Urania

Urania, musa de la astronomía, es muchísimo más vieja que Clío, musa de la Historia. Urania es lo superlativo, lo inconcebible. Cada vez que aparece una noticia sobre algún descubrimiento astrofísico, si leemos con atención, la cabeza nos da vueltas de puro vértigo. Todo lo humano queda reducido a nada. Todo vanidad. Da lo mismo suicidarse que bostezar. Dijo Unamuno: "para el universo no soy nada, para mí todo". El universo de Unamuno era muy pequeño comparado con el que conocemos hoy. Seguirá siendo cada vez más inmenso, más superlativo, más inconcebible, más inhumano. Por una parte esta insignificancia nuestra produce melancolía, por otra es un alivio. Mientras hay salud y podemos arreglarnos es natural considerar nuestra importancia, hacer gimnasia, dejar el tabaco o protegernos de las insolaciones. Pero (poniéndonos en el caso extremo, dejamos aparte desengaños o contratiempos cotidianos)  si llega el momento grave de la muerte, si ella aparece en nuestro horizonte como una realidad inminente e ineluctable, creo que costará menos desaparecer -¿o tal vez no?- si se piensa con toda la fuerza de la imaginación en los miles de millones de galaxias y sus miles de millones de estrellas. En esas distancias inmensas, en esas energías miles de millones de millones de veces más potentes que la bomba atómica. Tampoco haría falta. Pensemos en Pascal. En el interior del hombre hay abismos. Imaginemos la eternidad y el infinito. Con todo gritamos, es natural, si nos quema una cerilla. Lloramos si nos deja un ser querido. Un orgasmo oscurece una supernova. Nada. Todo. Nada. Todo...

Un día de febrero

Molière, Giordano Bruno y Heine murieron el mismo día. Creo que la muerte es el acontecimiento más importante de la vida de un hombre. Montaigne pensaba lo mismo. Charles Péguy decía, si no recuerdo mal, que el hombre moderno ha banalizado lo último que le quedaba por banalizar: la muerte. Si no tiene remedio morir, tampoco lo tuvo nacer. Nacemos porque sí, nos encontramos siendo. Mientras haya hombres habrá filosofía. El hombre se pregunta por el ser de las cosas.    
      Bien, vuelvo al principio. En este día de febrero murieron esos tres personajes de las letras. 51 años, Molière; 52 años, Giordano Bruno; 58 años, Heine. Muy jóvenes los tres, para nuestra época. No habrían alcanzado la edad de jubilación. La historia pasa atropelladamente sobre sus propias ruinas. Bruno fue quemado vivo, Molière murió dando una función de "El enfermo imaginanio" y Heine después de pasar los últimos años, en la tristeza del exilio, postrado en la cama. En su "cripta de colchones" como él mismo la llamaba con su ácido humor. 
      Aquí seguimos viviendo -y me parece muy bien- a pesar de tantas cosas horribles como suceden. (De esto sé bastante, por desgracia. Hay tragedias de un nihilismo perfecto que aniquilan la importancia de nuestra vida). Una noticia relata que hace unos días una niña de 7 años fue torturada y asesinada en México DF. Se encontaron sus restos en la basura. Ni el mismo Lucifer sería tan perverso, tan monstruoso. (No seamos ingenuos, estas aberraciones suceden mucho más a menudo, pero no las llegamos a conocer). A la inmensa mayoría de los hombres este crimen les repugna. A quien sea indiferente o no le conmueva esa atrocidad es que está deshumanizado. Vivimos en un mundo extremadamente cruel. Quizá ya nos estamos acostumbrando (o resignando) a vivir en este infierno. ¿A cuál de los tres reinos de la Divina Comedia se parece más la historia? ¿Qué significa el adjetivo dantesco? ¿Y por qué la pesadilla de Orwell tiene tanto interés? El genio literario de Orwell radica en mostrarnos la perversidad de un sistema político. Por desgracia, su distopía de odio es más vigente que nunca.
        El hombre contemporáneo ha dejado de preguntarse por el problema del Mal. No es que ese problema no exista, es que no lo ve. Comparado con épocas pretéritas el hombre actual es un enano. El desarrollo armónico de la personalidad, aquel ideal de Schiller y Humboldt, es absolutamente imposible en nuestra época de masas. El bulldozer empujando montañas de cadáveres esqueléticos y desnudos en Bergen-Belsen... No me importa saber cuántos exoplanetas existen si en la Tierra suceden abominaciones como la tortura y asesinato de un niño. 
       Para Platón, San Agustín o Santo Tomás de Aquino el ser es por naturaleza bueno. Schopenhauer y Leopardi, como es sabido, defendían lo contrario. Heidegger se pregunta, ¿por qué hay ser y no más bien nada?  Si hay "ser", ¿por qué es así?

Acuario

El acuario de la ciudad costera. En grandes y pequeños tanques de agua nadan o se deslizan o están quietos -éstos causan inquietud- peces, cnidarios, crustáceos, tortugas: criaturas del agua. Silenciosas, mudas, vistas a través del grueso cristal se deforman según se cambia el ángulo de visión. Salvo para las estrellas de mar, corales y otras criaturas  aplastadas contra el fondo su espacio es tridimensional. Tal como vuelan las aves, nadan los peces. Leo que el ecosistema más rico del mundo es el arrecife de coral del Pacífico. Un error del Cristianismo es sostener que todas las criaturas fueron creadas por Dios para provecho y disfrute del Hombre. Ninguna de esas especies nos necesita. Algunas son bellísimas por su colorido y su forma. Nada hay más delicado que un caballito de mar. ¿Cuántas otras criaturas extravagantes y maravillosas existieron o existen todavía de las que no tendremos noticia? Qué animal tan extraño es el hombre.

Stifter y el eclipse

Recuerdo ahora a Adalbert Stifter, el escritor austríaco de aquel período llamado "Biedermeier". Stifter escribió una larga Bildungsroman que es insólita por muchas razones. Stifter es un gran escritor, lástima que en España apenas se le conozca. Esta novela es la historia de un muchacho y de su formación. Narra minuciosamente el desarrollo armónico de su personalidad, siguiendo el modelo ideal de Wilhelm von Humboldt. Todo es decencia y orden. Nada es obsceno o envilecedor. Su héroe, un adolescente, no tenía acceso a la pornografía desde su móvil. (A Stifter esta posibilidad le hubiera parecido espantosa). El chico crece en armonía con el medio, educando su sensibilidad y su inteligencia. No hay conflicto ninguno, todo es perfecto. Ningún contratiempo, ni la envidia, ni la violencia, ni la fatalidad interrumpen su progreso. En este bajo mundo esto, desde luego, no sucede. Siempre se cruza algún enemigo, algún percance, algún accidente. La verdadera literatura es fundamentalmente trágica, o por lo menos no deja de lado los avatares de la fortuna. A pesar de esto "Verano tardío" es una espléndida novela y por ella merece Stifter un puesto notable en la literatura. 
Stifter escribió un breve texto sobre un eclipse total de sol del que fue alucinado testigo. Aconteció el 8 de junio de 1842. Cuenta que subió a una colina de Viena para observar el fenómeno. Hay un sentimiento religioso en su descripción, asiste a lo sublime: las tinieblas en pleno día. La naturaleza, por unos segundos, queda en suspenso; el mundo en oscuridad. Stifter comprende las razones del fenómeno, la luna se interpone, etc. pero con todo se maravilla. Su texto es una plegaria. Mientras lo leía recordé otro fenómeno no menos aterrador y poderoso, pero no producido por la naturaleza sino por el hombre. Ocurrió el 16 de julio de 1945 en el desierto de Nuevo México. Los testigos de la explosión estaban sobrecogidos. Stifter, en aquella colina de Viena, se sintió aniquilado por la majestad divina. Qué hubiera sentido este amable escritor, al que horrorizaba el lado oscuro de la vida, si estuviera aquel amanecer junto a Oppenheimer y sus colegas.

Lucia de Lammermoor

Empieza la función. Suena la orquesta. Aparecen los personajes. Se suceden las arias. La mujer enamorada del enemigo de su familia, se juran amor eterno. El hermano de ella, Enrico, se opone. Lucía tendrá que ser de Arturo, no de Edgardo. Ella se desespera, se rebela, es inocente; lo que no lograría por la fuerza su hermano lo consiguen los sutiles argumentos del clérigo Raimundo. Noche de bodas en las tierras altas de Escocia. Castillos, naturaleza salvaje. La sociedad celebra la feliz unión. El horror estalla: Lucía asesina a su marido en el lecho nupcial (sin duda antes de que se consumara la unión) y se vuelve loca. O al revés, se vuelve loca y asesina a su esposo. La escena de la locura: la voz de Lucía y una flauta sonando las mismas notas. Edgardo se entera de la boda, maldice a Lucía. En ese momento la familia de ella le comunica lo que sucede: Lucía está agonizando, ha perdido el juicio. Se oye el tañido funeral de una campana. Lucía ha muerto. Edgardo comprende que ella siempre le amó, que le ha sido fiel y, desesperado, se apuñala. Telón. 
      Con ese argumento todavía hay gente que va a la ópera a lucir su posición social en la pequeña ciudad de provincias. Ni que fuera el teatro de Weimar.
    Esta ópera de Donizetti tuvo una ilustre y muy digna espectadora: Madame Bovary. 

Indiferencia

Lo contrario del amor no es el odio, sino la indiferencia. Alguien es espectador de la lucha de otro individuo por su vida, le arrastra la corriente de un río, huye de sus enemigos. Es la tercera vez que ve esa escena (en el cine, naturalmente) y se sorprende a sí mismo: se da cuenta de que no se emociona como la primera vez. Asiste a esa lucha agónica sin inmutarse, y no es que mire sus zapatos en lugar de la pantalla. Y se siente deshumanizado. 
Acaso alguien tiemble de amor por una persona y, sin embargo, esa persona no le corresponde: es un muro, una piedra. Amor ch'a nullo amato amar perdona... decía Dante. El verso es admirable, pero no es cierto. 
Parece, piensa entonces el espectador generalizando su apatía, que muy pocas personas a lo largo de nuestra vida pueden alcanzar nuestro corazón. Los pocos seres que de verdad quisiste, dijo un poeta. Se nos ofrecen todos los días sucesos, catástrofes, tragedias, víctimas. Pero seguimos comiendo. No puede ser de otra forma, de lo contrario la vida sería insoportable. Estadísticas, nada más. Algo abstracto. La falta de imaginación es responsable de muchos padecimientos. No sabemos lo que es hasta que nos toca. Como decía una canción de The Smiths: I've seen this happen in other people's lives and now it's happening in mine. 
La vida no se detiene, como ese reloj que quedó parado en la estación rusa a la hora en que murió Tolstoi. La muerte de Ivan Illich rebosa de asco hacia la mendacidad que nos domina. Así la muerte de un semejante se convierte en farsa. 
Los poetas hablan de estas cosas. Szymborska, "Entierro":

"Tan de repente, quién lo hubiera dicho"
"los nervios y el tabaco, yo se lo advertí"
"más o menos, gracias"
"desenvuelve estas flores"
"su hermano también murió del corazón, seguramente es de familia"
"con esa barba nunca le hubiera reconocido a usted"
"él tiene la culpa, siempre andaba metido en líos"
"he de hablarle pero no lo veo"
"Casimiro está en Varsovia, Tadeo en el extranjero"
"tú sí que eres lista, yo no pensé para nada en el paraguas"
"qué importa que fuera el mejor de ellos"
"es un cuarto de paso, Bárbara no estará de acuerdo"
"es cierto, tenía razón, pero eso no es motivo"
"barnizar la puerta, adivina por cuánto"
"dos yemas, una cucharada de azúcar"
"no era asunto suyo, por qué se metió"
"todos azules y sólo números pequeños"
"cinco veces, y nunca contestó nadie"
"vale, quizá yo haya podido, pero tú también podías"
"menos mal que ella tenía ese empleo"
"no lo sé, tal vez sean parientes"
"el cura, un verdadero Belmondo"
"no había estado nunca en esta parte del cementerio"
"soñé con él hace una semana, fue como un presentimiento"
"mira qué guapa la niña"
"no somos nadie"
"denle a la viuda de mi parte... tengo que llegar a"
"y sin embargo en latín sonaba más solemne"
"se acabó "
"hasta la vista, señora"
"¿qué tal una cerveza?"
"llámame y hablamos"
"con el tranvía cuatro o con el doce"
"yo voy por aquí"
"nosotros por allá"

¿Es así?

Cuanto más tiempo paso en este mundo más idiotas me parecen los humanos (me incluyo en el grupo). Siempre fue así, imagino. No han cambiado la digestión, ni la respiración, ni la elegante forma que tenemos de reproducirnos. Es irremediable. Somos una broma de la naturaleza. Un chiste amargo. Pobre del inocente, del que no ve la maldad o el desprecio detrás de la sonrisa.

Un poema de Jesús Aller

La facultad de Geología de Oviedo es una cantera de notables escritores. Además del poeta Jesús Aller (Gijón, 1956) contamos con el escritor y erudito Jorge Ordaz, del que ya se ha hablado en este blog. Aquí un poema (soneto inglés) de Los libros muertos, KRK, (2019) de Jesús Aller. Un libro de 210 poemas, escrito a edad madura pero de espíritu juvenil, por rebelde e idealista, quijotesco (en el mejor sentido de la palabra) que contagia energía. Algo de lo que estamos muy faltos. 
 
Las rocas
 
Actúan de gloriosas secundarias
en los westerns y asoman por doquier,
forman la Tierra y si las sabes ver
cuentan cosas sin duda extraordinarias.
 
En sus archivos pétreos gigantes
la biografía del mundo te va a hablar
de continentes nómadas del mar,
como nubes en el azul errantes;
 
contemplarás paisajes del pasado:
rojos desiertos, bosques lujuriantes,
y despojos de ancestros inquietantes
de todo lo que late en tu costado.
 
Son espléndidas madres de la vida,
aunque finjan pobreza desvalida.

Puede ser

Fueron suyas todas las mujeres que quiso, y al final, ¿qué? 
Tuvo riquezas, poder y una larga vida, y al final, ¿qué?
La gloria literaria, científica o artística, y al final, ¿qué?
Se retiró del mundo viendo su vanidad, y al final ¿qué?

El desierto rojo

Qué extraño y melancólico paseo en una tarde de domingo por las calles desiertas del puerto y por la orilla del mar. Una larguísima caminata con el sol bajo en un día despejado y frío de enero. En algún momento, al lado de la industria de zinc, cerca de los muelles, con edificios en ruinas, carteles borrados por el tiempo de lo que fue un restaurante, la larga sombra de los edificios vacíos, parecía como si uno estuviera en un cuadro de De Chirico o en la película "El desierto rojo" de Antonioni. Detrás de las dunas las chimeneas de la industria química (columnas salomónicas), los tanques de ácido sulfúrico. Hay belleza en ese paisaje industrial, decadente y mortífero. Un bosque de torres de alta tensión, una sala de fiestas abandonada, naves industriales; entre los matorrales un vertedero de basura. Dos buques que pasan cerca de la costa y no entrarán en puerto. Descampados donde tantas parejas se entregaron a un amor furtivo.

El pedante

*El pedante no sabe que en un gallinero no se debe cantar un aria de ópera. En un gallinero hay que cacarear. Probablemente el pedante, que se cree un gran tenor, hiciera el ridículo si se pusiera a cantar un aria en la Scala de Milán. El pedante no se siente a gusto en el gallinero y no daría la talla en el teatro.
*Alguien describe con una frase en una pizarra su estado emocional, pero lo hace en un idioma que la persona que más quisiera entenderle no puede comprender. 
*Antes de empezar la jornada laboral, aún de noche, el trabajador mira el cielo despejado y ve la Osa Mayor y la constelación de Leo. Entra en la oficina. Toda la majestad -lo sublime- del firmamento queda borrada. ¿Dónde se siente más insignificante? ¿Es mirando al cielo que "aniquila mi importancia" como dijo Kant, o es iniciando sesión en el ordenador para realizar un trabajo embrutecedor y alienante en la empresa donde trabaja y en la que sabe que estarían encantados de despedirle?

Paseante

*Al trabajador no le queda más remedio que ser honrado. Al pobre no le queda más remedio que ser delincuente.
*La castidad es una enfermedad de transmisión religiosa. 
*El paseante se detiene en medio de su vagar y se pregunta, ¿qué es todo esto? 
*Yo sé que la vida es un sueño y que no puedo dejar de soñarla. Cuando muera no despertaré, dejaré de soñar. 
*Hoy he vuelto a cometer el mismo pecado que cometo todos los días: no he mirado con asombro a un árbol.
*El trabajo envilece.
*La educación de una persona puede medirse por la distancia que se toma con respecto a los demás.
*Todas las aglomeraciones son una falta de educación.
*Son zafios, son necios, son groseros, son gentuza. Pero no les desprecio. 
*Melancólica verdad: no escasea el talento. 
*Nos animan a seguir en la pelea los mismos que están resguardados de las explosiones.
*Mis enemigos son mis enemigos. Los que dicen defender mis intereres también lo son. 
*Era una realidad tan prosaica que ni siquiera tenía ganas de cometer adulterio.
*Pasó por el mundo sin... y le llegó la muerte. 
*Enmienda a Aristóteles: "Todos los hombres tienen por naturaleza el deseo de copular"
*A quien madruga yo creo que Dios le escupe.
*Poner el mundo patas arriba es dejarlo como está. 
*No podemos arreglar el mundo. Pero sí podemos salvar a un individuo. 
*Tener fama universal de buena persona y no despreciarse a uno mismo por eso. 

Una cita de Castilla del Pino

Así terminan las monumentales memorias del psiquiatra Carlos Castilla del Pino, cuya lectura recomiendo vivamente pues me parece una obra formidable: 
         La muerte -salvo el asesinato, que lo mismo lo produce alguien que algo: la obstrucción o rotura de una arteria, el desarrollo de un cáncer, una caída- llega cuando uno no tiene ya nada que vivir: "ahora me puedo morir", parece decirse, tácitamente, cuando se vive una vida que le ha dejado a uno de interesar y por la que resbala hacia la inexistencia. Pero mientras la vida importa, mientras se es capaz de mirar y admirar el contenido de cada día (la mujer a la que amamos y nos ama, el libro, las amigas y amigos, la música, el cuadro, el árbol, las fuentes, el perro o el gato, y tantas y tantas cosas más), uno está explícitamente afirmando, cuando menos ante sí mismo, que aún no es el momento de dejar este mundo.

Apelar a la emoción

Desconfío de los movimientos políticos que apelan a la emoción. Ya sabemos que la gente humilde no tiene ni tiempo, ni formación, ni ganas de pararse a pensar. Por eso una buena educación desde la infancia es fundamental. Quien descuida esto -perenne interés del poder absoluto- desea vasallos, no ciudadanos libres. Esto es propio del discurso de grupos extremistas que enarbolan la bandera de turno. La simpleza de sus argumentos no resiste un análisis demorado: detrás de su retórica no hay más que vacío y debilidad intelectual. Estos movimientos detestan los matices, para ellos no hay medias tintas y presumen de llamar "al pan, pan y al vino, vino". Suelen hacerlo elevando la vox, (elevando la voz, quiero decir). Ya dijo Leonardo: "dove si grida non è vera scienzia" La realidad es todo menos sencilla y no se deja reducir a torpes simplificaciones. Reconocer la humanidad del extranjero es algo que no están dispuestos a hacer. En las sociedades apuradas por la crisis económica y atrapadas por el miedo este tipo de movimientos encuentra una acogida muy favorable. Tengo por amigo a quien me invite a razonar, a quien reconozca en mí la madurez suficiente para ejercer la crítica. Pero no a quien trapa de capturarme para su causa apelando a mis emociones.

Un relato de Vasili Grossman

Al terminar la Segunda Guerra Mundial las autoridades soviéticas trasladaron a Moscú algunos cuadros de la pinacoteca de Dresde, entre los que se encontraba la "Madonna Sixtina" de Rafael. Estuvo expuesta al público en Moscú durante un tiempo, en la galería Pushkin. Uno de los visitantes fue Vasili Grossman, el escritor de "Vida y destino", novela monumental que se ha comparado con "Guerra y paz" de Tolstoi. Grossman, eso relata en "La Madonna Sixtina", quedó maravillado nada más ver ese cuadro. "Es inmortal" dice. Para Grossman esa imagen de la Madonna sosteniendo al niño es la expresión inmortal de "lo humano en la humanidad", el amor de una madre joven por su primer hijo. Dice Grossman que aún suponiendo que los hombres desaparecieran, el cuadro de Rafael seguiría maravillando a los lobos, los osos, las ratas, las golondrinas. Es un relato de afirmación de la vida como manifestación de la libertad y un emocionante canto al humanismo en una época de horrores. Así concluye: "cuidando de la Madonna mantenemos la creencia de que vida y libertad son la misma cosa y de que no hay nada más alto que lo humano en la humanidad. Ese cuadro vive eternamente, vencerá"
    Para un hombre que fue de los primeros en conocer las atrocidades de Treblinka esa firme convicción es admirable.

Extrañamiento. Alienación. Delirio.

Juego a que soy intelectual, así que sigo con mis weberianas disquisiciones. El trabajo fue durante milenios la raíz de la existencia de quienes tenían que trabajar para vivir. Hoy seguimos teniendo que trabajar para poder pagar la luz, la gasolina, el alquiler, el colegio, etc. No ofrecemos la renta de nuestro trabajo a un señor feudal y, al menos en principio, no somos vasallos de ningún marqués; es decir, estamos emancipados. Pero sucede en nuestros días que el trabajo se ha convertido en un elemento, no el único, de desarraigo. El vínculo entre trabajador y la actividad que desarrolla se ha roto, aparece la desafección por la tarea que se desempeña. Además en el trabajo se establecían unas relaciones entre compañeros e iguales que el mercado laboral actual ha destruido. Cualquier empleado sabe que si su rendimiento no es adecuado a juzgar por la empresa está expuesto a continuos cambios de su centro de trabajo, traslados anunciados de un día para otro, y finalmente al despido. En vista de esto, ¿para qué relacionarse con compañeros que pueden desaparecer de un día para otro? Esto influye decisivamente en la vida familiar, deteriora las relaciones de pareja, la crianza de los hijos y la atención a los padres que ya son viejos. No se echan raíces en ninguna parte. El trabajador se considera superfluo, ajeno a su empleo, no queda rastro de identificación con la empresa. Se produce, por tanto, una situación de desarraigo. En el conflicto inevitable (dialéctico, si somos sutiles) entre empresarios y trabajadores los segundos se han esfumado como colectivo. En su lugar hay números perfectamente sustituibles que no dejan rastro alguno de su actividad. Un buen trabajo sería aquel en el que el empleado, con cierta confianza en su puesto, pudiera poner una foto de su familia, cosa que no se produce. El principal enemigo de la familia no es la moral desordenada, como algunos quieren hacernos creer, sino este sistema neoliberal que nos mantiene en vilo, en permanente inquietud. En este sentido el trabajador ya no es un proletario. En condiciones así de penosas fundar una familia es un lujo que no se puede permitir. Por eso, entre otras cosas, esta sociedad es una fábrica de solitarios.

Fábrica de solitarios

Desde el punto de vista sociológico me parece que el principal rasgo de nuestro tiempo es ser una fábrica de solitarios forzosos. Un individuo por sí mismo no hace mucho, quien lo moldea es la época, el ambiente. Nadie puede sustraerse a esa fuerza poderosa que ejerce la sociedad. Y la sociedad actual quiere acobardarnos, apocarnos, hacernos mezquinos; tiende a reducirnos en nuestra esfera de comodidad individual. En la soledad de nuestra celda solipsista escuchamos canciones que nos hablan de amor. Acaso derramemos una lágrima, tal vez aún nos quede un ápice de sensibilidad, pero estamos solos. No creo que exista hoy un movimiento colectivo verdaderamente espontáneo, un movimiento que no esté dirigido desde el poder. Creo que este rasgo está profundizado y reforzado por la tecnología: la irrupción de internet y los teléfonos móviles (vuelvo a mi caballo de batalla) nos disgrega hasta un punto que no llegamos a imaginar. Somos testigos diarios de la adicción que tenemos por estos dispositivos. ¿Quién no ha visto un grupo de personas que no se hablan entre sí, sino que están abismadas cada una en la pantalla de su móvil? Esto altera nuestros vínculos con los demás, nuestra forma de relacionarnos con el prójimo (y empleo a propósito esta palabra) es cada vez más abstracta. Desde la publicidad se nos ofrecen vías de escape a este hormiguero, formas de distinguirnos de la masa, ventajas de todo tipo (una ventaja implica una carrera entre iguales). Este triunfo de la individualización tiene consecuencias demoledoras: en el mundo laboral ha conseguido que los trabajadores pierdan la solidaridad, que cada uno busque su propio beneficio, lo que les hace totalmente vulnerables al arbitrario poder de los empresarios. El lema de nuestra sociedad es "sálvese quien pueda". En el aspecto moral son visibles los estragos de este individualismo: una forma de autodefensa ante la agresión es el cinismo, la burla que suscitan sentimientos nobles como el amor, la ternura o la delicadeza. Hoy se libra una batalla entre el brutalismo del macho (que se siente amenazado en su poder hegemónico) y el feminismo civilizado. Quien hace alarde de bravuconería, quien ensalza la fuerza bruta, quien amedrenta a sus prójimos, además de ser primitivo y estúpido, esconde miedo e inseguridad.

Fracaso

*Las autopistas se han construido principalmente para alargar la distancia entre el trabajo y la casa. El esclavo sigue siendo esclavo.
*La miseria de nuestros antepasados pesa como una losa sobre cada instante de nuestra vida. 
*Basta un segundo de despiste para destruirnos. Y ya no hay vuelta atrás. Pero toda una vida de esfuerzo orientado a un fin puede no llevar a nada.
*Ahora luce el sol. Que goce mientras pueda. Ahora se cree indestructible. La tormenta le aniquilará dentro de unas horas.
*El hombre en su camino hacia la Luz da un paso adelante y retrocede tres.
*Cualquier ser viviente, fuera antropomorfo o ameba, siente su existencia como dolor y soledad. 
*El ladrido de un perro en la distancia. La queja universal de las criaturas. 
*La materia prima de cualquier universo es el sufrimiento. 
*El momento crítico de la vida- que no es un momento pues no llega súbitamente, sino tras una serie de golpes y desengaños- en que se acepta la derrota inexorable y uno se dice a sí mismo: "no hay nada que hacer" 
*Vive en la obsesión de la muerte. No hay instante en que la conciencia de su fragilidad no le asombre. No cumple años, cumple días. Y a veces, cuando apreta la angustia, cumple horas.
*A mucha gente debe de parecerle imposible vivir en un estado permanente de profunda tristeza. "Triste a veces, de acuerdo. Pero, ¿siempre?" Les sorprenderá saber que se puede vivir así, sin sombra de alegría, no más que porque late el corazón. 
*Aumenta la población: aumenta la competencia. La lucha entre iguales. Cuantos más individuos, más colisiones, más fricciones, más obstáculos, más exasperación. 
*Los líderes políticos conducen el rebaño humano. La condiciones que se requieren para gobernar a las masas son la vulgaridad de espíritu, la falta de escrúpulos y la falta de imaginación.
*Fracasamos mientras vivimos. En eso consiste ser hombre. Ni siquiera nos queda la elegancia en la caída.  
*"Voy a acabar teniendo la cara de éste" dice un joven mirando al enfermo que pasa a su lado humillado y no tiene fuerza para responderle.  
*La derrota es un mal necesario. Quizá esto sirva un poco de consuelo. 
*Un manual de autoayuda escrito con sangre, lágrimas y mierda.
*No ha existido hombre que no haya deseado alguna vez dormirse y no volver a despertar. Y si lo hay es un imbécil sin remedio. 
*La muerte es la arrasadora de todas las enormes diferencias de los destinos humanos. 

En caída libre

La pantalla de TV con el sempiterno programa de cotilleo donde cuatro analfabetos cotorrean sobre sus miserias morales. Todo sea por ilustrar al pueblo. En el trabajo, a primera hora, un jefe con actitud hostil y mala entraña, que rebuzna:"no estamos aquí para pensar" No se pueden decir palabras más ofensivas que ésas. Quien dice eso es un enemigo. Trabajar y callar. Obediencia ciega. Rebaño de ovejas. El viejo cuento, la vieja historia. No podemos imaginar la cantidad de miedo y humillación que existe en los trabajos. Acabaremos, como ocurrió tantas veces en el pasado, dando gracias por poder respirar. La víctima inocente de un abuso (y esto es terrible) puede llegar a sentir vergüenza de sí misma; por un mecanismo psicológico absolutamente perverso puede llegar a sentirse culpable. De fracaso en fracaso, no tenemos remedio. Para la gente humilde (descontemos los Trump, los Putin, las Familias Reales, por ejemplo) la vida es una penitencia, una larga humillación silenciosa interrumpida por dos o tres alaridos de horror. Si naces pobre debes ser ignorante  y resignado, ay de tí si llegas a saber lo que te estás perdiendo. La ignorancia no deja ver la miseria en la que uno vive. Vendrá Goethe y dirá: "prefiero la injusticia al desorden". ¿Qué se puede responder a eso a estas alturas de nuestra degradación como especie? Cuánta pasión, cuánta ilusión, cuánto sacrificio, cuánta crueldad puestos al servicio de ideales que resultaron funestos. Siempre acaban engañados los mismos. Los que mueren y matan por una mentira. ¡Aquello era mentira! Puede ser el comunismo, el fascismo, la cristiandad o, como ahora, el neoliberalismo -así lo llamo a falta de concepto mejor. Todo perfecto. Así hasta el momento en que, solitarios e injustificados, uno por uno, somos absorbidos por el remolino de la muerte.

Unamuno

Unamuno está de moda, quién lo iba a pensar. Durará poco la fiebre, por supuesto. El vértigo de la actualidad lo sumiriá pronto en el olvido. Vuelvo al cine a ver "Mientras dure la guerra" creo que por sexta vez. Todo cansa, no creo que incurra en una séptima, pero ya queda bastante claro que la película me gustó. No tenía una idea clara de Unamuno, lo que vi en la película de Amenábar me indica que ese Unamuno, salvo error, era el auténtico, es decir, un intelectual de prestigio, con numerosa familia, que se vio totalmente desbordado por los trágicos acontecimientos de julio de 1936. Si no recuerdo mal Unamuno escribió "Del sentimiento trágico de la vida" hacia 1912. En ese libro se toma en serio la cuestión de la inmortalidad personal, se da valor a la vida del individuo. Pero esa era una canción que perdió su música. Unamuno está abrumado, confundido, temeroso en esos meses de 1936 en los que se enfrentan dos ideologías totalitarias. Si fue durante décadas un faro de la sociedad de su tiempo ya no tenía luz. Sospecho que para Unamuno la catástrofe española fue un puñetazo en la cara. Debió de perder o al menos debieron de tambalearse sus creencias más íntimas. No tenía idea de lo que sucedía. Los poemas de Leopardi, poeta que tanto admiraba, parecen juegos románticos; el pesimismo cósmico, un lujo. Los tiempos eran -y son-  tan tenebrosos que no había lugar para el pesimismo más radical. El individuo había sido aniquilado y la muerte, como dijo Péguy, había sido envilecida. Envidio a Unamuno su familia, eso por lo que se mordía la lengua hasta que no pudo soportarlo más y se enfrentó con los generalotes que le consideraban "el más grande escritor español vivo". Como se sabe Unamuno murió repentinamente dos meses después, el 31 de diciembre de 1936. Entre fascistas y rojos, ¿qué podía decirle Kierkegaard?

Patología

Casi todos los días paso al lado del pequeño río que cruza una población en la que no vivo pero trabajo. Como el trabajo no es vida sino que es algo que hacemos para "ganarnos la vida" parece pertinente esa diferencia. Confieso que no soy de esas personas que siempre han hecho lo que han querido. 
     El pequeño río trae una suficiente corriente de agua, está encauzado por muros de unos 2 metros de altura. Entre las piedras, en algún remanso, hay patos. Debo de sentir una extraña pasión por estas aves. Me llaman mucho la atención. Son animales muy graciosos. Yo me quedo a menudo mirándolos, me paro para observarlos. Estoy seguro de que un niño asociaría este pueblo con sus patos. Ellos nadan con elegancia, vuelan muy bien -un vuelo nervioso, agitan muy rápido las alas- andando son muy torpes. Graciosa torpeza. Hay personas a las que les pasa algo semejante: se manejan mal en sociedad -que sería como ir a ras de suelo- pero en su pensamiento -en el vuelo del pensamiento- pueden estar conversando con Platón. Como el Albatros, de Baudelaire. 
       Si esta atracción por los patos es motivo de tratamiento declaro que tengo una patología.