Rasgos fundamentales de nuestra época

Muy pretencioso sería uno si se figurara resolver un problema tan arduo como el de señalar los rasgos fundamentales del tiempo presente. Que los tiene, estoy seguro. ¿Cuáles son? Descubrirlos es harina de otro costal. Porque, ¿de qué rasgos hablamos? ¿Y qué sociedad consideramos? ¿Son rasgos universales; es decir, pueden servir para la Patagonia lo mismo que para una provincia interior de China o un archipiélago del Pacífico? Al plantear esta cuestión asoma el que podría ser un rasgo interesante: que ese rasgo o característica se puede suponer extendido a toda la redondez de la Tierra. Cada habitante de este planeta siente -de una forma más o menos consciente- que la Tierra se nos está quedando pequeña. Van desapareciendo -si queda alguna todavía- aquellas sociedades minoritarias, débiles, digamos "primitivas" para entendernos, que podrían servir como espejo; un espejo que permitía distinguir mejor unas culturas de otras. Tengo edad suficiente para haber conocido, aunque algo atenuada, la cultura rural del campo asturiano. Era otro mundo. Hoy puede uno estar en lo profundo de un bosque apartado y oír sobre su cabeza el paso continuo de los aviones mientras recibe mensajes en el móvil. El desdichado Cardenio del Quijote, que se retiró a las soledades de Sierra Morena por un amor desgraciado, estaría hoy perfectamente localizable... y a tratamiento.
A propósito de esto, recuerdo un par de textos que Paul Valéry escribió en 1919, titulados "La crisis del espíritu". Valéry habla, con admirable lucidez, de un universal y definitivo hormiguero. 
Voy al grano. Los rasgos que observo son: dominio absoluto de la ciencia y la tecnología; escepticismo creciente ante la idea de progreso; individualismo exacerbado; inquietante tendencia inquisitorial en materia de corrección política; una abrumadora cantidad de información que confunde; relación conflictiva con el pasado (especialmente el que se refiere a las atrocidades del siglo XX); incapacidad para la concentración, la reflexión y el silencio; sentimiento de exilio en relación a la naturaleza.
No sé si se me escapa algún rasgo más ni si estos que he señalado son los correctos. Lo único que sé es que ahora, mientras fumo un puro en mi exigua vivienda (o morienda) y empieza a oscurecer, intento comprender en qué clase de mundo vivo. La vida es frágil y breve. Me refiero a nuestra vida individual, la tuya y la mía. La desaparición de una hormiga no altera en absoluto la actividad frenética del hormiguero.

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