Antonioni

Hace ya mucho tiempo que no veo aquellas películas de Antonioni que me fascinaron. Me fascinaron en el sentido de que me embrujaron, no fue sólo que me gustaran "La aventura" "El eclipse" "La noche" o "El desierto rojo". El resto de sus películas no me interesó tanto. Si al cine se le llama "el séptimo arte" es gracias a artistas como Antonioni. Ciertamente, es un cine complicado, para intelectuales. Trataba de los problemas de la burguesía italiana de los años 60 y, por extensión, de la condición del hombre moderno en un mundo alienado. O, mejor dicho, el que está alienado es el hombre. En Antonioni se reconoce a Kierkegaard, a Adorno, a Horkheimer. El tema fundamental de su cine es la incomunicación, si es que sus películas pueden reducirse a una fórmula. Si ya nos veía angustiados, inconexos, aturdidos, como el personaje de la mujer del ingeniero en "El desierto rojo" (1965) cabría suponer la película que hubiera hecho para mostrar la extrañeza, la soledad y lo que hay de enfermizo en nuestra época de internet y redes sociales. Pero cada artista tiene su tiempo, el corto tiempo de la vida humana, y Antonioni no vivió para ver el advenimiento de facebook o twitter. Quien aún vive, fuera del mundo ya, es su musa Monica Vitti, casi nonagenaria, recluída en una vivienda de Roma.

Unas coplas

Somos los egoístas
sin caridad
Ermitaños en cuevas
de la ciudad
Corazón receloso
acorazado
aterido de frío
y amenazado 
Para cambiar de aires
somos turistas
nos fuerzan a ir veloces
las autopistas 
Entre nosotros hay
un mediador
una pantalla abstracta
Ordenador
Hemos trocado el arte
de convivir
por algo más modesto
sobrevivir
Al amor le llamamos
pornografía
desahogo de alguien
que desconfía
Testimonio elocuente
de esta cultura
es la bolsa ilustrada
de la basura

Elsol

Parece el nombre de una empresa: "Elsol" pero es que no se ha puesto espacio. Quería decirse "el Sol" la estrella más cercana, la que da luz y vida en este planeta. Ahí tenemos, si luce, a un objeto que vio a los dinosaurios, cuya luz impresionó sus retinas, y a otras criaturas más remotas. Ese sol que adoraron egipcios, caldeos, tantos pueblos desaparecidos. El mismo que se puso en la tarde de la cicuta y de la cruz y el que brillaba en la Mancha de don Quijote y en la Dinamarca de Hamlet. El sol de Homero y de Gilgamesh. El que pintó, radiante y amarillo, Van Gogh. De qué trono ha caído, ya no es más que una estrella mediocre entre millones de millones. Lo que la Tierra es para el Sol, es el Sol para algunas estrellas: una esfera insignificante. Por desgracia cada vez es más difícil ver el cielo estrellado, pero el sol aún puede observarse en los crepúsculos y a través de las nubes. No es un cuerpo eterno, así que tendrá un final, como tuvo su principio. La astrofísica enseña que aumentará de tamaño cuando se agote el hidrógeno y que evaporará unos cuantos planetas del sistema solar. La Tierra se fundirá como una mota de polvo en un enorme incendio. Ahora que aquí es verano da un calor agradable si hay brisa a la orilla del mar. Instante fugitivo de felicidad. Esa juventud perdida en que brilló el sol de nuestra vida, cuando estaban con nosotros personas que ya pasaron. Si nos agobian los problemas o la desdicha, si el desánimo nos vence, hay un remedio. Considerando al sol de algún modo ya estamos muertos. No sólo como individuos, como civilización también. Para el sol todo es efímero. El sol nos hace contemporáneos de los etruscos.

Bossuet

Este autor es conocido en Francia, pero aquí no se le conoce. Fue obispo y estuvo en la corte de Luis XIV. Uno de sus cometidos era pronunciar oraciones fúnebres de los príncipes y otras altezas de la corte, pues los poderosos también se mueren. Pertenece a la época de La Fontaine, Pascal, Fénelon, Moliére, Boileau que se conoce como "siglo de oro" francés. No hace mucho leí la oración fúnebre que pronunció en la iglesia de Saint Denis de París, a la muerte de la princesa Enriqueta de Inglaterra, que murió repentinamente a los 26 años en junio de 1670. Hay que imaginarse la consternación de la corte y del pueblo. No hay mejor ocasión para destacar la vanidad de la vida que ver cómo desaparece bruscamente y en plena juventud un grande de este mundo. Bossuet pronunció una oración estremecedora sobre la futilidad de las cosas humanas. Su voz debió retumbar en el interior de la iglesia ante una audiencia petrificada por la desgracia. Para dar una idea de la rapidez con la que ocurrió el suceso Bossuet empleó una frase que se hizo célebre: "Madame se meurt. Madame est morte". Desde luego hoy ya no nos despiden con la elocuencia de Bossuet aunque sucedan casos por el estilo. 

El monstruo

Sólo tengo intuiciones y experiencias. Ya lleva uno acumulados muchos fracasos en los huesos. Salvo para los muy jóvenes o los muy tontos la vida, finalmente, es una sucesión de fracasos y desdichas. Veo una acelerada deshumanización de la vida social. Creo que estamos cayendo, pero como todos nos movemos a la vez no lo percibimos. Que alguien se quede quieto, verá que estamos en caída libre. Las condiciones de trabajo de hace 20 años son hoy irreconocibles. Fundar hoy una familia es un lujo. Los que tienen empleo van putada en putada, cada vez les aprietan y humillan más. Se han perdido las antiguas certezas. Antes (ese vago "antes") vivir era pisar un suelo firme, hoy es caminar sobre un cable suspendido en el abismo. Ante los cambios para mal se puede adoptar la postura optimista y decir "ya te acostumbrarás". Supongo que eso esperaban los judíos ("ya nos acostumbraremos") a medida que les iban quitando un derecho tras otro, paso a paso, con calculada perversidad. Se empezó por quitarles el derecho a dar clases, luego el de caminar por la acera, después el de respirar. Lo que está sucediendo hoy no es normal. Pero la fuerza narcótica de la normalidad es tan poderosa que muy pocas personas se daban cuenta de la escala de lo que ya estaba sucediendo, dice Antonio Muñoz Molina en su artículo de hoy en "El País" al glosar el diario de una ginecóloga alemana y judía en los tiempos de Hitler. "Ese hombre será nuestra desgracia y la de Alemania. Lo tengo claro, ahora que he visto sus ojos y sus manos" escribe Hertha Nathorff. No se equivocó.
         Ojalá me equivoque, pero me temo que no. Las pruebas son contundentes. Me guío por intuiciones y experiencias. La sensación de crueldad y caos. Asoma otra vez el monstruo que llevábamos escondido.

Pancartas

Me gustaría ver una manifestación de vencidos. Silenciosa multitud con pancartas: "hemos tirado la toalla" "ya no podemos más" "la naturaleza humana es débil y dispone de pocas fuerzas" "hay que resignarse" "hay golpes en la vida tan fuertes... yo no sé" "todo lo gobierna el azar" En esa muchedumbre  otra pancarta reza "¡Indignaos!" La llevan Stéphane Hessel y José Luis Sampedro. 

Montañas

Qué manía tiene el hombre actual (y que manía tengo yo de meterme con esta criatura, yo que formo parte del hormiguero y escribo este blog) de pisar o pisotearlo todo. No soy alpinista pero me gustan las montañas. Para un montañero de verdadera vocación no es lo más importante hacer cumbre en la montaña que escala. Hay que saber renunciar si la montaña no quiere. Las montañas llegan mucho antes de subirlas, se imponen en la distancia, en la aproximación, y no es exagerado decir que algunas enamoran. Contemplar el Espigüete desde Valverde de la Sierra o Peña Ubiña desde la Vega de Meicín es una maravilla. Hace muchos años yo estaba con una persona inolvidable en Camarmeña, un pueblo de los Picos de Europa que tiene un mirador desde el que se ve de frente, mirando hacia arriba (el desnivel es tremendo, el terreno abruptísimo) el impresionante Pico Urriellu, o Naranjo de Bulnes. En ese momento la niebla ocultaba el pico. Ella hizo un dibujo del lugar conmigo y escribió "esperando a su amada". No hubo suerte y tuvimos que regresar sin verla. Las montañas se dejan ver o escalar cuando ellas quieren, son caprichosas y peligrosas. Montañismo no es necesariamente vencer a una montaña, alcanzar la cima y hacerse la foto (aunque es natural que queramos dejar testimonio de la hazaña). Montañismo es quedarse mirando esas cumbres, sus neveros; ver cómo cambian de color con las horas del día; observar los efectos de luz, los contrastes, la sombra que dejan las nubes en las paredes de roca. Que su nombre resuene en nuestra imaginación. Claro que en eso hay algo romántico. Tal día como hoy (sigo con la manía) murió Jean Jacques Rousseau, el inventor de esta sensibilidad para el paisaje: le extasiaban los abismos, las cascadas, los desfiladeros, los bosques, los ventisqueros. Esa cosa sublime que tienen. Segantini, el artista italiano que llegó a los Alpes, pintó maravillosos cuadros de los macizos de roca con una profunda simbología sobre la vida, la muerte y el amor maternal.  Quiso subir cada vez más arriba, cada vez más lejos de las ciudades y habitó solo una cabaña remota. Un Zarathustra con pinceles y caballete. Allí sufrió un ataque de apendicitis que se complicó fatalmente. Segantini amaba las montañas con pasión. Caminar entre ellas eleva el ánimo. No hace falta ser escalador para elevarse. Nietzsche tuvo súbitamente la idea del Eterno Retorno en agosto de 1881 cuando paseaba por un lago suizo. Garabateó en un papel: "a 6000 pies más allá de los hombres y el tiempo". Montañero es quien pacientemente, solo muchas veces, se acerca a las montañas con reverencia. No quien desea escalarlas a toda costa rebajando a deporte o récord, cosa de almas vacías, su grandeza y su misterio.

Inteligencia

Creo que hoy los hombres no piensan, piensan las máquinas por ellos. Mejor no afirmar esto con énfasis porque para algunos puede ser una obviedad. Quien descubre otro sistema solar en algún lugar de la Vía Láctea es un ordenador. Cierto: Galileo descubrió los satélites de Júpiter gracias al telescopio, Leeuwenhoek descubrió los microbios gracias al microscopio. Para escribir correctamente el nombre de Leeuwenhoek he tecleado en google las letras de ese apellido (yo no escribía la "u"). No me hizo falta terminar de escribir ese apellido holandés. 
          Entre esos descubrimientos y los actuales existe una diferencia cualitativa: no es que sólo que los aparatos sean infinitamente más precisos y potentes sino que buscan por su cuenta. Son más listos que la mente humana que se supone los dirige. Lisa Randall dice en una entrevista que vivimos en la época más inteligente y en la más estúpida. Yo matizaría esta afirmación: vivimos en la época más aparentemente inteligente (lo que hay de inteligente pertenece a las máquinas) y en la más estúpida. Pero nada es más fácil que equivocarse al juzgar el tiempo presente. 
         Con todo yo diría que el hombre actual, abrumado por datos y aturdido por opiniones, presume de conocimiento pero es bastante idiota. 

Decirlo todo antes del fin

Francia es un país que se caracteriza por la precocidad de muchas de sus figuras. En poesía está el arquetipo de muchacho genial: Rimbaud (el final de Rimbaud, en un hospital de Marsella, fue algo tremendamente miserable). Aunque hubo más: Radiguet, François Sagan, Laforgue, Lautréamont y el longevo Víctor Hugo. ¿Quién era Juana de Arco? Un chica de 18 años, analfabeta. En el terreno de las matemáticas destaca Évariste Galois (se le ha dedicado un relato largo por lo menos, "Évariste", autor François-Henry Désérable). Año 1832. Tenía 20 años cuando, no sé por qué motivo, tuvo que batirse en duelo. Galois: el Rimbaud de las matemáticas. Rimbaud: el Galois de la poesía. En este blog ya se ha mencionado la fatalidad de algunos duelos (Pushkin, Lérmontov).
         Se sabe que Galois era muy díscolo, un revolucionario en política y que se metió en muchos follones. La víspera de aquel día fatal, en la vigilia de la última noche, presintiendo su muerte (bastante probable por lo demás) se puso a escribir febrilmente en unas cuartillas todo lo que había pensado sobre el álgebra. Es una carta dirigida a un amigo suyo. Los matemáticos conocen la historia (o deberían). Es su testamento científico. Pasaron varias décadas, el pobre Galois cayó en el olvido inmediato, hasta que se descubrió la enorme riqueza de aquellas intuiciones. "Se encontrará, espero, gente que encontrará provecho en descifrar todo este lío." Creo que a esa rama fundada por él se le llama hoy "Teoría de grupos". Imaginemos a ese chico escribiendo como un loco, tratando de explicar todo lo que sabía -y lo que no sabía por falta de tiempo- en ese texto seminal. Un cerebro y un corazón en ebullición.
       Galois fue herido por su adversario. Parece que los tontos tienen suerte. Ya moribundo le dijo a su hermano: "no llores, necesito todo mi coraje para morir a los 20 años". Poco después expiró.

La época de Shakespeare

Soy miope para los méritos de mi tiempo, parece que sólo reconozco grandezas pasadas. No niego que hoy pueda existir, por ejemplo, un talento enorme en los guionistas de las series de TV de las que muchos hablan. No conozco ninguna. Hay tantas cosas que no conozco y que ya no conoceré. No sé nada de la zarzuela (el género chico), ni de ópera, no he leído nada de Agatha Christie, ni he leído a Conan Doyle (Sherlock Holmes), ni a Simenon, Hammet, Chandler etc. Nada de novela políciaca, nada de novela negra. Nunca he escuchado entera y con atención una canción de Bob Dylan, ni de David Bowie, ni de Elvis Presley, ni de Leonard Cohen. Soy un perfecto ignorante. 
        ¿Sabían los londinenses de 1600 que en las tablas de sus sucios teatros estaban representándose, frescas, obras de una calidad extraordinaria? ¿Sabían los atenieneses que iban a ver "Edipo rey" o "Las bacantes" o "Los persas" que esas obras seguirían interesando más de dos mil años después en todo el mundo (un mundo que ellos no conocían ni nosotros tampoco)? La "Divina Comedia" no se entiende cabalmente si no se conocen las disputas políticas de su tiempo. No creo que Dante escribiera pensando en la posteridad, escribía para sus contemporáneos, para los lectores de la Italia de 1300. Hay tantas alusiones, sobreentendidos, personajes oscuros, sucesos que a nosotros se nos escapan (salvo que seamos estudiosos y ni aún así) que no se explica de otro modo. 
        Pensamos en Shakespeare y lo vemos aislado. En realidad era la montaña más alta de una imponente cordillera. Junto con él escribían Marlowe, Thomas Kyd, Beaumont, Fletcher, Massinger, Middelton, Ben Jonson, John Webster, Cyril Tourneur, John Ford, etc. Tal vez Francis Bacon también. El argumento de muchas de sus obras es desmesurado, violento, blasfemo, salvaje. Todas las desgracias y pasiones humanas aparecen allí escritas en verso blanco. La humanidad, en el escenario isabelino y jacobino, está loca: casi todos los protagonistas mueren violentamente, la catástrofe se precipita sobre ellos. Hay traiciones, crímenes, suicidios, incestos, batallas, crudas alusiones sexuales, etc. Allí los hombres recitan sus tiradas, torrentes de elocuencia, representan su papel y caen después de una breve existencia, seres efímeros en un mundo sin sentido. Naturalmente me refiero a la tragedia. Comedias también escribían. Pero la comedia, con permiso de estos monstruos, es cosa del genial Molière. Nadie ha pintado con tanta gracia las debilidades y defectos humanos. Un defecto mío, como se ve, es la pedantería. Abundan los pedantes en Molière.
           En España estaban, claro, Calderón, Lope de Vega, Tirso de Molina, Ruiz de Alarcón. Hay momentos en la historia en que, sabe dios cómo, aparece una eclosión de genios. Brilla un momento en un lugar concreto y se extingue poco después. Todo se lo lleva del diablo. Por las calles de Roma se cruzaron muchas veces el atormentado Miguel Ángel y el sociable y encantador Rafael. El primero le dijo una vez al segundo: "pareces un príncipe rodeado de tus cortesanos" A lo que Rafael respondió: "y tú vas solitario como un verdugo" Que un solo hombre haya pintado la Capilla Sixtina es algo imposible de concebir.

Bloomsday 2019

Ayer se celebró en Oviedo la tradicional fiesta en honor al Ulises de James Joyce cuyos  iniciadores son los escritores Fernando Fonseca y Jorge Ordaz, devotos del irlandés, que la comenzaron en 2012. En la mesa redonda que se llevó a cabo en la biblioteca de La Granja del parque San Francisco de Oviedo, hablaron sobre la inabarcable novela Ricardo Labra, Jorge Ordaz, José Havel y moderó Javier Lasheras. Excelente el acto (un servidor aprendió mucho) y no menos excelente la cena que le siguió, en muy grata compañía y amena conversación. La foto puede verse en el blog de Jorge Ordaz y en Facebook. Que dure muchos años esta tradición del Bloomsday en Oviedo. A Joyce esto le llenaría de alegría dublinesca.

L'Assommoir

Me gusta mucho el título de esta novela de Zola. No he leído el libro. Conozco la historia gracias a wikipedia que como fuente de información es muy eficaz. Consulto mucho la wikipedia. "Consultar" es el verbo que se usa cuando se maneja una vasta obra que parece proporcionar toda la información posible sobre lo escible (lo que puede llegar a saberse). 
         París, bajos fondos. Un barrio de Montmartre. Novela publicada en 1876. La vida no es noble, ni buena, ni sagrada. El escándalo está servido. A las gentes respetables les indignó que Zola retratara tan en bruto la vida de una pobre mujer y sus parásitos (son todos dignos de compasión, hasta los canallas). Una de las falsedades que gustamos pronunciar y oír es la siguiente: "si te esfuerzas lograrás lo que te propongas". Eso es música celestial. Para muchos ese objetivo es, simplemente, no destruirse. Lo sepan o no. Esto ocurre si el ambiente es miserable, si se vive en la animalidad. También en París existían (y existen) esas catacumbas. Las hay en todo el mundo y en todas las épocas. La fatalidad existe: los personajes de Zola (los de esta novela al menos) no tienen ninguna posibilidad de redención. Así la protagonista, Gervaise, que es mujer trabajadora, termina cayendo en el pozo. En el combate entre Voluntad y Fortuna (entiéndase "mala fortuna") 99 de cada 100 veces (seamos optimistas) vence la segunda. Para salir de ciertas situaciones, situaciones como las que Zola plantea, se necesitan esfuerzos sobrehumanos, y nosotros, pobres mortales, que tenemos huesos frágiles, no somos de hierro. En nuestra época, que se precipita por la pendiente, la clase media está desapareciendo. Imposible formar una familia, llevar una vida ordenada si no alcanzan ni el dinero ni las fuerzas. Primero la comida, luego la moral. Recuerdo las figuras heroicas e insensatas de Orwell y Simone Weil, que siendo, por privilegio social, favorecidos por la fortuna bajaron voluntariamente hasta las cloacas. Como se sabe los dos tuvieron una vida tan breve como las de sus compañeros de infortunio. La pobreza contamina. Quien da la mano a un leproso ya sabe a lo que se arriesga. Para millones de individuos, hoy como ayer y como mañana, es un sueño imposible llegar a la vejez. En el estado de naturaleza -y cada vez vivimos más en ese estado- la vida humana es "solitary, poor, nasty, brutish, and short" tal dijo Hobbes.
         Si en la línea de salida para correr los cien metros lisos se pusiera un atleta y otro corredor con una carga de treinta kilos en la espalda no hace falta ser muy listo para saber quién ganará. Esa es la carrera de la vida. El mérito de algunos no es bajar de los 10 segundos, sino llegar a la meta. Lo terrible es que el que pierde puede haber realizado un gasto de energía infinitamente superior al vencedor. Pero al que pierde no se le reconoce el mérito. La carrera de la vida no es como la de Aquiles y la tortuga, que es una sutileza griega.

Elegía y recuerdo de las letras francesas

Para un servidor la literatura fue durante un tiempo literatura francesa. No hay nación en la que las letras hayan dado tantos autores ilustres; esto puede discutirse, desde luego, y me parece perfecto. ¡Esos livres de poche, la editorial Gallimard! Recordar el nombre de algunos escritores es volver a mis años mozos. Recuerdo la lectura de Madame Bovary que me dejó impresionado. El francés que sé lo aprendí en ediciones bilingües de poesía, mi maestro principal fue Baudelaire. Au fond de l'Inconnu pour trouver du nouveau ! ¡Ah, esos alejandrinos! Después de dos intentos logré la proeza de leer completa À la recherche du temps perdu, uno de los libros más grandes que se han escrito.
        Qué nombres tan sonoros: Maurice Merleau-Ponty, Theilhard de Chardin, Claude Lévi-Strauss (ese nombre judío), Jean-Paul Sartre, Raymond Aron, Albert Camus, etc etc. Autores enterrados en el olvido. Era otra época. Una época en la que los intelectuales franceses eran faros (por decirlo como Baudelaire) que influían poderosamente en la opinión pública de su país y de Europa. (A esas voces, no siempre infalibles pero con gran prestigio, la ha sustituído una cháchara infernal de analfabetos, ciegos que guían a ciegos). Muchos autores del este de Europa, con hambre intelectual, llegaron a París para instalarse en el barrio latino o en Montparnasse. Adoptaron la lengua del país de la cultura y la enriquecieron: Cioran, Ionesco, Kundera, sin olvidar al irlandés Samuel Beckett, el aniquilador. Como llegaron a Francia tantos autores hispanoamericanos: Rubén Darío, Cortázar, Octavio Paz, Vargas Llosa, César Vallejo, etc Algunos se quedaron allí, en el cementerio de Montparnasse. También allí reposa Susan Sontag.
            Gil de Biedma escribió el poema Elegía y recuerdo de la canción francesa:
 
Y todavía, en la alta noche, solo,
con el vaso en la mano, cuando pienso en mi vida,
otra vez más sans faire du bruit tus músicas
suenan en la memoria, como una despedida:
parece que fue ayer y algo ha cambiado.
Hoy no esperamos la revolución.
 
En los tenebrosos y miserables tiempos que vivimos podría escribirse una Elegía y recuerdo de las letras francesas. C'est fini.

Anne Frank

Hoy Anne Frank, la chica judía autora del mundialmente famoso Diario hubiera cumplido 90 años. Esta edad está dentro de los límites de la vida humana. Por poner un ejemplo, dentro de seis días el filósofo Jürgen Habermas cumplirá también 90 años. Ambos nacieron en junio de 1929.

Dos duelos fatales

En 1834 Pushkin escribió un breve texto "Sobre la insignificancia de la literatura rusa". Supongo que es obra suya, aparece en la wikisource rusa de Pushkin. Así como Pedro el Grande fundó San Petersburgo "la ventana a Europa" en unos pantanos a orillas del Neva que costó la vida a cientos de obreros (se la conoce por "la ciudad de los huesos"), así Pushkin fundó la literatura rusa. Este texto comienza: "Durante mucho tiempo Rusia fue extraña a Europa" Es un repaso histórico de su país desde el siglo XI, aproximadamente, cuando esas tierras eslavas fueron cristianizadas por Bizancio. Roma quedaba muy lejos. No hubo Renacimiento en Rusia. Todo es oscuro bajo el domino tártaro, que no trajo a Rusia, como los árabes, el álgebra y Aristóteles, dice Pushkin. Cuando llega Pedro I "Rusia entró en Europa como un barco botado con el golpe de un hacha y el estruendo de los cañones" Más adelante se refiere al poeta francés Malherbe y cita unos versos de Boileau, que dicen: Enfin Malherbe vint et le premier en France /fit sentir dans les vers une juste cadence. Creo que Pushkin sabía que él era el Malherbe de los rusos. ¿Creo? Estoy seguro. Luego se pregunta si fue la generosidad del cardenal Richelieu, el patrocinio de Luis XIV o el destino de un pueblo el que hace que de repente aparezca y desaparezca una constelación de genios. Más adelante se refiere a Voltaire y su enorme influencia. Menciona a Beaumarchais, cuyas obras teatrales, cargadas de dinamita, eran reídas y aplaudidas por la aristocracia. El Antiguo Régimen estaba maduro para su ruina. Pushkin finaliza este artículo diciendo que los profesores alemanes dictan desde sus cátedras las reglas de la crítica francesa, que Inglaterra sucede a Francia en el terreno de la filosofía, que la poesía en la patria de Shakespeare y Milton se ha vuelto seca e insignificante, que Italia ha renunciado al genio de Dante, y Metastasio para imitar a Racine. Y termina con una frase de sentido enigmático: "volved a Rusia" o "volved la mirada a Rusia". Yo creo que quiere decir: ahora es nuestro turno. Ha llegado el momento de que en Rusia aparezca una pléyade (en ese sentido francés) de genios que asombren al mundo. Me parece la mejor explicación, pues eso fue exactamente lo que ocurrió. El primero de esos genios fue el propio Pushkin. 
        Hay una marca de fatalidad en esta eclosión de figuras rusas. Esta fue una generación de meteoros. Pushkin murió tres años después de escribir estas palabras proféticas en un duelo a los 37 años. Lérmontov, otro genio, murió cuatro años más tarde, en 1841, en otro duelo con sólo 27 años. Gogol murió loco a los 42 años. Parece que la muerte de Pushkin fue una conspiración urdida por la envidia de la aristocracia (eso declara Lérmontov en el poema "la muerte del poeta" que le hizo inmediatamente famoso). Por salvar su honra de marido se batió en duelo con D'Anthés que se había casado con la hermana de la mujer de Pushkin, Ekaterina Goncharova, con la que el gallardo galo tuvo cuatro hijos. Parece ser que coqueteaba descaradamente con Natalia. Un asunto de cuñados. Pushkin muere como su personaje Eugenio Oneguin. D'Anthés le disparó dos veces, el segundo disparo alcanzó el vientre de Pushkin, que murió dos días más tarde con grandes padecimientos. Es irónico que fuera un francés el que matara a Pushkin. D'Anthés murió a los 83 años, rodeado de sus hijos y nietos. Qué poema hubiera escrito Pushkin sobre el destino de los dos adversarios. En este triste mundo lo bello muere pronto y lo vil es duradero. 
           De la muerte de Lérmontov no sé qué decir. Absurda como la de Pushkin, marcada por la fatalidad. Parece como si Lérmontov, hastiado de la vida, dijera "a tomar por culo". Más parece un suicidio encubierto que otra cosa. Se batió en duelo, igual que su personaje Pechorin (aunque Pechorin mata a su adversario) en el Cáucaso con un compañero de escuela militar, Nicolai Martynov. Éste fue el primero en disparar con tan buena puntería que le dió en el corazón dejando a Lérmontov en el sitio. 
        Así empezó la literatura rusa, con dos duelos fatales. Luego vendrían los demás grandes escritores: Goncharov, Dostoievski, Tolstoi, Turguenev, Chéjov.

Thomas Mann (II)

Pero otro signo, más grande, debe presidir el momento de nuestra conmemoración: es el signo de la participación universal según el ejemplo de su generosa grandeza* que llama a una alianza eterna del hombre con la tierra, madre de todos. De su dulce y firme voluntad*, a través de la celebración de su entierro y resurrección algo entra en nosotros: de su voluntad por lo bello, lo verdadero y lo bueno; por la civilización, por la libertad interior, por el arte, por el amor, por la paz, por el salvador respeto del hombre ante sí mismo. 
 Ensayo sobre Schiller (1955)

Ésta y la cita anterior son parte de una conferencia que Thomas Mann leyó en la dividida Alemania, primero en Stuttgart (RFA) y luego en Weimar (DDR) en mayo de 1955 para celebrar el 150 aniversario de la muerte de Schiller. Thomas Mann murió tres meses después a los 80 años. Con esto se despidió. Me he quebrado la cabeza intentando traducir estos textos y el resultado no es muy fiable. Su alemán es muy difícil, tiene una sintaxis indescifrable, forma compuestos de palabras que no veo en los diccionarios online, está cargado de alusiones que sólo un público culto puede entender, emplea verbos arcaicos como äffen (significa "imitar" "engañar" y procede de affe, mono). Estos dos fragmentos están justo al final de la larga conferencia. El anterior precede a éste que es el final. Primero la nota catastrófica, luego la positiva.
          Esta conferencia solemne fue un acto de afirmación de la nación alemana, rota por la guerra (Alemania que cometió toda clase de atrocidades) tomando como motivo el aniversario de su poeta nacional, Schiller. No la avaricia, la brutalidad, la mentira, las masacres; sino el bien, la belleza, la bondad, la libertad, ideales que Mann atribuye a Schiller y que sabe que él también representa. Téngase en cuenta que Thomas Mann era plenamente consciente de su importancia: en 1938 dijo en el exilio "donde yo estoy, está Alemania" Seguro que las salas donde el viejo Thomas Mann, ya cerca de la muerte, leyó este "Ensayo sobre Schiller" retumbaron en una estruendosa ovación.
       Esto es una "eruditez" germenéutica, a lo que soy proclive, sin mayor interés.
        Me pregunto si podría importarnos lo que Thomas Mann, vieja gloria de las letras, dijo a sus compatriotas sobre su poeta nacional. ¿Tiene algo que decirnos a nosotros que ni somos alemanes ni conocemos a Schiller? Invocar el bien, la verdad, la belleza, ¿no suena un poco raro? 

*la de Schiller

Thomas Mann

El último medio siglo ha visto una regresión de lo humano, una devastación de la cultura del tipo más siniestro; una pérdida de educación, decencia, sentido de la justicia, fidelidad y fe, de toda sencilla confianza, que espanta. Dos guerras mundiales, sostenidas por una bestialidad y una codicia sin precedentes, han hundido el nivel intelectual y moral (los dos van unidos) provocando una debacle tal que mala garantía ofrece contra la caída en una tercera guerra que acabaría con todo. Ira, miedo, odio supersticioso, terror pánico y una salvaje manía persecutoria dominan a una humanidad que ya dispone del espacio cósmico para instalar en él sus bases estratégicas, y que copia como un mono la forma en que el sol produce su energía para fabricar de manera sacrílega armas de exterminio. 

Ensayo sobre Schiller (1955)

La flor desconocida

Andréi Platónov es un escritor ruso que pasó a mejor vida a los 51 años. Para un ruso nacido en 1899, al que le tocó vivir (y sigue una larga enumeración de desdichas): la Revolución de Octubre, la guerra civil, la tiranía de Stalin, la guerra con la Alemania nazi, la hambruna de Ucrania, los años de Yezhov (jefe de la NKVD), el Gulag, etc etc la expresión eufemística "pasar a mejor vida" cobra un sentido muy fuerte. No quisiera recordar sin el debido respeto el monstruoso sufrimiento que padecieron millones (millones) de eslavos, judíos, polacos en el siglo XX. Joseph Brosdky decía que a un ruso que llegara a las puertas del paraíso debería dejársele pasar sin más averiguaciones. 
      Platónov es conocido por dos libros, principalmente: "Chevengur" y "La excavación". Son una novela y un relato desencantados de las promesas de la revolución. Sobra decir que se le prohibió publicar. Platónov narra el desvalimiento de los individuos en un mundo que se ha vuelto delirante. Pero Platónov también escribió relatos infantiles. De uno de ellos quisiera hablar aquí. Se titula "La flor desconocida". Es un cuento muy corto, no lleva más de quince minutos leerlo. Narra la historia de una pequeña flor: "Vivió en el mundo una pequeña flor. Nadie sabía que estaba en la tierra. Creció sola en el erial, ni las vacas ni las cabras iban allí, ni los niños del campamento de los pioneros jugaron nunca allí" Así empieza el cuento. La flor crece milagrosamente, contra el viento y las heladas, entre piedras y arcilla, en el terreno estéril. Un día una niña, Dasha, se acerca a la flor, atraída por su perfume. La descubre entre las rocas y le pregunta su nombre. La flor desconocida contesta que no tiene nombre, que vive sola. Dasha conduce a los pioneros al erial y les dice, mucho antes de llegar a la flor, que escuchen cómo huele, así es cómo respira. Los pioneros estuvieron, se dice, largo tiempo admirando esa criatura. Pero llegó la hora de irse. Dasha pasó el invierno recordando la flor y al verano siguiente regresó al erial donde la había encontrado. En el mismo lugar florecían entonces muchas flores fragantes, la hierba cubría el terreno y volaban pájaros y mariposas. Pero la flor desconocida no estaba. "Y a Dasha le pareció, termina el cuento, que la flor la atraía, que la llamaba con la silenciosa voz de su perfume."

Gutenberg Spiegel

Ayer me llevé un disgusto que, felizmente, se ha convertido en susto. Como todos los días abro la página web del diario Der Spiegel que tiene un archivo inmenso de autores alemanes y extranjeros traducidos al alemán. Es la página Gutenberg Spiegel. Hay un calendario de autores donde aparecen los natalicios y defunciones del día, y yo soy amigo de las efemérides. Ayer, decía, (decíamos ayer) que cliqué distraídamente en el enlace y ví que la página no estaba disponible. Una ominosa frase en alemán anunciaba un fallo en el servidor o cosa parecida. Soy irritable y esto me disgustó bastante. ¿Ya no podré intentar descifrar a tantos autores alemanes como hay allí? ¿Se han borrado para siempre? ¿Quién ha sido? Sobra decir que volví a intentarlo numerosas veces con el mismo resultado. Hasta que hoy, por fin, hace un par de horas, abro la página y aparece de nuevo. 
        Por favor, señores del Espejo, no vuelvan a darme ese susto.
 
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Robinson Jeffers

Robinson Jeffers (1887-1962), gran poeta norteamericano. Se le considera precursor de la conciencia ecológica. Era solitario y misántropo. Robison Crusoe: Robinson Jeffers. Milosz confesó su admiración por este poeta, aunque no compartía su visión del mundo. En un lugar de California, al borde del Pacífico, construyó una casa de piedras para vivir en ella. Es bastante fea, la verdad, pero ¿cuántos de nosotros podemos decir que vivimos en una casa fabricada con nuestras manos? Tan acostumbrados estamos que no caemos en la cuenta: a Chesterton le parecía lamentable que el hombre moderno viviera en casas que no había construido él mismo. Para Jeffers el hombre es una especie destructiva que vive centrada en sí misma, indiferente a "la asombrosa belleza de las cosas" No sé si le hago un favor traduciendo así asá estos dos poemas suyos.

FIN DEL MUNDO
Cuando era joven, en la escuela, en Suiza, hacia la época de la guerra 
de los Bóers.
Dábamos por sabido que la especie humana
duraría tanto como la Tierra, sin morir hasta que ella muriera. Escribí un poema escolar
sobre el último hombre caminando con estoica dignidad por la orilla muerta
del último mar, solo, solo, solo, recordando todo
el pasado de su especie. Pero ahora no pienso así. Morirán sin rostro en rebaños
y la Tierra florecerá largo tiempo después de que la humanidad haya desaparecido. 

EL OJO
El Atlántico es una fosa tormentosa y el Mediterráneo
un estanque azul en el viejo jardín,
más de cinco mil años ha bebido el sacrificio
de barcos y sangre, y brilla al sol. Pero aquí, en el Pacífico,
nuestros barcos, aviones y guerras son perfectamente irrelevantes.
Ni la presente enemistad mortal con los valientes enanos
ni ninguna futura pelea mundial entre el hombre occidental 
y el oriental, migraciones sangrientas, codicia del poder, choque
de creencias 
todo eso es una mota de polvo en el gran platillo de la balanza.
Aquí, desde esta costa escarpada, promontorio tras promontorio
zambulléndose como delfines a través de la bruma marina
en el pálido mar -miro al oeste, a la montaña de agua, es la mitad
del planeta:
esta cúpula, esta mitad del globo, este abultado
globo ocular de agua, arqueado hasta Asia,
Australia y la blanca Antártida. Estos son los párpados que nunca
se cierran,
este es el agudo y el vigilante
ojo de la Tierra, y lo que mira no son nuestras guerras.