El gorro

Subí al Lago del Valle, en Somiedo. Una senda que discurre por un valle glaciar. Hace 15.000 años ese valle estaba cubierto de hielo. Caminaba solo -siempre lo estoy- por ese lugar alpino como una caricatura de Zarathustra o del Lenz de Büchner. En fin, soy un señor que frisa la cincuentena, como don Quijote, y no es hidalgo, sino que trabaja en un banco. Muy cerca del final del camino, a unos diez minutos de avistar el lago (que no se ve hasta que no se termina la caminata) noté que me faltaba el gorro. Ya me había caído un rato antes, lo eché en falta a tiempo, di la vuelta, pude encontrarlo y recogerlo. Pero esta vez lo di por perdido y renuncié a volver para buscarlo. No podía con ese eterno retorno. Llegué por fin al lago. Aguas verdes, rocas viejas, silencio mineral. Profundo desasosiego. Había otros caminantes. Padres jóvenes (los miro con envidia) con sus niños, muchachos, parejas maduras. En esas soledades agrada ver compañía humana. Será por eso que todos los caminantes se saludan. Emprendo el regreso. A la bajada veo, al lado del sendero, algo blanco sostenido por el tallo fuerte de una hierba. Oscila al aire. Según me acerco los perfiles se afinan: es mi gorro perdido.

Eclipse de sol

Un escritor austríaco, Adalbert Stifter, muy poco conocido en España, pero un gran escritor, tiene una magnífica descripción del eclipse de sol que pudo observar en Viena el 8 de julio de 1842. Entre otras cosas dice que nunca, nunca, en toda su vida sintió una emoción tan honda como en ese momento. Creo que en nuestra vida pocos vamos a tener ocasión de contemplar un fenómeno tan inmenso, un acontecimiento cósmico, que aunque tiene una explicación sencilla -la luna se interpone entre el sol y la tierra y arroja su sombra- no deja de producir una enorme conmoción. Esa oscuridad nos hace lúcidos. Ante este fenómeno desaparecen -ay, por un momento nada más- nuestras minúsculas diferencias. Por un momento los hombres olvidan su tontería y arrogancia (una decente madre de familia es igual que una prostituta; un extremeño es igual que un catalán; un jefe de estado es igual que un parado) y se ven como lo que realmente son: pequeños, hormiguitas, nulos, ante la inmensidad. Y casi siempre en horario de oficina.

A Silvia

No todos los Cantos de Leopardi me gustan. Hay cuatro o cinco que espero me acompañen hasta el final de mi vida. Uno de esos poemas es "A Silvia" que Leopardi dedica a una muchacha vecina suya, muerta de tuberculosis en la flor de la edad. El poema es inolvidable. Hay en Leopardi una belleza y una verdad, una emoción trágica que muy pocos poetas, para mí, alcanzaron. El final de este poema dice:

All' apparir del vero
tu, misera, cadesti: e con la mano
la fredda morte ed una tomba ignuda
mostravi di lontano. 

La muchacha que cantaba, reía, estaba llena de las ilusiones de la edad juvenil, trabajando contenta, "da chiuso morbo combattuta e vinta" muere. Al asomar la verdad (la verdad de nuestra condición mortal) ella, Silvia, haciendo un gesto con la mano, muda, señala una tumba vacía, desde lejos. Desde lejos.

La lógica de la aniquilación

Büchner es el autor de "La muerte de Danton", una tragedia sobre la Revolución Francesa que explica muy bien las atrocidades que ocurrieron en el siglo XX. Büchner, que sólo vivió 23 años, era un genio. Una cosa deja clara su breve obra: la injusticia atroz de la pobreza -que reduce a los hombres a la bestialidad- y la insignificancia de nuestras vidas. Aquí habla (o mejor dicho, truena) Saint Just, guillotinador y guillotinado, ante la asamblea:

Parece que en esta asamblea hay algunos oídos sensibles que no pueden soportar la palabra "sangre". Algunas consideraciones generales podrían convencerles de que no somos más crueles que la naturaleza y el tiempo. La naturaleza sigue tranquila e irresistible sus leyes y los hombres son aniquilados cuando entran en conflicto con ella. Un cambio en los componentes del aire, un recrudecimiento del fuego telúrico, la conmoción del equilibrio de una masa de agua, una epidemia, una erupción volcánica, una inundación entierran a miles. ¿Cuál es el resultado? Una insignificante, apenas perceptible alteración de la naturaleza física, que pasaría sin dejar rastro sino fuera por los cadáveres que deja en su camino. Y yo pregunto: ¿no podría una Idea aniquilar tan bien como una ley física todo lo que se le opone? ¿No podría un acontecimiento que conmociona la total forma de la naturaleza moral, esto es la Humanidad, realizarse por medio de la sangre? El espíritu del mundo se sirve en la esfera espiritual de nuestros parias, como se sirve de los volcanes y las inundaciones. ¿Qué importa que mueran de una epidemia o de una revolución? 

Este lugar inhóspito

La vieja entra riendo, de buen humor: "tengo que quitar de la cuenta a mi hijo, que murió". 
El pueblo está entre dos valles, encajonado. Dos industrias contaminan el aire. Benceno. Es pintoresco desde el coche, siempre que se pase de largo.
El sótano es inmenso, está vacío y huele a humedad.
Las barriadas geométricas, abandonadas y ruinosas. Cada calle tiene el nombre de un general o un coronel.
Entra el hijo de la vieja: un hombre joven, deforme, enano, casi sordo y sin dientes. Tiene la voz muy aguda. No pesará más de 40 kilos. 
Entra un ciego acompañado de otra persona. Está ahogado. Tiene que esperar un rato para poder hablar. Le cuelga una papada inmensa. Es muy grueso. 
Hay una tienda que parece vender prensa y material escolar. Se ha quedado en los años cuarenta. La atiende una chica. 
El puente de hierro cruza el río y las vías.
Desolación, tristeza, fracaso, muerte prematura. Hay dos garzas en el río. 
Entra un gitano, un hombre muy educado. Su hijo está en la cárcel. 
Casas en ruinas, cubiertas por la vegetación.
Este lugar inhóspito.

El contraste

El viernes, 15 de febrero de 1823, fui a visitar el sepulcro de Tasso; y lloré. Este es el primer y único placer que he tenido en Roma. El camino hasta allí es largo y no se va a ese lugar sino para ver este sepulcro; pero, ¿no se podría también venir desde América para gustar el placer de las lágrimas por dos minutos? (...) Muchos se indignan viendo las cenizas de Tasso, cubiertas e indicadas por una piedra de un palmo y medio de largo y ancho y puestas en un rincón de una iglesia cualquiera (chiesuccia). No querría de ninguna manera encontrar estas cenizas bajo un mausoleo. Comprendes la gran cantidad de afectos que surgen al considerar el contraste entre la grandeza de Tasso y la humildad de su sepultura. 

Carta de Leopardi a su hermano Carlo; Roma, 20 febrero 1823

Soneto 129

Ni el mayor asceta ha llegado a exponer con tanta elocuencia lo inútil, triste y desoladora que -por lo visto- es la satisfacción sexual. Post coitum animal triste. Es el soneto 129 de Shakespeare.

Despilfarro de espíritu en un mar de vergüenza
es la lujuria. Hasta que se satisface
la lujuria es perjura, criminal, sangrienta, llena de culpa,
salvaje, extremada, ruda, cruel, no es de fiar.

Tan pronto disfrutada, despreciada después;
buscada sin razón, apenas conseguida
odiada sin razón, como un cebo engullido
hecho a propósito para volver loco al que pica.

Loca al buscarla y loca al poseerla;
al tenerla, al buscarla, extrema siempre,
delicia en el momento, gozada una desgracia;
primero una alegría, despúes no más que un sueño.

Bien sabe el mundo esto, pero nadie
sabe eludir tal cielo que lleva a tal infierno.

En qué mundo vivimos

Si las noticias son la voz de la sociedad, un reflejo de lo que más le interesa y preocupa, un espejo donde se mira, admito que en muchas cosas -demasiadas- no la entiendo en absoluto. No sé en qué mundo vivo. 
      El titular de una noticia vista hoy en El País digital dice: "HBO sufre un "hackeo" que afecta a material inédito de algunas de sus series". 
        No entiendo la noticia. No entiendo que eso tenga que ser noticia. De sobra sé que no soy el único que no entiende semejante titular. ¡Somos millones los que no entendemos en qué mundo vivimos!

Los niños

Los niños son el reflejo de la vanidad de la vida o, mejor dicho, de la vanidad de nuestros conocimientos, pasiones políticas e importancias y absolutos varios. Para ellos aún no hay historia, ni cultura: son pura naturaleza. Víctor Hugo decía que los niños aún huelen a la eternidad de la que acaban de salir. Novalis, que donde hay un niño existe una edad de oro.
     Heráclito dice: "el tiempo es un niño que juega a los dados. Un niño gobierna el mundo" Es difícil hablar de los niños sin parecer un payaso ni caer en la cursilería, que es un vicio tan feo como la crueldad.

Perspicaz multitud

A media tarde caminan por una calle céntrica y concurrida un hombre desgarbado, corpulento, y su anciana madre a la que lleva cogida del brazo. El hombre me saluda; le devuelvo el saludo sin saber quién es. Sigo caminando, me doy la vuelta y le pregunto: "perdón, ¿nos conocemos de algo?" El hombre se para y me dice que estudiamos juntos en el colegio, me dice su nombre (no lo recuerdo). "Somos de la misma quinta". Nos damos la mano. Está bastante bebido, pero lo disimula bien. Pasa inadvertido. Sólo al hablar se delata. Miro a su madre para observar algún gesto que explique esta circunstancia. Nada. No hay expresión ninguna.

Cabra, pantera y vaca

El dolor humano se refleja en los animales. Los animales también sufren, a su manera animal, desde luego. Relaciono tres poemas dedicados a tres animales en los que se manifiesta el dolor universal: Umberto Saba (la cabra), Rilke (la pantera) y Joan Maragall (la vaca ciega). Son tres poemas extraordinarios. El poema de Rilke habla de una pantera enjaulada, el de Saba de una cabra atada, mojada por la lluvia, el de Maragall de una vaca ciega que va a beber sola. Son tres poemas de enorme tristeza y honda emoción. 
    ¿Cómo no identificarse con esos tres tristes animales? Esa es la magia de la verdadera poesía.

El soneto de Camoens

Alma minha gentil que te partiste
tao cedo desta vida, descontente,
repousa lá no Céu, eternamente,
e viva eu cá na terra sempre triste.
     Se lá no assento etéreo, onde subiste,
memoria desta vida se consente,
nao te esqueças daquele amor ardente
que já nos olhos meus tao puro viste.
     E se vires que pode merecer-te
alguna cousa a dor que me ficou
da magoa, sem remédio, de perder-te,
     roga a Deus, que teus anos encurtou,
que tao cedo de cá me leve a ver-te
quao cedo de meus olhos te levou.

Oficina de empleo

Nada exaltaría tanto como incendiar una ciudad. Nada es más domesticador que esperar nuestro turno en la oficina de empleo.
Mundo administrado. La funcionaria que le atiende. ¿Le pregunta por su fruta preferida? Ella lleva sandalias, quizá. Uñas pintadas de rojo.  

Mira el monitor donde aparecen los turnos. Lleva un papel en las manos: es un poema de Quevedo. Suena la señal sonora. Les van llamando. 

Deja pasar las horas sin sentirlas,
que no quiero medirlas,
ni que me notifiques de esa suerte
los términos forzosos de la muerte.

Son las 10:27. Comprende que las drogas sean tan antiguas como la humanidad. Nota una violencia latente (no la nota en la conciencia, sino en los intestinos). Se acerca su hora.

No me hagas más guerra;
déjame, y nombre de piadoso cobra,
que harto tiempo me sobra
para dormir debajo de la tierra. 

Le han atendido rápido y bien. Se va muy contento, muy satisfecho de sí mismo. Las 10:41. En la calle deslumbran los reflejos metálicos del sol.

Kurt Heinke

Poema de Kurt Heinke (1971)

Vacía se quedó la naturaleza
Vacía la humanidad y el sinsentido
Pilas de libros mudos
que amontona
en una casa extraña carcelaria
por la que camina
arrastrando los pies

Extraño paralelismo

Todo el mundo conoce, más o menos, la historia de "El Proceso" de Kafka. Un empleado de banca es detenido una mañana (las pesadillas de Kafka empiezan al despertar, como en "La Metamorfosis") sin saber por qué. Al final de la historia es ejecutado en un descampado, por dos agentes del sistema inhumano que lo ha sentenciado. Kafka no ahorra detalles morbosos, algunas de sus historias son de un sadismo tremendo, como "En la colonia penitenciaria". Por aquellos años, otro escritor en lengua alemana, Max Herrmann-Neisse, escribió un relato titulado "El condenado a muerte". La historia es sorprendentemente parecida a "El Proceso". Un individuo entra en la consulta de un médico y sufre toda clase de vejaciones inexplicables. Al final el médico lo tira a un hoyo, en un parque, y muere. En la literatura existen estos paralelismos, había algo en el aire de la época que permitía urdir estas historias siniestras. Ni Kafka ni Herrmann-Neisse se equivocaron. Lo que vino poco después (fosas comunes, ejecuciones en masa) les dió la razón de sobra. ¿Son cosa del pasado? ¿Escritores anacrónicos? 

Médicos

La historia, que tiene pocas cosas que alegren el ánimo (pues es sobre todo el relato de las locuras y crueldades humanas), tiene también sus momentos luminosos (o "estelares" que diría Zweig).  La historia de la medicina es interesante en este aspecto: la lucha de los médicos, algunos heroicos, contra las enfermedades. Homero decía que un médico vale por muchos hombres. Si en algo se nota el progreso (una idea que no hay que tomar con entusiasmo) es en el conocimiento, diagnóstico, tratamiento y prevención de muchas enfermedades. Vesalio, Galeno, Sydenham, Bichat, Laennec, Claude Bernard, Arnau de Vilanova, Harvey, Morgagni, Virchow, etc

Excéntricos

Tengo la impresión de que pocas personas se toman su vida en serio (¿merece la pena tomarse la vida en serio?). Se limitan a cumplir lo ordenado, a seguir las convenciones sociales. "¿Qué quieres que hagamos? ¿y qué haces tú, listillo?" replicarán usando el "nosotros" Tienen razón. Lo entiendo: es obligatorio seguir la corriente, de lo contrario la vida se hace imposible. No tenemos tiempo que dedicar a nuestra soledad, andamos atropellados, enajenados. Chapoteamos en un mar inmenso de botellas de plástico. Mientras, pasan los años y la muerte (que nunca falta a la cita) nos destruye. Nacemos originales, morimos copias, decía no sé quién. Lo terrible no es que lo mío tenga que ser de los demás, sino que lo de los demás tenga que ser mío, dijo Ortega y Gasset. Hemos de gritar, temblar, reír, bailar o trabajar con los demás (deporte, terrorismo, empresa, espectáculos). ¿Dónde terminan los demás y empieza la masa? Qué uniformes, qué parecidos somos (al menos en el exterior). Echar de menos personas excéntricas. 

Quejas del rey Lear

Hoy empieza el día levantando a un hombre (o lo que queda de él) del suelo, interrumpiendo su sueño sobre cartones, bajo un techo inhóspito. Lo peor no es el frío, ni la miseria, ni la soledad, ni la degradación: lo peor es la vergüenza de que te vean otros, la gente. ¡Esos ojos escrutadores, implacables y maliciosos! Nada se esconde más que la desgracia cuando es verdaderamente íntima. La prosperidad es expansiva, arrogante, se muestra, se pasea, alza la voz. La desgracia es muda, estúpida, no es social, se retira a un rincón oscuro, es vergonzosa (encima). Es una ley cruel pero es muy cierta: quien más elocuencia necesitaría para aliviar su dolor queda paralizado -si es un dolor extremo- y no articula palabra. Al contrario: en vez de gritar, de poner el grito en el cielo, sonríe, disimula y se calla. ¿Se oyen gorriones o son mis tripas? 

No borres mis círculos

Creo que le hemos pillado un poco la música. No debieron de entenderlo sus alumnos vamos a entenderlo nosotros... 

Hay que considerar el rechazo del paso del ser finito particular al ser como tal en su total generalidad abstracta como el primer requisito teórico e incluso práctico. Al realizar la "Aufheben" de esos cien euros, que suponen una diferencia en mi situación económica, entre si los tengo o no, o más aún, entre si soy o no, o si otra cosa es o no, puede recordarse -sin mencionar que tenga que darse una situación económica para la que la posesión de cien euros sea indiferente- que el hombre debe elevarse hasta esta abstracta generalidad en su pensamiento, en la que es de hecho indiferente que los cien euros puedan tener una relación cuantitativa con su situación económica, que sean o que no sean, tanto como le es indiferente si él es o no; esto es, si es o no es en la vida finita (pues se requiere un estado, un determinado ser) y así sucesivamente. Ya dijo un latino "si fractus illabatur orbis impavidunt ferient ruinae" (si se derrumbara el cielo le encontrarían tan tranquilo entre las ruinas) y Cristo no debió encontrarse menos en esta indiferencia.
 
Si nos elevamos hasta esa abstracta generalidad en la que el puro ser y la pura nada son lo mismo (porque son lo mismo, afirma Hegel), no nos importará ser o no ser en esta vida finita. Seremos tan indiferentes a nuestra propia existencia como a esos cien euros (o táleros, como se dice en el texto).
        Hegel indica en este pasaje de su Lógica que por el pensamiento más abstracto se llega a la indiferencia total. Las últimas palabras de Arquímedes al soldado que le atravesó con la espada: "no borres mis círculos" Le importaban más sus cálculos que su vida. 


Vecinos remotos

Un niño se queja de un dolor al lado de su madre, unos pasos más allá, junto al semáforo, entre el ruido del tráfico, la madre se agacha y abraza con ternura al niño. ¡Zas! Entonces pienso: somos emociones, afectos y pasiones, principalmente. No somos únicamente racionales. Somos emociones y lenguaje. (Recordé la maravillosa escena de la Ilíada en la que Héctor, vestido con la armadura, se despide de su mujer y su hijo pequeño. El niño se asusta del fiero aspecto de su padre, vuelve la cabeza y llora). Ninguna soledad mayor que la soledad de un centro comercial, ningún lugar más inhóspito que el arcén de una autopista. El hombre está hecho para lo limitado. Cualquier tentativa de superar ese vínculo a la tierra y la comunidad inmediata, física y real, que son los vecinos y familiares que podemos ver y tocar todos los días nos hace desgraciados. 
    ¿Pero qué ocurre si los vecinos son remotos, caminan absortos en su móvil y el cielo está torturado por las estelas de los aviones?