La fama

LA FAMA

Su cara inconfundible en la portada de un libro
que es una de sus biografías.
Es inglés. Todo el mundo lo conoce aquí
en esta ciudad del norte de España.
Eso quiere decir: es famoso en todo el mundo.
Un día conoció a un compañero (esto es parte
de la leyenda del grupo) y se pusieron a cantar juntos
y a escribir canciones. Hace casi sesenta años de eso.
Pero no fue así. 
                              Aquel día llovió o no llovió
y el amigo se olvidó algo en casa, o perdió el autobús.
No llegaron a conocerse. Entonces este músico
de dieciocho años, perdido como todos los jóvenes,
apremiado por su familia buscó un trabajo fijo.
Una manera honrada de ganarse la vida.
Trabajó 35 años en el servicio de empleo inglés
o en correos o en la administración de justicia.
Tareas muy poco musicales las de la oficina.

Ayer apareció su oscura esquela en un diario local:
Falleció a los 82 años
esposo y padre amante, abuelo afectuoso
rogad a Dios por el alma de Paul McCartney

Otra reflexión pesada

La verdadera vida, si es que existe aunque puede imaginarse, está ausente. A lo incierto, allá abajo, caemos sin cesar en el abismo del tiempo. No somos los de ayer, no somos los de mañana. Hacemos equilibrios sobre la cuerda floja del momento presente. Imposible detener el instante. Lo siempre delicioso acaba cansando y lo terrible también termina por ir apagándose. Miro hacia atrás: veo situaciones borrosas; horas, meses, años que se resumen en un pensamiento, en una idea. El recuerdo es el esqueleto de pasadas vivencias. El niño que fuimos se perdió definitivamente, vamos hacia el anciano y más allá, hacia el rostro de cera, inmóvil, solemne, del muerto en el ataúd. 

De dónde sale Mi ley

Mi ley sale de tertulias televisivas de gallos y cotorras. Mi ley es un ilustrado como cualquiera que lo escuche hablar entenderá fácilmente. "No acabarán los males de los hombres hasta que los filósofos no ocupen el poder o los reyes, por una gracia divina, no se pongan a filosofar", dijo el viejo Platón. Parece que ese momento aún no ha llegado y tampoco se ve cerca. 

Mozart, ese hombre

Suena Mozart en el desierto de la oficina. Es la sintonía de un móvil pero se agradece igual. 

Los osos turísticos

Devorador de miel
habitante del monte
alejado del fuego de la tribu
Detrás de las ventanas que de día
dejan pasar la luz y de noche se cierran
más allá de los muros de arenisca
lo indistinto nocturno y sin lenguaje
Se alza gruñendo sobre las patas traseras

Tropezarse con él era lo mismo
que encontrarse a un fantasma
Se erizaba la piel de terror pánico
Alguien se hizo famoso en los contornos
acuchillando un centenar de ellos
Una especie de Hércules vernáculo

Entonces arrojabas una botella un plástico
al suelo en pleno campo en un arroyo
y no te perseguían las Erinias

Hoy el oso ha perdido aquel misterio
(el misterio voló todo está expuesto)
y es el blanco de todas las miradas
Atracción de turistas que llegan de aeropuertos
conducidos por guías que conocen sus trucos
y se graba a los osos se los graba entre peñas
Avistamiento de osos 
Nos florece el turismo de aventura
como la azul genciana de Somiedo
Vivir algo deprisa y compartirlo en redes

Devorador de miel
estrella de este Parque Natural
Especie protegida
que a veces se despeña estúpidamente
machos que atacan a sus propias crías
El osito de peluche escapando del ogro

Un turista ha visto más osos en un día
que un vecino de Almurfe en veinte años
Codicia del ver
avidez de experiencia
de llegar a un lugar explotarlo y largarse

Los osos se humanizan; es decir, dan problemas
Con un chip en la nuca ahora van al psicólogo
porque tienen problemas de autoestima o bulimia
porque no son correctamente osos
porque escarban en cubos de basura

Simone Weil en Gaza

Para que una vida humana sea digna necesita algunas cosas. Diría que a la gran mayoría de los humanos le han faltado al menos una de las esenciales: comida, refugio, abrigo, higiene, descanso, ejercicio, trabajo, seguridad, relaciones sociales y familiares y libertades políticas (estamos asistiendo en nuestro tiempo a una regresión de las libertades políticas). No se me ocurren más, con el permiso de Maslow. A los palestinos de Gaza les faltan todas en un grado espantoso, en un grado que arroja una sombra de barbarie sobre todo el planeta y la época que vivimos. A los israelíes secuestrados, lo mismo. Ayer tres rehenes israelíes de Hamás (ninguno llegaba a los treinta años) que se habían librado de sus captores no se sabe cómo fueron tiroteados por el ejército israelí, aunque habían salido a descubierto desnudos de cintura para arriba y enarbolaban la bandera blanca. Dos de ellos (dice la noticia) murieron en el acto, un tercero, malherido, consiguió ponerse a cubierto. Hasta su posición, entre las ruinas, se acercó una patrulla de soldados del IDF. El chico les gritó en hebreo pero esa llamada desesperada no le salvó de ser tiroteado hasta la muerte. : "La Ilíada o el poema de la fuerza" es un texto de Simone Weil que se aplica perfectamente a la violencia que acontece ahora en Gaza. Simone Weil escribió este ensayo hacia 1940 con la guerra mundial en curso. Aquí van algunas frases suyas. Creo que a leerlas se comprende que hay muy poca diferencia entre Troya y Gaza. 

La force, c'est ce qui fait de quiconque lui est soumis une chose. Quand elle s'exerce jusqu'au bout, elle fait de l'homme une chose au sens le plus littéral, car elle en fait un cadavre.

Un homme désarmé et nu sur lequel se dirige une arme devient cadavre avant d'être touché. 

Quand, hors de tout combat, un étranger faible et sans armes supplie un guerrier, il n'est pas de ce fait condamné à mort ; mais un instant d'impatience de la part du guerrier suffirait à lui ôter la vie.

Aussi impitoyablement la force écrase, aussi impitoyablement elle enivre quiconque la possède, ou croit la posséder. Personne ne la possède véritablement. Les hommes ne sont pas divisés, dans l'Iliade, en vaincus, en esclaves, en suppliants d'un côté, et en vainqueurs, en chefs, de l'autre ; il ne s'y trouve pas un seul homme qui ne soit à quelque moment contraint de plier sous la force. Les soldats, bien que libres et armés, n'en subissent pas moins ordres et outrages

Le fort n'est jamais absolument fort, ni le faible absolument faible, mais l'un et l'autre l'ignorent. Ils ne se croient pas de la même espèce ; ni le faible ne se regarde comme le semblable du fort, ni il n'est regardé comme tel.

Ce châtiment d'une rigueur géométrique, qui punit automatiquement l'abus de la force, fut l'objet premier de la méditation chez les Grecs. Il constitue l'âme de l'épopée ; sous le nom de Némésis, il est le ressort des tragédies d'Eschyle ; les Pythagoriciens, Socrate, Platon, partirent de là pour penser l'homme et l'univers.

 La marche de la guerre, dans l'Iliade, ne consiste qu'en ce jeu de bascule. Le vainqueur du moment se sent invincible, quand même il aurait quelques heures plus tôt éprouvé la défaite ; il oublie d'user de la victoire comme d'une chose qui passera.

Un usage modéré de la force, qui seul permettrait d'échapper à l'engrenage, demanderait une vertu plus qu'humaine, aussi rare qu'une constante dignité dans la faiblesse.

Au départ, leur cœur est léger comme toujours quand on a pour soi une force et contre soi le vide. Leurs armes sont dans leurs mains ; l'ennemi est absent. Excepté quand on a l'âme abattue par la réputation de l'ennemi, on est toujours beaucoup plus fort qu'un absent.

Il est vrai que tout homme est destiné à mourir, et qu'un soldat peut vieillir parmi les combats ; mais pour ceux dont l'âme est soumise au joug de la guerre, le rapport entre la mort et l'avenir n'est pas le même que pour les autres hommes. Pour les autres la mort est une limite imposée d'avance à l'avenir ; pour eux elle est l'avenir même, l'avenir que leur assigne leur profession. Que des hommes aient pour avenir la mort, cela est contre nature.

Il faut, pour respecter la vie en autrui quand on a dû se mutiler soi-même de toute aspiration à vivre, un effort de générosité à briser le cœur.

Telle est la nature de la force. Le pouvoir qu'elle possède de transformer les hommes en choses est double et s'exerce de deux côtés ; elle pétrifie différemment, mais également, les âmes de ceux qui la subissent et de ceux qui la manient.

La légèreté de ceux qui manient sans respect les hommes et les choses qu'ils ont ou croient avoir à leur merci, le désespoir qui contraint le soldat à détruire, l'écrasement de l'esclave et du vaincu, les massacres, tout contribue à faire un tableau uniforme d'horreur

C'est par là que l'Iliade est une chose unique, par cette amertume qui procède de la tendresse, et qui s'étend sur tous les humains, égale comme la clarté du soleil. Jamais le ton ne cesse d'être imprégné d'amertume, jamais non plus il ne s'abaisse à la plainte.

Toute l'Iliade est sous l'ombre du malheur le plus grand qui soit parmi les hommes, la destruction d’une cité.

Les Hébreux voyaient dans le malheur le signe du péché et par suite un motif légitime de mépris ; ils regardaient leurs ennemis vaincus comme étant en horreur à Dieu même et condamnés à expier des crimes, ce qui rendait la cruauté permise et même indispensable.

Dos formas de recordar

Una clase de recuerdos se convocan, vienen del exterior (hablando metafóricamente): un número, un nombre, una calle, lo que falta en la lista de la compra. Otros recuerdos emergen de nuestra intimidad, de lo profundo de nuestra persona: un ser querido difunto se recuerda así. 

Argentina, si yo pudiera

Los cuerdos le dijeron al más loco: "¡Queremos que tú seas quien nos gobierne!" De lo que se deduce que los cuerdos están locos o que la desesperación nos perturba el juicio. 

Lo que pasa en el mundo

El señor Gracia observa a la gente en Carrefour. Esta tarde no estaba muy concurrido ese centro comercial. Se acercó a la sección de deportes, cogió un balón de fútbol, le dio unos toques con la rodilla y lo dejó donde estaba. El señor Gracia es un rebelde tímido, le gusta entrar en estas grandes superficies, darse un par de vueltas, observar como un sociólogo francés esos templos de la sociedad de consumo y salir sin hacer compra, silbando con las manos en los bolsillos. ¡Cuántas cosas hay que no necesita! Considera el señor Gracia que un centro comercial es un lugar deprimente. (Aunque más deprimente es un centro comercial con los estantes vacíos como en Venezuela o en cualquier otro lugar donde haya escasez). La vida se sostiene en el vacío, todo es ilusión. La gente se interesa por el precio del pescado, del pan, del aceite, escoge el yogur, guarda la cola, revuelve ropa entre los pasillos. El señor Gracia sabe, como todo el mundo, que en estos días (aparte de la guerra de Ucrania) hay desatado un conflicto atroz en Gaza. No ha tenido pesadillas con ese infierno ,-porque es un infierno- eso es cierto. Lo que sucede en Gaza le llega a través de imágenes algo borrosas, desenfocadas a veces, en las noticias de los diarios digitales, en videos difundidos en las redes sociales. Apresuradas camillas meten heridos graves en hospitales hacinados y ensangrentados y luego esa visión extraña de los cadáveres, cadáveres, cadáveres envueltos en sábanas blancas. No puede dejar de pensar que la comunidad internacional o el Consejo de Seguridad de la ONU o el mismo Dios (aquí alguien se reirá) no son capaces de detener semejante espanto y crueldad. Sea como sea llegaría tarde un alto al fuego pues han muerto, hasta ahora, unos 7.000 niños. ¿Cuántos mandó matar Herodes? El señor Gracia cree que lo que sucede en Gaza es el episodio bélico (guerra, se dice "guerra") más sangriento desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Un odio de décadas estalla como un grano de pus. Somos tristes contemporáneos de esas atrocidades. La guerra es el padre de todas la cosas. Hay un tiempo de construir y otro de destruir. ¿No podremos librarnos de esa dialéctica universal? Hoy, en el centro comercial, al señor Gracia le parecía que los compradores, incluido él mismo, eran como zombies. La carne estaba podrida; el pescado estaba podrido; la leche, agria; en vez de pan había piedras; en vez de sal, ceniza. Una sospecha le dejó paralizado por un momento: si en la parte del mundo en la que vive sucediera algo como lo que sucede ahora en Gaza sería inútil esperar ayuda del exterior. Esta reflexión contaminó de vanidad todo lo que le rodeaba. El progreso moral indefinido parece un cuento (con el permiso del sabio Steven Pinker). Si es cierto que la violencia ha disminuido en todo el mundo en las últimas décadas tendrá que detenerse en poco tiempo la masacre de Gaza. ¿O Gaza va a ser una excepción a esa tendencia general? Al señor Gracia le gustaría conocer la opinión de Pinker al respecto. El señor Gracia recuerda lo que hace unos días le dijo un conocido suyo, que hay que preocuparse por lo que uno tiene alrededor, por la parte que alcanza su influencia (familia, amigos, compañeros de trabajo) porque el resto del mundo es una selva. Qué responsabilidad tienen los que gobiernan la Tierra, los poderosos. A muchos les espera el infierno. 

Divagaciones

Recuerde el alma dormida, pues queda poco tiempo. ¿De qué va todo esto? ¿Hay algún sentido? Existir como individuos, en el espacio y el tiempo, en una naturaleza inconsciente. Nada existe, dicen unos. Otros dicen, sólo existe lo percibido por mí. Estamos un tiempo brevísimo en este mundo. Si descontamos el tiempo que pasamos durmiendo y los primeros años, antes de la edad de la razón, aún es más corto el período de consciencia, relámpago en medio de una oscuridad eterna. Ser consciente es doloroso. Nos creemos únicos y en cierto modo es así ya que nadie fue ni será nunca exactamente el individuo que somos, pero la voz de la naturaleza habla con claridad: cada uno de nosotros es la variación fugaz de una especie que está en continuo proceso de cambio o evolución. La evolución no es lineal, como se sabe. Es más bien una red que va tanteando, que abre nuevos caminos y cierra otros. Surgen nuevas especies, desaparecen otras. La nuestra (Homo sapiens sapiens) también desaparecerá: tuvo un principio y tendrá un fin. Nuestra conciencia se despliega en el laberinto del tiempo que fluye sin fin de manera que no es posible tener una intuición eterna. Existe (no sabemos por qué ni si hay porqué) una lucha perpetua entre los elementos. Nuestro cuerpo es un rompeolas. Nos encontramos en continua amenaza y hemos de preservar nuestro ser desde la concepción hasta la muerte. El sistema inmunitario de este cuerpo que somos (y al que damos la espalda) repele los constantes ataques de agentes patógenos. La vida es una lucha incesante o como dijo el médico Bichat "es el conjunto de funciones que resiste a la muerte". Vivimos en constante peligro con una falsa sensación de indestructibilidad. Es asombroso que nos asombre la muerte de un semejante (ante la nuestra no podemos tener reacción) ya que nada hay más natural, siendo como es la destrucción de un organismo. Es asombroso y a la vez nada sorprendente que vivamos como si tal cosa sin paralizarnos por el pánico de una muerte inminente. Antes de nuestro nacimiento hubo millones de conciencias humanas que sintieron las mismas pasiones, tuvieron pensamientos semejantes, se asombraron con las mismas maravillas naturales. Tras nuestra muerte sucederá lo mismo con millones de otras conciencias humanas. ¡Qué desperdicio! Bastaría con una sola conciencia aparte de la nuestra... Nada de eso nos importó ni nos importará porque no estábamos ni estaremos aquí. "Millones" era una palabra que gustaba de repetir Hitler, las cifras abstractas que abarcan multitudes excitan a todos los tiranos. El camino de tiempo que pisamos ya fue recorrido por innumerables muchedumbres de muertos (¿dónde están?) y seguirá hollado por los que vengan cuando nosotros ya no estemos. A cada ser humano, en el momento de nacer, se le presenta la esfinge y le plantea el enigma. El castigo por no saber la solución es la muerte, de la que nadie escapa. En la peligrosa navegación que es la vida conviene ser cauto casi siempre y a veces audaz (ya sea para salvar la vida en un momento crítico o para declararse a alguien). Hay unas leyes universales que rigen el destino de los mortales. Quien se abandona al vicio y comete delitos, aún teniendo excusa, suele acabar mal. Las leyes, telas de araña... Sea como sea el ser humano es poca cosa frente al destino. Paciencia y humildad. Madre mía, cómo nos gusta divagar. 

El señor Gracia y las mujeres

"Mujeres y días", como decía Gabriel Ferrater, doliente mujeriego. El señor Gracia, Gerardo Gracia, tiene una opinión bastante personal de las mujeres. Para el señor Gracia las mujeres son la argamasa de la sociedad, son las que hacen la familia, las que construyen el hogar. La bisabuela se acerca al bisnieto recién nacido y casi podría verse la corriente eléctrica que se transmite entre la vida que se apaga y la que comienza. Somos parte de un proceso que nos trasciende, infinitamente superior a nuestra existencia individual que es insignificante. La mujer es el vaso de la naturaleza, su conformación somática la prepara para albergar la vida. Anchas caderas, cóncava cavidad pélvica, terreno para la simiente. El señor Gracia piensa en el sexo femenino, mal llamado "sexo débil". De débil nada, piensa el sr Gracia. Son más resistentes que los hombres, se sostienen mejor a sí mismas si algo se desmorona a su alrededor. Hay viudas alegres, pero no viudos alegres. Una mujer que pierde a su cónyuge suele salir adelante pero muchos viudos se abandonan. El señor Gracia es monógamo y retrógrado pero no misógino (eso se cree él). Alguna vez se ha visto en una fiesta rodeado de bellas y elegantes mujeres pensando en una novela rusa. Las que sostienen las casas son ellas. Le arreglan la corbata al desaliñado marido con unas palabras de cariñoso reproche: "Mira cómo vas, desastre" Las mujeres son también madres de sus amantes, novios y maridos. Añora el sr Gracia la familia que no llegó a fundar. Para eso se necesita (en su versión tradicional) una mujer pero él se ve como un cincuentón solitario. Tiempo de nostalgia cuando en su casa resonaba la risa de una compañera y su hogar (entonces tenía un hogar) estaba adornado con los detalles femeninos de aquella persona a la que le unía un auténtico amor que no excluía la amistad. Para distraer esa lógica melancolía el sr Gracia sigue la actualidad. No hay nada mejor que la política y la información económica para olvidar las penas y miserias particulares. Hay muchas rocas sobre las que llorar. "¿Cómo hubiera sido mi vida de haber nacido mujer?" se pregunta. ¿Hubiera sido más cauto, más observador, más sufrido, más paciente? Ellas suelen recibir los homenajes, las pruebas de interés, de hombres a los que gustan y tal vez desprecien. Casi todas han conocido a babosos que les daban asco. Quizá tuvieran que sonreírles. El sr Gracia cree que las mujeres son el ser antirromántico por excelencia. Ellas, eminentemente prácticas, acaso vulgares, son capaces de inspirar, sólo por existir, elevados pensamientos en hombres inmaduros con tendencia a la ensoñación, como le pasó don Quijote con Dulcinea. Quien las idealiza se expone al ridículo.