Descripción de una lucha


Texto escrito para la presentación del libro "El cuaderno griego" de Ana Vega, librería Santa Teresa, Oviedo, 26 enero 2017

Leí este libro hace unos quince años, cuando Ana Vega me lo envió por correo electrónico. Me impresionó "Dinámica del frío" una narración que forma parte del conjunto. Un NO MUERTO, personaje insólito, es el objeto de las notas, apuntes, pensamientos escritos por un autor obsesionado, al borde de la locura, que yo no conseguí relacionar con nadie que pudiera conocer. Ana Vega tendría entonces unos 23 años. Ahora, al releerlo después de tanto tiempo, noto que no ha perdido nada de su potencia. Me pareció y me sigue pareciendo un texto memorable.

      "Dinámica del frío" es una tensión límite de las posibilidades del lenguaje para expresar el sufrimiento y la lucha.

          Leyéndolo pienso en las Pinturas Negras de Goya y en los cuadros de Francis Bacon, especialmente el tríptico titulado "Tres estudios para figuras en la base de una crucifixión".  Bacon dijo en una entrevista: "recuerdo que estaba mirando una cagada de perro sobre la acera y de pronto lo comprendí; ahí está, me dije: así es la vida. Curiosamente, [esa idea] me atormentó durante meses, hasta que llegué, como si dijésemos, a aceptar que uno está aquí, existiendo durante un segundo, y que le aplastan luego como a una mosca contra la pared" La misma lucidez tiene Ana Vega. Como ella misma dice: la lucidez ciega. La lucidez quema.
         Me llamó la atención el nombre: NO MUERTO. Según leía iba comprendiendo el acierto de esa idea. Es el personaje sobre el que se escribe esta historia clínica. El NO MUERTO se encuentra en un estado insólito, qué causa -si la hay- lo ha llevado a tal miseria (y tal lucidez) lo ignoramos y no importa: combate con el sufrimiento, unas veces cede, otras se impone, en una dialéctica angustiosa de salvación y catástrofe. Vacila, se confunde, tantea, insiste, llora,  cae, se levanta otra vez:  Pese a todo continua. Camina. Pierde el paso. Se detiene. Se busca. Teme encontrarse. El NO MUERTO es pequeño, podríamos sentir compasión por esta criatura desvalida (que no por eso deja de arrojarnos verdades a la cara) quizá podríamos amarla. Su tenacidad es admirable. En otro lugar se dice: El NO MUERTO sabe que ha perdido la condición de ser humano. Se pregunta si es posible perder algo que duda haber tenido. Estamos ante una crisis profunda, algo esencial se ha roto: El NO MUERTO se pregunta por qué intuimos que hay humanidad donde tan sólo hay desierto. Decididamente, éste no va a ser un libro fácil.

      Con una frase que recuerda a Pascal se dice: La naturaleza miserable del hombre, sin más. Saliendo a cada paso.

     Ese NO MUERTO está a punto de ser nada, su fragilidad es tan grande como su resistencia. Sólo le mantiene en la existencia una batalla sin sentido y sin cuartel contra el "dolor" palabra que se repite una y otra vez, obsesivamente, a lo largo del libro, como un martilleo insoportable: La vida te llena de dolores, de DOLOR, así, mayúsculo, gigantesco, atroz, y eso no te permite ver más allá. En otro lugar dice: El NO MUERTO se pregunta si hay algo más puro que el dolor. Algo más claro. No hay nada en el mundo que mejor nos muestre quiénes somos realmente, lo que somos por dentro y por fuera. A alguien jovial, con salud, optimista, equilibrado y con poca experiencia esto puede resultarle exagerado: "No es para tanto. No todo es dolor. Sería insoportable. Existen la belleza, los días serenos, la risa de los niños, la dulce rutina". Sin embargo, esta exageración es precisamente la virtud del libro. Ana Vega nos coloca ante el escándalo y la obscenidad del sufrimiento. No hay discusión posible. Felices los que no han conocido "el otro lado". Si este libro cae en manos de algún inocente, que haga antes ejercicios de calentamiento. Por eso no le gustan los niños. Le dan miedo. Su sufrimiento intacto. Nocivo disgusto por la infancia: los niños repetirán los mismos fracasos, sufrirán los mismos golpes. Anticipar en lo que van a convertirse, en lo que la vida hará de ellos.

       Este libro despierta al lector de un sueño de fortuna, confianza y satisfacción.

         Ana Vega conoce nuestra fragilidad (téngase en cuenta la precocidad de su autora). Su rebeldía es enorme. Su protesta furiosa. La discordia es inacabable y la violencia permanente, por latente que sea. No, la vida no tiene sentido. No por eso se abandona la lucha, al contrario: el sentido es asumir esa falta de sentido y seguir adelante. Sin esperar recompensa. No la hay. Hasta caer rendidos.

        El NO MUERTO nos escupe a la cara: El no muerto se sorprende, descubre la fragilidad del ser humano. La incapacidad de los hombres ante el dolor, el instinto del hombre sano y salvo que se defiende del rostro enfermo, de lo que teme. Esa huida. La cobardía. Se pregunta si ha conocido a algún hombre valiente. Seguramente la respuesta es "no". Ante el dolor hacemos la vista gorda: es un mecanismo de autodefensa. El NO MUERTO teme la ignorancia, la estupidez real, es decir, la incapacidad de empatía. Hay un límite tácito que no se debe superar. Ana Vega lo rebasa continuamente. Este libro es heterodoxo, desmedido, blasfemo. "El cuaderno griego" estaría prohibido por Stalin, por los nazis y por el Vaticano. Derrotista, contrarrevolucionario, arte degenerado, enfermiza desazón, negro escepticismo, ideas disolventes. Aquí no se defiende ni ataca ninguna causa, no se toma ningún partido. No hay grandes proyectos históricos ni sociales. Un individuo sufre, eso es todo. El dolor nos demuestra que estamos vivos, nos despierta, nos zarandea, nos coloca frente al espejo para obligarnos a ver lo que realmente somos. Pero no hay dignidad alguna en el dolor.

        Mientras leía el libro recordaba el cuadro de Munch "El Grito"     
       Algunas citas permiten situarlo: hay alusiones a Hesse; citas de Duras, de Camus, de Baudelaire, de Blanchot, de Louis Malle, de García Martín. El NO MUERTO no se explica sin el Roquentin de Sartre, ni el Meursault de Camus, ni el Bernardo Soares de Pessoa, ni Gregor Samsa. Está desnudo, en carne viva: no tiene nombre, apenas tiene peso ontológico. Es evidente que es la máscara de su autora, un alter ego. El NO MUERTO es sus vómitos, sus heridas, su tedio, sus trastornos, su capacidad de análisis y reacción ante un exceso intolerable. No es un personaje al uso, es algo vagamente humano, arrojado a un pozo de lágrimas, de soledad y confusión; él mismo es su propio pozo. Su voluntad flaquea pero es de hierro: saldrá del agujero que él mismo excava. Todo en este libro es combate, lucha. El relato es claustrofóbico. El olor de un cuarto donde alguien sufre es siempre un olor indescriptible. Como el olor de la santidad. El bien y el mal se acercan demasiado. Se puede ver más allá. El no muerto sabe que lo que te hace más fuerte te debilita también, te mutila en cierto modo, alguna parte. ¡Qué alturas y qué caídas! Da la impresión de estar leyendo a una mística relatando sus tormentos y éxtasis.

        Inútil situar al NO MUERTO en un lugar, en un espacio. El mundo exterior desaparece. El texto comienza abruptamente, metiéndonos de cabeza en el pozo, sin contemplaciones: El DOLOR. La soledad y el frío. Cómo enfrentarse a eso. Cómo hablar de ello. Nunca hay palabras suficientes para describir ciertas miradas. Una especie de sombra entre los vivos, un no muerto. Eso eres ahora.

        ¿De qué trata la literatura si no de las penas, agonías y esperanzas de los hombres? Lo demás, casi todo, son pasatiempos fútiles, sin valor, verborrea barata. Este NO MUERTO es universal. Conmoverá en Japón lo mismo que en Los Ángeles.  
        El NO MUERTO de Ana Vega me recuerda a aquellos "musulmanes" de los campos de concentración: prisioneros que se hundían, extenuados, vaciados por el hambre y la humillación, abandonados a una muerte  inminente. Una muerte que no mataba a "nadie" porque lo que había de humano ya había sido eliminado por un mecanismo implacable. ¿Acaso no se parece la vida demasiadas veces a un campo de concentración? Nuestra vida cotidiana. No hace falta acabar en Treblinka. El NO MUERTO de Ana Vega no está tan hundido, saldrá adelante (en algún momento dice Ana Vega que una mujer saldrá adelante siempre. Peleará. Luchará hasta caer rendida). Quizá ser humano signifique haber sido despojado de la humanidad posible o no alcanzarla nunca; por tanto la humanidad sólo podría definirse de forma negativa. Eugenio Montale dice en "Huesos de sepia": No nos pidas las fórmula que otros mundos pueda abrirte, sí alguna sílaba torcida y seca como una rama. Eso sólo podemos hoy decirte, lo que no somos, lo que no queremos.
       Me imagino a una adolescente de Tokio leyendo este libro en el metro. Devorándolo. 

      En la portada de esta reedición se ve la foto de una escalera gris, desierta. Podría ser la montaña de Sísifo (a Ana Vega le atraen las montañas, el peligro del alpinismo, los espacios salvajes, un tipo de salvajismo distinto al de las poblaciones humanas, menos engañador). El NO MUERTO  de Ana Vega no carga con un roca (no está castigado por los dioses, aquí no hay nada divino); carga consigo mismo, lo que hace más sutil el tormento. El NO MUERTO es su propia piedra. Es alguien. Está condenado a ser alguien. Hay una agonía, una lucha entre el NO MUERTO y su dolor. Todo en este libro es una lucha a muerte. Escarba en su dolor, le obsesiona, le da vueltas, lo examina, lo desmenuza. En estas páginas hay reflexiones muy agudas sobre la soledad, el amor, la sociedad, el dolor. Hay algo realmente escandaloso en la soledad. No tienes nada, pero te sobra todo, espacio, tiempo. Te acercas a Dios. A esa perspectiva atroz. (...) El NO MUERTO sabe que estar absolutamente solo es algo animal, primitivo. El libro está lleno de reflexiones así de brillantes. En cuanto al amor, que podría remediar esa soledad: el NO MUERTO  se siente solo. Asume su soledad definitiva, incurable. Se pregunta ahora por la extraña naturaleza del amor. Se pregunta si lo ha conocido. Se siente desorientado entonces. Busca el rostro de un semejante donde poder reconocerse. Quizá el amor nos salve. El poder de una caricia. Pero su lucidez no le permite hacerse ilusiones: podría tratarse de un engaño más. De una mentira más.

      El NO MUERTO escala como un montañero por la pared de un barranco. Existe un camino en ese tormento: ve, ahora, con claridad que nada tiene sentido y que nunca habrá motivos para seguir luchando, y ése es uno de los pilares básicos, ahora lo sabe, así lo siente. Es el motivo principal por el cual permanece en el ring, saberte vencido de antemano. Así que no hay victoria. El fracaso es inevitable. La lección amarga. Este libro es sabio: no hay engaños, no hay falsas esperanzas. ¿Si te esfuerzas llegarás? Mentira. Es difícil hacerse una idea de las angustias y vértigos que ha conocido la autora. Descubre en el dolor a fuerza de golpes que somos ceniza, algo fortuito, juguetes de la fortuna. Me recuerda, como decía, a una mística dictando sus tormentos y sus éxtasis.

        Ana Vega hunde el bisturí hasta lo más hondo de la carne. Lo hace sin contemplaciones. Gran mérito del libro: su brutal franqueza. El NO MUERTO es también producto de la tensión con sus semejantes. Las convenciones sociales que ataca con furia. La mentira inunda el mundo. Lo inunda todo. Crueldad y estupidez. Tener y no tener. La perspectiva cierta de la muerte. La idea del suicidio. La conciencia de la imposibilidad de recibir ayuda. Ana Vega ha observado la naturaleza humana y sus límites. Ha tenido el coraje de mirarse a sí misma. El sufrimiento emocional es enorme. ¿A qué agarrarse ante panorama tan desolador? Hay un consuelo: la escritura. Un grito, sí; pero articulado, convertido en lenguaje. Una forma de resistir. El poder catártico de la palabra. A esa tarea se aferra Ana Vega: Escribir como enfermedad. Como algo que te ocurre sin saber por qué. Como algo inevitable. Vencer el simple desahogo, lo más difícil, el gran monstruo. El respeto a las palabras, a lo que comienza a nacer. Ser consciente de todo lo que eso implica. Escribir como salvación. Porque nos salva. El no muerto lo sabe, así lo ha sentido. 

         Al final el NO MUERTO divisa un poco de luz, salimos del ambiente claustrofóbico: el NO MUERTO sabe que ha llegado al final del camino. Sabe quién es, de dónde viene y a dónde se dirige. Ahora se reconoce en el espejo y ante sí mismo. Este testimonio alucinado y lúcido de las honduras de nuestra inanidad termina diciendo: Se siente libre, él decide si seguirá caminando o se quedará aquí mismo. Ya no siente peso alguno sobre su espalda. Libre, en todos los sentidos. Aquí termina su camino. Suena a victoria. A pesar de todo o precisamente por eso. Sabiduría alcanzada a golpes, dice. Templado como el acero el NO MUERTO se sobrevive a sí mismo. Se seca las lágrimas.
       Esta experiencia abisal, de alcance universal, se comunica en un estilo cortante, seco, sobrio. Las frases son hachazos. De la primera lectura que hice aún recuerdo esta frase formidable, resumen perfecto de la humanidad o de la in-humanidad o de la post-humanidad: Nacemos solos y morimos solos, ya está, eso es todo. Nada antes de nacer, nada después, apenas nada tampoco mientras tanto. Nada entonces.

           Hace más de cien años un joven escribió a un amigo: en general, creo que sólo debemos leer libros que nos muerdan y nos arañen. Si el libro que estamos leyendo no nos despierta como un puñetazo en el cráneo, ¿para qué molestarnos en leerlo? (...) Lo que necesitamos son libros que nos golpeen como una desgracia dolorosa, como la muerte de alguien a quien queríamos más que a nosotros mismos, libros que nos hagan sentirnos desterrados a las junglas más remotas, lejos de toda presencia humana, algo semejante al suicidio. Un libro debe ser el hacha que quiebre el mar helado dentro de nosotros. 
         El joven se llamaba Franz Kafka. "El cuaderno griego" es uno de esos libros.

Dispersión

La comunidad ha desaparecido: familia, barrio, gremio, empresa, clase social, patria. Es un fenómeno de la modernidad. Ese estado de cosas ha sido barrido por otra forma de organización social que reduce a sus miembros a egos solitarios, cada uno de ellos enfrentado con la sociedad. Cada ego debe crearse un perfil y construir su propia comunidad. Siempre sospechoso (potencial terrorista, presunto maltratador, racista enmascarado) la presión moral que se ejerce sobre ese ego es terrible. Cualquier indicio, por insignificante que sea,  de comportamiento desviado es castigado implacablemente. Conservar esa comunidad artificial, mantener ese grupo, requiere un esfuerzo enorme y notables dosis de autocensura (el ego solitario tiene pánico a la exclusión social y paga el precio que haga falta para evitarla).
             Lo blanco es negro y lo negro blanco. La robotización en tareas de atención al público es una tendencia imparable. Nos guste o no cada vez nos atenderán más máquinas y menos humanos. Los humanos presentan esto como un avance. Que nos atienda un operador desde una pantalla se pretende una forma de atención "real" y "personal" cuando es justamente lo contrario. El simulacro suplanta a la persona. Estamos tan acostumbrados a que nos mientan(respiramos publicidad) que esta flagrante falsedad no llama la atención.
             Nuestra sociedad se parece a la idea que tenemos del universo: no un cosmos cerrado, sino en expansión. Una dispersión de cuerpos en trayectorias diferentes, aceleradas, en un espacio vacío y hostil. El modelo cosmológico vigente, la chica absorta en su móvil, la multitud  y el pequeño comercio de la esquina  que cierra porque lo aplasta una multinacional del sector tienen mucho en común. Estos fenómenos están relacionados.
             Por dominar a  la naturaleza y ponerla a nuestro servicio tal vez tengamos que pagar el precio de la soledad, la locura y de nuestra posible aniquilación.

Mal empezamos

En una carta escrita a Christian Gottfried Körner el 2 de febrero de 1789 dice Schiller: "frecuentar a Goethe me haría infeliz: ni con sus amigos íntimos tiene un momento de abandono, no hay por dónde cogerlo. Lo considero de hecho un egoísta extraordinario. Tiene el talento de cautivar a los hombres y de hacerse amable por medio de pequeñas y grandes atenciones, pero sabe siempre cómo mantenerse libre. Hace el bien, pero como un dios, sin darse a sí mismo; en esto me parece que actúa de forma consecuente y premeditada, basándose en el cálculo del mayor goce posible de su amor propio. No debieran los hombres dejar surgir a un ser semejante. Por eso le tengo manía, aunque reconozco su talento y tengo de él la más alta opinión. Lo considero uno de esos estirados a los que hay que convertir en niños para humillarlos ante el mundo y no depende de mi buena voluntad no tener en algún momento una agarrada con él. Me inspira una extraña mezcla de odio y amor; un sentimiento que no es muy distinto del que Bruto y Casio debieron de tener frente a César. Creo que podría matar su espíritu y volverlo a querer de todo corazón."
      Pasó el tiempo y, como es sabido, se convirtieron en grandes amigos. Me alegro. Esto ocurría antes de Facebook y su elevadísimo concepto de la amistad.

Sin patria


Max Herrmann-Neisse fue un escritor alemán que tuvo mucho éxito en la década de los veinte. De su insólito aspecto físico (era enano, calvo, contrahecho) dejaron constancia los retratos que le hicieron pintores como Otto Dix o Georg Grosz. Estos pintores, tan dados a lo grotesco y la caricatura (nunca faltan motivos), tenían que suavizar la cosa cuando posaba "Macke", que así lo llamaban familiarmente. Como judío tuvo que abandonar Alemania. En el extranjero escribió poemas sobre la nostalgia de la patria perdida y el dolor de los exiliados que Heine hubiera firmado con orgullo. Murió en Londres, en 1941.

Vagamos tan perdidos y confusos
sin patria por un raro laberinto.
Los nativos charlan ante las puertas
confiados en el viento veraniego de la tarde.

El viento mece suave las cortinas
y nos enseña un cuarto donde vemos
la calma añoradísima de una paz muy segura
para ocultarlo luego con crueldad.

Los gatos sin amo en los callejones
y los parias que duermen en la hierba mojada
no están ni la mitad de abandonados
que aquellos que tuvieron la alegría

de una patria, perdida sin su culpa,
y vagan por el raro laberinto.
Los nativos sueñan ante las puertas
sin saber de nosotros, sombras suyas.

Vesna Vulovic

De altísimas caídas y sus fatales
consecuencias hablan los mitos. 
Faetón e Ícaro, ejemplos de imprudencia.
Lo que no hicieron ellos
lo logró una azafata yugoslava.

El DC-9 explota en pleno vuelo. La caída
acelerada, interminable. El suelo.
Sonríe en las fotos, en la cama de un hospital.
Es inmortal. Tiene 22 años.
La inscriben en el Guinness de los récords.

La encontraron no hace mucho
sola en su triste piso de Belgrado
entre los restos de otro DC-9
en que viajaba sola. Tenía 66 años.
No hubo supervivientes.

Canetti y los directores

Cada vez que veo a un director de orquesta realizando su mágico y solemne oficio no puedo dejar de recordar las maliciosas palabras que les dedica Elias Canetti en Masa y Poder:

No hay expresión más vívida del poder que la actividad del director de orquesta. (...) Durante la ejecución, el director es un guía para la muchedumbre de la sala. Está a su cabeza y le ha vuelto la espalda. (...) Su mirada es tan intensa como sea posible, abarca la orquesta entera. Cada integrante se siente observado por él; más aún: escuchado por él. Las voces de los instrumentos son las opiniones y convicciones a las que presta mayor atención. Él es omnisciente, pues mientras los músicos sólo tienen ante sí sus propias voces, él tiene la partitura completa en la cabeza, o sobre el pupitre. (...) Para la orquesta el director representa así, de hecho, la obra entera, en su simultaneidad y sucesión y como durante la ejecución el mundo no ha de consistir en ninguna otra cosa sino en la obra, durante ese exacto lapso es el señor del mundo.

Brutus is an honorable man

Un periódico nos regala el secreto para vivir cien años. Ya tenemos la longevidad al alcance de la mano. Un hombre de 105 años bate un récord deportivo. Ya, y Bruto es un hombre honorable. Sin duda, por supuesto, si seguimos esos consejos gratuitos, llenos de amor al prójimo, es seguro que viviremos un siglo. Ya, y Bruto es un hombre honorable. Un filósofo dijo que las pocas vidas largas y más o menos felices que existen valen como "señuelo", es decir, como trampa. Engañabobos. Come fruta, haz ejercicio, no fumes, bebe un vaso de vino al día y vivirás cien años. Ya, y Bruto es un hombre honorable.

El joven Hölderlin

Haber conocido al joven Hölderlin tuvo que ser maravilloso. Hegel y Schelling gozaron esa suerte, fueron sus compañeros de clase. Luego la vida les separó y les golpeó duramente (en esto es maestra). A Hölderlin lo convirtió en una sombra muda, envejecida, recluida en una torre. Iban a verle, no conocía a nadie. 

Rómulo Reyes, Perfiles cursis de poetas románticos, 1971

Las tres condiciones

Para que me encuentre perfectamente a gusto, dijo mirando al vacío, necesito tres cosas: soledad, un puro y los rayos del sol. 

Franz Kafka, El limpiabotas, 1912

Festivas felicidades

"¿Le duele aquí?", me pregunta. "No, doctor, no siento nada." He ido al médico para que me examine las navidades. Otros años me irritaban, este año ya no. Ni me seducen ni me suceden. Debo de estar inmunizado. 

Cataluña

Nació en Barcelona de extranjeros  oriundos de una provincia del Cantábrico. Allí pasó su infancia. Recuerda aquellas calles en los años setenta: via Laietana, plaza Urquinaona, calle Trafalgar. Recuerda su luz y sus atardeceres: sin historia, sin batallas perdidas, sin tumbas que adornar con ofrendas florales. Luego se marchó de allí y no regresó jamás. Pero le queda un profundo afecto por aquella tierra.
      En cuanto a los nacionalistas de todo pelaje: que monten en la silla turca de sus propios cráneos y sigan tan idiotas como siempre. Seguimos levantando muros en el tercer planeta del sol.

Algunos epitafios

Lo pasé relativamente bien

No me acuerdo de mí

Pasa de largo, amigo, y no me apures

Este cansancio no es normal

Me quedé sin cobertura

¡Por fin!

Decidle que la quise

Oigo tu corazón, ¿me vas a despertar?

He perdido de vista a cuatro imbéciles

Me importa todo tanto como nada

No aspiré a la santidad ni al socialismo

Perdono todo el daño que me hice 

Confieso que me aburrí bastante

Acabo la casa de mis sueños y me pasa esto

Y pensar que me indignaban las injusticias

Seguid sin mí como yo sin vosotros

Todos los que me lloraron están ya como yo

Para haber sido un don nadie no lo hice tan mal

Coleccioné decepciones

Que llueva o haga sol me da lo mismo

Mi médico me trajo aquí 

Ya no me da miedo morir

Jamás olvidaré el sabor del agua

Estoy mucho más muerto de lo que crees

Sinceramente, no era para tanto

Nadie me echa de menos, menos mal

Morí viejísimo: duré un momento

Ni el paraíso ni el infierno existen

Me salí por la tangente de la esfera del reloj

Si aún puedes leer mi nombre bórralo

¡Qué tropiezo más tonto!

Tu situación es rara, no la mía

De pronto, qué pereza dió existir 

Museo de Anatomía

En el museo de Anatomía de la facultad de Medicina de Oviedo, en la novena planta, se exponen en vitrinas, dentro de frascos de formol, embriones y fetos malogrados. Semillas que no llegaron a realizarse, muertos antes de nacer, se exponen en la embrioteca. Criaturas anónimas, formas que la naturaleza rechazó. No conocieron la luz, ni las pasiones, ni el lenguaje. Se quedaron a medio hacer en el dulce claustro materno. La naturaleza es una gran derrochadora de vidas. Acerco la cara a una de estas criaturas abortivas y le susurro: "fuiste listo, no quisiste venir al mundo, ya sabías los males que la vida te preparaba". Lessing, el ilustrado alemán, le dijo algo así al hijo que nació muerto.
         Qué fastidio nacer, ¿verdad? Crecer, socializarse, exprimirse entre congéneres, apretujarse en la multitud. Pocos amigos. Muchas facturas. Pocos recursos. Muchas tentaciones. Como dijo Luis Cernuda: "por todas partes el hombre mismo es el estorbo peor para su destino de hombre".

Kant y el cielo estrellado

Al final de su "Historia natural y teoría general del cielo", una obra precrítica, Kant dice en la Conclusión: 

En efecto, después de llenar su ánimo con éstas y las anteriores consideraciones, el aspecto del cielo estrellado en una noche serena procura una especie de deleite que sólo sienten almas nobles. En la tranquilidad general de la naturaleza y el reposo de los sentidos, la oculta capacidad cognoscitiva del espíritu inmortal habla un lenguaje inefable y ofrece conceptos sin desarrollar que bien pueden ser sentidos pero no descritos. Si entre las criaturas pensantes de este planeta hay seres viles que no obstante todos los alicientes con que un tema tan grande puede atraerlos, se aten firmemente a la servidumbre de la vanidad ¡cuán desgraciado es este globo de haber podido producir criaturas tan miserables! 

Esta tarde de diciembre brillaba la luna creciente y justo debajo Venus. Era maravilloso. La contaminación lumínica, el resplandor de las televisiones, el fútbol, el repugnante Trump, los sloganes publicitarios, la miseria económica del seguro más barato y la cháchara telefónica apenas nos permite contemplarlos. 

Pero la luna y Venus siguen estando. Y estarán. 

Engels y la gran ciudad

Engels describe así la masificación de Londres, hacia 1845:

La multitud tiene algo repulsivo, algo que indigna a la naturaleza humana. Estos cientos de miles de personas, de todas las clases sociales, que se apretujan al pasar, ¿no son todos hombres con los mismos atributos y capacidades? ¿No tienen todos el mismo interés en ser felices? ¿No ambicionan todos su felicidad por los mismos medios y caminos? Pero pasan corriendo unos junto a otros como si no tuvieran nada en común y parece que el único acuerdo entre ellos es el tácito acuerdo de que cada uno se mantenga del lado derecho de la acera para que las corrientes de la multitud no se detengan una a otra, y a nadie se le ocurre dignarse mirar a los demás. La brutal indiferencia, el insensible aislamiento de cada individuo en sus intereses privados es tanto más asqueroso e hiriente cuanto más pequeño es el espacio al que están reducidos y cuando sabemos, además, que este aislamiento del individuo, este egoísmo estrecho de miras, es el principio fundamental de nuestra sociedad. Esto no ocurre en ninguna parte de una forma tan descaradamente evidente, tan clara, como precisamente aquí, en la multitud de la gran ciudad. La desintegración de la Humanidad en mónadas, cada una con su principio vital y su fin aparte; el mundo de los átomos ha alcanzado aquí el grado más extremo.

Friedrich Engels, La situación de la clase obrera en Inglaterra

Cualquier parecido con la realidad

Fue hace millones de años. Por lo que hemos descubierto en este planeta hubo vida. Vida multiforme y una especie con cierta habilidad técnica que fue la causa de la destrucción de este planeta gris. En el momento del desastre, según revelan nuestros estudios, se dividían en dos grupos: una minoría de ellos acaparaba todas las riquezas y la inmensa mayoría sobrevivía penosamente. Entonces, la nación más poderosa, que estaba en su momento de declive, eligió como jefe de Estado a un hombre riquísimo, zafio, astuto, ignorante y cruel. Lo que queda de la vida que hubo en este planeta es esta muestra contaminada con un mínimo de radioactividad (debieron de conocer esta energía).

Ciencia ficción. Viejo truco del Planeta de los Simios: tomar distancia en el tiempo y el espacio, usar el estilo indirecto, para comprender mejor, para satirizar una sociedad o una época, para burlarnos de nosotros mismos, para deplorar nuestra condición. 
      Montesquieu, Cadalso, Luciano, Voltaire, Leopardi o Swift echaron mano de este recurso. 

Mejor no pensarlo

La esperanza es la cosa más ilusoria del mundo. Si nos diéramos perfecta cuenta del torbellino que es la Historia, de los peligros que nos acechan continuamente, de lo frágiles que somos, de las mil maneras que existen de arruinarnos la vida no nos moveríamos de un rincón. Pero no hay criatura más inquieta y más gallarda que el ser humano. Nos afanamos bajo una estrella que corre cada día por el cielo a toda velocidad, en una naturaleza que es totalmente indiferente, si no es hostil y no barre de un manotazo a millones de criaturas. Tarde o temprano acabaremos y acabaremos mal. Sería un detalle que nos desintegráramos como pompas de jabón, dejando un dulce perfume. Si somos finitos que el final sea una evaporación, sin dolor ni agonía. Pero la muerte no es agradable nunca. Rarísimas veces es un quedarse dormido. Siendo así de desagradable muchísimas veces la muerte es la terrible y fútil liberación a una vida de alcohol, suciedad, tristeza, marginación, soledad, locura, violencia, enfermedad, degradación, pobreza. Acabaremos mal, hagamos lo que hagamos, por muy prudentes que seamos, por mucha vida sana que llevemos. El enemigo es demasiado poderoso, nuestra naturaleza demasiado miserable. Pero el amor, la ilusión, la esperanza, la resistencia, el olvido y las ganas de comer son nuestras armas.

El europeo ideal

Hoy hace 300 años que murió Leibniz. Me han encargado que pinte a lo Rafael en un muro de la catedral de Hannover (si es que existe y si no existe alguna razón suficiente habrá para que eso suceda) un fresco representando a la Filosofía desnuda y pobre. Alguna vez he pensado que Leibniz fue, es y será el europeo ideal.

Conversación interior

L'homme est ainsi fait qu'à force de lui dire qui est un sot, il le croit. Et à force de se le dire à soi-même, on se le fait croire. Car l'homme fait lui seul une conversation intérieure, qui'il importe de bien régler.

"El hombre está hecho de tal manera que, a fuerza de decirle que es tonto se lo cree. Y a fuerza de decírselo a sí mismo, se lo cree. Pues el hombre tiene una conversación interior que importa ordenar bien"

¡Así es, monsieur Pascal! ¡Ha dado usted en el clavo! Nuestra vida auténtica no son los sucesos exteriores, sino esa conversación secreta, mental, que tenemos continuamente con nosotros mismos. Importa ordenar esa conversación. Nos va la vida en ello. Otra genial intuición de Pascal, que era un extraordinario psicólogo.

Emilio Lledó

Soy poco dado al elogio pero a veces no hay más remedio. No hace mucho caí por puro azar en un encuentro de Emilio Lledó con estudiantes de filosofía. Este hombre que nació el mismo año que se publicó "Ser y Tiempo" (1927) es un octogenario apasionado, lúcido, juvenil, elocuente. No todo es una ciénaga de desmoralización. Estando en la sala tuve la sensación de encontrarme ante un "gran hombre": un fenómeno raro. Un mortal cuya presencia carnal, concreta, provoca una impresión profunda. El auditorio escuchaba con emoción las palabras de este sabio que se expresaba sin pedantería, con claridad. Sentir admiración por ciertas personas nos eleva; nos hace mejores, más ágiles, más alegres, más luminosos. Emilio Lledó es una de esas personas.

La última ilusión

De todas las ilusiones la última que se pierde es la del amor. De decepción en decepción, o tal vez con un amor correspondido, edificado día a día, con la dulzura y la vulgaridad de las cosas cotidianas, fortalecido por el tiempo. No hay mayor felicidad al alcance de los mortales que el amor correspondido. Sin embargo el amor se termina, más pronto o más tarde. Quisiera creer con el poeta que la muerte no interrumpe nada. Pero cada uno de nosotros bajará solo a las tinieblas.

Sublime silencio

Schopenhauer se toma la vida muy en serio, no hace bromas con el dolor del mundo. En el capítulo que dedica a la muerte en El mundo como voluntad y representación (que se lee con los labios apretados, en estado de trance, como lo leyó cierto personaje de Thomas Mann) aparece lo siguiente:
 
Klopfte man an die Gräber und fragte die Todten, ob sie wieder aufstehen wollten; sie würden mit den Köpfen schütteln.
 
"Si se llamara a las tumbas y se preguntara a los muertos si quieren volver a levantarse dirían que "no" con la cabeza".
 
Es una frase fascinante que recuerdo a menudo. Los muertos niegan con la cabeza. Nada más. -"¿La Vida? No queremos saber nada de ella"
       En un pasaje de la Odisea Ulises baja al infierno y se encuentra con Ájax, al que ofendió gravemente. Ulises le dirige la palabra y Ájax, rencoroso, no le contesta. A veces el silencio es la respuesta más elocuente.

Esto es gratis

Todo lo que quieras lo tienes a tu alcance. Eres joven y lo serás siempre. Somos sinceros como tú lo eres. Te han hablado alguna vez del pasado; por aquí ya han caminado muchos millones de humanos, pero no pueden comprar cosas, no tienen un cuerpo, su nombre lo ha borrado el olvido. Da igual. Tú eres joven y lo serás siempre. 
      La puesta de sol que no tienes tiempo ni ganas de ver, el viento que mueve las hojas, el canto de los pájaros y las sirenas, el olor de la tierra, las montañas de basura, la radiación nuclear que se filtra entre los bloques de hormigón, el aire contaminado, el miedo al extranjero, la guerra lejana y atroz, tu tarjeta de crédito, el rastro que dejas en el ordenador y el inevitable fracaso final.
           Todo esto te lo ofrecemos gratis.

Sobreponerse es todo

El 9 de octubre de 1906, tal día como hoy, un joven de 19 años, de rancia estirpe nobiliaria, Wolf Graf von Kalkreuth, extraordinariamente dotado para el arte y los idiomas, habiendo elegido, a pesar de su pobre constitución física, la carrera militar y seguramente abrumado por la dureza y la brutalidad de la disciplina castrense (la vida es eso) puso fin a sus días. Este suceso inspiró a Rilke un tremendo poema "Requiem" -Oh, vieja maldición de los poetas, que se quejan donde deberían cantar- que termina con uno de los versos más conocidos suyos: Wer spricht von Siegen? Überstehn ist alles. "¿Quién habla de victorias? Sobreponerse es todo." Rilke se dirige con simpatía al muchacho difunto y le dice que no se avergüenze cuando le rocen los otros muertos, los que soportaron hasta el final. Es un poema estoico. 

Machtergreifung

Distinguido y querido amigo:

Estoy aquí desde hace dos semanas con objeto de colocar a un pequeño negro francés. Entretanto sabrá usted que nos aproximamos a grandes catástrofes. Aparte de lo privado -nuestra existencia literaria y material queda aniquilada- todo conduce a una nueva guerra. No doy un céntimo por nuestras vidas. Los bárbaros han conseguido gobernar. No se haga ilusiones. Gobierna el infierno.
     
        Cordialmente, su viejo amigo

Joseph Roth, carta a Stefan Zweig, febrero 1933

Nuestro sombrío presente

Primero el Brexit. Ahora Colombia. En noviembre, ¿Trump? Si gana este enemigo de la razón y la justicia lo tendré claro: existirán síntomas evidentes de que la especie a la que pertenecieron Darwin, su abuela y San Francisco de Asís se está imbecilizando, muy democráticamente, a marchas forzadas. No sé, a lo mejor estoy exagerando.

Iván Illich

El hombre muerto, el que hizo lo que había que hacer, el que ahogó su potencial por adaptarse al medio social (el medio puede ser insuperable por estúpido). Sus compañeros se enteran de su muerte. Nadie se conmueve. Lo único que les preocupa es quién ocupará su puesto. Su matrimonio ha sido una farsa. No hubo amor. Nadie le echará en falta. Charlas insustanciales, tópicos y lugares comunes. En la soledad de la agonía y la muerte Iván Illich, como Don Quijote, recupera el juicio: descubre que su vida ha sido mecánica, inerte y ve la muerte como una liberación. Qué pálido resumen. Es mejor leer el libro.

El perdurable esfuerzo

Me pregunto si San Agustín sabía que los bárbaros -los vándalos- estaban a las puertas de Hipona cuando murió. Esto me recuerda otra muerte en circunstancias terribles, la de Unamuno en su arresto domiciliario de Salamanca, el 31 de diciembre de 1936. La muerte le ahorró ver del todo el horror en que España se precipitó. Si no me equivoco Pablo Neruda murió pocos días después del golpe militar de Pinochet. Otro personaje que recuerdo es Henri Bergson, que falleció cuando París había caído ya bajo la invasión hitleriana. Bergson, que preparaba convertirse al catolicismo, rechazó finalmente bautizarse para seguir siendo judío.  Antonio Machado murió agotado, extenuado, en el exilio de Colliure. Son cinco ejemplos de hombres que llegaron a la meta al tiempo que su mundo se desmoronaba. Contribuye a la civilización, a lo más noble que hay en nosotros (me dice el Espíritu) aunque el incendio de la Historia reduzca tu esfuerzo a cenizas. Porque tu esfuerzo perdurará.

Una hora antes del Pesimismo

¿Acaso yo como y bebo para volver a tener hambre y sed y así comer y beber de nuevo, hasta que se abra bajo mis pies la tumba que me devore y yo mismo sirva a la tierra de abono? ¿Engendro seres semejantes a mí para que también coman, beban y mueran y para que dejen tras de sí seres semejantes a ellos que harán lo mismo que yo hice? ¿Para qué sirve este ciclo que se repite perpetuamente, este juego que recomienza una y otra vez de la misma manera, donde todo existe para perecer, y perece sólo para volver a ser como ya era; este monstruo que se devora a sí mismo sin cesar para poder volver a alumbrarse, que se alumbra para poder volver a devorarse?
 
Es como si Fichte describiera la Voluntad de Schopenhauer. Se rebela contra este sinsentido atroz. Da un puñetazo en la mesa y añade:
 
Jamás podrá ser este el destino de mi ser, de todo ser. Debe haber algo que es porque ha devenido; que ahora subsiste y que nunca más podrá devenir una vez que lo ha hecho; eso que subsiste debe engendrarse en la mudanza de lo efímero, y perdurar en medio de ello y avanzar ileso sobre las olas del tiempo.
 
Fichte continúa, apretando los labios, con la mirada puesta en un porvenir maravilloso:
 
Ninguna obra que lleve el carácter de la razón y que hubiese sido emprendida para expandir el imperio de la razón puede perderse sin más en el transcurso del tiempo. Esas víctimas que la brutalidad impredecible de la naturaleza arranca a la razón deben cuando menos fatigarla, saciarla, aplacarla. Esa fuerza que ha dañado sin medida no puede volver a darse de esa manera, no puede estar destinada a renovarse, debe consumirse en su primer arrebato de una vez para siempre.
 
Ojalá fuera cierto.

Y para terminar, un poco más adelante, dice el bueno de Fichte:

Pero no es la naturaleza, es la libertad misma la que causa en nuestra especie la mayoría de los desórdenes y los más terribles de ellos. El enemigo más cruel del hombre es el hombre.

Estamos de acuerdo.
 
 
Johann Gottlieb Fichte, El destino del Hombre
 


Olvido

Entonces, antes de la Gran Guerra (...) no era indiferente que uno viviese o muriese. Si uno era borrado de la fila de los mortales, no entraba otro en seguida en su lugar para hacer olvidar al difunto, sino que permanecía un hueco en el que aquel faltaba y tanto los testigos cercanos como lejanos de la pérdida enmudecían cada vez que miraban ese hueco. (...) Así era entonces. Todo lo que crecía necesitaba mucho tiempo para crecer, y todo lo que perecía necesitaba mucho tiempo para ser olvidado.
 
Joseph Roth, La marcha Radetzky
 

La grey de Rajoy

No fue la sociedad atenta (dicho sea con sarcasmo) la que forzó la renuncia al puesto en Washington en el Banco Mundial del exministro Soria. Fue -dice un diario- una rebelión interna en su propio partido. Todo sea por el bien de España, a la que tanto invocan estos señoritos ladrones; grey de Rajoy, el idiota máximo, el inútil ejemplar. ¡Oh sociedad atenta y libre, cada vez te retratan mejor Los Caprichos de Goya!

El último gesto

Díme tú que ya sabes: ¿qué nos pertenece si todo se nos ha dado prestado 
y duramos tan poco? 

Crítica

Con la muerte en los talones. Todo en esa película es odioso: la música orquestal (pastiche de la clásica), los actores (insoportables), la trama pseudokafkiana, la grotesca historia de amor (con una belleza, por supuesto), los muebles de lujo en mansiones suntuosas, los esperables golpes de ingenio del guión, la multitud filmada con malicia, el comercial director inglés naturalizado en Hollywood,  las cabezas colosales del monte Rushmore, la escena del aeroplano agorafóbico que no despeina a un héroe que va teniendo cada vez más cara de idiota.

Obras de reforma (II)

La instalación provisional que han armado para ejecutar las obras de reforma en la oficina podría pasar perfectamente por una obra de arte contemporáneo. Si se expone en la Tate Gallery sería un éxito. Un gran telón gris de 5 metros de altura, desde el suelo al techo, forma un pasillo angosto con el búnker ante el cual los clientes se detienen, vacilantes y tímidos.. La obra produce desconcierto: esto es lo artístico de la obra. ¿Estamos en un banco? ¿Estamos en un laberinto? ¿Ha habido un atentado? Hay algo de belleza en este intervalo de transformación. Entre el principio y el fin de la obra nos sorprende lo insólito. Si es cierto que el arte sucede, aquí ha sucedido.

Obras de reforma

Las obras (que vienen como caídas del cielo) se realizan de acuerdo a un plan fríamente calculado, trazado en el plano por arquitectos, aparejadores, técnicos, directivos y otras eminencias. Inocentes, jóvenes, sonrientes obreros (no hay chicas en estos oficios) tiran los tabiques, abaten los muros, mueven las mesas, cambian el sistema eléctrico, reorientan las cámaras de seguridad. Se tiende un plástico de color gris, un gran telón gris, para aislar la zona de obras. No se ve la calle, ni rastro del cielo. Es una operación en el quirófano. Todo es aséptico. Se reordenará el espacio de acuerdo a las novísimas orientaciones del sector. Razón instrumental. Es la geometría perfeccionada del capitalismo con operadores remotos y zonas de autoservicio. Aquí la muerte pierde su sentido. ¿Instalarán por descuido alguna fuente de mármol? ¿Respetarán a las moscas y las arañas que se queden a pesar de las obras? 

La especie

Miembros, producidos en serie, de la especie. La pulgada de carne que viene al mundo. Una especie que apareció en un planeta extraño en un universo frío y moribundo. Una aventura cósmica. Nuestros son el vértigo, la desesperación y el éxtasis.

La visita

Esta mañana entró un cóndor en la oficina. El pájaro se posó encima de un armario, defecó, giró la cabeza. Parecía tranquilo. Abrió las enormes alas negras y levantó una corriente de aire que arrastró varios folletos publicitarios. Ni los clientes ni los ordenadores se asustaron. El cóndor alzó el vuelo y dió cuatro vueltas alrededor de la columna. Como la mosca que busca la salida dió unos topetazos contra los altos cristales blindados hasta que se marchó de vuelta a los Andes.

De la ambigüedad

-No sé si me explico. Probablemente no.
-¿Probablemente, qué?
-¿Cómo?
-¿Probablemente no sabes que te explicas o probablemente no te explicas?
-No sabría explicarlo.

Samuel Johnson

He who makes a beast of himself gets rid of the pain of being a man.

El que se convierte en bestia se libra del dolor de ser hombre.

Poeta bielorruso

Del poeta bielorruso Sergei Kutznevsov (1950) traigo el siguiente poema de su libro El topo y la estrella (1981) en la traducción de Marina Fernández Muñiz:

HUMILDAD

"La innumerable cantidad de mundos
de algún modo aniquila mi importancia",
escribió el viejo Kant en la costilla
de un cetáceo varado en una playa báltica.

Triste verdad

Después del golpe de Estado fallido en Turquía los insurrectos vencidos son arrastrados y humillados, golpeados y escupidos por la chusma. El eufórico Erdogan propone la pena de muerte. Esto me hizo recordar una frase de Spinoza (no recuerdo si está en la Ética o en el Tractatus): "los hombres son más inclinados a la venganza que a la misericordia".

Fascismo

Al patio romano de la sede de una sociedad científica en la Italia de Mussolini llega un paquete por correo. El paquete contiene una publicación de otra sociedad hermana del norte de Italia, igualmente enemiga del régimen. Dentro del sobre hay además una chocolatina. 

Farsa

La vida es una farsa. La misma multitud que incendia la casa protesta al día siguiente contra el fuego. 

Chistosos

No entiendo qué quería decir Pascal cuando escribió: "amigo de frases ingeniosas, mal carácter". Dicho en pascaliano: Diseur de bons mots, mauvais caractère. ¿Quizá porque no se puede confiar en una persona que se distingue por ser chistosa
     ¿Y qué son la mayoría de las relaciones sociales más que un festival de chistes?
    Sea como sea me parece una observación psicológica tan oscura como interesante.

Juicio final

Si un dios tuviera que pedirnos cuentas al final de la vida es posible que le molestaran más las cosas que no nos atrevimos a hacer por cobardía -y que pudieron darnos felicidad- que las cosas malas que hicimos.

Vota Partido Jansenista

Condition de l'homme. Inconstance, ennui, inquiétude.

Inconstancia. Aburrimiento. Inquietud.
Inquietud. Inconstancia. Aburrimiento.
Aburrimiento. Inquietud. Inconstancia.

Y así barajando, hasta agotar todas las posibilidades.  

Un gato tenaz

Georg Büchner fue un gran escritor a pesar de su brevísima vida. Es milagrosa la madurez de Büchner, Leopardi, Rimbaud o John Keats. Puede entenderse la precocidad en la música o las matemáticas -que no requieren experiencia- pero no en la literatura. A menudo recuerdo esta frase que Büchner pone en boca de Danton:   

Das Nichts hat sich ermordet, die Schöpfung ist seine Wunde, wir sind seine Blutstropfen, die Welt ist das Grab, worin es fault. 

La Nada se ha suicidado, la Creación es la herida. Nosotros somos las gotas de sangre y el mundo la tumba donde la Nada se pudre. 

Esto es digno de Shakespeare. Macbeth o el Rey Lear podrían hablar así. La humanidad es un gato tenaz. Mientras la guillotina corta cabezas, una pareja copula bajo el cadalso. Convendría tener presente de cuántas catástrofes somos descendientes. Me temo que las catástrofes no son cosa del pasado. Se nos ha olvidado ya que hace 70 años Europa era un campo de ruinas, no un campo de fútbol. Divertimentos, que diría Pascal.

¡Más masacres!

¡América! ¿Qué nombre tiene un contenido igual a éste? Quien no nombra cosas del mundo pensable, no puede nombrar algo más alto en el mundo real. El individuo dice: mi mejor Yo; el globo terráqueo dice: América. Es la conclusión y la gran cadencia en el concierto de la perfección humana. Lo que en Europa es imposible, es posible en América; lo que no es posible en América es del todo imposible. Aquí veo el más alto y sano desarrollo de fuerza del cuerpo humano maduro; aparte de esto no hay más que convulsión y delirio. 

Ferdinand Kürnberger, El cansado de América (1855)

Historia

La facultad principal para el estudio de la Historia no es la memoria sino la imaginación.

Piero della Francesca

Este pintor y matemático del Quattrocento murió ciego el mismo día que se descubrió América. Hace tiempo que no me paro a mirar sus pinturas porque, como a todo el mundo, me arrastra la poderosa marea de la actualidad, la inquietud, la prisa. Qué suerte nacer en fecha incierta y que apenas se sepa nada de su vida. Qué suerte no dejar más rastro que esas pinturas intemporales que se desvanecen y que transmiten un orden, un silencio y una serenidad que no pueden expresar nuestras manoseadas y envilecidas palabras.

La pantera de Rilke

 DER PANTHER

Im Jardin des Plantes, Paris

Sein Blick ist vom Vorübergehn der Stäbe
so müd geworden, dass er nichts mehr hält.
Ihm ist, als ob es tausend Stäbe gäbe
und hinter tausend Stäben keine Welt.

Der weiche Gang geschmeidig starker Schritte,
der sich im allerkleinsten Kreise dreht,
ist wie ein Tanz von Kraft um eine Mitte,
in der betäubt ein großer Wille steht.

Nur manchmal schiebt der Vorhang der Pupille
sich lautlos auf -. Dann geht ein Bild hinein,
geht durch der Glieder angespannte Stille -
und hört im Herzen auf zu sein. 


LA PANTERA

Su mirada, del pasar ante los barrotes,
se ha vuelto tan cansada que no retiene nada.
Para ella es como si hubiera miles de barrotes
y tras los miles de barrotes ningún mundo.

El andar flexible de pasos elásticos y fuertes
que gira en círculos cada vez más pequeños
es como un baile de fuerza alrededor de un centro
en el que estuviera aturdida una gran voluntad.

Sólo a veces se alza el telón de las pupilas,
silencioso. Entonces entra una imagen
que atraviesa la tensa calma de los miembros
y se apaga al llegar al corazón.

Hace 92 años

Hoy 3 de junio de 2016 hace 92 años que murió Kafka. En la agonía le dijo a su amigo Klopstock, que era el único que lo acompañaba: "no te vayas". Respuesta: "no me voy". Y Kafka: "soy yo el que se va".  Kafka que medía 1,80 pesaba en ese momento 45 kilos. Era un esqueleto.

El Ártico se derrite

Una greguería de Gómez de la Serna dice, o mejor decía: "el hielo sólo es inmortal en el Polo Norte".

Chesterton

Hoy hace 142 años que nació Chesterton. Conocida fue su corpulencia (se cuenta que una vez cedió su asiento en el autobús a tres señoras) y su monumental despiste. A menudo se perdía y le enviaba telegramas a su mujer preguntándole dónde estaba (dónde estaba él, no su mujer). Para celebrar su nacimiento he aquí una anécdota de las miles que dejó este hombre excepcional. Mirando al muy delgado George Bernard Shaw le dijo: "al verte cualquiera diría que hay hambre en Inglaterra" Y Shaw, que no era manco, le respondió: "y al verte a tí, cualquiera diría que la has provocado tú".

Vuelta a Brines

Un día no serás, y nunca el mundo
sabrá que pudo ser siempre más bello
con sólo retenerte. Yo soy ese testigo
que canta, sin furor, tanta demencia.
Soy yo quien ha vivido
la desventura de tu muerte. Eso que nadie,
ni tan siquiera tú, sospecha que ha ocurrido.


Cuando pensamos en alguien queridísimo que hemos perdido estos versos de Brines son muy emocionantes. Pero cambiemos ese "tú" amado del poema por otra clase de sujeto mortal. Imaginemos que ese "tú" se refiere a Donald Trump o Vladimir Putin o Tayyip Erdogan o el rey de Arabia Saudí, por citar a cuatro antropoides tan poderosos como asquerosos y repugnantes. Entonces el poema suena a chiste. Entonces la elegía se convierte en parodia: Un día no serás, y nunca el mundo sabrá que pudo ser siempre más bello con sólo retenerte. 
         Si se cambia el verbo "retener" por "eliminar" el poema deja de provocar carcajadas.

Aquí viven leones

Hojeo en una librería el último libro de Fernando Savater. Es un libro dedicado a los escritores admirados por su mujer y él, un libro de las peregrinaciones que hicieron juntos a los lugares asociados a esos escritores. Aparecen Alfonso Reyes, Edgar Allan Poe, Leopardi, Valle Inclán, Shakespeare, Stefan Zweig, Flaubert y quizá algún otro más que se me olvida. Es un libro emocionante y hermoso, porque es un homenaje a su compañera fallecida. El libro se cierra con una Despedida, que contiene un fragmento de un poema de Francisco Brines: 

Un día no serás, y nunca el mundo
sabrá que pudo ser siempre más bello
con sólo retenerte. Yo soy ese testigo
que canta, sin furor, tanta demencia.
Soy yo quien ha vivido
la desventura de tu muerte. Eso que nadie,
ni tan siquiera tú, sospecha que ha ocurrido.

No conocía estos versos que me tocan de lleno, en lo más hondo. Como este libro de Sara Torres y Savater. Nessun maggior dolore...

Rusia

El  Poder siempre es peligroso. Con la caída de la URSS llegó el capitalismo a Moscú, a Bakú, a Georgia, a Vladivostok pero es evidente que la democracia no llegó ni a Rusia ni a sus repúblicas socialistas. En Rusia sigue el tenebroso Putin gobernando, no hay rastro de oposición. El que se atreve a levantar la voz muere en extrañas circunstancias o lo destruyen de otra forma (es fácil destruir a un ser humano, no hace falta matarlo para eso). Vladimir Putin es lo más parecido a un tirano que conozco.

Animales del Vesubio

Me entretengo esta tarde de domingo en apuntar los animales que aparecen en el poema "La Ginestra" de Leopardi, uno de los poemas más bellos de toda la literatura. Son, por este orden, si no me equivoco: la serpiente, el conejo, los bueyes (armenti), la hormiga, la cabra y el murciélago. Ninguna criatura exótica: animales humildes, viviendo sin cuidado su l’arida schiena del formidabil monte sterminator Vesevo. Desde luego a la lista habría que añadir otro animal, un poco más complejo pero no menos triste y vulnerable: el hombre.

El estoico Albert

Nun ist er mir auch mit dem Abschied von dieser sonderbaren Welt ein wenig vorausgegangen. Das bedeutet nichts. Für uns gläubige Physiker hat die Scheidung zwischen Vergangenheit, Gegenwart und Zukunft nur die Bedeutung einer, wenn auch hartnäckigen, Illusion.

Ahora resulta que él se me ha adelantado un poco en la partida de este mundo extraño. Eso no significa nada. Para nosotros, físicos creyentes, la separación entre pasado, presente y futuro no es más que una ilusión, por muy tenaz que sea. 

Carta de Einstein a la viuda de Michele Besso, 1955

Tres semanas después de escribir esta carta de consuelo a la viuda de Michele Besso, su amigo desde la juventud, Einstein también se despidió de este mundo extraño. 

Sueltos

El sol es secreto.
La mitad de la vida ocultando la verdad y la otra mitad distorsionándola.
La muerte es la realización del hombre.
Tirar una piedra al agua y formar elipses, triángulos.

Galicia

Un par de noches en Galicia. Paseos por Santiago. Te sientas en un banco de granito. Una pareja pasa a tu lado: ella está enferma, el marido la cuida. Un hombre de tu edad se sienta en el parque, se mueve lento como  un viejo de ochenta años. Al verlo te viene una palabra a la mente: "hermano". La noria, la tómbola, los niños. Sales de noche: después de tres ribeiros vuelves al cuarto (al cuarto de la pensión). Cruzas la región de punta a punta, en diagonal: desde Ribadeo hasta la ría de Vigo. Paseas por un pueblo costero. Los perros se meten en el agua.

Einstein

En Alemania, además del físico, hay más personas que se apellidan Einstein. Una de esas personas fue Carl Einstein, escritor y crítico de arte, anarquista, combatiente en la Guerra Civil en las filas de la CNT con la que acabó teniendo sus diferencias, igual que otro voluntario llamado George Orwell. Einstein pronunció el discurso fúnebre de Durruti. En su época fue bastante célebre (forma indirecta de decir que hoy ha caído en el olvido). Georges Braque fue su padrino de boda. Carl Einstein fue amigo de artistas como Picasso y colaboró con Georges Bataille. Como judío sufrió la persecución de los nazis. Se refugió en Francia. Cuando los alemanes entran en el país Einstein huye al sur. En la misma situación desesperada se vió Franz Werfel, que tuvo más suerte y logró escapar a América. Si se salvaba le prometió a la virgen de Lourdes escribir una obra sobre sus apariciones en la cueva, cosa que hizo. Pero Einstein no gozó de ese beneficio celestial y se tiró, en  julio de 1940, por un puente en Pau. Walter Benjamin escapó de modo semejante en la ratonera de Port Bou en setiembre del mismo año. 
         Cuenta Cicerón en De la naturaleza de los dioses que un sacerdote enseñó al filósofo ateo Diágoras de Melos, para probar la providencia divina, los exvotos de los que se habían salvado de algún naufragio. "¿Y dónde están los exvotos de todos los que perecieron?" contestó Diágoras.

Enmienda a Chateaubriand

En traçant ces derniers mots, ce 16 novembre 1841, ma fenêtre qui donne à l'ouest sur les jardins des Missions étrangères, est ouverte : il est six heures du matin; j'aperçois la lune pâle et élargie; elle s'abaisse sur la flèche des lnvalides à peine révélée par le premier rayon doré de l'0rient; on dirait que l'ancien monde finit, et que le nouveau commence. Je vois les reflets d 'une aurore dont je ne verrai pas se lever le soleil. Il ne me reste qu'à m'asseoir au bord de ma fosse; après quoi je descendrai hardiment, le CIGARE à la main, dans l'éternité.
........................................ 
 Chateaubriand, Mémoires d'Outre-Tombe

Dos destinos

El 11 de marzo de 1938 Egon Friedell escribió a Ödön von Horvárth: "en todo caso siempre estoy, en todos los sentidos, listo para partir". Se refería a la inminente llegada de las tropas alemanas a Viena; de hecho entraron en Austria al día siguiente. El 16 de marzo este escritor se arrojó al vacío desde el tercer piso de su vivienda en Viena, huyendo de la persecución. Antes de saltar tuvo la delicadeza de avisar a los viandantes: "¡Vorsicht, bitte!". El destinatario de la carta, von Horvárth, había conseguido ponerse temporalmente a salvo en París, via Budapest, después de la anexión de Austria. El 1 de junio de ese mismo año Ödön von Horvárth murió en los Campos Elíseos, mientras caminaba, alcanzado por la rama desprendida de un árbol.