El valor de creer

Creer, como crecer, son dos verbos que, sin más examen y un poco atolondradamente, suenan bien. Son caricias al oído. "Creo en tí" "Cree en tí mismo" "Creo -o no creo- en Dios" "Creo en el socialismo" "Creo en el libre mercado" "Creo en la independencia" ¿Qué es creer? Voy a decir lo que no es: creer no es pensar, ni examinar, ni razonar. Aunque se pueden aducir razones: "creo en x, porque esto y lo otro". Es un acto volitivo, no intelectual; puede ser consciente o no. Se puede creer en un sistema, en un objeto, en una persona, en una misión, en una tarea. Al que no cree en algo, como al que no cree en nada, se le llama "descreído" (Los hombres somos de tal forma que no nos gusta ver en alguien una muestra de desánimo, indiferencia o desesperación. Es bastante cómico que nos pasemos la vida dándonos ánimos unos a otros). Si la cosa es seria se le llama "infiel". La importancia de aquello en lo que se cree es diversa: podemos intentar hacer creer a alguien que es capaz de hacer algo (escribir un libro, resolver un problema de física, vender seguros, dejar de fumar, adelgazar, conquistar a una mujer). Se podría medir el afecto que una persona siente por nosotros por la importancia de aquello que pretende hacernos creer que somos capaces de lograr. El afecto es máximo cuando el objeto de la creencia es uno mismo: el amor nos hace decir a otra persona "creo en tí" 
        Uno de los versos más hermosos de la literatura es el último de la Divina Comedia: "el Amor que mueve el sol y las demás estrellas" Hay otro de Shakespeare, que aparece en esa tormenta de ambición, locura y crimen que es Macbeth, digno de memoria: "la leche de la bondad humana". El amor nos redime de la miseria, del error, del orgullo y la vanidad. Lo dijo San Agustín: "ama y haz lo que quieras". Pero... pero recuerdo una frase de los Relatos de Kolyma, de Varlam Shalamov que es muy inquietante. Está escrita por alguien que sobrevivió en circunstancias extremas de inhumanidad: "Todos los sentimientos humanos -el amor, la amistad, la envidia, el ansia de gloria, la misericordia o la honradez- nos habían abandonado con la carne con la que nos vimos privados durante nuestra prolongada hambruna. En la insignificante capa muscular que aún quedaba adherida a nuestros huesos, y que aún nos permitía comer, movernos, respirar, e incluso serrar leña o recoger con la pala piedras en la carretilla por los inacabables tablones de madera en las mimas de oro, en esta capa muscular sólo cabía el odio, el sentimiento humano más imperecedero" ¿Tendrá razón Shalamov? Me gustaría creer que no.

3 comentarios:

  1. La creencia es el marco en el que vertemos la pintura de nuestra mirada.

    "Credo ir intelligam", dijo san Anselmo...

    Un abrazo,
    Ander

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  2. Perdón, ut. El maldito corrector...

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    1. El corrector no sabe latín. También podría decirse eso de Tertuliano: "credo quia absurdum". Creo porque es absurdo.

      Un saludo

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