El tabou de la Muerte

Nuestra experiencia de la muerte es harto curiosa: a lo largo de la vida hemos visto miles de simulacros de muerte en TV y en el cine; todos los días nos llegan noticias de muertes más o menos remotas. Pero esto, en rigor, no es experiencia sino periodismo de la muerte. De la muerte tenemos un conocimiento periodístico y estadístico.
Thánatos es una estadística y una noticia, una esquela o un rumor. La sociedad occidental administra con sumo cuidado la muerte: desde que una persona muere en su lecho de hospital hasta que es enterrada o incinerada atraviesa una serie de procesos burocráticos que pueden compararse con la putrefacción. 
Es tal el horror que la muerte nos produce que la presencia del cadáver se oculta con la mayor diligencia. Los tanatorios parecen salas de aeropuerto: el nombre del difunto aparece en la pantalla como se anuncia la salida de un vuelo. Si el hombre es el mortal por antonomasia (los animales mueren pero son inmortales) este ocultamiento premeditado es un crimen; significa que se nos roba una parte esencial de nuestra naturaleza. No conocer la muerte es ignorar la vida. Nunca entendí que Spinoza escribiera que un hombre libre en nada piensa menos que en la muerte. Pero los hombres de su época (hasta el siglo XIX) la miraban a la cara con esperanza, con terror, con deseo. Nosotros no sabemos qué rostro tiene: tal vez sea la grotesca calavera debajo de nuestra piel.

3 comentarios:

  1. Hombre, se diría que (para tu suerte, seguramente) no has tenido que vivir de cerca la muerte, por ejemplo, de un familiar. Decir que "de la muerte tenemos un conocimiento periodístico y estadístico" parecería indicar eso, falta de experiencia personal, cercana, de ella. Pero eso no ocurre, sobre todo a partir de cierta edad, con la mayoría de la gente, que han tenido que vivir de cerca la muerte de alguno de sus padres, o de ambos, cuando no de una pareja o de un hijo. No todo es periodismo y estadística, ¿no?

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  2. Escondemos la muerte. Vivimos ciegos ante ella, sordos cuando pronuncian su nombre. No entendemos que es la posibilidad de todas las posibilidades.
    Puedo ir a comer o ir en tren a Llanes o a esquiar a Pajares y en todos los casos la muerte es una posibilidad real.
    Es aleatoria. No conoce la inocencia, ni la edad, la piedad, la salud.
    Como decía Heideger "La muerte es inmininte".
    No por ello deja de ser dolorosa, trágica en muchos casos, pero viviríamos mejor si la mirásemos con mas naturalidad.

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