y definitivo hormiguero. 
Voy al grano. Los rasgos que observo son: dominio absoluto de la ciencia y la tecnología; escepticismo creciente ante la idea de progreso; individualismo exacerbado; inquietante tendencia inquisitorial en materia de corrección política; una abrumadora cantidad de información que confunde; relación conflictiva con el pasado (especialmente el que se refiere a las atrocidades del siglo XX); incapacidad para la concentración, la reflexión y el silencio; sentimiento de exilio en relación a la naturaleza.
No sé si se me escapa algún rasgo más ni si estos que he señalado son los correctos. Lo único que sé es que ahora, mientras fumo un puro en mi exigua vivienda (o morienda) y empieza a oscurecer, intento comprender en qué clase de mundo vivo. La vida es frágil y breve. Me refiero a nuestra vida individual, la tuya y la mía. La desaparición de una hormiga no altera en absoluto la actividad frenética del hormiguero.

Harto de mí

Estoy harto de mi. Esto, amigo Sancho, lo digo para fastidiar a los psicólogos que se ganan la vida elevando nuestra "autoestima" como si fuera una proteína cualquiera. ¿De dónde habrán sacado esos diablos una idea tan descabellada? No, basta: digamos la verdad, estoy harto de mí. Pero, ¿cómo soportarse una vida entera, desde la cuna hasta la sepultura, sin poder tomarse de vez en cuando vacaciones de uno mismo? Peor cárcel que la de la identidad no hay. Creo que quien nunca estuvo alguna vez harto de sí mismo es un indecente. No confundamos esto con el odio a uno mismo; me refiero, amigo Sancho, a un emoción más tenue, más resignada. "Acéptate como eres", me dicen a coro. ¡No me da la gana! ¡Tengo muchos defectos! El principal de todos: tener los brazos delgados como alambres. Y siempre la misma jeta en el espejo y esta triste figura, que soy flaco como una escoba. El que inventó el espejo, amigo Sancho, envenenó el alma humana. Narcisos, narcisos todos. Me parece de perlas el epitafio de aquel filósofo que dice: "liberado de ser hombre". Tengo a este difunto fuera quien fuera, amigo Sancho, por un gran sabio. "Déjese de cavilaciones, mi señor Don Quijote, y apechugue con quien es sin más murrias ni melancolías, que todos somos hijos de Dios y ha de haber de todo en el mundo. Fíjese usted en mí, ¿creerá vuesa merced que a mi me sienta bien esta panza? Pues con ella me contento y no me cambiaría ni por el mesmo Amadís, ni por el rey de Ingalaterra"

Instantánea

Un paseante camina por el laberinto del parque urbano. Se fija en un hombre solo, apartado, sentado en un banco. Tiene la cabeza hundida, parece dormir, pero está tan inmóvil que podría tomarse por muerto. En todo caso es un hombre derrotado, nadie normal adopta esa postura a plena luz del día. El caminante se mueve y llega a un punto en el que ve, en el mismo eje, la cabeza hundida de ese desdichado y unos metros más allá, en otro banco, a una pareja de chicos, muy jóvenes, muy guapos, enamorados y felices, que se hacen un selfie.

De la fragilidad de la vida

No creo que haya cosa en la que más nos engañemos: me refiero al sentimiento de que la vida es algo sólido, indestructible y firme; que se da por supuesta nuestra supervivencia en plazo indefinido. La vida tiene algo propiamente loco o demencial, es una borrachera organizada, un engaño tenaz. Sería muy llamativo para una conciencia lúcida (una conciencia angélica, digamos) observar esa seguridad con la que caminamos los mortales por este laberinto, este desierto inclemente del tiempo en medio de una naturaleza hostil. Nos acechan innumerables peligros. Somos como el agua que cae de peña en peña, hacia lo incierto, hacia abajo. Ciertamente la vida sería insoportable de tener esa extremada lucidez: sería como si contáramos cada latido del corazón como si fuera el último. Para comprender cabalmente nuestra existencia, esta caída en el tiempo, tendríamos que situarnos fuera de ella, lo que es imposible. Todos los muertos de los siglos (una suma que no deja de crecer y de borrarse) no bastan para hacernos comprender la situación en la que estamos. 
        En definitiva: cuando podríamos darnos cuenta de nuestro precario existir ya no podremos darnos cuenta de nada.

Ionesco

"La cantante calva" es una pieza fundacional (que se dice) del Teatro del Absurdo. Bueno. La historia es bien simple: en los alrededores de Londres vive el matrimonio Smith. Reciben la visita del matrimonio Martin y luego la de un bombero. También hay una sirvienta que anuncia la llegada del matrimonio visitante. ¿De qué hablan estos personajes? Parece que Ionesco nos está tomando el pelo. La obra se estrenó en París en 1950, no es precisamente una cosa reciente. Es muy hábil Ionesco: no dice que la realidad sea absurda ni nada parecido, los personajes dicen cosas vacías (aparentemente). Es un permanente juego que rompe la lógica de las relaciones sociales y es algo más profundo. Si ver a un hombre atándose los zapatos en la calle es un gran acontecimiento, entonces, ¿qué está pasando? ¿Y dónde está esa cantante calva? Suceden cosas extrañas sin que a nadie le llame la atención: ¿qué hace un bombero en una reunión de dos matrimonios? Es normal. Los Smith, los Martin y el bombero van perdiendo la cabeza a medida que pasa la velada: terminan por hacer juegos de palabras y finalmente sonidos sin sentido. Ya, claro: es el clímax, es entonces cuando más sentido tiene la obra.
       Yo asistí al estreno en París en 1950, antes de que naciera. Me gustó tanto que decidí nacer 17 años después. Ahora comento esa pieza (la leí esta mañana y me encantó). Mientras escribo esto (aún no he muerto) oigo a gente dar voces de alegría. Ver a un señor leyendo el periódico es un gran acontecimiento. Por eso estoy agradecido a Ionesco y a la madre que lo parió.

La mariposa en el mapa

Que levanten la mano los que conozcan a Frederic Prokosch. Dedicar un libro a un autor totalmente desconocido es un riesgo si quien lo escribe es alguien al que le interesa más el éxito que la propia literatura. Jorge Ordaz (Barcelona, 1946) ha escrito un libro La mariposa en el mapa (Luna de Abajo, 2018) que trata de su relación como lector con Frederic Prokosch. Este señor existió, efectivamente. No es una invención. Fue un prolífico escritor norteamericano nacido en Madison, Wisconsin y muerto en el sur de Francia. Un americano europeizado que parece estar en tierra de nadie: demasiado europeo para los americanos, demasiado americano para los europeos. "No recuerdo con exactitud cuándo oí hablar por primera vez de Frederic Prokosch", dice la primera frase del libro. A partir de aquí nos espera un relato espléndidamente construido, en el que se discute sobre la fama y el olvido, las modas que vienen y van, los avatares de las publicaciones, la impostura en la literatura, las identidades ficticias y la influencia de la crítica literaria. Ordaz aprovecha para hablar de libros, del destino de los libros: en el capítulo "Cosas que a veces traen los libros" hay un fascinante catálogo de objetos que aparecieron en algunos libros que Ordaz adquirió a lo largo de los años. Hay algo de autobiográfico, en cierto modo Ordaz se identifica con el destino de su héroe (el capítulo "Rechazos" es una lección para todo escritor joven que quiera hacerse un nombre). Jorge Ordaz inserta un par de homenajes a amigos suyos, letraheridos como él: Alberto Cardín, José Doval, Pedro Ugalde, todos ellos fallecidos. Es evidente que Ordaz sabe que este libro no va a ser un éxito de ventas y es lástima porque rezuma literatura por los cuatro costados: pasión por la literatura. Aquí se cuenta una historia doble: la historia de un autor (Prokosch) y la historia de un lector (Jorge Ordaz). Es una historia de amistad a través de las letras.
           Este libro demuestra, sin proponérselo, que para ser escritor se necesita haber leído mucho (la erudición de Ordaz es abrumadora) y no sólo "obras maestras" de "grandes genios". Hay, además, que tener un gusto propio, poco convencional. (¿Pero quién diablos es Prokosch?) La prueba es este libro, La mariposa en el mapa, donde Ordaz consigue rescatar de los "anaqueles polvorientos" (como diría el poeta José Luis Sevillano, otro gentleman como Ordaz) de las librerías de lance a este raro escritor americano que conoció muy joven la fama con sus dos primeras novelas (celebradas por gente como Thomas Mann o Albert Camus) y que el tiempo se ha encargado de borrar. Sin embargo, y este es el prodigio, Prokosch cobra vida en este libro que no es ensayo, ni biografía, ni novela. Despierta la curiosidad por la obra de este autor. "Este texto, dice Ordaz, es la historia del reencuentro con un autor que me ha acompañado con intermitencias durante cincuenta años y cuya vida, personalidad y obra literaria me resultan especialmente fascinantes" ¡Cincuenta años! El libro está enriquecido con ilustraciones entre las que figuran un par de cartas que Prokosch escribió en inglés a Jorge Ordaz, admirable admirador de este oscuro personaje. A los que pasen por este blog y lean esta nota les recomiendo vivamente La mariposa en el mapa, que es un rareza en el mejor sentido de la palabra. Un libro generoso que es un homenaje a Prokosch y en sentido más amplio a la literatura. Cacen, señoras y señores, esta mariposa.

Aquí, filosofando...

"Sólo hay un problema filosófico verdaderamente importante: el suicidio". No estoy de acuerdo con el gran Camus. Pero eso es otro asunto. Hay otra forma de considerar si la vida (absurda o no) merece la pena. Pueden cambiarse los términos del problema camusiano de esta forma: "si te dieran la posibilidad de volver a nacer y ser la misma persona con la misma vida que has llevado hasta este momento, ¿aceptarías?" Pero no es lo mismo preguntarle esto a un chico de 20 años que a una vieja de 97. Tampoco es lo mismo preguntarlo a alguien que en ese momento se rompe una pierna o sufre una humillación que a alguien que en ese momento está cenando en un restaurante con la persona que ama. Nos hemos enterrado ya muchas veces a lo largo de la vida. Hemos olvidado muchísimo. Vivir consiste, sobre todo, en olvidar. Lo extraño es que de tanta pérdida se conserve nuestra identidad personal. ¿Qué tenemos finalmente? Si realizamos una reducción drástica sólo nos queda este instante fugitivo, este "ahora" fugaz. ¿Hay cosa más frágil que esta duración permanentemente comprometida por toda clase de peligros? Si somos lúcidos constatamos que la vida es una alucinación, es un tenue sueño. Sabemos que un día (puede ser dentro de 5 minutos) nuestro corazón se parará. "De la vida, decía Anaxarco, no sé que me sorprende más: si su nulidad o su extrañeza". Pitágoras decía: "da lo mismo estar vivo que estar muerto". Sólo los pocos que alcanzan un altísimo grado de conciencia demuestran esta indiferencia en la que se vence el terror de la muerte. La muerte, para ellos, es un espantapájaros. 

Lobos

Yo estaba solo en ese momento, empezaba a oscurecer. Caminaba por un sendero al lado del río, entre árboles. Llegué al cercado de los lobos. No vi ninguno en ese momento. Puede ser que "el aula del lobo" hubiera cerrado. Al poco rato aparecieron tres ejemplares adultos, como no soy experto no supe distinguir el sexo de cada uno. Eran grandes, robustos, con una cola grande, orejas puntiagudas y hocicos afilados. Entre ellos se hostigaban, gruñían (en todo grupo existe una jerarquía). Recuerdo el gesto de uno: pasó su cabeza por encima del lomo del otro. Se habían acercado para ver a ese humano solitario que les visitaba. Si caminaba unos pasos ellos se movían. Si me detenía, ellos también. Entre nosotros había una valla y a unos tres metros una cerca con una malla verde que no permitía observarles con detalle. Esos tres lobos cautivos no daban ningún miedo, desde luego. Pensé en la frase latina que todo el mundo conoce: "homo homini lupus". Aprovechando que estaba solo me tomé la libertad de recitarles en voz alta unas estrofas de la "Oda a un ruiseñor" de Keats (el lugar boscoso y la hora eran propicias) a ver si esos sonidos ingleses les encantaban de alguna manera. Me parecieron inocentes, si son carnívoros no es culpa suya. En eso que se llama "naturaleza" cada especie tiene su sitio y su función. Se trata principalmente de comer y ser comido. Que la naturaleza en conjunto tenga una finalidad ya lo dudo mucho. No lo creo. En todo caso: pobres lobos cautivos y vencidos. La loba capitolina fue la madre de Roma. La civilización consiste en dominar al "lobo" que llevamos dentro, en proteger a los débiles. Esa es una tarea extremadamente difícil, por eso la civilización es tan preciosa como frágil. Últimamente se habla mucho en España de una particular "manada". Aplicada a los lobos es una descripción, aplicada a humanos es una metáfora repulsiva. Respiramos un aire pestilente. Considerando estas cosas me despedí de los tres lobos. 

Nuestras vidas son los ríos

Primero la barca está quieta en un lago silencioso. Poco a poco comienza a notarse un ligero movimiento: el lago era, en realidad, un río. La barca navega apaciblemente por la corriente suave, uno podría mirar con calma el paisaje y las orillas. Es un hermoso paisaje. Pero la barca empieza a desplazarse más deprisa, la corriente es un poco más fuerte. Aparecen las primeras turbulencias, la barca se mece. La atención se desvía de la contemplación del paisaje al gobierno de la nave. Ahora la barca no navega, es la corriente la que la arrastra. Es cada vez más difícil mantener el equilibrio en la cubierta, hay que agarrarse. Por primera vez se oye un rumor en la dirección de la corriente, un ruido desconocido y tenebroso. Ahora la corriente es muy fuerte, la barca se zarandea, golpea las olas, las olas la golpean. El lejano rumor es ya un estruendo creciente que se hace ensordecedor. No hay vuelta atrás (nunca la hubo, eso lo sabemos ahora). Y llega el momento en que se comprende todo: la barca se precipita hacia las cataratas, hacia el abismo.  

Aniversario

[1] Se cuenta que Escipión, al ver la ciudad totalmente aniquilada y sumida en una absoluta destrucción, lloró y que eran sus enemigos el objeto de su llanto. [2] Había llegado a ser plenamente consciente y había comprendido en su fuero interno que de forma inevitable la divinidad hace sucumbir ciudades, pueblos y todos los estados del mismo modo que lo hace con los hombres. Eso le sucedió a Ilion, la que una vez fue una ciudad feliz, y eso le sucedió a los una vez enormes imperios de asirios, de medos y de persas, y, sobre todo, al que había brillado en tiempos más recientes, el imperio de los macedonios. Ya fuera de forma deliberada, ya fuera porque se le escaparan, se dice que recitó estos versos:
 
   Llegará un día en que perezca la sagrada Ilion,
   y Príamo y el pueblo de Príamo, el diestro lancero.
 
Polibio le preguntó abiertamente, [3] porque había sido su maestro, qué quería decir con esas palabras. Dicen que no se guardó de mencionar claramente a su patria y de expresar su temor por ella al contemplar en aquellos momentos el destino de las cosas humanas. Estas palabras Polibio mismo las escribe como las oyó.
 
 Polibio, Historias, XXXVIII 22.1                                                     Traducción de Emilio Díaz Rolando
                                                  
Recordé hoy este pasaje y lo anoto aquí. Hoy se cumplen cinco años. Hoy hace cinco años que ella no está. 

Un poema de Vicente García

Vicente García (Gijón, 1971) acaba de publicar un nuevo libro de poemas titulado "Años otoñales". El poema que sigue pertenece a este libro:

SINOS

Luis Cernuda perseguía las sombras de sus sueños,
que para él eran la verdad de la vida.
Baroja imaginaba un amor imposible, aprendiendo
a decirles adiós a las muchachas.
Eliot y Tólstoi vivieron pesadillas conyugales.
Antonio Machado fue caminando a solas por los campos
de su alma, triste y pensativo.
Álvaro de Campos fue siempre el que quería que
le abriesen la puerta ante paredes sin puertas.
De todos ellos has aprendido a escribir, y a vivir en lo escrito.
Que los hados te otorguen una suerte mejor.

Aprendemos juntos a comer mierda

Una sección del diario digital "El País" es publicidad descarada de un importante banco español. El periodismo está comprado, no es nada nuevo. La propaganda no es directa, se encubre con una sutil estrategia comercial. A este banco debe de importarte mucho la educación de los ciudadanos pues con el lema cursi de "aprendemos juntos" (prefiero ser autodidacta, dejadme en paz) dedica su espacio publicitario a difundir videos donde supuestos expertos en pedagogía, educación, psicología y demás sabidurías del momento pretenden mejorarnos la vida. Estos expertos se creen investidos de una autoridad mágica, sermonean sin el menor sentido del ridículo. Todo lo que dicen (su verborrea es insoportable) no vale nada, absolutamente nada, desde el mismo momento en que se ponen al servicio de un banco. Están haciendo teatro y lo saben.

Mondoñedo

Como a todo inadaptado a su época me gusta la intrahistoria. Me gustan los pueblos apartados, los lugares dejados de la mano de Dios (pero que tengan wifi). Pocos sitios más desolados, más propicios a la melancolía, que Mondoñedo. Ese pueblo fantasmal de la provincia de Lugo del que fue obispo fray Antonio de Guevara. Alojarse una noche en la hospedería del seminario de Santa Catalina es hacer un viaje en el tiempo. Sólo se puede ser feliz recordando el pasado o esperanzado en el futuro (los políticos miran siempre al porvenir con intención de capturar votos). El presente siempre es insatisfactorio: son muy raros los momentos en que existe una armonía entre el mundo y nosotros, pero el sentimiento de que esa felicidad es fugitiva sirve para enturbiarla. El seminario de Santa Catalina estuvo activo entre 1583 y 2013 (año en que cerró definitivamente). 430 años de historia en los que nunca se había interrumpido la actividad docente. Dentro de esos sólidos muros de granito pueden oírse las voces de tantas generaciones de chicos desaparecidos hace siglos, las paredes murmuran declinaciones latinas: esas aulas desoladas estaban llenas de muchachos que empezaban la vida. Ahora no hay más que soledad, silencio y abandono. Largos pasillos desiertos. Muy ingenuo habría de ser uno para no sospechar que en ese seminario sucedieron cosas desagradables y sórdidas, algunas horribles: abusos sexuales, palizas, algún suicidio. Siempre los fuertes abusando de los débiles. Un periodista francés comentando la novela "El nombre de la rosa" decía que esa abadía del recóndito norte de Italia era un lugar "perverso" porque en ella no se dedicaban solamente a la conservación del saber ni a estudiar a Aristóteles ya que también sucedían asesinatos, sodomía, suicidios, venenos, inquisición, codicia sin límites. Umberto Eco le contestó: "a propósito de lugares perversos, ¿conoce algún otro lugar aparte de esa abadía que no sea igual de perverso?" Un tipo muy listo Umberto Eco. 
       El seminario de Santa Catalina de Mondoñedo, que parece un manicomio, me recordó a la abadía a la que llegó fray Guillermo de Baskerville. Las paredes del claustro están decoradas con los retratos de los papas del siglo XX: desde León XIII hasta el actual papa Francisco. Miro la cronología y busco los papas que estaban sentados en el solio pontificio cuando las dos guerras mundiales, los que estaban a la cabeza de la Iglesia cuando Lenin organizó la revolución rusa, Stalin barrió a sus enemigos y Himmler organizó los campos de exterminio: son Benedicto XV y Pio XII. Semillero de clérigos que bendecían los ejércitos de Franco en la cruzada contra el comunismo.  Todo, pues, "humano, demasiado humano" que decía Nietzsche.
      Si de verdad hubiera una providencia divina en la Historia, como sostiene la Iglesia, esas catástrofes no hubieran sucedido. Sea como sea a mí me tocó pasar allí la noche del viernes santo. Para mí fue una noche como otra cualquiera. Lástima que en nuestra época no se estudie latín y que no haya un triste lugar propicio al estudio y la meditación. Lástima que todos sepamos quién es un futbolista imbécil y arrogante, experto en patadas, pero nadie conozca, digamos, a Lucrecio (aquel poeta latino enemigo mortal de todas las religiones). De manera que mis sentimientos frente a ese lúgubre lugar son "ambivalentes", por decirlo como Freud, que fue otro sabio crítico con la religión a la que consideraba una "ilusión"

Fórmulas en la arena

Hace frío en esta playa del Cantábrico. La playa está desierta y no quiere decir el nombre para que no acudan en masa a destrozarla sus insufribles congéneres. Sí, el paseante solitario es un poco misántropo, pero hay destinos para el vocerío como los hay para la soledad y a este señor le ha tocado el segundo. Con el paraguas dibuja en la arena fórmulas matemáticas: dibuja la ecuación de la relatividad general de Einstein, dibuja la fórmula de Boltzmann. Y se acuerda de lo que dijo Newton: I don't know what I may appear to the world, but to myself I seem to have been only like a boy playing on the seashore and diverting myself in now and then finding a smoother peeble or a prettier shell than ordinary, whilst the great ocean of truth lay all undiscovered before me. Poco durarán estos garabatos escritos en la arena: la marea del gran océano de la verdad subirá y los borrará.  Al paseante solitario, un poco más tarde, también.
I do not know what I may appear to the world, but to myself I seem to have been only like a boy playing on the seashore, and diverting myself in now and then finding a smoother pebble or a prettier shell than ordinary, whilst the great ocean of truth lay all undiscovered before me.
Read more at: https://www.brainyquote.com/quotes/isaac_newton_387031
I do not know what I may appear to the world, but to myself I seem to have been only like a boy playing on the seashore, and diverting myself in now and then finding a smoother pebble or a prettier shell than ordinary, whilst the great ocean of truth l
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do not know what I may appear to the world, but to myself I seem to have been only like a boy playing on the seashore, and diverting myself in now and then finding a smoother pebble or a prettier shell than ordinary, whilst the great ocean of truth
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I do not know what I may appear to the world, but to myself I seem to have been only like a boy playing on the seashore, and diverting myself in now and then finding a smoother pebble or a prettier shell than ordinary, whilst the great ocean of truth lay all undiscovered before me.
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I do not know what I may appear to the world, but to myself I seem to have been only like a boy playing on the seashore, and diverting myself in now and then finding a smoother pebble or a prettier shell than ordinary, whilst the great ocean of truth lay all undiscovered before me.
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La Relatividad

Para entretener mis ocios y aburrimientos he dedicado unas cuantas horas estos últimos días a seguir un curso en internet que explica la "Teoría de la Relatividad" de Einstein. La teoría está muy bien explicada por un brillante astrofísico francés. Como se sabe esta teoría tiene dos partes: relatividad restringida (1905) y general (1915). Un campo gravitatorio es equivalente a la ausencia de un campo gravitatorio si es un sistema referencial acelerado. Eso lo entendí. Quiere decir que si dejamos caer un cuerpo en un lugar cerrado no podemos saber si estamos en la tierra o en una nave que se moviera con aceleración. La gravedad es democrática: los cuerpos que caen llegan al mismo tiempo al suelo (digamos) independientemente de su masa: ya sea una tiza o una bola de plomo. Esta teoría, como es fácil de ver, implica una enorme abstracción, explica la naturaleza pero no tal como la vemos en la vida ordinaria. Para comprobar que funciona realmente -y por ahora funciona- hay que considerar un laboratorio inmenso: el universo. El espacio-tiempo se curva por la acción de un campo gravitatorio. Así que la Tierra no gira alrededor del sol porque exista una fuerza de gravedad que la atraiga (como dice Newton) sino porque el sol, con su masa, deforma el espacio-tiempo, la geometría, y la tierra no hace más que seguir esa curvatura. Otra cosa curiosa: se podría viajar al futuro (aunque naturalmente nos faltan los medios tecnológicos) pero no al pasado. En fin, he entendido lo suficiente para comprender que la "Teoría de la Relatividad" es, sin duda, uno de los productos  más admirables de la mente humana.

El argentino aquel

Hacía mucho tiempo que no leía un cuento de Borges. Hoy leí otra vez "La biblioteca de Babel". Borges es uno de esos autores de los que puede decirse que nos descubren un mundo. En su caso no sólo su obra, gracias a Borges he conocido a muchos otros escritores que sin él no hubiera conocido (lo que podemos decir la mayoría de sus lectores): Gibbon, Shaw, Mauthner, Schopenhauer, Croce. Es cierto que Borges dedica poca atención a los rusos: Tólstoi, Dostoievski, Gógol o Chéjov. Sea como sea, ese cuento, "La biblioteca de Babel", me sigue pareciendo fantástico, en todos los sentidos de la palabra.

No te agobies

Iª q. 46 a. 1 co. Respondeo dicendum nihil praeter Deum ab aeterno fuisse. (Respondo diciendo que nada excepto Dios puede ser eterno). Pues muy bien, pues vale. Me alegro por él, por el doctor Angélico. Eres uno de esos pedantes de los que se burlaba Cervantes en el prólogo del Quijote.
          Il me semble que, si le despotisme venait à s'établir chez les nations démocratiques de nos jours, il aurait d'autres caractères: il serait plus étendu et plus doux, et il dégraderait les hommes sans les tourmenter. ¿Ahora en francés? ¿Fútbol? ¿Fútbol? Gol! O cualquier otra gol-osina. Dubai. Un Rolex. Cartier. Ferrari. 
         Da ist keine Hoffnung im Tod, er ist nur eine einfachere, das Leben eine verwickeltere, organisiertere Fäulnis, das ist der ganze Unterschied! (La muerte no es una esperanza; es sólo una putrefacción más sencilla que la más desarrollada y organizada putrefacción de la vida; esa es toda la diferencia). Pues estupendo. Me alegro. Worin es fault es fault es fault.
         Worin es fault. Otra pista de despegue en el aeropuerto de Munich o de Bratislava.
        Si l'idée de la mort, dans ce temps-là, m'avait assombri l'amour, depuis longtemps déjà le souvenir de l'amour m'aidait à ne pas craindre la mort. Car je comprenais que mourir n'était pas quelque chose de nouveau, mais qu'au contraire depuis mon enfance j'étais déjà mort bien des fois. Desde la infancia hasta la edad adulta. Desde la Edad Media hasta nuestros días. Altamira fue ayer. La tierra sigue dando vueltas, con nosotros para divertir al universo, cada vez más agotada, alrededor de una estrella cada vez más débil. 
        A este ritmo de acabamiento llenaremos de huesos la corteza terrestre. Qué lástima hombre de des-humanidad. Fuiste uno de esos ingenuos que creyó que la cultura mejora a los hombres. Vaya festival de citas. Nos refina un poco, pero, ¿elimina la bestia que llevamos dentro? No exageres, hombre. ¿Que no exagere? Mira las noticias. Repasa la historia. Eso sin considerar las bromas macabras del destino, en las que la malicia humana no interviene. Vive tranquilo, hombre, no te agobies. No me seas cioran. Tienes salud y trabajo, ¿de qué te quejas?