Regalos divinos

Los dioses en su misericordia nos han dado, entre tantas desdichas como tiene la vida, dos consuelos: el sueño y la esperanza. Eso dijo Voltaire, tan risueño, en unos versos del poema épico la Henríada que dedicó a Enrique IV, gran rey de Francia, apóstol de la Tolerancia, parte del cual escribió mientras pasaba una temporada entre rejas, en la Bastilla. Unos años más tarde herr Kant añadió la risa a esos dos regalos divinos: "hubiera podido añadir la risa", dice el alemán. Sé de más de uno que añadiría un cuarto regalo, quizá el más eficaz: las drogas. Y no seré yo quien lo niegue. Seguro que Kant y Voltaire aplaudirían, no me los imagino ni mojigatos ni mojiperros. Seamos generosos: añadamos a esta lista de regalos divinos la propia existencia de Kant y de Voltaire. ¿Qué les parece?

Aquí van los versos volterianos que harían rabiar a Marcelino Menéndez Pelayo y al arzobispo de Talavera. Que se fastidien. Ya saben que el español, si afrancesado, mejora. La cita es en francés (no en griego) para mayor claridad:

Du Dieu qui nous créa la clémence infinie,
Pour adoucir les maux de cette courte vie,
À placé parmi nous deux êtres bienfaisants,
De la terre à jamais aimables habitants,
Soutiens dans les travaux, trésors dans l'indigence :
L'un est le doux Sommeil, et l'autre est l'Espérance.

Henríade, VII, 1-6

2 comentarios:

  1. Me parece muy Bien.
    Añadiría los puros, el vino alrededor de un barril con una mala compañía

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    1. Lo más importante la mala compañía.

      Compañía, alto!

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