Tengo sed

"Tengo sed", dijo Cristo en la cruz.

Agarro argentinamente el vaso con mi mano de primate.

Bebo un vaso de agua: es alucinante.

Bebo porque estoy en la cruz: esto es evidente.

Uno de ellos será el último.

"Hacía tiempo que no bebía champán"

dijo un escritor ruso justo antes de morir.

Es curioso, no dijo "es la última vez" sino "hace tiempo.

Humillaciones

Hay algo metafísico en la humillación. Cristo fue humillado ante la chusma, Sócrates bebió la cicuta como si fuera un criminal, Oscar Wilde pasó un calvario de ignominia en la Inglaterra victoriana. Pero no hace falta ser un personaje histórico, las personas de vida más oscura son las que más humillaciones padecen. Nadie las conoce. Humillaciones en el trabajo, en el amor, en la familia. Cuanto más duro es un trabajo menos se reconoce, de manera que a la dureza se le añade la falta de consideración y el desprecio. ¿Cómo se mide la dureza de un trabajo? No es una cuestión física. Un futbolista o un deportista de élite está claro que se esfuerzan físicamente, pero no puede llamarse trabajo duro a lo que hacen. Un trabajo puede ser duro aunque se esté bajo techo, con aire acondicionado, y sentado sin hacer esfuerzo físico. Si no se trabaja rudamente como un esclavo (y aún existen) la dureza procede de factores psicológicos o morales. Cuidado con el trabajo que se nos pega en las manos, el trabajo que nos agota sin fruto. Porque entonces estamos condenados: no podremos soltar ese hierro candente. El que sufre una humillación pierde lo que hoy se llama "autoestima" y antes se llamaba "amor propio". Acaba creyendo que es "torpe" cuando esto no es cierto. Se culpa a sí mismo por las menores faltas, faltas que ni siquiera lo son. El poderoso es arrogante por muy torpe que sea. Eres "torpe" por ser pobre, y por ser pobre no has tenido las mismas oportunidades que los privilegiados que en la carrera de la vida parten con ventaja. Un asalariado es vulnerable, tiembla por su empleo y ese miedo le hace ser sumiso y servil. Esto es negarse a uno mismo. Todas las instituciones jerárquicas fomentan la humillación y el servilismo: el ejército, un partido político, una iglesia, una empresa. El que recibe los desprecios los transmite a su vez a quien tiene debajo, por tomarse la revancha en un inocente. Da igual que el empleado haga su tarea correctamente, nunca es bastante, siempre lo hará mal. La mancha de un pequeño defecto basta para contaminar un océano. Los humanos somos más inclinados a la venganza que a la misericordia y si se puede humillar a otro impunemente dos de cada tres mortales lo harán sin dudarlo. La humillación metafísica del empleado de Kafka la han sentido millones.  Eso no hay socialismo que lo arregle. Algunos disentirán de este afirmación. El cristianismo, con su pesimismo para las cosas de este mundo, aconsejaba resignarse y sufrir las injusticias sin levantar la voz. La recompensa vendría en el Reino de los Cielos. Ya, pero ¿y si ese Reino no existe? Terrible duda. Pienso en los palestinos (mujeres y niños sobre todo) que son sistemática, no episódicamente, hostigados, detenidos, humillados y masacrados por los colonos judíos y el ejército de Israel. En la película "La caza" de Carlos Saura un personaje le dice al joven del grupo: "¿cuántas humillaciones has sufrido en tu vida?" El chico pone cara de no entender la pregunta, porque su corta edad no le ha permitido tragar ningún sapo todavía. Pero si fuera un chico palestino de Gaza o Cisjordania podría ponerse a contar las que le han infligido los israelíes y no acabaría en un día. Tendemos a olvidar las humillaciones. Nuestra naturaleza rechaza las malas experiencias. Bertolt Brecht dijo lastimeramente que vivía en tiempos sombríos. Nosotros, por desgracia, también. Rusia es un estado mafioso y criminal e Israel, aduciendo legítima defensa, está masacrando a todo un pueblo ante la mirada impotente o indiferente o miope del mundo. 

Ruinas del mundo digital

Es una ley de la tristeza eterna: a medida que caen los años uno se separa de sus semejantes, se va quedando solo y se aparte del universo. El firmamento deja de ser un lugar cálido y se vuelve algo indiferente y frío. Gélido. De muchacho tenía borracheras "místicas" en las que sentía una hermandad cósmica que la experiencia de los años y el conocimiento de la historia han revelado como falsa. No hay nada cálido, ni providencial, ni benéfico, ni fraterno en esos espacios inmensos. Entramos al mundo como a un jardín familiar que con el tiempo manifiesta su verdadera realidad: no es un jardín, es un lugar inhóspito. 
         De repente, en esta tarde de viernes, en el apartamento solitario, veo que aquellos jóvenes brillantes de hace diez años, que eran unos diez años más jóvenes que yo, han enmudecido, están en paradero desconocido. A algunos los conocí personalmente, a otros sólo por sus blogs. Son poetas que se llevó el vendaval, titulares de blogs abandonados hace años, ruinas del mundo digital. ¿Habrán hecho carrera? ¿Habrán traicionado sus sueños? ¿O seré yo el perdido y por eso no sé nada de ellos?

La condición obrera

El niño que nace con un destino de trabajador para más de treinta años no nace. No ha nacido jamás. Podrá tener un mes de vacaciones al año, podrá descansar los fines de semana. Pero no ha nacido jamás. Cuando se jubila no sabe si reír por los días de fiesta que tiene por delante (no son muchos) o si llorar por los días que ha dejado atrás (son demasiados). Un hombre son sus hábitos. Quien ha desempeñado tareas rutinarias -labores de empleado, por ejemplo- siete u ocho horas al día durante más de treinta años no ha nacido. La música de nuestra vida es el hilo musical de un supermercado. El trabajador tiene al tiempo en su contra. Las horas son enemigas. Los minutos siempre le acercan a la puerta de la oficina o del puesto de trabajo. Los minutos que le acercan al viernes o a las vacaciones son engañosos. A la vuelta de esa ilusión está el tiempo que corre de nuevo hacia el trabajo, hacia el despertador. Al dejar el trabajo por jubilación el tiempo corre hacia la muerte. El trabajador no ha nacido y ha perdido las ilusiones, pero aún sueña. De todos los sueños posibles el del amor es el más miserable y engañoso. El amor necesita tiempo y de tiempo es precisamente de lo que carece el trabajador. El trabajador alienado y agotado debe convertirse en una máquina ya que una máquina puede hacer su trabajo. Ni demasiado joven para adaptarse ni demasiado viejo para que lo jubilen. Delante, la pared de un día gris tras otro día gris en la cárcel de los días. 

Otro accidente

De la cuenca del Nalón sólo llegan malas noticias, especialmente sucesos y datos económicos deprimentes. Más allá de los túneles de Riaño se entra en otra dimensión, el contraste es muy fuerte. Llegando desde Siero el túnel comienza dejando atrás un paisaje montuno que empieza a plegarse y se sale a una especie de pozo con un pueblo a mano derecha que es un monumento a la fealdad, el horroroso Riaño. A partir de ahí hasta Laviana el aire es pesado, denso, oscuro, sucio, malsano; de Caso en adelante, en la subida al puerto de Tarna, el aire se depura: el bosque sustituye del todo a las poblaciones urbanas que se suceden casi interrumpidamente desde Riaño a Pola de Laviana. Los turistas, que cada vez llegan más a Asturias, no visitan estos lugares. Aquí viven los indígenas y numerosos inmigrantes de Marruecos, Polonia, algún ruso, ucraniano, italiano. Todos clase obrera, trabajadores, gente sencilla. Desde Riaño a Laviana se percibe que la vida vale menos que en el resto de Asturias. Es una comarca deprimida y abandonada. Aquí la esperanza de vida es sensiblemente más baja y la desesperación mayor. La carretera que soporta diariamente un tráfico de más de veinte mil vehículos (eterno ruido de motores y neumáticos) se cobra muchas víctimas en el tramo entre Riaño y Laviana. Hay muchos accidentes y son muy graves. Hace unos días un conductor de 67 años, que iba drogado, invadió el carril contrario y chocó frontalmente contra otro auto. Causó la muerte de una madre y su hijo, además de dejar heridas a otras dos personas. Los ocupantes del vehículo inocente iban a un funeral. El conductor drogado que provocó el accidente salió prácticamente ileso. Qué resumen perfecto de lo que es ese valle de lágrimas. No es que viviendo en estos pueblos -que tienen lo malo de la ciudad sin lo bueno del campo, con inconcebibles edificios de hasta ocho plantas- te vayas a hacer fatalmente idiota, pero todo sopla a favor. Allí todo tiene un aire triste, pobre, derrotado. Eso es contagioso. O te vas de allí o te conviertes en un vencido. (Para qué cojones esforzarse si luego viene un conductor drogado y te mata en la carretera y encima él sale ileso). Lo notará tu forma de hablar: las blasfemias se profieren con la naturalidad de un saludo. No hace mucho un joven orinaba en la calle a plena luz del día. Como un perro. Nunca se ve a nadie con un libro en la mano, hay tertulias de ancianos en el parque, algún grupo de yonquis, pocos niños (tristes niños los nacidos allí). Gran parte de la población está en el umbral de la pobreza o bien dentro de ella. Se reconocen bien: cabizbajos, mirada sin brillo, rostros sin expresión, sin gracia en los movimientos, vulgaridad en el lenguaje, pobreza y mal gusto en su indumentaria (chándal, gorra, playeros baratos). Un chico sentado en un banco, con la cabeza hundida: fuma sin parar tabaco de liar con una litrona de cerveza a los pies. Este es el régimen de la miseria y la depresión. Lo único grato a la vista es el constante río Nalón y las aves que allí viven (cormoranes, mirlos acuáticos, garzas, martines pescadores, lavanderas, patos, etc). Las casuchas se caen de abandono, fachadas ruinosas, sucias. Manchas de pobreza en las laderas abruptas que cierran el angostísimo valle donde rara vez brilla el sol y la pobreza y la muerte son las señoras. La reconversión industrial, el desmantelamiento de la minería que fue durante más de cien años el principal motor económico de esa comarca, se hizo desastrosamente mal. Una vergüenza para los sindicatos mineros y el partido socialista, principalmente. Una ignominia. Esto es evidente. Los han dejado en el total abandono. Los poderes públicos permiten que se maten en esa carretera. Un conductor drogado, vía de doble sentido, tráfico muy denso, ocupantes de camino a un funeral. Algunos vecinos, con el penoso humor que da la resignación, hacen chistes malos: "iba drogado, sí, pero no dio positivo en alcohol" 

Quevedo

Leídos recientemente "El Buscón" y "Los sueños" de Quevedo. Ante todo Quevedo es un poeta. Si "Los sueños" son un barroco espléndido no tienen la envergadura de un libro como "El Criticón". En ambos, Gracián y Quevedo, el talento satírico es inmenso. No dejan títere con cabeza, como suele decirse. Quevedo tenía una visión amarga de la sociedad y del hombre, profundo pesimista, creo que sigue siendo un misterio. No sabemos quién era Quevedo, se esconde detrás de los malentendidos y las chocarrerías. Era un espíritu versátil, podía ser mortalmente serio y cómico también, pero cada cosa en su momento. Su poesía toca todos los resortes: desde lo festivo a lo metafísico, y en todos alcanza alturas enormes. Quevedo ha sido, creo yo, el escritor con un mayor dominio de la lengua española. Docto, sin pedantería. Se le admira, pero es imposible quererlo como se quiere, digamos, a Cervantes. 

La fama

LA FAMA

Su cara inconfundible en la portada de un libro
que es una de sus biografías.
Es inglés. Todo el mundo lo conoce aquí
en esta ciudad del norte de España.
Eso quiere decir: es famoso en todo el mundo.
Un día conoció a un compañero (esto es parte
de la leyenda del grupo) y se pusieron a cantar juntos
y a escribir canciones. Hace casi sesenta años de eso.
Pero no fue así. 
                              Aquel día llovió o no llovió
y el amigo se olvidó algo en casa, o perdió el autobús.
No llegaron a conocerse. Entonces este músico
de dieciocho años, perdido como todos los jóvenes,
apremiado por su familia buscó un trabajo fijo.
Una manera honrada de ganarse la vida.
Trabajó 35 años en el servicio de empleo inglés
o en correos o en la administración de justicia.
Tareas muy poco musicales las de la oficina.

Ayer apareció su oscura esquela en un diario local:
Falleció a los 82 años
esposo y padre amante, abuelo afectuoso
rogad a Dios por el alma de Paul McCartney

Otra reflexión pesada

La verdadera vida, si es que existe aunque puede imaginarse, está ausente. A lo incierto, allá abajo, caemos sin cesar en el abismo del tiempo. No somos los de ayer, no somos los de mañana. Hacemos equilibrios sobre la cuerda floja del momento presente. Imposible detener el instante. Lo siempre delicioso acaba cansando y lo terrible también termina por ir apagándose. Miro hacia atrás: veo situaciones borrosas; horas, meses, años que se resumen en un pensamiento, en una idea. El recuerdo es el esqueleto de pasadas vivencias. El niño que fuimos se perdió definitivamente, vamos hacia el anciano y más allá, hacia el rostro de cera, inmóvil, solemne, del muerto en el ataúd. 

De dónde sale Mi ley

Mi ley sale de tertulias televisivas de gallos y cotorras. Mi ley es un ilustrado como cualquiera que lo escuche hablar entenderá fácilmente. "No acabarán los males de los hombres hasta que los filósofos no ocupen el poder o los reyes, por una gracia divina, no se pongan a filosofar", dijo el viejo Platón. Parece que ese momento aún no ha llegado y tampoco se ve cerca. 

Mozart, ese hombre

Suena Mozart en el desierto de la oficina. Es la sintonía de un móvil pero se agradece igual. 

Los osos turísticos

Devorador de miel
habitante del monte
alejado del fuego de la tribu
Detrás de las ventanas que de día
dejan pasar la luz y de noche se cierran
más allá de los muros de arenisca
lo indistinto nocturno y sin lenguaje
Se alza gruñendo sobre las patas traseras

Tropezarse con él era lo mismo
que encontrarse a un fantasma
Se erizaba la piel de terror pánico
Alguien se hizo famoso en los contornos
acuchillando un centenar de ellos
Una especie de Hércules vernáculo

Entonces arrojabas una botella un plástico
al suelo en pleno campo en un arroyo
y no te perseguían las Erinias

Hoy el oso ha perdido aquel misterio
(el misterio voló todo está expuesto)
y es el blanco de todas las miradas
Atracción de turistas que llegan de aeropuertos
conducidos por guías que conocen sus trucos
y se graba a los osos se los graba entre peñas
Avistamiento de osos 
Nos florece el turismo de aventura
como la azul genciana de Somiedo
Vivir algo deprisa y compartirlo en redes

Devorador de miel
estrella de este Parque Natural
Especie protegida
que a veces se despeña estúpidamente
machos que atacan a sus propias crías
El osito de peluche escapando del ogro

Un turista ha visto más osos en un día
que un vecino de Almurfe en veinte años
Codicia del ver
avidez de experiencia
de llegar a un lugar explotarlo y largarse

Los osos se humanizan; es decir, dan problemas
Con un chip en la nuca ahora van al psicólogo
porque tienen problemas de autoestima o bulimia
porque no son correctamente osos
porque escarban en cubos de basura

Simone Weil en Gaza

Para que una vida humana sea digna necesita algunas cosas. Diría que a la gran mayoría de los humanos le han faltado al menos una de las esenciales: comida, refugio, abrigo, higiene, descanso, ejercicio, trabajo, seguridad, relaciones sociales y familiares y libertades políticas (estamos asistiendo en nuestro tiempo a una regresión de las libertades políticas). No se me ocurren más, con el permiso de Maslow. A los palestinos de Gaza les faltan todas en un grado espantoso, en un grado que arroja una sombra de barbarie sobre todo el planeta y la época que vivimos. A los israelíes secuestrados, lo mismo. Ayer tres rehenes israelíes de Hamás (ninguno llegaba a los treinta años) que se habían librado de sus captores no se sabe cómo fueron tiroteados por el ejército israelí, aunque habían salido a descubierto desnudos de cintura para arriba y enarbolaban la bandera blanca. Dos de ellos (dice la noticia) murieron en el acto, un tercero, malherido, consiguió ponerse a cubierto. Hasta su posición, entre las ruinas, se acercó una patrulla de soldados del IDF. El chico les gritó en hebreo pero esa llamada desesperada no le salvó de ser tiroteado hasta la muerte. : "La Ilíada o el poema de la fuerza" es un texto de Simone Weil que se aplica perfectamente a la violencia que acontece ahora en Gaza. Simone Weil escribió este ensayo hacia 1940 con la guerra mundial en curso. Aquí van algunas frases suyas. Creo que a leerlas se comprende que hay muy poca diferencia entre Troya y Gaza. 

La force, c'est ce qui fait de quiconque lui est soumis une chose. Quand elle s'exerce jusqu'au bout, elle fait de l'homme une chose au sens le plus littéral, car elle en fait un cadavre.

Un homme désarmé et nu sur lequel se dirige une arme devient cadavre avant d'être touché. 

Quand, hors de tout combat, un étranger faible et sans armes supplie un guerrier, il n'est pas de ce fait condamné à mort ; mais un instant d'impatience de la part du guerrier suffirait à lui ôter la vie.

Aussi impitoyablement la force écrase, aussi impitoyablement elle enivre quiconque la possède, ou croit la posséder. Personne ne la possède véritablement. Les hommes ne sont pas divisés, dans l'Iliade, en vaincus, en esclaves, en suppliants d'un côté, et en vainqueurs, en chefs, de l'autre ; il ne s'y trouve pas un seul homme qui ne soit à quelque moment contraint de plier sous la force. Les soldats, bien que libres et armés, n'en subissent pas moins ordres et outrages

Le fort n'est jamais absolument fort, ni le faible absolument faible, mais l'un et l'autre l'ignorent. Ils ne se croient pas de la même espèce ; ni le faible ne se regarde comme le semblable du fort, ni il n'est regardé comme tel.

Ce châtiment d'une rigueur géométrique, qui punit automatiquement l'abus de la force, fut l'objet premier de la méditation chez les Grecs. Il constitue l'âme de l'épopée ; sous le nom de Némésis, il est le ressort des tragédies d'Eschyle ; les Pythagoriciens, Socrate, Platon, partirent de là pour penser l'homme et l'univers.

 La marche de la guerre, dans l'Iliade, ne consiste qu'en ce jeu de bascule. Le vainqueur du moment se sent invincible, quand même il aurait quelques heures plus tôt éprouvé la défaite ; il oublie d'user de la victoire comme d'une chose qui passera.

Un usage modéré de la force, qui seul permettrait d'échapper à l'engrenage, demanderait une vertu plus qu'humaine, aussi rare qu'une constante dignité dans la faiblesse.

Au départ, leur cœur est léger comme toujours quand on a pour soi une force et contre soi le vide. Leurs armes sont dans leurs mains ; l'ennemi est absent. Excepté quand on a l'âme abattue par la réputation de l'ennemi, on est toujours beaucoup plus fort qu'un absent.

Il est vrai que tout homme est destiné à mourir, et qu'un soldat peut vieillir parmi les combats ; mais pour ceux dont l'âme est soumise au joug de la guerre, le rapport entre la mort et l'avenir n'est pas le même que pour les autres hommes. Pour les autres la mort est une limite imposée d'avance à l'avenir ; pour eux elle est l'avenir même, l'avenir que leur assigne leur profession. Que des hommes aient pour avenir la mort, cela est contre nature.

Il faut, pour respecter la vie en autrui quand on a dû se mutiler soi-même de toute aspiration à vivre, un effort de générosité à briser le cœur.

Telle est la nature de la force. Le pouvoir qu'elle possède de transformer les hommes en choses est double et s'exerce de deux côtés ; elle pétrifie différemment, mais également, les âmes de ceux qui la subissent et de ceux qui la manient.

La légèreté de ceux qui manient sans respect les hommes et les choses qu'ils ont ou croient avoir à leur merci, le désespoir qui contraint le soldat à détruire, l'écrasement de l'esclave et du vaincu, les massacres, tout contribue à faire un tableau uniforme d'horreur

C'est par là que l'Iliade est une chose unique, par cette amertume qui procède de la tendresse, et qui s'étend sur tous les humains, égale comme la clarté du soleil. Jamais le ton ne cesse d'être imprégné d'amertume, jamais non plus il ne s'abaisse à la plainte.

Toute l'Iliade est sous l'ombre du malheur le plus grand qui soit parmi les hommes, la destruction d’une cité.

Les Hébreux voyaient dans le malheur le signe du péché et par suite un motif légitime de mépris ; ils regardaient leurs ennemis vaincus comme étant en horreur à Dieu même et condamnés à expier des crimes, ce qui rendait la cruauté permise et même indispensable.

Dos formas de recordar

Una clase de recuerdos se convocan, vienen del exterior (hablando metafóricamente): un número, un nombre, una calle, lo que falta en la lista de la compra. Otros recuerdos emergen de nuestra intimidad, de lo profundo de nuestra persona: un ser querido difunto se recuerda así. 

Argentina, si yo pudiera

Los cuerdos le dijeron al más loco: "¡Queremos que tú seas quien nos gobierne!" De lo que se deduce que los cuerdos están locos o que la desesperación nos perturba el juicio. 

Lo que pasa en el mundo

El señor Gracia observa a la gente en Carrefour. Esta tarde no estaba muy concurrido ese centro comercial. Se acercó a la sección de deportes, cogió un balón de fútbol, le dio unos toques con la rodilla y lo dejó donde estaba. El señor Gracia es un rebelde tímido, le gusta entrar en estas grandes superficies, darse un par de vueltas, observar como un sociólogo francés esos templos de la sociedad de consumo y salir sin hacer compra, silbando con las manos en los bolsillos. ¡Cuántas cosas hay que no necesita! Considera el señor Gracia que un centro comercial es un lugar deprimente. (Aunque más deprimente es un centro comercial con los estantes vacíos como en Venezuela o en cualquier otro lugar donde haya escasez). La vida se sostiene en el vacío, todo es ilusión. La gente se interesa por el precio del pescado, del pan, del aceite, escoge el yogur, guarda la cola, revuelve ropa entre los pasillos. El señor Gracia sabe, como todo el mundo, que en estos días (aparte de la guerra de Ucrania) hay desatado un conflicto atroz en Gaza. No ha tenido pesadillas con ese infierno ,-porque es un infierno- eso es cierto. Lo que sucede en Gaza le llega a través de imágenes algo borrosas, desenfocadas a veces, en las noticias de los diarios digitales, en videos difundidos en las redes sociales. Apresuradas camillas meten heridos graves en hospitales hacinados y ensangrentados y luego esa visión extraña de los cadáveres, cadáveres, cadáveres envueltos en sábanas blancas. No puede dejar de pensar que la comunidad internacional o el Consejo de Seguridad de la ONU o el mismo Dios (aquí alguien se reirá) no son capaces de detener semejante espanto y crueldad. Sea como sea llegaría tarde un alto al fuego pues han muerto, hasta ahora, unos 7.000 niños. ¿Cuántos mandó matar Herodes? El señor Gracia cree que lo que sucede en Gaza es el episodio bélico (guerra, se dice "guerra") más sangriento desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Un odio de décadas estalla como un grano de pus. Somos tristes contemporáneos de esas atrocidades. La guerra es el padre de todas la cosas. Hay un tiempo de construir y otro de destruir. ¿No podremos librarnos de esa dialéctica universal? Hoy, en el centro comercial, al señor Gracia le parecía que los compradores, incluido él mismo, eran como zombies. La carne estaba podrida; el pescado estaba podrido; la leche, agria; en vez de pan había piedras; en vez de sal, ceniza. Una sospecha le dejó paralizado por un momento: si en la parte del mundo en la que vive sucediera algo como lo que sucede ahora en Gaza sería inútil esperar ayuda del exterior. Esta reflexión contaminó de vanidad todo lo que le rodeaba. El progreso moral indefinido parece un cuento (con el permiso del sabio Steven Pinker). Si es cierto que la violencia ha disminuido en todo el mundo en las últimas décadas tendrá que detenerse en poco tiempo la masacre de Gaza. ¿O Gaza va a ser una excepción a esa tendencia general? Al señor Gracia le gustaría conocer la opinión de Pinker al respecto. El señor Gracia recuerda lo que hace unos días le dijo un conocido suyo, que hay que preocuparse por lo que uno tiene alrededor, por la parte que alcanza su influencia (familia, amigos, compañeros de trabajo) porque el resto del mundo es una selva. Qué responsabilidad tienen los que gobiernan la Tierra, los poderosos. A muchos les espera el infierno. 

Divagaciones

Recuerde el alma dormida, pues queda poco tiempo. ¿De qué va todo esto? ¿Hay algún sentido? Existir como individuos, en el espacio y el tiempo, en una naturaleza inconsciente. Nada existe, dicen unos. Otros dicen, sólo existe lo percibido por mí. Estamos un tiempo brevísimo en este mundo. Si descontamos el tiempo que pasamos durmiendo y los primeros años, antes de la edad de la razón, aún es más corto el período de consciencia, relámpago en medio de una oscuridad eterna. Ser consciente es doloroso. Nos creemos únicos y en cierto modo es así ya que nadie fue ni será nunca exactamente el individuo que somos, pero la voz de la naturaleza habla con claridad: cada uno de nosotros es la variación fugaz de una especie que está en continuo proceso de cambio o evolución. La evolución no es lineal, como se sabe. Es más bien una red que va tanteando, que abre nuevos caminos y cierra otros. Surgen nuevas especies, desaparecen otras. La nuestra (Homo sapiens sapiens) también desaparecerá: tuvo un principio y tendrá un fin. Nuestra conciencia se despliega en el laberinto del tiempo que fluye sin fin de manera que no es posible tener una intuición eterna. Existe (no sabemos por qué ni si hay porqué) una lucha perpetua entre los elementos. Nuestro cuerpo es un rompeolas. Nos encontramos en continua amenaza y hemos de preservar nuestro ser desde la concepción hasta la muerte. El sistema inmunitario de este cuerpo que somos (y al que damos la espalda) repele los constantes ataques de agentes patógenos. La vida es una lucha incesante o como dijo el médico Bichat "es el conjunto de funciones que resiste a la muerte". Vivimos en constante peligro con una falsa sensación de indestructibilidad. Es asombroso que nos asombre la muerte de un semejante (ante la nuestra no podemos tener reacción) ya que nada hay más natural, siendo como es la destrucción de un organismo. Es asombroso y a la vez nada sorprendente que vivamos como si tal cosa sin paralizarnos por el pánico de una muerte inminente. Antes de nuestro nacimiento hubo millones de conciencias humanas que sintieron las mismas pasiones, tuvieron pensamientos semejantes, se asombraron con las mismas maravillas naturales. Tras nuestra muerte sucederá lo mismo con millones de otras conciencias humanas. ¡Qué desperdicio! Bastaría con una sola conciencia aparte de la nuestra... Nada de eso nos importó ni nos importará porque no estábamos ni estaremos aquí. "Millones" era una palabra que gustaba de repetir Hitler, las cifras abstractas que abarcan multitudes excitan a todos los tiranos. El camino de tiempo que pisamos ya fue recorrido por innumerables muchedumbres de muertos (¿dónde están?) y seguirá hollado por los que vengan cuando nosotros ya no estemos. A cada ser humano, en el momento de nacer, se le presenta la esfinge y le plantea el enigma. El castigo por no saber la solución es la muerte, de la que nadie escapa. En la peligrosa navegación que es la vida conviene ser cauto casi siempre y a veces audaz (ya sea para salvar la vida en un momento crítico o para declararse a alguien). Hay unas leyes universales que rigen el destino de los mortales. Quien se abandona al vicio y comete delitos, aún teniendo excusa, suele acabar mal. Las leyes, telas de araña... Sea como sea el ser humano es poca cosa frente al destino. Paciencia y humildad. Madre mía, cómo nos gusta divagar. 

El señor Gracia y las mujeres

"Mujeres y días", como decía Gabriel Ferrater, doliente mujeriego. El señor Gracia, Gerardo Gracia, tiene una opinión bastante personal de las mujeres. Para el señor Gracia las mujeres son la argamasa de la sociedad, son las que hacen la familia, las que construyen el hogar. La bisabuela se acerca al bisnieto recién nacido y casi podría verse la corriente eléctrica que se transmite entre la vida que se apaga y la que comienza. Somos parte de un proceso que nos trasciende, infinitamente superior a nuestra existencia individual que es insignificante. La mujer es el vaso de la naturaleza, su conformación somática la prepara para albergar la vida. Anchas caderas, cóncava cavidad pélvica, terreno para la simiente. El señor Gracia piensa en el sexo femenino, mal llamado "sexo débil". De débil nada, piensa el sr Gracia. Son más resistentes que los hombres, se sostienen mejor a sí mismas si algo se desmorona a su alrededor. Hay viudas alegres, pero no viudos alegres. Una mujer que pierde a su cónyuge suele salir adelante pero muchos viudos se abandonan. El señor Gracia es monógamo y retrógrado pero no misógino (eso se cree él). Alguna vez se ha visto en una fiesta rodeado de bellas y elegantes mujeres pensando en una novela rusa. Las que sostienen las casas son ellas. Le arreglan la corbata al desaliñado marido con unas palabras de cariñoso reproche: "Mira cómo vas, desastre" Las mujeres son también madres de sus amantes, novios y maridos. Añora el sr Gracia la familia que no llegó a fundar. Para eso se necesita (en su versión tradicional) una mujer pero él se ve como un cincuentón solitario. Tiempo de nostalgia cuando en su casa resonaba la risa de una compañera y su hogar (entonces tenía un hogar) estaba adornado con los detalles femeninos de aquella persona a la que le unía un auténtico amor que no excluía la amistad. Para distraer esa lógica melancolía el sr Gracia sigue la actualidad. No hay nada mejor que la política y la información económica para olvidar las penas y miserias particulares. Hay muchas rocas sobre las que llorar. "¿Cómo hubiera sido mi vida de haber nacido mujer?" se pregunta. ¿Hubiera sido más cauto, más observador, más sufrido, más paciente? Ellas suelen recibir los homenajes, las pruebas de interés, de hombres a los que gustan y tal vez desprecien. Casi todas han conocido a babosos que les daban asco. Quizá tuvieran que sonreírles. El sr Gracia cree que las mujeres son el ser antirromántico por excelencia. Ellas, eminentemente prácticas, acaso vulgares, son capaces de inspirar, sólo por existir, elevados pensamientos en hombres inmaduros con tendencia a la ensoñación, como le pasó don Quijote con Dulcinea. Quien las idealiza se expone al ridículo. 

Idea de la literatura a las 9 y cinco de la noche

No sé cuánto debe a la literatura mi concepción del mundo (que creo que la tengo, por cierto) pero sospecho que mucho más de lo que me parece. Nos movemos en terreno subjetivo. No hay dos lectores iguales y un mismo libro no ejerce exactamente el mismo efecto sobre los lectores aunque puede darse un consenso. Nadie dirá que Thomas Bernhard te hace bendecir cada nueva mañana o que Beckett es luminoso y amable o que por Kafka caminas lleno de confianza en un mundo bueno. Nada tenemos contra el puro entretenimiento banal que puede ser la lectura de textos de ficción. Salir del relato como de una ducha: limpios y lozanos. Diríamos que la literatura presenta dos características fundamentales: un uso estético del lenguaje (que sea exuberante como Joyce o seco como Rulfo es secundario, hay estilos y estilos) y ser expresión veraz del drama que es nuestra vida. En las grandes obras literarias aparecen las cuestiones esenciales de nuestra condición humana: la soledad, la muerte, el amor, el poder de la fortuna y del ambiente, la injusticia, el envejecimiento, las pasiones, el libre albedrío o la necesidad de nuestros actos... eso secreto que a veces no nos atrevemos a confesar ni a nosotros mismos. Así, tal vez moleste que Melibea se tire de la torre, o que Werther se pegue un tiro, o que don Quijote muera agotado y vencido y tristemente cuerdo. Un capitán de barco atrabiliario y loco persigue por los océanos a un cachalote blanco. Un joven inestable piensa que si Napoleón mandó a la muerte a miles de personas, por qué no va a poder él matar a una vieja usurera. De Dante se recuerda el Infierno, pero mucho menos el Paraíso. "Dantesco" no significa visión celestial. Usted es honrado y decente o ni siquiera eso: simplemente es un empleado de banca, como Gerardo Gracia. Una mañana llegan unos desconocidos y le detienen acusándolo de un delito que nunca se llega a aclarar. O se despierta usted convertido en un bicho indefenso y repugnante al que su propia familia aparta y desprecia. La novela picaresca no es precisamente una cantera de personajes intachables. Qué son los lazarillos, guzmanes, buscones, moll flanders, simplicissimus, soldados svejks... Buscavidas, mujeres de vida alegre, ladrones, arribistas, presidiarios, adúlteros, homicidas, mendigos, mentirosos, siervos... Sometidos a los caprichos de la fortuna, caídos en desgracia o gozando de una inestable prosperidad, tratando de sobrevivir, subiendo y bajando en la escala social. ¡Qué importante es un buen matrimonio! Al pobre, por mucho talento y mérito que tenga, nunca se le hace caso. Si eres débil prepárate para los golpes... "Eso me pasa a mí" piensa en algún momento el lector maduro. El niño se maravilla sin entender. La literatura es también un espejo. Nos pone ante los ojos (o trae a los oídos) los dolores, ilusiones, desmayos, trabajos, sufrimientos, pensamientos de cada uno de nosotros. No lo hace en abstracto. Sus palabras, inspiradas por la fantasía y la memoria, son de carne y sangre y por lo tanto están vivas. Podemos ser Ulises o la Regenta o Francesca de Rímini o Jean Valjean o David Copperfield o la protagonista de Casa de muñecas. Consulto en internet (sospecho que es muy alto) el número de muertes violentas en el teatro de Shakespeare: son 74. Para unas 37 obras que se le atribuyen es una buena tasa de sangre. Cesare Pavese por cuyas venas corría tinta, inseguridad y melancolía dijo que en una gran obra literaria (se refería a David Copperfield) el lector reencuentra en el relato la propia experiencia secreta. ¡Eso es!

Domingo

Domingo tarde. Una mujer joven sentada sola, inmóvil, en un banco de un barrio obrero. Tiene la cabeza agachada. No levanta la vista. Se coge de las manos. 

Leído al azar

Muchos libros se hojean de pie junto a los estantes de una librería o biblioteca. Al menos yo he pasado bastante tiempo en posición de firmes con la cabeza agachada, leyendo aquí y allá. Como la lectura es una operación (así la llamó Juan Ferraté "La operación de leer") es una operación, digo, bastante absorbente, uno se abstrae del rumor callejero ("los rumores de la plaza quedan atrás y entro en la biblioteca..." escribió Borges). En esas circunstancias no hace mucho me detuve en un libro de Frans de Waal, el primatólogo holandés experto en... nosotros. Siempre miro si un libro tiene una cita inicial y las dedicatorias. Se podría escribir un libro sobre las citas iniciales y las dedicatorias. Casi todos los científicos, hombres de familia, dedican sus libros a su mujer o a sus hijos. Y las mujeres de ciencia igual, se acuerdan de su cónyuge o de sus hijos. No recuerdo el título del libro de de Waal. Lo que quiero destacar es el principio del libro en cuestión. De Waal dice ahí que uno de los peores momentos de su vida fue cuando recibió una llamada comunicándole que un querido y viejo chimpancé, el jefe de la manada del zoo, al que estudiaba desde años había recibido una paliza, con nocturnidad y alevosía (y esto no pretende ser un chiste, fue rigurosamente así) de otros tres chimpancés. De Waal dice que si la hembra alfa hubiera estado presente el ataque no hubiera tenido consecuencias. Estoy tratando de recordar detalles del texto pero tengo lagunas. No recuerdo el lugar, sé que era un zoo de Holanda pero no me acuerdo de la ciudad. Voy a lo que me interesa. Cuando de Waal llegó a toda prisa para estar con el chimpancé, con una premura semejante a la que tenemos cuando vamos a ver a un ser querido que ha tenido un percance, se lo encontró gravemente herido, sin posibilidad de recuperación. Dice de Waal que el animal le miró a los ojos y lanzó un gran suspiro. Poco después murió. 

Niels Henrik Abel

Niels Henrik Abel, el Keats de las matemáticas. 1802-1829. Traduzco del francés la necrológica escrita por August Crelle... y a ver quién es el guapo que no llora al leerla.

El señor Niels Henrik Abel, noruego, que descubrió un talento tan extraordinario para las matemáticas y que, aunque muy joven, ya se había distinguido eminentemente en esta ciencia, ha muerto en la flor de la edad el 6 de Abril 1829 en Frolands-Vark cerca de Arendal, en Noruega, a donde había ido desde Christiania, su residencia habitual, para hacer una visita sus parientes. El señor Abel nació el 25 de agosto de 1802 en Frindoë, en la costa occidental de Christiansandstifft, en Noruega. No ha llegado pues a cumplir los 27 años. Su padre fue un ministro protestante rural. En 1803 su familia se trasladó a Gierrestadt, parroquia vecina, donde su padre le dio la primera educación hasta 1815 año en el que Abel entró en la escuela catedralicia de Christiania. No se distinguió en absoluto en sus primeros años. Pero en 1818 a los 16, su talento para las matemáticas comenzó súbitamente a desarrollarse. Destacó entre sus condiscípulos e hizo progresos tan rápidos que pronto se reconoció su genio. El señor Holmboë entonces profesor en esta escuela le dio lecciones particulares. Pasando rápidamente por los rudimentos le hizo estudiar la Introducción  e Instituciones del calculo diferencial e integral de Euler. A partir de entonces comenzó a volar solo. Estudió las obras de Lacroix, Francoeur, Poisson, Gauss y sobre todo las de Lagrange, e hizo él mismo algunas aportaciones personales. Egresado de la escuela catedralicia ingresó en la universidad de Christiania. Sin fortuna, y con su padre ya fallecido, obtuvo lecciones gratuitas y disfrutó en la universidad de una beca y del apoyo de profesores durante los dos primeros años. En los dos años siguientes el gobierno le concedió una ayuda extraordinaria. Continuó con ardor su carrera. En esta época compuso numerosas memorias que han sido impresas en un diario de Christiania que lleva por título: "Magazin für die Naturwissenschaften" La primera de estas memorias fue impresa en 1820 con el título: "Allgemeine Methode, Functionen einer variablen Grösse zu finden, wenn eine Eigenschaft dieser Functionen durch eine Gleichung zwischen zwei Variabeln ausgedrückt ist". Se ocupó del problema de la resolución algebraica de las ecuaciones de quinto grado. En cierto momento creyó haber encontrado la solución, pero habiendo notado un error se propuso o bien corregirlo o bien demostrar la imposibilidad de la resolución general de las ecuaciones superiores. Tuvo éxito en este segundo empeño e hizo imprimir su demostración en 1824 en Christiania, en francés. Habiéndose distinguido extraordinariamente en sus estudios el gobierno concedió, con la recomendación de los profesores Rasmusen y Hansteen, cubrir los gastos de viaje para que continuara sus estudios en Alemania, Italia y en Francia durante dos años. Su primer plan era ir directamente a París pero lo cambió y partió a Berlín asociándose a algunos amigos estudiantes de otras ciencias. Llegó a Berlín el verano de 1825. Allí estuvo seis meses durante los cuales le conocí y le ví todos los días. De aquí fue a Viena, Venecia, Milán y Turín hasta París, donde estuvo 10 meses. Regresó a Berlín y de allí a Christiania tras una ausencia de 20 meses. Al llegar a Berlín por primera vez ya había trabajado mucho pero sin haber publicado aún nada importante excepto su "memoria" en forma de disertación sobre la imposibilidad de la resolución general de las ecuaciones algebraicas superiores. Esta "memoria" es la misma que fue incluida en el primer tomo de la presente Revista, pero revisada por el autor durante su estancia en Berlín. Yo había ya concebido desde largo tiempo el proyecto de la presente revista pero lo que me decidió a ponerlo en ejecución fue sobre todo la importancia de los numerosos trabajos ya preparados por Abel, quien consintió en publicarlos, así como la importancia de las obras de Steiner más tarde diligente y muy distinguido colaborador en los primeros tomos de esta revista. Es así que en parte esta revista debe su existencia a Abel. Hasta su fin fue uno de sus colaboradores más asiduos y fieles. Las "memorias" con las que ha enriquecido esta revista y algunas otras muy importantes incluidas en la revista de Astronomía de Schumacher así como las que presentó en la Real Academia de París prueban que este joven geómetra estaba dotado de un talento verdaderamente superior, y que la pérdida que las matemáticas acaban de sufrir por su muerte es tanto más grande y deplorable cuanto que apenas estaba comenzando su carrera. Todos los trabajos de Abel llevan la huella de una sagacidad y de una fuerza mental extraordinarias y a menudo verdaderamente asombrosas, incluso sin considerar la juventud de su autor. Abel penetraba hasta el fondo de las cosas con una fuerza que parecía irresistible y las captaba con una energía tan extraordinaria, las tomaba de tan alto y las elevaba tan por encima de su estado actual que las dificultades parecían desvanecerse ante la victoriosa potencia de su genio. Si se recuerda la "memoria" incluida en el primer tomo de esta revista sobre la imposibilidad de resolver algebraicamente ecuaciones de grados superiores al cuarto, sus trabajos sobre las funciones elípticas, su "memoria" sobre algunas propiedades generales de una cierta clase de funciones trascendentes (tomo III) etc, todos los trabajos por los cuales ha hecho retroceder los límites del análisis, se verá que no hemos exagerado en absoluto. El talento extraordinario de Abel ha sido generalmente reconocido en los últimos tiempos y, sin duda, si hubiera sido contemporáneo de Newton éste habría dicho de él lo que decía de Cotes: "si hubiera vivido más tiempo aún habríamos podido aprender mucho de él". Los más distinguidos geómetras de nuestro tiempo, entre los cuales basta nombrar a Legendre, ese digno veterano, autor de la teoría de las funciones elípticas, han apreciado igualmente a Abel, honrándose por ello tanto a sí mismos como a su joven protegido. Es digno de atención que Abel y Jacobi, profesor en Königsberg, otro joven geómetra de talento extraordinario, siempre han marchado a la par y como frente a frente en sus trabajos sobre las funciones elípticas sin conocerse el uno al otro ni sus trabajos y sin encontrarse ni coincidir en su camino. Abel de vuelta s su patria no encontró al principio un empleo aceptable: no fue sino poco tiempo antes de morir que disfrutó de remuneraciones fijas. En 1827 se le nombró miembro de la Real Sociedad de Ciencias de Drontheim. Tan pronto como la reputación de su talento y sus méritos en las matemáticas fueron percibidos se vio cómo los que aman y protegen las ciencias se interesaban por su suerte. El gobierno prusiano atento a todo lo que pueda hacer prosperar los conocimientos útiles y hacer avanzar a las ciencias pensó en atraer a Abel a su servicio en caso de que él lo hubiera deseado. Al mismo tiempo varios miembros de la Real Academia de Ciencias de París se dirigieron al rey de Suecia para que se comprometiera a llamar a Estocolmo, cerca de la Academia, a este hombre excepcional. El gobierno de Prusia fue el primero en llevar a cabo el proyecto de mejorar la suerte de Abel. Se me hizo el encargo de que me enterara por adelantado si Abel aceptaría un puesto en Berlín en el caso de que se le ofreciera y si la respuesta fuera afirmativa el ministro de cultura y de instrucción pública en Berlín habría resuelto enviarle una honrosa invitación. Tuve orden de escribir previamente al joven geómetra de que la invitación estaba lista para partir. Ejecuté esa orden inmediatamente. Pero desgraciadamente era demasiado tarde. La carta llegó pocos días después de su muerte. Un trabajo infatigable unido a las preocupaciones que durante largo tiempo le había dado la incertidumbre de su porvenir habían minado su delicada salud. Cayó enfermo en el campo donde entonces se encontraba y la indisposición se convirtió en una pulmonía que degeneró en la tisis que le costó la vida. Recibí la noticia casi el mismo día en que acababa de expedirse la invitación a Abel. Hice un informe. El digno ministro que protege y hace prosperar las ciencias en nuestro país con un celo y un ardor que exceden todo elogio expresó el vivo pesar de esta pérdida prematura al escribirme "que había tenido efectivamente el propósito de llamar al señor Abel a Berlín para abrirle las puertas de una carrera honorable en la universidad, concediéndole una asignación suficiente y cubriendo los gastos de viaje, y que lamentaba tanto más ver su propósito fracasado cuanto había vivamente deseado la admisión del señor Abel al servicio de Prusia a causa de las grandes esperanzas que ya habían dado sus raros talentos"  Pero no sólo fueron los grandes talentos de Abel los que le hicieron tan respetable y los que siempre harán lamentar su pérdida. Se distinguía igualmente por la pureza y nobleza de su carácter y por una rara modestia que le hacía tan amable como extraordinario era su genio. La envidia del mérito ajeno le era del todo extraña. Estaba muy alejado de la avidez por el dinero o los títulos, o incluso por la fama lo que a menudo lleva a abusar de la ciencia haciéndola un medio para medrar socialmente. Apreciaba demasiado bien el valor de las sublimes verdades que buscaba como para darles un precio tan bajo. Encontró la recompensa a sus esfuerzos en el resultado mismo. Se alegraba casi lo mismo de un nuevo descubrimiento fuera éste hecho por él o por otro. Los medios de hacerse valer le eran desconocidos: no hizo nada por sí mismo, pero lo hizo todo por su querida ciencia. Todo lo que se hizo para él proviene únicamente de sus amigos sin la menor cooperación de su parte. Tal vez un descuido así sea algo impropio del mundo. Sacrificó su vida por la ciencia sin pensar en su propia conservación. Pero nadie dirá que tal sacrificio sea menos digno y menos generoso que aquel que se hace por cualquier otro gran y noble objeto y al que no se duda en conceder los más grandes honores. Gloria pues a la memoria de este hombre igualmente distinguido por los talentos más extraordinarios y por la pureza de su carácter, uno de esos raros seres que la naturaleza apenas produce una vez al siglo. 

Berlín, 20 de junio 1829

Aquí no se habla de la lengua árabe

El amor ya no funciona, compañero. No lo busques, insensato. A tu edad, por suerte, esas cosas ya no afectan. Pasó el tiempo de las ilusiones, no queda mucho futuro ni tanta vida por delante. Hay más recuerdos que proyectos más o menos vagos. Esplendorosas auroras -hubo momentos muy felices- dejaron paso a horas grises en sótanos. Pero ya no afectan las decepciones y desengaños o no afectan tanto como a los treinta abriles, señorita. En las arterias se han depositado placas de grasa, la vista se cansa, los huesos tiritan. Si ves una pareja no la envidias, te ríes por lo bajo y sientes en la carne el frío de la vanidad. Cuando dicen "nosotros" en lugar de "yo" te asalta una burlona ternura. Es la misma canción, piensas o sientes, que se repite generación tras generación. Las relaciones humanas son esencialmente difíciles y la gran mayoría son superficiales y pasajeras. Imaginemos la vida de un empleado cualquiera. Ha sido obediente, se ha negado a sí mismo, no tiene deudas. Nada que compadecer. Lleva treinta años trabajando: no ha hecho un sólo amigo, ni entre compañeros ni entre clientes. Ni uno solo. Con algunas personas estuvo viéndose diariamente durante años y ya hace años que no sabe nada de ellas. Pero no haya rencor. No tiene sentido. Puede haber sincera simpatía (amistad evidentemente no, que se necesita trato para ella), aunque cada uno viva en su jaula, separado del resto, ocupado en el duro oficio de ganarse la vida, cuidando de los suyos. El solitario suele quejarse de su soledad sin darse cuenta de la soledad de los demás. Puede que la mujer que nos ha rechazado pase largas tardes de domingo sola comiendo con la mirada fija en la pared. ¡Mira qué ojeras! ¡Estoy horrible! Es un atardecer invernal de martes o de jueves, qué más da. ¿Ves ese nicho entre otros iguales? ¿Ese nicho anulado entre la multitud de nichos, en ese rincón por el que nadie pasa? Tan conocido serás por las arañas como lo eres por los escorpiones. Pasa por este mundo: es lo que nos toca a todos. Sin odio ni amargura pero sí con unas gotas de altivez y desprecio. 

El señor Gracia y los antidepresivos

Como todo Zeus sabe vivimos en una sociedad que abusa de los medicamentos. Si hay un negocio que tiene garantizada su pervivencia (aparte de las funerarias) son las farmacias. Hoy todos estamos, incluido los niños, medicalizados y psicologizados. 

Hoy es el aniversario de la muerte de Heinrich von Kleist. Vista desde fuera no, pero desde dentro la muerte de Heinrich von Kleist parece feliz. Se les vio jugar la mañana de su muerte en el parque junto al lago. Noviembre 1811. Debía de hacer mucho frío aquella mañana berlinesa. Seguramente el cielo estaba encapotado. Kleist y Henriette Vogel jugaban pocos momentos antes de darse la muerte. Parecían en estado de euforia. Como decía Reich-Ranicki sólo una vez llamó Kleist la atención en su vida y no fue por ninguna obra literaria, fue por su muerte. 

Por el contrario una muerte muy desgraciada, insoportable, fue la de John von Neumann, el matemático húngaro-estadounidense. Porque a Neumann la vida le sonrió siempre hasta que enfermó. Acabó con él un cáncer a los 53 años. Lo terrible, aparte de los dolores, es que al final el tumor le afectó al cerebro y se daba cuenta de que se mermaban sin remedio sus casi sobrehumanas capacidades intelectuales (era más inteligente que Einstein o cualquier otro genio de su época). Esto tuvo que causarle un tormento particularmente espantoso. Custodiada la puerta de su habitación en el hospital dicen que daba gritos de dolor y desesperación mientras recitaba la tabla de multiplicar, como un niño en el colegio. Como un ordenador que se apaga. 

El señor Gracia está, como todo Zeus, espantando con las noticias que llegan de Gaza. Primero Hamás y su salvaje ataque, después el salvaje ataque de Israel. Han muerto más de 4.000 niños. Es un horror total. ¿Y qué puede hacer el señor Gracia ante tanto horror? ¿Pensar en Kleist, pensar en los gnósticos, hacer ejercicio, practicar sexo, comer sano? Es difícil ser hombre. Quizá no haya en este momento un sólo adulto en la Tierra. ¡A trabajar que somos ceniza, nada más que polvo y ceniza!

Violencia callejera

Otro ejemplo de la eterna violencia consustancial (¿o no es "consustancial"?) a la vida de los hombres la encontramos hoy en las noticias de los diarios digitales de la región. El pasado fin de semana (no hay que irse muy atrás en el tiempo) en una ciudad cercana (no hay que irse muy lejos), a altas horas de la noche, dos individuos mataron a golpes a otro en plena calle. "Brutal paliza" se dice en los titulares. La noticia va acompañada del video de la captura de uno de los presuntos homicidas (un tipo vulgar, vestido de chándal, con pelos en la cara aunque no se muestra el rostro completo) pero antes del video unos segundos de publicidad. 

Sr Gracia, germanófilo

El señor Gracia es muy germanófilo. Mucho. Cada mañana (Jeden Tag!) mira el calendario de una página web alemana en la que aparecen aniversarios del nacimiento y la muerte, en el día, de escritores, la mayoría alemanes. Mira la fecha de hoy y salta de entusiasmo morboso. Tal día como hoy, a tantos de noviembre, murieron Hegel y Leibniz. También en este día fallece Jean Paul, si bien éste es menos conocido. Gerardo Gracia es un personaje singular. Para la sociedad es un empleado de banca que realiza sus tareas en un pequeño pueblo de un valle minero del norte de España. En su cabeza están siempre presentes, desde que los conoció, tipos tan raros como Kant, Goethe, Schiller, Schopenhauer, Hegel, Leibniz, Nietzsche, Simmel, Trakl, Kleist, Heine o Hölderlin. Los clientes del banco se acercan con su recado en las manos pero ni se imaginan dónde tiene la mente y el corazón el aburrido y agrio empleado que les atiende con una sonrisa cansada como un burro después de roturar los páramos de Allande. "Dame 300 euros, chaval" Al señor Gracia, antipático y triste, le parece fatal que le traten de tú y que no le saluden con el debido respeto antes de nada. Es un aristócrata, un epicúreo, un prusiano o eso se cree. En cualquier momento del día en que lo sorprendamos el señor Gracia está pensando en el día en que Nietzsche tuvo el colapso en Turín. Como sabe un poco de alemán (sabe mucho alemán pero su modestia) se atreve a entrar en esas aguas oscuras y profundas. ¿Oscuras y profundas? Se nota que no sabemos alemán. El alemán de un niño es simple. No todo son abismos y pantanos en Germania. Como dice Roger Nimier: "Rusia se parece mucho a la filosofía: las dos están llenas de pantanos y son invadidas de vez en cuando por los alemanes" Gerardo sabe que el alemán de Goethe es muy complejo y rico, pero que el de Kafka es relativamente fácil de entender (lo complejo es la historia, añade con una media sonrisa muy bonita)" Se jacta, por ejemplo, de haber leído la Fenomenología del espíritu en el original. ¿Habrá entendido algo? "Le he pillado la música" dice ufanoso. A la larga lista de filósofos y poetas alemanes Gerardo Gracia ha ido añadiendo con su tesón teutón otra de científicos y matemáticos. "En las ciencias el siglo XVIII fue francés (con la excepción de Euler) pero el XIX fue alemán. El XX lo era también hasta que llegó Hitler" dice Gerardo. En su Valhalla están, aparte de Musil, Georg Heym o Thomas Mann, gente de ciencias como Gauss, Cantor, Weierstrass, Kirchhoff, Robert Koch, Rudolf Virchow, Roengten, Planck, Einstein, Riemann, Heisenberg, Wegener, Schrödinger, Mendel, Hilbert...  Wo sind die Weiber?

Pandaemonium germanicum. Esto tiene en la Kopf el ilustre Gerardo Gracia, gran promesa de la filología germánica de nuestro siglo. Gerardo no ha estado nunca en Leipzig, Breslau, Heidelberg, Stuttgart, Estrasburgo, Hamburgo, Munich, Gotinga o Königsberg. Pero sí que estuvo en Berlín, Frankfurt, Zúrich, Weimar, Jena y Berlín. "Muy poco tiempo" se apresura a decir. El señor Gracia cree que sería interesante un libro (no le consta que exista, pero seguro que lo hay) en donde se estudiara el fenómeno académico según el cual los estudiantes germánicos realizaban su formación saltando de una universidad a otra en el ámbito germano. Un físico judío prusiano oriental como Minkowski, por ejemplo, empieza su vida universitaria en Königsberg, continúa en Berlín, luego va a Bonn, de ahí a Zúrich y termina en Gotinga. El señor Gracia opone a la carrera ascendente de Hegel (Tubinga, Berna, Jena, Bamberg, Nuremberg, Berlín) la suya propia descendente: pequeñas poblaciones de una provincia del norte de España. Aire de cordillera, mar Cantábrico, nordeste, pomaradas, madreñas, fabes, mucha sidra rancia, poca lógica y menos Weltgeist. 

El señor Gracia se abstrae. Mientras daba un paseo esta mañana por ese pueblo del valle minero Gerardo Gracia observó (su rica vida interior ha quedado ya esbozada) a los humanos que poblaban las humildes calles. Semáforos, señales, indumentaria, edificios, mascotas. Hizo un esfuerzo por verlos con distancia, como si no los conociera del todo. Se dio cuenta de lo curioso que es el Homo sapiens, único representante de su especie. Hubo otras especies de Homo pero desaparecieron. La evolución es una gran extinción. El 95% de las especies se ha extinguido. Sólo queda una pequeñísima parte del gran árbol de la evolución. El humano que se agita aquí y en las calles de todo el jodido planeta es un simio que habla. "Esto puedo observarlo aquí lo mismo que en Londres, Moscú o Los Ángeles" pensó el señor Gracia, "esta visión es eterna. Veo a un animal como otro cualquiera, más débil que los demás, mucho más frágil. Es el único animal que sabe que va a morir (quizá esto explique la universalidad de las drogas, el alcohol, los estupefacientes, esta conciencia puede ser insoportable) y el que más llora a sus muertos queridos. El mundo empezó sin el Hombre y se terminará sin él. Esta especie es una más de las millones que pasaron y pasarán fugazmente por la Tierra".  Definitivamente, el señor Gracia tiene algo de pensador alemán, nicht wahr?