Retórica italiana

Antes de la Primera Guerra Mundial Italia era un país muy dado a la retórica entre políticos, militares y poetas. Discursos grandilocuentes, inflados, floridos, llenos de metáforas. Típicos representantes de este estilo barroco fueron D'Annunzio y Marinetti. Los generales del ejército italiano solían arengar a sus soldados con piezas semejantes. Luego se vio que esa guerra mundial no tenía nada de heroico; al contrario, era horrible, espantosa, infernal. Un poeta de entonces barrió toda aquella hojarasca de palabras huecas (no sólo estética sino moralmente despreciables) más propia de tiempos pasados. El poeta es Ungaretti. Es posible que su experiencia como soldado en el frente le hiciera rechazar la retórica al uso. A veces se necesita una guerra cruel para depurar un estilo literario. En el amanecer del 26 de enero de 1917 Ungaretti escribió el poema más breve que yo conozco (palabras escogidas como ninguna otras): Mañana. Me ilumino /de inmenso. Ungaretti se adhirió al fascismo y Giovanni Papini, al que ya nadie lee aunque es muy buen escritor, no ocultó sus simpatías por ese movimiento. Cuestión que da que pensar: hombres inteligentes como éstos cayeron en la fascinación de Mussolini. No eran las cosas tan simples como las vemos hoy.

La vida es una catástrofe

Cada vez tengo más claro que la vida es una catástrofe. Estoy seguro de ello. Es peor que una pesadilla. Hay un principio MALO en la vida, de lo contrario no sería tan facilísimo romperse la crisma, enloquecer, malograrse, arruinarse, enfermar, quedarse solo, morir. Ser engañado, explotado, bombardeado, apuñalado, atropellado, estafado, abandonado, traicionado, gaseado o ser el agente de esas situaciones: el que engaña, explota, bombardea, apuñala, atropella, estafa, abandona, traiciona, gasea. Los papeles suelen intercambiarse. La vida es algo cuyo único propósito, si tuviera alguno, es transmitirse ciegamente a otro ser (lo que nos provoca el atormentador deseo sexual); eso es para lo único que importa el individuo. Pasan los años y a ese individuo que se arruga se le somete a la terrible vejez, asiste a su ruina física, a la ruina de todo lo que es, mientras conoce impotente que la espantosa muerte se acerca cada vez más rápido. Puede admitirse que la vida es hermosa, por momentos, mientras dura la juventud, mientras dura el engaño. Breves son los días felices de los mortales. Pero los años caen uno tras otro y llega la vejez humillante e inhóspita. En la Primera Guerra Mundial murieron 20 millones de personas. Veinte millones de personas que no se conocían entre sí. Este es sólo un ejemplo de lo terrible que es nuestra naturaleza. 

Qué diría Goya

Goya no diría nada. Hipótesis imposible. Qué diría Goya del asalto a sus majas hecho por dos adolescentes que protestaban contra el cambio climático, o mejor dicho, contra la pasividad de los gobiernos o de quien corresponda. El sagrado Arte, el patrimonio de la Humanidad, convertido en objeto de escándalo por dos niños. De repente descubrimos que esos cuadros tan custodiados son frágiles, perecederos, vulnerables y que pueden utilizarse como medios dejando de ser fines. Quizá a Guy Debord le hubiera parecido muy bien y hubiera considerado ese asalto una performance. El arte es un termómetro perfecto para medir la temperatura moral de una época. Ya se han visto ataques con botes de pintura a otros cuadros, estos chicos han sido más considerados y sólo se han pegado con loctite a los marcos de cada una de las majas. Hacían una buena composición. Uno al menos debiera haberse desnudado. Pero no nos engañemos, este tipo de actuaciones no es nuevo. Un tal Eróstrato incendió el templo de Diana en Éfeso sólo para ser recordado por esa hazaña. 

Charles Dantzig

Leo por encima el grueso Dictionnaire égoïste de la littérature française de Charles Dantzig. No conozco a este escritor. Es un erudito impresionante. Parece que sabe de memoria toda la literatura francesa, que lo ha leído todo. Es muy fino. No sé si existe traducción al español de este libro, creo que no: en realidad es un libro para franceses y francófonos. La entrada "Comedia, tragedia" dice: "el destino de las comedias es terminar en dramas y el destino de las tragedias terminar en ridículo" En la entrada siguiente "Comenzar (por qué)" hace Dantzig una lista de escritores franceses y al lado pone los libros de estos autores por los que no hay que comenzar, según él. Por ejemplo: Honoré de Balzac / Eugenia Grandet. Baudelaire / sus Cartas. Albert Camus / El extranjero. Jean Giono / Saludar a Melville. Valéry / El señor Teste. Zola / Los cuatro evangelios. 

Refugio

Subió al cementerio a dejarle una rosa roja. Hace casi diez años que murió de una manera inaceptable, porque puede aceptarse la muerte, qué remedio, pero no ciertas maneras de morir. Piensa de qué cosas se ha librado ella al morir entonces: lo primero, naturalmente, de la pandemia, el trauma del confinamiento, las medidas sanitarias, la psicosis, todo el planeta amenazado por un virus, los muertos por millones. Después tantas cosas más, una graciosa retahíla: la degradación de la vida social, en España aparece la extrema derecha, se funda un partido que venía a asaltar los cielos y se desintegró en purgas después de decepcionar a sus simpatizantes (gente humilde, a esos la decepción siempre les toca). Más tarde el sainete del Procés, con la república que duró un minuto. Más cosas: redes sociales, odio sin freno, multimillonario que compra Twitter. Cada vez más distancia entre una minoría de multimillonarios oligarcas y una multitud envilecida de pobres. Alquileres que se disparan y hoteles de lujo que se construyen. Más cosas: la crisis económica que sigue asfixiando, el coste de la luz y la gasolina. Bueno, las noticias no dan cuenta de atentados islamistas (¿Quiere decir que no los hay? ¿Cómo han quedado Afganistán, Irak, Siria o Yemen?). ¿Estábamos tranquilos? Vuelve Rusia, el país enemigo de Occidente: la guerra de Ucrania, la amenaza del holocausto nuclear. Más cosas: la degradación de las condiciones laborales, la humillación de los trabajadores (cargas de trabajo demenciales que los humillan y enferman: depresión, ansiedad, problemas cardiovasculares, etcétera). Y para rematar la nueva alegría de estos tiempos luminosos: un nuevo terror, el cambio climático que ya trae veranos insoportables y además de esto la destrucción del medio ambiente. Le deja una rosa. No caben más coches en el aparcamiento. 

Burdeos

De Burdeos a Burdeos hay varias horas de camino a pie. Una ciudad con escasos puentes que estuvo cerca de ser tan imponente como Londres, pero que, por suerte, se quedó en un tamaño más humano, menos monstruoso. Observo que allí está de moda entre los jóvenes dejarse bigote con las guías para arriba, como era costumbre en los años de la Primera Guerra Mundial. No me extrañaría que dentro de poco veamos tal uso en esta parte del mundo desde la que escribo. Cuántos humanos pueblan la tierra. 

Colocación

Ya no se usa el verbo "colocar" en la acepción de encontrar un puesto de trabajo fijo y digno que asegure una posición de por vida. Esto ha pasado a la historia como cualquiera sabe. La precariedad es tan general que nadie se coloca y los que podían decir de su trabajo hace tres décadas que estaban bien colocados se encuentran ahora, en el ocaso de sus carreras, con que los tratan como si fueran galeotes, con absoluto desprecio. Es una dialéctica eterna. Soportar tempestades de sinsentido (pero quién se pregunta por el sentido de nada si está reducido a la condición de esclavo) para llegar a ver cómo degenera tu profesión (que es tu medio de vida en definitiva) que hace poco era respetada. Terminaremos pagando por el derecho a respirar. Es insoportable pensar que tanta angustia sea inútil y sólo tenga por respuesta el estúpido silencio del cementerio. 

Noviembre 1915

En noviembre de 1915 se culminó la tarea de encontrar las ecuaciones de campo de la Teoría de la Relatividad General. Después de muchas tentativas entre 1907 y 1915 Einstein llegó por fin al resultado deseado. Yo creía que en esa carrera era Einstein el único corredor pero no es así. David Hilbert, un matemático de Gotinga, estaba sobre la pista en ese momento y llegó a los mismos resultados que Einstein también en noviembre de 1915. Aunque no se pone en duda que la primacía del descubrimiento le corresponde a Einstein por un razón importante: Einstein con una audacia pasmosa pensó la teoría (principios de equivalencia y covariancia y uso de cálculo tensorial) cosa que Hilbert no hizo. Hilbert usó sus profundos conocimientos matemáticos para trabajar sobre lo que Einstein había imaginado y construido. O dicho con un símil: Hilbert era muy buen piloto  pero conducía un coche prestado. 
No había calma alrededor. Europa se hallaba en medio de la terrible catástrofe de la Primera Guerra Mundial durante ese noviembre de 1915 de trabajo febril de Einstein y Hilbert (Einstein dice en alguna carta que se olvidaba de comer) Wissenschaft und Krieg. Dos sabios de la reconcentrada Alemania descifraban matemáticamente la estructura del universo mientras cientos de cadáveres quedaban insepultos en batallas bestiales. 

Un hombre extraordinario

De las pocas cosas que recuerdo de mis lejanos años de universidad (mi paso por esa institución fue breve y muy discreto) recuerdo tonterías o anécdotas principalmente. Creo que se me olvidaron todas las explicaciones que nos dieron sobre física, fisiología animal, geología, botánica y, sobre todo, matemáticas. Puedo decir que no entendí una sola frase de las que nos dijo aquella profesora pequeña que llenaba la pizarra en cinco minutos. Recuerdo dos frases de dos profesores: la primera fue en la primera lección del profesor de Citología e Histología. Dijo hablando de Adán y Eva que gozaban de los bienes "preternaturales". La segunda frase que recuerdo la dijo el profesor de fisiología vegetal cuando explicando algo en que intervenía el químico Joseph Priestley le llamó "hombre extraordinario". No hace falta decir que no me licencié. 

Qué frase tan triste

Chéjov poco antes de morir le dijo a su mujer que lo acompañaba en los últimos momentos, en un caluroso día de julio de 1904 en un hotel de Badenweiler, en la Selva Negra; le dijo Chéjov: "no se pone hielo sobre un corazón vacío". Es una frase que me sobrecoge por su infinita tristeza.  

Franja de Gaza

Una situación humanitariamente insoportable como las de los dos millones trescientos mil palestinos que malviven amontonados en la franja de Gaza, territorio minúsculo, no sólo no se está remediando sino que empeora. Las cifras de todo son aterradoras. Debe de ser el infierno. ¿Tendrá algún día remedio esa ignominia para la humanidad? Acabamos de salir, parece, de una pandemia. Guerra en Ucrania. EEUU al borde de la guerra civil, cayendo en picado. China rampante. El Rayo Vallecano sigue sin ganar la Champions. Es curiosa nuestra especie: lanza al espacio telescopios como el James Webb, desarrolla la IA y permite que exista la franja de Gaza. Qué mala suerte nacer en ese lugar de la Tierra, que ya sabemos que es menos que un punto en este universo inconcebiblemente vasto y hostil. Creo que me iré sin saber si el hombre es un ángel o una bestia. Lo más sensato, me parece, es tomarlo como una mezcla de ambos. Me acuerdo a veces de la frase de Chamfort (que cito en traducción muy libre): "viviendo y viendo a los hombres es necesario que el corazón se rompa o se vuelva de piedra"

Nuevos palabros

Cambia la dirección de una empresa y los empleados deben adaptarse al sistema del fuerte. Pero no sólo cambia la herramienta tecnológica; también cambian las palabras. Ahora los empleados deben utilizar otra jerga; de repente usan palabras como "boleta" "estadillo" y aberraciones pseudoanglosajonas como "click & service" (clicanservis) que harían sangrar los oídos de un borracho de Birmingham. Son realmente notables la ignorancia, la pedantería y el esnobismo de los altos ejecutivos y el mundo de las finanzas. Pero tienen poder, así que hay que bailar al son que tocan. O eso se creen ellos. Se ha hecho de noche otra vez. Un niño que mañana será un ejecutivo defenestrado estaba hoy jugando con un guau guau. 

Cartas de Flaubert

Leo una antología (sería mejor decir "selección") de las cartas de Gustave Flaubert. Se conservan cerca de 4.500. La edición de Antonio Álvarez de la Rosa es magnífica. Conduce al lector por el camino de la vida de Flaubert dividiendo en etapas los años. Es el trabajo de una vida, una labor encomiable la de Álvarez de la Rosa (en el prólogo afirma que su trato con Flaubert ya tiene unos cuarenta años). Se publica en Alianza Editorial. Muy recomendable para quien quiera conocer de cerca, casi en la intimidad, a este francés depresivo, melancólico, quejoso y escéptico, que echaba pestes de sus contemporáneos. Una curiosidad: cuando escribía la muerte por envenenamiento de Madame Bovary padeció dos indigestiones con vómitos, tanto se había "metido en el personaje" como se dice ahora. 

Algo va mal

Quizá sean figuraciones mías pero advierto un notable incremento del odio en la sociedad. Estamos irritables, agresivos, groseros. Poco espacio donde respirar aire puro. Somos más propensos al insulto que a la palabra amable. En algunos programas de televisión, que ven millones de espectadores, el trato a los concursantes es sádico y denigrante. La crueldad es del domino público y queda retirada a la esfera privada, aterida de frío, la benevolencia. Un gesto amigable me parece cada vez más raro. Esta mañana, en el delirio del trabajo, una mujer me llamó "cielo" o "cariño" y casi me caigo del susto. Lo habitual es el silencio malhumorado, la mirada de desprecio o la palabra áspera. Como mucho un mundano "vive y deja vivir" y gracias señormío por no patear al caído. Moral de resistencia. Convivir se ha convertido en sobrevivir. Con todo creo que no debe perderse la fe en la democracia y la libertad. Mantener el desprecio y el asco hacia los líderes populistas, productos del resentimiento y el odio, que han medrado con el falso carisma alimentado en la televisión basura. Hobbes me hace muecas desde las sombras y no tengo claro qué camino tomar. ¿Mano de hierro porque en el estado de naturaleza el fuerte aplastaría al débil? Ojalá, como quería Borges, tal vez ingenuamente, no necesitáramos gobiernos. La desaparición de los estados sería... bueno, no sé si una utopía o una pesadilla aún peor que la actual. A peor es muy fácil ir. En unas horas se quema un bosque que tardó décadas en formarse. La destrucción es rápida. La decadencia tiene a favor la gravedad. En poco más de diez años un puñado de nazis hizo de la nación más culta de Europa un pueblo de asesinos, gracias al adoctrinamiento y la propaganda. Percibo signos evidentes de degradación social. O quizá estoy equivocado. O tal vez estoy soñando. O quizá vivo en otro planeta. En lo que no me equivoco es en que la vida cada vez está más cara; en que derechos fundamentales como el trabajo y la vivienda son lujos más que derechos. No me equivoco en que las desigualdades sociales están aumentando. Considero justas a las personas que hoy se mantienen firmes, no levantan la voz, no se unen a la manada, siguen leyendo y no avasallan blandiendo su manojo de derechos en el puño. Si me preguntaran  por un acto cívico hoy respondería: leer a Montaigne o a Tucídides. No arrastrar por el fango la humanidad que hay en nosotros. 

Misantropía

Cinco minutos en medio de la rutina para romper su inercia. Detengo mis pasos. Disimulo un poco para que no me tomen por loco. Bueno, dicen que Sócrates estuvo quieto un día entero, concentrado, absorto, ausente y como en trance. Es un fastidio ver por todas partes a humanos, son una pesadilla. Este bullir de masas humanas no creo que sea exclusivo de nuestra época: la antigua Roma llegó a tener un millón de habitantes. Es la idea de encontrarse con un grupo de ruidosos congéneres en el norte de Noruega o en la Antártida lo que me inquieta. Es cuestión de temperamento, no es algo racional: para mí, como para ese personaje de Sartre, el infierno son los otros. No sé si lo entiendo en el mismo sentido de Sartre (ese intelectual ya casi olvidado). Creo que sí, qué otro sentido podría tener esta frase: "el infierno son los otros". Estoy seguro de que este sentimiento de fastidio que me producen los humanos es cada vez más frecuente. No se confiesa. Se mantiene en secreto. Da vergüenza. "¡No me juzguéis!" nos decimos unos a otros. Si estamos solos en realidad que por lo menos no nos estorbemos. Pero nos estorbamos. 

Telescopio James Webb

Por el telescopio James Webb mira el ojo de la Humanidad. Creo que hasta miran por él los innumerables muertos, hasta Adán, y los aún no nacidos. Las primeras imágenes captan un área del universo tan grande como un grano de arena sujeto entre los dedos con el brazo extendido. Esa imagen es un caleidoscopio de galaxias remotísimas formadas hace unos 13 mil  millones de años. Todo esto es más que colosal y abrumador: no hay palabras para describir semejante barbaridad. Una vez fuimos el centro del universo. Decía Pascal que el silencio eterno de los espacios infinitos le estremecía. Pues bien, si nosotros conocemos el océano Pacífico, Pascal conocía del universo, en comparación con nosotros, la orilla de la playa. ¿Hay que admirarse ante esa inmensidad? ¿Cómo reaccionar? Entusiasmo, asombro, pataleo, aullidos, reverencia, silencio. Por falta de imaginación tal vez no sale uno a la calle desnudo con una foto del James Webb en las manos. ¡Ante eso qué importa cualquier cosa! Quién puede saber de dónde venimos y a dónde vamos. Para darse coraje nada mejor que tener presente esas fotos del universo. Joe Biden presenta las imágenes del telescopio James Webb y habla de la grandeza del pueblo americano. ¿Es idiota o qué? No ha comprendido nada. Habla, claro está, como el presidente de su país. Mira de reojo a sus enemigos rusos y a sus competidores chinos. Lo infinitamente pequeño sale de su boca. 

Humanidades

Qué nos enseñaron de niños. Qué les enseñan hoy a los niños. Ignoro cuáles son las tendencias de la última pedagogía, pero me temo, conociendo a ese gremio de pedantes, que son suficientemente ridículas y dañinas para las inocentes criaturas. Las asignaturas y los exámenes son una triste manía de los educadores y los planes de estudio. ¿Cuánto se tarda en asfixiar el genio que tantos niños atesoran antes de caer en la escuela? ¿Es acaso ésta una pregunta romántica? Con el sistema de exámenes no importa tanto la materia que se estudie como aprobar su examen: el medio se convierte en fin. Esto es una obviedad, desde luego. Existe y se amplía la brecha educativa: soy partidario de la educación universal, gratuita y pública. Mi piadoso deseo: que el hijo de un ama de casa tenga tantas oportunidades como la hija de un profesor de universidad. Los institutos al final de curso se asemejan a ferias de ganado donde se premia a la vaca más linda. Yo padecí ese sistema de enseñanza. No guardo buen recuerdo de mis años escolares. Los jóvenes persas aprendían tres cosas: a montar a caballo, a tirar con arco y a decir la verdad. Pueden enseñarse multitud de materias: me hubiera gustado recibir clases de esgrima, de física cuántica y de paciencia. Ya no tengo la edad de la promesa; estoy en la edad de los frutos, en la madurez otoñal de la vida. Miro hacia atrás. He dejado unos cuantos poemas. ¿Tendrán algo de valor? No lo sé. No me quita el sueño. Por lo demás hago lo que la inmensa mayoría: ganarme la vida mal que bien en un trabajo humillante, como un simple apéndice del ordenador, en la alienación del trabajo asalariado. Y para esto hemos estudiado trigonometría, la regla de Markovnikov, los fragmentos de Okazaki y los afluentes del Danubio. Bien, son saberes inútiles para el curso de la vida que uno ha seguido; pero mejor saber que ignorar. Una persona que conoce a Montaigne no pasa las horas muertas viendo telebasura. ¿No es así? Educar, educarse, importa, es vital. Quienes condenan a un niño a la ignorancia que hará de él un siervo toda su vida le hacen tanto mal como si lo mataran. Hace poco conocí las opiniones políticas secretas, vertidas en un diario, del lógico Gottlob Frege. Era reaccionario, antidemócrata, antisemita, fervoroso nacionalista alemán. Su estrechez de miras era considerable. ¿Cómo puede alguien emocionarse con una sonata de Beethoven y ser mala persona? Eso se preguntaba un personaje de la película "La vida de los otros" Es el tema obsesivo de George Steiner: "las humanidades no humanizan" Dijo Georges Bernanos: "la cólera de los imbéciles llena el mundo" La humanidad actual se podría reducir a esto: es una carrera espacial privada entre un puñado de multimillonarios analfabetos. Mucha miseria y ninguna grandeza. Que hayan dejado de ilusionarnos los viajes espaciales es algo que parecía imposible, pero nos han envilecido tanto que esto se ha producido.

Blog que languidece

A esta hora de la tarde solía ponerme a escribir alguna nota en este blog. Hace tiempo que languidece el pobre, durante meses ha estado abandonado. Crecen sobre él los hongos y la maleza como lo hacen sobre los amores y las amistades perdidas. Ahora estamos más distraídos, al menos yo lo estoy. El exceso de trabajo (signo de los malos tiempos) me tiene más ocupado de lo que quisiera. El móvil se lleva la mayor parte de mi vigilia, creo que lo miro cada diez o quince minutos. Es una locura, como el piar insistente de los gorriones antes de amanecer. Hace tiempo que no leo un libro con calma sea ensayo o novela o cualquier otra cosa. Echo de menos las antiguas costumbres, aquella época (¡época nada menos!) en que no había ni facebook, ni wasap, ni twitter, ni móviles. Voy a ser original: sucede que hay demasiado ruido. Los aficionados a la literatura parece que han cambiado la lectura por la mitomanía (esta buena observación es de Ignacio Peyró): si ponen un texto o una cita en alguna red social se acompaña siempre de una foto, que es lo importante. En este intervalo de silencio del blog he publicado un libro de poemas El delito mayor, (Trabe, 2022). No me considero poeta, bien es cierto que lo seré en la medida en que escribo artefactos que pueden considerarse poemas. Mi profesión es más modesta: pertenezco al ayer respetable y hoy muy castigado gremio de los empleados de banca. Llevo casi treinta años repartiendo felicidad a los pensionistas en la ventanilla de una oficina. Jamás he ascendido un peldaño. Soy de una horizontalidad proverbial.  Es incalculable la suma de dinero que ha pasado por mis manos en estas tres décadas pero tal vez se aproxime al PIB de una república centroafricana. Cuando empecé era un joven tímido y mitómano que detestaba ese empleo tradicionalmente considerado como gris; el tópico de la vida anodina, rutinaria y monótona de un hombrecillo sin ninguna cualidad destacada. Era mejor, sin duda, ser reportero de guerra, astronauta, piloto de caza, atracador de bancos, pirata o filósofo. Con treinta años de labor bancaria es natural que tenga dificultades para considerarme poeta o cosa parecida. Soy una persona bastante antipoética. Ahora que un actor porno con cara de niño gana sus buenos dineros por rodar películas pornográficas afirmo que tenemos un problema en lo que se refiere a la manera de ganarse la vida honradamente. La famosa escala de valores (o los mismos valores) está trastornada. Zerfall der Werte, la decadencia de los valores sobre la que escribió Hermann Broch. No es nuevo el problema. He visto en estos treinta años cómo han desaparecido las cajas de ahorros (cómo las han destruido, más bien) y cómo de tener un trabajo relativamente respetado socialmente se ha pasado a ser un galeote al que cualquiera puede insultar. Cualquier ilustre cliente se siente hoy con derecho a llamar a voz en grito "ladrones" o cosas similares a los sufridos empleados que atienden en las oficinas y que cumplen el establecimiento de horarios arbitrarios de atención al público o ponen la cara cuando se cobra una comisión. Hace unos años eran rarísimos estos comportamientos poco civiles de los clientes: hoy son casi diarios. No se diga que tienen derecho a protestar de esa forma: existen otras maneras de hacerlo sin ofender a los que trabajan. Basta de quejas. Esta vida es un teatro. Cada uno representa su pequeño papel, casi siempre ridículo, y luego "buenas noches".  Y nunca más volvemos. 

De la humildad

Recuerdo en este momento dos películas que podría llamar "franciscanas". Son "Il Posto" de Ermanno Olmi y "Diario de un cura rural" de Robert Bresson. Películas en blanco y negro rodadas con actores desconocidos, amateurs. Para Olmi y Bresson hacer cine debía de ser un sacerdocio; no les interesaba el éxito comercial. Por encima de todo son artistas. Sienten predilección por los sencillos, por los humildes, por los seres anónimos. Conmueve la mirada atenta y simpática, sin aspavientos, de estos dos maestros del cine hacia la vida de los olvidados, de los últimos, de las eternas víctimas. ¿Quién que haya visto "Mouchette" podrá olvidar ya a esa niña? ¿Y quién que haya visto "Il posto" olvidará al ragazzo de pueblo que se presenta a las oposiciones en la enorme Milán? Los italianos emplean la palabra "sistemare" para significar la procura de un empleo estable y bien remunerado. Eso es lo que el chico, empujado por su familia y su entorno, pretende. Recomiendo vivamente estas dos maravillas del cine.

Somos los mejores

Que el ser humano es un granuja, un  bribón que sabe disfrazarse de justiciero, creo que lo prueba el que, si tiene poder o influencia, nunca deja de hablar bien de sí mismo. Aún cometiendo las mayores felonías dice defender la justicia y el derecho. Mejor me callo porque ahora yo estoy incurriendo en otro vicio antiguo: criticar a los demás como si yo fuera perfecto.