Zelif 2019

Olvidábasele al equipo de administradores, consejeros, redactores y relatores de este blog desear a los lectores que por aquí caigan un feliz año nuevo. Que les sea muy venturoso y que lo aprovechen. Los años pasan muy rápido. Feliz 2019.

Infancia

En la película Yo, la peor de todas sobre la vida de Sor Juana Inés de la Cruz hay una escena en la que la poeta mexicana toma en sus brazos a un niño recién nacido y dice, (cito de memoria): "supongo que Dios no se ha cansado de la Humanidad, pues aún nacen niños." A lo que contesta la madre, esposa del virrey de la Nueva España y gran amiga de sor Juana, sonriendo: "cómo eres, otra persona acariciaría al niño, pero a tí se te ocurre una reflexión" No hace mucho vi una escena infantil tal como ésta: un niño de unos 4 años llevaba de la mano un juguete, era un unicornio que daba unos pasos, hacía un ruido de cascabeles y relinchaba. Ante tal maravilla una niña de esa edad se acercó al fabuloso animal, atraída por la gracia de la criatura mecánica. Recuerdo ahora los versos de José Emilio Pacheco:

Hay minas especiales para no combatientes,
minas con forma de pelota y muñeca. 
Nadie podría decir nada más atroz
acerca de nosotros.

Un soneto de Keats

Cuando me asalta el miedo de morir
antes de la cosecha de mi fecunda mente,
antes de que los libros apilados
guarden como graneros el grano ya maduro;
cuando miro en el rostro de la noche estrellada
los símbolos enormes y nubosos de una pasión altiva
y pienso 
                 que ya no he de vivir jamás para trazar
sus sombras con la mano mágica del azar;
y cuando siento, hermosa criatura de una hora,
que ya no he de mirarte nunca más
ni sentir el deleite en la potencia mágica
del amor arrebatado, 
                                          entonces a la orilla
del ancho mundo quedo solo y pienso
hasta que Amor y Fama en la Nada se hunden.

When I have fears that I may cease to be
Before my pen has glean'd my teeming brain,
Before high-piled books, in charactery,
Hold like rich garners the full ripen'd grain;
When I behold, upon the night's starr'd face,
Huge cloudy symbols of a high romance,
And think that I may never live to trace
Their shadows, with the magic hand of chance;
And when I feel, fair creature of an hour,
That I shall never look upon thee more,
Never have relish in the faery power
Of unreflecting love; - then on the shore
Of the wide world I stand alone, and think
Till love and fame to nothingness do sink.

https://lyricstranslate.com/es/when-i-have-fears-cuando-tengo-miedos.html

When I have fears that I may cease to be
Before my pen has glean'd my teeming brain,
Before high-piled books, in charactery,
Hold like rich garners the full ripen'd grain;
When I behold, upon the night's starr'd face,
Huge cloudy symbols of a high romance,
And think that I may never live to trace
Their shadows, with the magic hand of chance;
And when I feel, fair creature of an hour,
That I shall never look upon thee more,
Never have relish in the faery power
Of unreflecting love; - then on the shore
Of the wide world I stand alone, and think
Till love and fame to nothingness do sink.
https://lyricstranslate.com/es/when-i-have-fears-cuando-tengo-miedos.html

When I have fears that I may cease to be
Before my pen has glean'd my teeming brain,
Before high-piled books, in charactery,
Hold like rich garners the full ripen'd grain;
When I behold, upon the night's starr'd face,
Huge cloudy symbols of a high romance,
And think that I may never live to trace
Their shadows, with the magic hand of chance;
And when I feel, fair creature of an hour,
That I shall never look upon thee more,
Never have relish in the faery power
Of unreflecting love; - then on the shore
Of the wide world I stand alone, and think
Till love and fame to nothingness do sink.
https://lyricstranslate.com/es/when-i-have-fears-cuando-tengo-miedos.html

When I have fears that I may cease to be
Before my pen has glean'd my teeming brain,
Before high-piled books, in charactery,
Hold like rich garners the full ripen'd grain;
When I behold, upon the night's starr'd face,
Huge cloudy symbols of a high romance,
And think that I may never live to trace
Their shadows, with the magic hand of chance;
And when I feel, fair creature of an hour,
That I shall never look upon thee more,
Never have relish in the faery power
Of unreflecting love; - then on the shore
Of the wide world I stand alone, and think
Till love and fame to nothingness do sink.
https://lyricstranslate.com/es/when-i-have-fears-cuando-tengo-miedos.html

When I have fears that I may cease to be
Before my pen has glean'd my teeming brain,
Before high-piled books, in charactery,
Hold like rich garners the full ripen'd grain;
When I behold, upon the night's starr'd face,
Huge cloudy symbols of a high romance,
And think that I may never live to trace
Their shadows, with the magic hand of chance;
And when I feel, fair creature of an hour,
That I shall never look upon thee more,
Never have relish in the faery power
Of unreflecting love; - then on the shore
Of the wide world I stand alone, and think
Till love and fame to nothingness do sink.

Poetas rusos

Si alguno de los poetas de nuestros días siente la tentación de quejarse de su suerte, creo que el mejor remedio es que piense en el destino de los poetas rusos. 
Pushkin cantó en El jinete de bronce la historia del pobre Eugenio. Eugenio pierde a su amada en una tempestad furiosa que inunda San Petersburgo y se vuelve loco: "a su cadáver frío, por caridad le dieron sepultura", termina su poema. Pushkin, que era un genio absoluto, murió en un duelo provocado por la envidia. Lérmontov, algo más joven, murió en otro duelo absurdo a los 26 años. De Alexander Blok dice el crítico Marc Slonim: "Durante los tormentosos días de la revolución de 1905 y de la reacción política que le siguió, despertó a un mundo odioso de dolor, sufrimiento e injusticia. En lugar de la Hermosa Dama, encontró prostitutas; en lugar de castillos de hadas, se encontró a sí mismo en las calles de la ciudad, frente a fábricas y cuarteles. Los sueños idealistas se quebraron ante la vulgaridad de la vida. Expresó su desesperación en punzantes y amargas baladas. La vida se le presentó como un espectáculo de títeres, como un insustancial juego de niños, y escribió acerca de la falta de armonía, de cuerpos viles, de corazones sin sangre" Y más adelante: "Enfrentado a explosiones de violencia y de odio, a la guerra civil y al terror gubernamental y, sobre todo, a la falta de libertad artística, se marchitó como una planta rara, cayó enfermo, sufrió accesos de depresión mental y murió destrozado en 1921".  Tenía 40 años. Osip Mandelstam desapareció en un campo de prisioneros, cerca de Vladivostok, probablemente loco. 
        Para qué seguir: Esenin y Mayakovski se quitaron la vida, igual de Marina Tsvetaeva. Los poetas rusos ofrecen numerosos ejemplos de un trágico destino, algo que, por otra parte, compartieron con innumerables, millones de compatriotas que no nacieron con el don de la lira. 
       Todo gran poeta tiene alcance universal. Llega un momento en que los sueños juveniles se destrozan y sólo queda, esfumado el amor, la realidad de un mundo frío, despiadado; la soledad y la muerte. Así lo dijo Hölderlin con toda su amargura: 

Das Angenehme dieser Welt hab' ich genossen,
Die Jugendstunden sind, wie lang! wie lang! verflossen
April und Mai und Julius sind ferne,
Ich bin nichts mehr, ich lebe nicht mehr gerne!

Disfruté lo agradable de este mundo,
Las horas juveniles pasaron hace tiempo,
Abril y Mayo y Julio quedan lejos,
He dejado de ser, ya no vivo con gusto.

Sí, ciertamente, no hay persona tan desgraciada que no haya reído alguna vez. 

Milagro fútil

Mi existencia es irrepetible: sólo se me da una vez. Naturaleza- Espíritu. En la vida cotidiana se oculta el valor de mi existencia irrepetible. La masificación aniquila el valor de mi existencia como individuo único. Vivo en una época que anula el valor de mi existencia como individuo único. Las redes sociales son un medio de ampliar ilusoriamente mi influencia como individuo más allá de mi cuerpo. Estoy presente para un conjunto de semejantes. Esto es recíproco. Esto aniquila el valor de mi existencia como individuo único. Trafican con mis datos, manifiesto mis opiniones, exhibo una identidad falsificada. Milagro fútil. 1) Es milagro desde el momento en que tengo conciencia de mi identidad y finitud. Los animales adquieren personalidad, son destino, cuando se les da un nombre. (La perra "Sota". El caballo "Trueno"). 2) Es fútil porque esta existencia como individuo está sujeta a innumerables accidentes. Vida que depende "del rebuzno de un asno" como decía Kleist. El hombre es el mayor obstáculo para su destino de hombre. En las grandes metrópolis la multitud aniquila el valor de mi existencia como individuo irrepetible. Cada individuo con el que me cruzo podría ser otro, es "cualquiera". En el cementerio de una metrópoli los nichos se multiplican: "nadie" está enterrado ahí. Son nichos anónimos. Otorga valor tener un nombre, salir del anonimato. En nuestra época quienes salen del anonimato y son conocidos por millones de individuos en todo el planeta (o en cada país -hay grados) son las "celebrities". Esta celebridad no se fundamenta en ningún logro o capacidad sobresaliente (esto suena a aristocratismo). La celebridad es una fabricación de los medios de masas, ya sea Cristiano Ronaldo, Madonna o  Belén Esteban. La rutina oculta el valor de mi existencia como individuo único. Esto podría hacerme estremecer, pero bostezo. Mi existencia única, breve e irrepetible es un  milagro fútil.

Treblinka

Vasili Grossman fue uno de los primeros combatientes del Ejército Rojo que llegaron, a principios de setiembre de 1944, al entonces desaparecido campo de exterminio de Treblinka. Sobre el terreno recogió testimonios de campesinos de aldeas vecinas, testigos, y, en fin, personas que pudieron contar lo que en aquel lugar desierto había sucedido durante 13 meses en los años 1942 y 1943. En El infierno de Treblinka dice Grossman: "En una ocasión llegó a Treblinka un tren con ciudadanos de Inglaterra, Canadá, Estados Unidos y Australia a los que la guerra había sorprendido en Polonia y en otros países de Europa. Después de largas gestiones acompañadas de la entrega de grandes sobornos consiguieron el visado para salir a los países neutrales. Durante todo el viaje a través de los países europeos fueron sin escolta con el acostumbrado personal de servicio. Estos trenes llevaban vagones cama y vagón restaurante. Los pasajeros tomaron consigo voluminosos cofres y maletas así como grandes reservas de productos alimenticios. Los niños bajaban en las estaciones intermedias y preguntaban si estaba próxima la de "Ober-Maidan" 
         Y poco después se hace una pregunta para la que creo que no hay respuesta. Esos viajeros extranjeros (judíos casi con toda seguridad) iban directos a las cámaras de gas. Dice Grossman: "Es difícil decir qué es más terrible, si ir a la muerte en medio de horribles sufrimientos, conociendo su inminencia, o si, con un completo desconocimiento de la propia perdición, estar mirando por la ventana de un vagón de primera clase, al tiempo mismo que se telefonea desde la estación de Treblinka al campo de concentración comunicando datos sobre la llegada del tren y la cantidad de personas que en él viaja" 
      Recuerdo la frase final de Memorias de Adriano: "tratemos de entrar en la muerte con los ojos abiertos". Grossman estimaba que en Treblinka habían sido asesinadas unos tres millones de personas. Esto no podría haberse logrado si no se mantuvieran engañados, hasta el último momento, a todos los que llegaban a ese fatal destino. 
          Este texto de Grossman sirvió como prueba de cargo en los Juicios de Nuremberg. 

El rostro de los muertos

... de lo que puede concluirse que el cese total de los procesos vitales debe de ser un maravilloso alivio para la fuerza motora (la que nos mantiene vivos), quizá esto explique la expresión de dulce serenidad que tienen los rostros de la mayoría de los muertos. El instante de la muerte, por encima de todo, es semejante al despertar de un sueño pesado y lleno de pesadillas.  
       Esto dice Schopenhauer en su capítulo "Sobre la muerte" de El mundo como Voluntad y Representación.  
      Así describe Tólstoi a un difunto: Iván Illich yace en el ataúd después de padecer una dolorosa agonía: 
      El muerto yacía, como siempre yacen los muertos, de manera especialmente grávida, con los miembros rígidos hundidos en los blandos cojines del ataúd y con la cabeza sumida para siempre en la almohada. Al igual que suele ocurrir con los muertos, abultaba su frente, amarilla como la cera y con rodales calvos en las sienes hundidas, y sobresalía su nariz como si hiciera presión sobre el labio superior. Había cambiado mucho y enflaquecido aún más desde la última vez que Pyotr Ivanovích lo había visto; pero, como sucede con todos los muertos, su rostro era más hermoso y, sobre todo, más expresivo de lo que había sido en vida. La expresión de ese rostro quería decir que lo que había que hacer quedaba hecho y bien hecho. Además, ese semblante expresaba un reproche y una advertencia para los vivos. 
         El rostro de los muertos presenta una solemnidad que jamás se alcanza en vida. Y se tiene, efectivamente, la impresión de que lo que había que hacerse queda hecho y bien hecho, como dice magistralmente Tólstoi. Vista con esta objetividad la muerte resulta un perfeccionamiento. Perfecto es lo acabado, lo que cumple su designio. Aunque a veces la muerte llegue antes de tiempo y entonces, maldita la gracia. No se dan cuenta de lo que deshacen, decía Ángel González.

Amigo conductor

Llevo quince días sin tener que conducir y me noto más inteligente.

Malum signum

En esta ciudad del Cantábrico los autobuses llevan publicidad de tanatorios y asilos. Asturias es la región de Europa con la fecundidad más baja desde los últimos tres lustros. Tres tristes lustros. 

En Asturias la gente lleva un señor al lado que tiene un máster en decrepitud. Así anima a los contribuyentes: "¿sesenta años?, eres joven" Es su Catón el Viejo, del De Senectute.

En Asturias no hay delincuencia juvenil, por la sencilla razón de que no hay jóvenes. 

En Asturias hay muchos yacimientos de homínidos de la misma época, aproximadamente, que el Australopithecus. Basta con entrar en un chigre para hallarse en la Fosa de los Huesos.

Como las generaciones de las hojas, así se suceden los hombres. En Asturias es el mismo árbol el que está carcomido, ajado y deslucido.

Para la cigüeña, Asturias es una zona de exclusión aérea.

Existir es incómodo

Doy un paseo por la Calle Mayor de una ciudad castellana un domingo por la tarde. Está muy concurrida. Los comercios, cerrados. Imposible no recordar algunas escenas de "Calle Mayor" de J.A.Bardem. Llegué el día anterior y me iré el siguiente; no conozco a nadie y nadie me conoce (aquí todos se conocen). Esto me agrada y me disgusta. Nadie me espera en ningún lugar, en ningún hogar (hay unas cuantas personas que esperan que yo siga en la Tierra, eso es todo, y ninguna vive aquí). Llevo móvil pero no atiendo a sus poquísimas llamadas o whatsapp. Tal vez Nietzsche se sintió igual de solo en Turín a finales de 1888.
        Sería una lástima que me fuera sin visitar a la "bella desconocida". Al anochecer me acerco a la plaza y observo la potente fábrica del edificio donde se posan muchas cigüeñas (las cigüeñas tienen -no pretendo elevar esto a la categoría de aforismo- algo entrañable y siniestro a la vez). Camino sabiendo que mañana temprano me iré de esta ciudad para no volver, es casi seguro, nunca más. Todos esos paseantes (que me recuerdan el cuadro de Munch Atardecer en la Karl Johan, ese boulevard de espectros) son contingentes, ninguno ha sido causa de sí mismo. Ninguno, ni yo tampoco, es el responsable de su propia existencia. Lo mismo podrían ser estas personas que otras. O la calle podría estar desierta (lo estará a partir de la medianoche) o no haber calle, ni ciudad, ni mundo, ni yo, ni nada. Qué futilidad, ¿no? Bueno, ya está bien de hacer el Pessoa. Cada una de estas personas lleva su drama íntimo. Algunos serán felices y no se dan cuenta; los habrá que estén cansados de su vida monótona, dando siempre el mismo paseo con su pareja, repitiendo sus fórmulas de lorito real, oprimidos por esta sociedad cerrada. Acaso quisieran huir de esta ciudad, cambiar su suerte por la mía. Cette vie est un hôpital où chaque malade est possédé du désir de changer de lit.
        Tomo finalmente una calle transversal. Sin dejar de caminar me doy la vuelta y digo "adiós" en voz alta (aunque nadie me oye) a todos esos desconocidos. Cada uno de ellos es el centro del universo para sí mismo. Me alejo para siempre sospechando que ninguna de esas personas existe. Ni yo tampoco, aunque esté muy cansado. Somos el sueño de una sombra, que dijo el griego.

Función de la literatura

Si de algo sirve la literatura, a mi entender, es para formar ciudadanos libres, no borregos. Suponiendo que sirva para algo.

Un siglo después

Hoy hace cien años que se firmó el armisticio con el que terminó la I Guerra Mundial. La primera guerra que fue más una demolición que un combate entre ejércitos. ¿Cuál es la situación del mundo ahora, cien años después?

Provocación ilusoria de un accidente mortal

Como se dice (y es verdad) todo sucede muy rápido. El tiempo pierde su fluir monótono: en décimas de segundo se comprime una vida. Unos centímetros deciden entre el susto o el impacto fatal. Se desquician los ejes de la rutina, ¡oh instante de suprema lucidez! En el amor y en la violencia el corazón late muy fuerte. ¿Qué sabor singular tendrá la muerte? Ese sabor que no se niega a nadie.

Murphy censurado

En la novela "Murphy" del joven Samuel Beckett se encuentra, al final de la historia, una vez muerto el protagonista, este párrafo edificante: "unas cuantas horas más tarde, Cooper extrajo el paquete de cenizas de su bolsillo, donde lo había guardado para más seguridad, y lo arrojó con ira a un hombre que lo había ofendido gravemente. El paquete rebotó, estalló, cayó de la pared al suelo, y allí se convirtió enseguida en objeto de las patadas más variadas y científicas, muchos dribblings, pases, despejes, marcajes y desmarcajes e incluso obediencias al reglamento. A la hora de cerrar, el cuerpo, la mente y el alma de Murphy estaban liberalmente repartidos por el pavimento del salón; y antes de que otra aurora tiñera de gris la tierra habían sido barridos con la arena, la cerveza, las colillas, los vidrios, las cerillas, los escupitajos y los vómitos" Este párrafo lo recordaba de memoria James Joyce. La traducción es de Gabriel Ferrater. Como vivimos en tiempos de exquisita corrección política este texto resulta hoy ofensivo y no debe mostrarse a los adolescentes bajo pena de cárcel. Es que no nos morimos. Es que la vida tiene sentido. Aunque sólo la estupidez sea universal y eterna. En la Ilíada, corregida para escolares, Aquiles es cuidador de animales, Paris no rapta a Helena, Menelao es un cornudo tolerante y Héctor renuncia a defender Troya en aras del diálogo con los aqueos.

Una cita de Gabriel Ferrater

En el artículo titulado "Sobre la posibilidad de una crítica de arte" Gabriel Ferrater escribe: 
   "una pantagruélica sed de relaciones personales aqueja a los hombres de nuestro tiempo. Es difícil acertar los motivos esenciales de esta inmoderada alteración. Pero tal vez consigamos dibujar el contorno del fenómeno, recordando algún pasado hecho del que conservamos testimonio suficiente, y que no podemos imaginar repetido hoy día. Por ejemplo, la amistad entre d'Alembert y Lagrange. Al leer la admirable correspondencia de los dos grandes matemáticos, nos impresiona la constante implícita expresión de algo muy alejado de los hábitos y las inclinaciones de nuestra época. Por una parte, Lagrange y d'Alembert no utilizan su correspondencia como un procedimiento para intercambiar ecuaciones como si fueran naipes; se escriben, ante todo, para expresar la amistad y el respeto que sienten uno por el otro, y en sus cartas se observa una ininterrumpida fluencia de gentileza y cordialidad. Pero aquella amistad y aquel respeto no son nunca sentimentales, no operan nunca en el vacío; en cada una de sus manifestaciones, se percibe un duro núcleo de objetividad, y esta objetividad es casi siempre abstracta; los dos grandes hombres se ocupan de apoyar los derechos del amigo (en aquella época, en que estaba muy mal definida la situación jurídica y social de los científicos, éstos andaban siempre metidos en pleitos y reivindicaciones) y de facilitar su trabajo; se interesaban, en cambio, escasamente por sus deseos, e ignoran en absoluto sus sentimientos, en el estrecho sentido que hoy damos al término. Esta actitud no implica una deshumanización, como hoy dicen, o una represión de la intimidad, sino todo lo contrario: revela un formidable poder humanizador, una capacidad de incorporarse íntimamente las abstracciones, de convertirlas en savia y orientación vital. De esta fuerza humanizadora carece nuestro tiempo"
       Que cada cual reflexione sobre esto. A mí me parece que Gabriel Ferrater tiene bien ganada su fama de inteligente.

"El abrigo", de Gogol

Pocos escritores han descrito tan bien la miseria de ciertas vidas humanas. En "El abrigo" Gogol narra la historia de un hombre totalmente dominado por la maquinaria burocrática de la Rusia del siglo XIX. Es el hombre más triste de la Tierra, el más humilde e inofensivo. Naturalmente sus semejantes se burlan cruelmente de él, porque a todos nos gusta (salvo excepciones) hacer leña del árbol caído... El único suceso alegre de su vida es hacerse un abrigo nuevo con el cual soportar el clima de San Petersburgo. Quien se lo confecciona es un sastre borracho que pega a su mujer y desprecia a los alemanes. Su abrigo es la mayor felicidad que Akaki Akákievich ha conocido en la tierra. Gogol cuenta al principio los oscuros auspicios de su nacimiento, es un ser destinado a la tristeza, una vida fracasada antes de comenzar a caminar y hablar. Le espera la maquinaria del Estado, la miseria de un trabajo rutinario y esclavo (al que se entrega con pasión, si es que a Akaki Akákievich se le puede atribuir alguna pasión). Poco le dura la alegría a esta criatura, el mismo día que lo estrena, después de acudir a una fiesta (es muy tímido) unos desconocidos le roban el abrigo en la calle. Akaki Akákievich se desmorona. Vuelve muerto de frío al cuartucho donde vive. Se presenta ante un "personaje importante" como dice Gogol, pues este personaje no tiene nombre, es sólo un "personaje importante". Suplica se hagan las diligencias oportunas para recuperar el abrigo, pero el "personaje importante" le contesta con brutalidad "¿no sabe usted con quién está hablando"? Estas palabras rematan su destino. Nuestro héroe cae en la desesperación, enferma por el rigor del clima y muere en el delirio. Dice Gogol: "Akaki Akákievich fue trasladado al cementerio y enterrado. Y San Petersburgo siguió existiendo sin Akaki Akákievich, como si éste nunca hubiera vivido allí. Sencillamente, desapareció un ser humano sin dejar rastro, un ser humano a quien nadie pensó en proteger, a quien nadie tenía afecto, en quien nadie pensó interesarse, que ni siquiera llamó la atención de un naturalista de esos que nunca dejan de clavar un alfiler en una mosca ordinaria para examinarla bajo el microscopio; un hombre que aguantó mansamente las burlas e insultos de los funcionarios de su departamento y que fue a la tumba a consecuencia de un estúpido accidente".
      Este maravilloso relato tiene una especie de epílogo fantástico. Gogol convierte al pobre copista en un fantasma que aterra a la ciudad, un fantasma que va robando abrigos y que se venga del "personaje importante" apareciéndose ante él y quitándole también el abrigo. La piedad y la simpatía de Gogol por su pobre héroe le otorgaron esta satisfacción póstuma. 
     Pero pensemos en un Akaki Akákievich que no se convirtiera en fantasma. Ya no creemos en esas cosas.

Apuntes

"Si el paraíso terrenal existe en algún lado no puede estar muy lejos de aquí" escribió Zweig refiriéndose a Brasil. ¿A dónde tendría que irse hoy el bueno de Stefan Zweig para decir eso? Bolsonaro for President. Si hoy viviera Zweig tal vez hiciera el viaje de vuelta a Alemania, aunque me parece poco probable.

Sabiduría de los expertos en educación, pedagogía, psicología y otras artes de bien vivir. Dice el titular de una charla que ofrece uno de estos elementos: "merece la pena vivir la vida con aventura, con entusiasmo y con pasión". Nada que objetar. Suena de maravilla. Esto aparece en un espacio que patrocina, que paga, un banco, en un diario digital. El neoliberalismo llega a confundirse con Confucio. Qué sutil y astuto es. Como somos crédulos nos bajamos los pantalones y dejamos que penetre tal sabiduría por la vía rectal. 

En este mismo diario veo una noticia que dice: "la historia de la mujer que se jugaba la vida por Hitler tres veces al día". Supongo que sería una antes de desayunar, otra en la comida y otra a la cena. 

Un sueño: Thomas Bernhard tira por la ventana el contrato con su editor envuelto en un sobre.

Responsabilidad

En el corazón del hombre  (esto no lo conocen los niños ni los inocentes, los infelices, en el mejor sentido de la palabra) se libra una batalla entre el Bien y el Mal. ¿Sabemos por instinto o por educación cuál es cuál? En tiempos más o menos felices y de abundancia esta batalla permanece oculta; en tiempos difíciles no hay forma de eludirla. Si vivimos en un estado totalitario el dilema moral es continuo: ¿delataré a mi vecino? ¿Denuncio a mi padre? Siendo delator me recompensarán. Si me niego, me convierto en un traidor. ¿Admito ser instrumento de un poder arbitrario y cruel? ¿Odebezco las leyes si son injustas? Si la situación es desesperada, ¿doy mi trozo de pan a alguien que se muere de hambre? Eso no lo conocemos: no hemos llegado a esa degradación. No estamos en la Alemania nazi, ni en la Italia fascista, ni en la URSS de Stalin, ni en la Argentina de Videla. Son situaciones extremas, desde luego. En esos infiernos han vivido millones de personas. ¿Podemos elegir? Si nos ponen un arma en la mano y nos ordenan disparar a alguien indefenso, ¿apretaremos el gatillo? Brecht, que sabía de estas cosas, dijo con mucho acierto: "desdichado el país que necesita héroes". Un héroe puede ser, sencillamente, alguien que, contra la mayoría, dice: "no, esto no lo hago". Y asume las consecuencias.

Museo

Se les coge cariño a los museos. El de Bellas Artes de Asturias, en Oviedo, es estupendo. Uno de esos museos provincianos bien surtidos y muy tranquilos, donde todavía puede uno quedarse largo rato contemplando un cuadro en una sala vacía. La gente no agobia. Para mirar un cuadro se necesita calma, creo yo. No hace mucho me detuve un momento frente al cuadro de Eduardo Arroyo "Toda la ciudad habla de ello" . Un cuadro de grandes dimensiones. Es una escena nocturna, con una especie de gánster enano en primer plano, mirando al frente. Pensé en las superficies lisas del cuadro, en el dibujo de las caras. Cuando volví de la visita me enteré de que su autor había muerto ese mismo día unas dos horas antes de que yo mirara su cuadro. Los hombres pasan, pero las obras quedan. Si vamos más lejos también las obras perecerán, pero, en todo caso, duran más que sus creadores. Me conforta mirar pinturas antiguas, esas pinturas cuya mano ha desaparecido hace mucho tiempo. Paisajes, retratos, bodegones. En todo buen cuadro o escultura permanece una vibración que el tiempo no puede consumir. No importa que el artista sea poco conocido (no es Goya o Velázquez). Hay obras de gran mérito que no gozan de reputación ni prestigio. Son obras olvidadas y quizá por eso tengan más encanto. En este museo de Bellas Artes de Asturias hay muchas así, de pintores o escultores regionales del XVIII, del XIX y del XX. Ciertamente, prefiero ver tranquilo un buen cuadro de autor desconocido en este museo provinciano que hacer cola de cinco horas en el Louvre para ver de refilón, a distancia, entre empujones y ruido, a la Gioconda. La masificación echa a perder la intimidad que se requiere para admirarla.

Los cuentos de Kleist

E.T.A. Hoffmann escribió historias de fantasmas, dobles, diablos y demás criaturas fantásticas (o no tanto). Es sabido que Freud se inspiró en uno de sus cuentos para acuñar ese término alemán -das Unheimliche- que designa "lo siniestro". Hoffmann escribió envuelto en la nube de alcohol que necesitaba para escribir y que acabó matándolo antes de los 50 años. Para los hispanohablantes la literatura alemana es Goethe, Schiller o Thomas Mann. Fuera de Alemania están los austrohúngaros: Zweig, Joseph Roth, Kafka, Musil, Broch... y luego Bernhard o Handke. Si pensamos en autores de lengua alemana solemos irnos a los filósofos: Kant, Fichte, Hegel, Schopenhauer, Nietzsche, Wittgenstein o Heidegger. Si hablamos de poetas nos vienen a la memoria Novalis, Eichendorff, Heine, Hölderlin, Rilke. Hay otros (muy buenos) y menos conocidos como Mörike. Están, naturalmente, los expresionistas: Trakl, Heym, Benn, Ehrenstein, Stadler. Y ahora advierto que no he citado a mujeres (qué descuido): Droste-Hülshoff, Lasker-Schüler, Ingeborg Bachmann. 
      Quizá en esta enumeración de autores no echemos en falta un nombre que es fundamental: Heinrich von Kleist (otro genio muy poco conocido para nosotros es Georg Büchner, pero merece capítulo aparte). Kleist vivió en la época de la madurez de Goethe cuando aquel era un joven escritor que aspiraba a la gloria. Kleist no es ni clásico ni romántico, es un caso excepcional. Este autor de dramas y cuentos perfectos vivió entre 1777 y 1811. Acabó mal, como muchos de los citados: su suicidio en un parque de Berlín fue legendario. Durante un tiempo estuvo buscando una "todesgefährtin", una compañera en la muerte, y lo propuso a varias mujeres, que sensatamente rechazaron. Hasta que encontró a una mujer desahuciada de cáncer, Henriette Vogel, que aceptó. Primero le disparó a ella en el pecho, luego él se pegó un tiro en la boca. Por ese suceso y no por su obra literaria fue conocido de sus contemporáneos. Kleist tiene un lugar de honor en la literatura alemana. Sus dramas eran tan violentos que causaron repulsión en el viejo Goethe. Sencillamente no lo comprendió o no quiso comprenderlo. Este nuevo fracaso laceró a Kleist, su vida es una serie ininterrumpida de calamidades, hasta que dijo "basta". Conocí a Kleist por una cita de Cioran (mal asunto). Dejando de lado sus dramas, sus cuentos están escritos en una prosa perfecta, son joyas de un estilo inigualable. Para Marcel Reich-Ranicki es el mejor estilista de la lengua alemana. Kafka no se cansaba de leer su "Michael Kohlhaas" era uno de sus relatos preferidos. La literatura parte de una falta, no hay escritores felices, el acto de escribir es una rebelión contra el mundo. Kleist fue un atormentado. Incurable inadaptado, no encajó nunca en este planeta. Pero dejó esos cuentos, no muy largos, que son un grito contra la injusticia radical de la existencia. ¿Qué tienen en común sus historias? Sus protagonistas son personas buenas, inocentes, a los que las circunstancias empujan al crimen, a la deshonra, a la muerte violenta. Un suceso fortuito, una desgracia, una injusticia, desencadenan el mecanismo fatal. En el relato "El hijo adoptivo" un honrado comerciante italiano, de viaje a Ragusa, encuentra un muchacho enfermo de peste al que adopta. El chico contagia a su hijo natural, que muere. El muchacho será con el tiempo la causa de su ruina: lo mata por intentar seducir a su madre adoptiva. En el patíbulo Antonio Piachi se niega a arrepentirse (¿recuerdan al extranjero de Camus?) y grita que quiere ir al infierno para encontrar a ese monstruo y rematar su venganza. Hacia el final de este cuento, por cierto, hay una frase calcada del "Werther" de Goethe: "no lo acompañó ningún sacerdote". En otro de sus cuentos "El terremoto de Chile" a la ruina de la catástrofe natural se une el destino trágico de una pareja de amantes. En una escena el villano "maestro Pedrillo" estrella contra la pilastra de una iglesia al bebé de don Fernando y le revienta la cabeza. Esto delante de su padre. ¿Nos parece morboso? Nada es caprichoso, ni gratuito en estas desgracias, crueldades y excesos.
     Gran paradoja: Kleist muestra con un arte insuperable, con una prosa extremadamente precisa, compacta y bella, la fatalidad.

Lluvia de cuerpos

Vasto es el cielo. Del cielo comenzaron a caer cuerpos humanos. Primero unas gotas, luego la lluvia se intensificó. Caían cuerpos de niños, de jóvenes, de adultos y ancianos. Reventaban contra el suelo. Se esparcían los sesos, los intestinos, la sangre. Caían sobre la acera, sobre el asfalto, sobre los coches, sobre algunos transeúntes. Al principio hubo un asombro. Luego la gente dejó de sorprenderse y continuó como si nada.