Bloomsday 2019

Ayer se celebró en Oviedo la tradicional fiesta en honor al Ulises de James Joyce cuyos  iniciadores son los escritores Fernando Fonseca y Jorge Ordaz, devotos del irlandés, que la comenzaron en 2012. En la mesa redonda que se llevó a cabo en la biblioteca de La Granja del parque San Francisco de Oviedo, hablaron sobre la inabarcable novela Ricardo Labra, Jorge Ordaz, José Havel y moderó Javier Lasheras. Excelente el acto (un servidor aprendió mucho) y no menos excelente la cena que le siguió, en muy grata compañía y amena conversación. La foto puede verse en el blog de Jorge Ordaz y en Facebook. Que dure muchos años esta tradición del Bloomsday en Oviedo. A Joyce esto le llenaría de alegría dublinesca.

L'Assommoir

Me gusta mucho el título de esta novela de Zola. No he leído el libro. Conozco la historia gracias a wikipedia que como fuente de información es muy eficaz. Consulto mucho la wikipedia. "Consultar" es el verbo que se usa cuando se maneja una vasta obra que parece proporcionar toda la información posible sobre lo escible (lo que puede llegar a saberse). 
         París, bajos fondos. Un barrio de Montmartre. Novela publicada en 1876. La vida no es noble, ni buena, ni sagrada. El escándalo está servido. A las gentes respetables les indignó que Zola retratara tan en bruto la vida de una pobre mujer y sus parásitos (son todos dignos de compasión, hasta los canallas). Una de las falsedades que gustamos pronunciar y oír es la siguiente: "si te esfuerzas lograrás lo que te propongas". Eso es música celestial. Para muchos ese objetivo es, simplemente, no destruirse. Lo sepan o no. Esto ocurre si el ambiente es miserable, si se vive en la animalidad. También en París existían (y existen) esas catacumbas. Las hay en todo el mundo y en todas las épocas. La fatalidad existe: los personajes de Zola (los de esta novela al menos) no tienen ninguna posibilidad de redención. Así la protagonista, Gervaise, que es mujer trabajadora, termina cayendo en el pozo. En el combate entre Voluntad y Fortuna (entiéndase "mala fortuna") 99 de cada 100 veces (seamos optimistas) vence la segunda. Para salir de ciertas situaciones, situaciones como las que Zola plantea, se necesitan esfuerzos sobrehumanos, y nosotros, pobres mortales, que tenemos huesos frágiles, no somos de hierro. En nuestra época, que se precipita por la pendiente, la clase media está desapareciendo. Imposible formar una familia, llevar una vida ordenada si no alcanzan ni el dinero ni las fuerzas. Primero la comida, luego la moral. Recuerdo las figuras heroicas e insensatas de Orwell y Simone Weil, que siendo, por privilegio social, favorecidos por la fortuna bajaron voluntariamente hasta las cloacas. Como se sabe los dos tuvieron una vida tan breve como las de sus compañeros de infortunio. La pobreza contamina. Quien da la mano a un leproso ya sabe a lo que se arriesga. Para millones de individuos, hoy como ayer y como mañana, es un sueño imposible llegar a la vejez. En el estado de naturaleza -y cada vez vivimos más en ese estado- la vida humana es "solitary, poor, nasty, brutish, and short" tal dijo Hobbes.
         Si en la línea de salida para correr los cien metros lisos se pusiera un atleta y otro corredor con una carga de treinta kilos en la espalda no hace falta ser muy listo para saber quién ganará. Esa es la carrera de la vida. El mérito de algunos no es bajar de los 10 segundos, sino llegar a la meta. Lo terrible es que el que pierde puede haber realizado un gasto de energía infinitamente superior al vencedor. Pero al que pierde no se le reconoce el mérito. La carrera de la vida no es como la de Aquiles y la tortuga, que es una sutileza griega.

Elegía y recuerdo de las letras francesas

Para un servidor la literatura fue durante un tiempo literatura francesa. No hay nación en la que las letras hayan dado tantos autores ilustres; esto puede discutirse, desde luego, y me parece perfecto. ¡Esos livres de poche, la editorial Gallimard! Recordar el nombre de algunos escritores es volver a mis años mozos. Recuerdo la lectura de Madame Bovary que me dejó impresionado. El francés que sé lo aprendí en ediciones bilingües de poesía, mi maestro principal fue Baudelaire. Au fond de l'Inconnu pour trouver du nouveau ! ¡Ah, esos alejandrinos! Después de dos intentos logré la proeza de leer completa À la recherche du temps perdu, uno de los libros más grandes que se han escrito.
        Qué nombres tan sonoros: Maurice Merleau-Ponty, Theilhard de Chardin, Claude Lévi-Strauss (ese nombre judío), Jean-Paul Sartre, Raymond Aron, Albert Camus, etc etc. Autores enterrados en el olvido. Era otra época. Una época en la que los intelectuales franceses eran faros (por decirlo como Baudelaire) que influían poderosamente en la opinión pública de su país y de Europa. (A esas voces, no siempre infalibles pero con gran prestigio, la ha sustituído una cháchara infernal de analfabetos, ciegos que guían a ciegos). Muchos autores del este de Europa, con hambre intelectual, llegaron a París para instalarse en el barrio latino o en Montparnasse. Adoptaron la lengua del país de la cultura y la enriquecieron: Cioran, Ionesco, Kundera, sin olvidar al irlandés Samuel Beckett, el aniquilador. Como llegaron a Francia tantos autores hispanoamericanos: Rubén Darío, Cortázar, Octavio Paz, Vargas Llosa, César Vallejo, etc Algunos se quedaron allí, en el cementerio de Montparnasse. También allí reposa Susan Sontag.
            Gil de Biedma escribió el poema Elegía y recuerdo de la canción francesa:
 
Y todavía, en la alta noche, solo,
con el vaso en la mano, cuando pienso en mi vida,
otra vez más sans faire du bruit tus músicas
suenan en la memoria, como una despedida:
parece que fue ayer y algo ha cambiado.
Hoy no esperamos la revolución.
 
En los tenebrosos y miserables tiempos que vivimos podría escribirse una Elegía y recuerdo de las letras francesas. C'est fini.

Anne Frank

Hoy Anne Frank, la chica judía autora del mundialmente famoso Diario hubiera cumplido 90 años. Esta edad está dentro de los límites de la vida humana. Por poner un ejemplo, dentro de seis días el filósofo Jürgen Habermas cumplirá también 90 años. Ambos nacieron en junio de 1929.

Dos duelos fatales

En 1834 Pushkin escribió un breve texto "Sobre la insignificancia de la literatura rusa". Supongo que es obra suya, aparece en la wikisource rusa de Pushkin. Así como Pedro el Grande fundó San Petersburgo "la ventana a Europa" en unos pantanos a orillas del Neva que costó la vida a cientos de obreros (se la conoce por "la ciudad de los huesos"), así Pushkin fundó la literatura rusa. Este texto comienza: "Durante mucho tiempo Rusia fue extraña a Europa" Es un repaso histórico de su país desde el siglo XI, aproximadamente, cuando esas tierras eslavas fueron cristianizadas por Bizancio. Roma quedaba muy lejos. No hubo Renacimiento en Rusia. Todo es oscuro bajo el domino tártaro, que no trajo a Rusia, como los árabes, el álgebra y Aristóteles, dice Pushkin. Cuando llega Pedro I "Rusia entró en Europa como un barco botado con el golpe de un hacha y el estruendo de los cañones" Más adelante se refiere al poeta francés Malherbe y cita unos versos de Boileau, que dicen: Enfin Malherbe vint et le premier en France /fit sentir dans les vers une juste cadence. Creo que Pushkin sabía que él era el Malherbe de los rusos. ¿Creo? Estoy seguro. Luego se pregunta si fue la generosidad del cardenal Richelieu, el patrocinio de Luis XIV o el destino de un pueblo el que hace que de repente aparezca y desaparezca una constelación de genios. Más adelante se refiere a Voltaire y su enorme influencia. Menciona a Beaumarchais, cuyas obras teatrales, cargadas de dinamita, eran reídas y aplaudidas por la aristocracia. El Antiguo Régimen estaba maduro para su ruina. Pushkin finaliza este artículo diciendo que los profesores alemanes dictan desde sus cátedras las reglas de la crítica francesa, que Inglaterra sucede a Francia en el terreno de la filosofía, que la poesía en la patria de Shakespeare y Milton se ha vuelto seca e insignificante, que Italia ha renunciado al genio de Dante, y Metastasio para imitar a Racine. Y termina con una frase de sentido enigmático: "volved a Rusia" o "volved la mirada a Rusia". Yo creo que quiere decir: ahora es nuestro turno. Ha llegado el momento de que en Rusia aparezca una pléyade (en ese sentido francés) de genios que asombren al mundo. Me parece la mejor explicación, pues eso fue exactamente lo que ocurrió. El primero de esos genios fue el propio Pushkin. 
        Hay una marca de fatalidad en esta eclosión de figuras rusas. Esta fue una generación de meteoros. Pushkin murió tres años después de escribir estas palabras proféticas en un duelo a los 37 años. Lérmontov, otro genio, murió cuatro años más tarde, en 1841, en otro duelo con sólo 27 años. Gogol murió loco a los 42 años. Parece que la muerte de Pushkin fue una conspiración urdida por la envidia de la aristocracia (eso declara Lérmontov en el poema "la muerte del poeta" que le hizo inmediatamente famoso). Por salvar su honra de marido se batió en duelo con D'Anthés que se había casado con la hermana de la mujer de Pushkin, Ekaterina Goncharova, con la que el gallardo galo tuvo cuatro hijos. Parece ser que coqueteaba descaradamente con Natalia. Un asunto de cuñados. Pushkin muere como su personaje Eugenio Oneguin. D'Anthés le disparó dos veces, el segundo disparo alcanzó el vientre de Pushkin, que murió dos días más tarde con grandes padecimientos. Es irónico que fuera un francés el que matara a Pushkin. D'Anthés murió a los 83 años, rodeado de sus hijos y nietos. Qué poema hubiera escrito Pushkin sobre el destino de los dos adversarios. En este triste mundo lo bello muere pronto y lo vil es duradero. 
           De la muerte de Lérmontov no sé qué decir. Absurda como la de Pushkin, marcada por la fatalidad. Parece como si Lérmontov, hastiado de la vida, dijera "a tomar por culo". Más parece un suicidio encubierto que otra cosa. Se batió en duelo, igual que su personaje Pechorin (aunque Pechorin mata a su adversario) en el Cáucaso con un compañero de escuela militar, Nicolai Martynov. Éste fue el primero en disparar con tan buena puntería que le dió en el corazón dejando a Lérmontov en el sitio. 
        Así empezó la literatura rusa, con dos duelos fatales. Luego vendrían los demás grandes escritores: Goncharov, Dostoievski, Tolstoi, Turguenev, Chéjov.

Thomas Mann (II)

Pero otro signo, más grande, debe presidir el momento de nuestra conmemoración: es el signo de la participación universal según el ejemplo de su generosa grandeza* que llama a una alianza eterna del hombre con la tierra, madre de todos. De su dulce y firme voluntad*, a través de la celebración de su entierro y resurrección algo entra en nosotros: de su voluntad por lo bello, lo verdadero y lo bueno; por la civilización, por la libertad interior, por el arte, por el amor, por la paz, por el salvador respeto del hombre ante sí mismo. 
 Ensayo sobre Schiller (1955)

Ésta y la cita anterior son parte de una conferencia que Thomas Mann leyó en la dividida Alemania, primero en Stuttgart (RFA) y luego en Weimar (DDR) en mayo de 1955 para celebrar el 150 aniversario de la muerte de Schiller. Thomas Mann murió tres meses después a los 80 años. Con esto se despidió. Me he quebrado la cabeza intentando traducir estos textos y el resultado no es muy fiable. Su alemán es muy difícil, tiene una sintaxis indescifrable, forma compuestos de palabras que no veo en los diccionarios online, está cargado de alusiones que sólo un público culto puede entender, emplea verbos arcaicos como äffen (significa "imitar" "engañar" y procede de affe, mono). Estos dos fragmentos están justo al final de la larga conferencia. El anterior precede a éste que es el final. Primero la nota catastrófica, luego la positiva.
          Esta conferencia solemne fue un acto de afirmación de la nación alemana, rota por la guerra (Alemania que cometió toda clase de atrocidades) tomando como motivo el aniversario de su poeta nacional, Schiller. No la avaricia, la brutalidad, la mentira, las masacres; sino el bien, la belleza, la bondad, la libertad, ideales que Mann atribuye a Schiller y que sabe que él también representa. Téngase en cuenta que Thomas Mann era plenamente consciente de su importancia: en 1938 dijo en el exilio "donde yo estoy, está Alemania" Seguro que las salas donde el viejo Thomas Mann, ya cerca de la muerte, leyó este "Ensayo sobre Schiller" retumbaron en una estruendosa ovación.
       Esto es una "eruditez" germenéutica, a lo que soy proclive, sin mayor interés.
        Me pregunto si podría importarnos lo que Thomas Mann, vieja gloria de las letras, dijo a sus compatriotas sobre su poeta nacional. ¿Tiene algo que decirnos a nosotros que ni somos alemanes ni conocemos a Schiller? Invocar el bien, la verdad, la belleza, ¿no suena un poco raro? 

*la de Schiller

Thomas Mann

El último medio siglo ha visto una regresión de lo humano, una devastación de la cultura del tipo más siniestro; una pérdida de educación, decencia, sentido de la justicia, fidelidad y fe, de toda sencilla confianza, que espanta. Dos guerras mundiales, sostenidas por una bestialidad y una codicia sin precedentes, han hundido el nivel intelectual y moral (los dos van unidos) provocando una debacle tal que mala garantía ofrece contra la caída en una tercera guerra que acabaría con todo. Ira, miedo, odio supersticioso, terror pánico y una salvaje manía persecutoria dominan a una humanidad que ya dispone del espacio cósmico para instalar en él sus bases estratégicas, y que copia como un mono la forma en que el sol produce su energía para fabricar de manera sacrílega armas de exterminio. 

Ensayo sobre Schiller (1955)

La flor desconocida

Andréi Platónov es un escritor ruso que pasó a mejor vida a los 51 años. Para un ruso nacido en 1899, al que le tocó vivir (y sigue una larga enumeración de desdichas): la Revolución de Octubre, la guerra civil, la tiranía de Stalin, la guerra con la Alemania nazi, la hambruna de Ucrania, los años de Yezhov (jefe de la NKVD), el Gulag, etc etc la expresión eufemística "pasar a mejor vida" cobra un sentido muy fuerte. No quisiera recordar sin el debido respeto el monstruoso sufrimiento que padecieron millones (millones) de eslavos, judíos, polacos en el siglo XX. Joseph Brosdky decía que a un ruso que llegara a las puertas del paraíso debería dejársele pasar sin más averiguaciones. 
      Platónov es conocido por dos libros, principalmente: "Chevengur" y "La excavación". Son una novela y un relato desencantados de las promesas de la revolución. Sobra decir que se le prohibió publicar. Platónov narra el desvalimiento de los individuos en un mundo que se ha vuelto delirante. Pero Platónov también escribió relatos infantiles. De uno de ellos quisiera hablar aquí. Se titula "La flor desconocida". Es un cuento muy corto, no lleva más de quince minutos leerlo. Narra la historia de una pequeña flor: "Vivió en el mundo una pequeña flor. Nadie sabía que estaba en la tierra. Creció sola en el erial, ni las vacas ni las cabras iban allí, ni los niños del campamento de los pioneros jugaron nunca allí" Así empieza el cuento. La flor crece milagrosamente, contra el viento y las heladas, entre piedras y arcilla, en el terreno estéril. Un día una niña, Dasha, se acerca a la flor, atraída por su perfume. La descubre entre las rocas y le pregunta su nombre. La flor desconocida contesta que no tiene nombre, que vive sola. Dasha conduce a los pioneros al erial y les dice, mucho antes de llegar a la flor, que escuchen cómo huele, así es cómo respira. Los pioneros estuvieron, se dice, largo tiempo admirando esa criatura. Pero llegó la hora de irse. Dasha pasó el invierno recordando la flor y al verano siguiente regresó al erial donde la había encontrado. En el mismo lugar florecían entonces muchas flores fragantes, la hierba cubría el terreno y volaban pájaros y mariposas. Pero la flor desconocida no estaba. "Y a Dasha le pareció, termina el cuento, que la flor la atraía, que la llamaba con la silenciosa voz de su perfume."

Gutenberg Spiegel

Ayer me llevé un disgusto que, felizmente, se ha convertido en susto. Como todos los días abro la página web del diario Der Spiegel que tiene un archivo inmenso de autores alemanes y extranjeros traducidos al alemán. Es la página Gutenberg Spiegel. Hay un calendario de autores donde aparecen los natalicios y defunciones del día, y yo soy amigo de las efemérides. Ayer, decía, (decíamos ayer) que cliqué distraídamente en el enlace y ví que la página no estaba disponible. Una ominosa frase en alemán anunciaba un fallo en el servidor o cosa parecida. Soy irritable y esto me disgustó bastante. ¿Ya no podré intentar descifrar a tantos autores alemanes como hay allí? ¿Se han borrado para siempre? ¿Quién ha sido? Sobra decir que volví a intentarlo numerosas veces con el mismo resultado. Hasta que hoy, por fin, hace un par de horas, abro la página y aparece de nuevo. 
        Por favor, señores del Espejo, no vuelvan a darme ese susto.
 
https://gutenberg.spiegel.de/

Robinson Jeffers

Robinson Jeffers (1887-1962), gran poeta norteamericano. Se le considera precursor de la conciencia ecológica. Era solitario y misántropo. Robison Crusoe: Robinson Jeffers. Milosz confesó su admiración por este poeta, aunque no compartía su visión del mundo. En un lugar de California, al borde del Pacífico, construyó una casa de piedras para vivir en ella. Es bastante fea, la verdad, pero ¿cuántos de nosotros podemos decir que vivimos en una casa fabricada con nuestras manos? Tan acostumbrados estamos que no caemos en la cuenta: a Chesterton le parecía lamentable que el hombre moderno viviera en casas que no había construido él mismo. Para Jeffers el hombre es una especie destructiva que vive centrada en sí misma, indiferente a "la asombrosa belleza de las cosas" No sé si le hago un favor traduciendo así asá estos dos poemas suyos.

FIN DEL MUNDO
Cuando era joven, en la escuela, en Suiza, hacia la época de la guerra 
de los Bóers.
Dábamos por sabido que la especie humana
duraría tanto como la Tierra, sin morir hasta que ella muriera. Escribí un poema escolar
sobre el último hombre caminando con estoica dignidad por la orilla muerta
del último mar, solo, solo, solo, recordando todo
el pasado de su especie. Pero ahora no pienso así. Morirán sin rostro en rebaños
y la Tierra florecerá largo tiempo después de que la humanidad haya desaparecido. 

EL OJO
El Atlántico es una fosa tormentosa y el Mediterráneo
un estanque azul en el viejo jardín,
más de cinco mil años ha bebido el sacrificio
de barcos y sangre, y brilla al sol. Pero aquí, en el Pacífico,
nuestros barcos, aviones y guerras son perfectamente irrelevantes.
Ni la presente enemistad mortal con los valientes enanos
ni ninguna futura pelea mundial entre el hombre occidental 
y el oriental, migraciones sangrientas, codicia del poder, choque
de creencias 
todo eso es una mota de polvo en el gran platillo de la balanza.
Aquí, desde esta costa escarpada, promontorio tras promontorio
zambulléndose como delfines a través de la bruma marina
en el pálido mar -miro al oeste, a la montaña de agua, es la mitad
del planeta:
esta cúpula, esta mitad del globo, este abultado
globo ocular de agua, arqueado hasta Asia,
Australia y la blanca Antártida. Estos son los párpados que nunca
se cierran,
este es el agudo y el vigilante
ojo de la Tierra, y lo que mira no son nuestras guerras. 

Moral y literatura

Miro la histórica Historia de la littérature française de Gustave Lanson, completada desde 1850 hasta 1950 por Paul Tuffrau. Tiene un índice de varias páginas, el libro es muy grueso y huele muy bien. (Los libros huelen, por cierto). Esta clase de libros me gustan: libros de historia (de la ciencia, de la filosofía, de la música, etc) con un índice onomástico abundante. Me gustan los libros eruditos, el culturalismo es mi debilidad. Tiendo peligrosamente a la pedantería, qué le vamos a hacer. Pienso un autor que me parezca bizarro y compruebo si aparece en el índice. Vamos a ver: ¿Alfred Jarry? Está. Muy bien. ¿Lautréamont? Está. Excelente. ¿El marqués de Sade? Bueno, en una frase, no se le dedica más. (Era un pervertido y un vicioso, será eso). Julio Verne está en la página 1079, lo busco pero no lo encuentro. Ahí se habla de Flaubert. ¿Sartre? Está. Vale. ¿Camus? Está. ¡Muy bien! A Camus se le admira y se le ama. Busco Céline. Silencio. Busco Robert Brasillach. Silencio. Busco Drieu la Rochelle. Silencio. Estos autores son importantes, pienso, merecerían estar en una historia de la literatura francesa. ¿Qué sucede entonces? Tienen una mancha. Fueron colaboracionistas durante la ocupación alemana de Francia: una vergüenza nacional. Me temo que esta es la razón de su ausencia y no la falta de calidad literaria. La mejor manera de anular a un escritor o a un artista no es vapulearlo sino no hablar de él. (Aquí los autores prohibidos constituyen un índice que se deduce de la ausencia, al revés que el "Índice de libros prohibidos" de la Iglesia Católica que puede considerarse una excelente guía de lectura. Veo en Wikipedia que lo suprimió Pablo VI en 1966. Qué tiempos aquellos en que la Iglesia era fuerte y dogmática). Comprendo que si esta historia de la literatura francesa apareció en los años 50 no se mencionara a estos autores indeseables. Las heridas estaban abiertas. Quizá ahora sea el tiempo de revisarla, aunque esto es obvio: siempre se revisa la historia. El pasado cambia constantemente. El futuro es más uniforme. En 2011 se cumplía el cincuentenario de la muerte de Céline, se pensó en dedicarle algún acto oficial, pero al final no se hizo. Sigue siendo un apestado. La posteridad es caprichosa: encumbra a unos, entierra a otros. No siempre quedan los mejores o al menos no quedan algunos que lo merecen. 
         Hay motivos ajenos a la calidad literaria. Hay motivos políticos y morales. Esto es falsear las cosas. Uno puede ser un miserable y un gran escritor, lo contrario también es cierto: uno puede ser una bellísima persona y un pésimo escritor. Confundir moral con literatura es un error de fariseos. Son legión los escritores e intelectuales mediocres que se abrazan a causas solidarias y enarbolan la noble bandera del compromiso para sostenerse. Quitadles ese aparato y se vienen abajo. La literatura no tiene nada que ver con las opiniones políticas, con firmar manifiestos o con acudir a manifestaciones por la defensa de vaya usted a saber qué. Estos autores suelen moverse en manada atacando o defendiendo, les horroriza escribir solos.
         Finalmente a todos, buenos y malos (a éstos antes) se los tragará el olvido. ¡Ah vanidad de vanidades! ¡Ah, melancólica y triste verdad! Que no quede nada de nuestro paso en la tierra... Contra el voraz olvido ya escribió Heródoto. Yo tengo una cuenta pendiente con el olvido y no sé si podré resolverla.

Kafkiano

De frente cerraba el paso una verja. Había que dar la vuelta, volver sobre nuestros pasos. Regresar por el camino solitario de la presa que embalsa el agua del río. Uno de nosotros siguió andando hasta descubrir un paso estrecho, junto a una roca, que sorteaba la verja de hierro. Al mirar desde el otro lado de la verja descubrimos que aquello era la entrada. Estábamos dentro del recinto de la central eléctrica sin saberlo. Esto me recordó una reflexión de W.H. Auden sobre Kafka. Cuenta Auden que durante la guerra pasó un día en el Pentágono. Estaba cansado y quería volver a casa. Caminó por largos pasillos hasta que llegó al puesto de un guarda. "¿A dónde va usted?", le preguntó. "Estoy tratando de salir" contestó Auden. "Ya está usted fuera" le dijo el guarda. También nosotros nos sentimos como K. pero, al revés que Auden, nos creíamos fuera cuando estábamos dentro.  

Nadaritmos

Somos solitarios sin intimidad. Estamos -dicen los expertos (habrá que creer a los expertos en esta época hiperespecializada)- asistiendo a la revolución digital. Creo que esto lo advierte el hombre de calle de manera más o menos consciente. En este blog han aparecido algunas entradas que tratan de la importancia fundamental que tienen en nuestras vidas dispositivos como el smartphone. Subrayo la soledad, el individualismo, que esto produce. No cambia nuestra forma de relacionarnos con la realidad (seguimos siendo humanos y nos mueven las emociones) lo que cambia es la realidad. Como se sabe la realidad es una convención, no viene dada de suyo, es algo que se construye. Esta nueva realidad nos priva del cuerpo. Somos seres sociales, pero el intermediario, el entrometido, es la tecnología. Se nos insta a que "compartamos" nuestras experiencias, gustos u opiniones con nuestros prójimos (el prójimo ya no es el "próximo" es un ente abstracto y remoto). Ya vayamos de viaje, subamos a una montaña, estemos en familia o asistamos a un pogromo hacemos fotos o grabamos vídeos con el móvil; lo subimos (o bajamos) a las redes sociales. Así estamos condicionados: nos mueve el deseo de agradar, de conmover o de provocar a esa comunidad del ciberespacio. En ese proceso la inteligencia artificial, de mirada fría, divina en su carácter omnisciente (aspira al dominio absoluto que no nos engañen) está aprendiendo nuestros gustos, conoce nuestra situación financiera, estudia nuestra personalidad. Por medio de los famosos "algoritmos" el capitalismo digital dispara con mira telescópica en nuestra frente de consumidores. Vivimos en un espejismo de libertad. Probablemente nos encontremos en un proceso acelerado de deshumanización. Cada uno en su casa y dios en nuestro bolsillo. Miremos en nuestro móvil la lista de los contactos de whatsapp. Es nuestro universo de relaciones y cada vez cobra más fuerza. ¿En qué conversación familiar no se entromete un vídeo gracioso que alguien nos ha enviado? Contactos de whatsapp. ¿Son una comunidad de amigos, familiares, conocidos, amantes o vivimos cada uno por nuestro lado radicalmente solos? ¿Nos hacen compañía o son fantasmas? Es desconcertante que aparezcan en esa lista -y creo que no exagero- personas con las que no tenemos trato desde hace años. Incluso, yendo más lejos, que existan sujetos a los que no hemos llegado a ver en nunca en persona. No los borramos por miedo, probablemente. Esto es totalmente desconcertante. Uno de los resultados, a mi entender, de esta revolución digital (las consecuencias de esta revolución las ignoramos pero no parecen halagüeñas) es que nuestro trato con los demás es cada vez más pobre y decepcionante.

¿Alguien conoce a Max Weber?

Un año antes de su temprana muerte, en 1919, Max Weber pronunció, en el clima revolucionario de Baviera, una conferencia en Munich para una asociación de estudiantes. La guerra había terminado el año anterior. Weber y otros oradores se proponían servir de guías para las diferentes formas de actividad basadas en el trabajo intelectual a una juventud recién licenciada del servicio militar y profundamente trastornada por las experiencias de la guerra. Esta frase que copio procede de aquella conferencia titulada "La política como vocación": 
... recurriendo a la simple tesis de que de lo bueno sólo puede resultar el bien y de lo malo sólo el mal. Si esto fuese así, naturalmente, no se presentaría el problema, pero es asombroso que tal tesis pueda aún ver la luz en el día de hoy, dos mil quinientos años después de los Upanishads. No solamente el curso todo de la historia universal, sin también el examen imparcial de la experiencia cotidiana, nos están mostrando lo contrario. El desarrollo de todas las religiones del mundo se apoya sobre la base de que la verdad es lo contrario de lo que dicha tesis sostiene. El problema original de la teodicea es el de cómo es posible que un poder que se supone, a la vez, infinito y bondadoso haya podido crear este mundo irracional de sufrimiento inmerecido, la injusticia impune y la estupidez irremediable. O ese Creador no es todopoderoso, o no es bondadoso, o bien la vida está regida por unos principios de equilibrio y sanción que sólo pueden ser interpretados metafísicamente o que están sustraídos para siempre a nuestra interpretación. Este problema de la irracionalidad del mundo ha sido la fuerza que ha impulsado todo el desarrollo religioso. La doctrina hindú del Karma, el dualismo persa, el pecado original, la predestinación y del Deus absconditus, han brotado todos de esta experiencia. También los cristianos primitivos sabían muy exactamente que el mundo está regido por los demonios y que quien se mete en política, es decir, quien accede a utilizar como medios el poder y la violencia, ha sellado un pacto con el diablo, de tal modo que ya no es cierto que en su actividad lo bueno sólo produzca el bien y lo malo el mal, sino que frecuentemente sucede lo contrario. Quien no ve esto es un niño, políticamente hablando.
        Hace cien años de estas sabias palabras. Que cada cual saque sus conclusiones.

Paisaje

El paisaje se ofrece hoy como posesión, no como contemplación. Capturamos su imagen con un ojo electrónico. Todo paisaje es un escenario amenazado por la acción del hombre. Antes de la época de la contemplación el paisaje no existía. El paisaje es un invento romántico, presupone un sujeto capaz de emoción estética. El campesino es insensible al paisaje: al campesino le interesa saber si mañana lloverá. Es una pieza más del ciclo natural, no puede salir fuera para deleitarse con las montañas, los bosques o los valles. La vida del campesino, oscura, trabajosa, elemental, es una contínua lucha con la naturaleza. No tiene nada de bello. La églogas de Teócrito, Virgilio o Garcilaso son típicos productos de una sociedad urbana. La nostalgia del hombre de ciudad por la vida rural es un error. Fue Van Gogh, un extraño, el que descubrió los colores de Provenza, no los vecinos de Arlés. La inmensa mayoría de los hombres han pasado por el mundo sin conciencia del paisaje. El paraíso siempre es un paraíso perdido.

Divagación sobre la novela

Aunque no la he leído conozco la historia: Germinie Lacerteux es la novela de los hermanos Goncourt en la que la protagonista, esta mujer de eufónico nombre, es una sencilla criada. Se cuenta la vida de una humilde mujer, un individuo insignificante en la gran capital, París. Alguien que pasa (como en el soneto de Baudelaire) por la calle y que pasa por la vida sin dejar rastro, lo que, por otra parte, es el destino de la inmensa mayoría de nosotros. No se trata de los héroes y personajes míticos del teatro de Racine, alzados sobre el coturno. Esta novela tiene un propósito moral, es una denuncia de la pobreza, lo que explícitamente declaran los Goncourt en el prólogo del libro. Este camino fue desarrollado posteriormente por Zola, como ya se sabe, que metió las manos en el vientre de París. Todos hemos sentido alguna vez, por oscura que sea nuestra vida, que somos personajes de una novela. Manhattan Transfer de Dos Passos inventa una técnica para tejer la complejísima red de vidas entrecruzadas en el inmenso laberinto de Nueva York. El Ulises de Joyce es la historia de un día en la vida de un hombre normal y corriente en el Dublín de 1904 (creo que esa es la fecha). Los mutilados, de Hermann Ungar trata de un empleado de banca, totalmente anónimo, devastado por la rutina: Franz Polgar, se llama el personaje. Pariente suyo en la nulidad es el Alfonso Nitti de Una vida de Italo Svevo, novela que originalmente se titulaba Un inepto. Otro ejemplo es El súbdito de Heinrich Mann, donde se cuenta la vida de un representante de la burguesía de la época guillermina alemana, poco antes de la Primera Guerra Mundial. De toda esta estirpe el más célebre es Josef K, de El proceso. Aquí la insignificancia del protagonista llega a ser metafísica. O bien, con el giro existencialista, se trata de Roquentin, el personaje de La náusea de Sartre, o de Meursault de El extranjero de Camus. Otro ejemplo es Babbitt, de Sinclair Lewis, que cuenta la vida de un vendedor en un estado del medio oeste americano. Todo monotonía y conformismo. Son personajes urbanos, mimetizados en la masa, con sus debilidades, sus miserias, sus vicios, sus anhelos. Recuerdo la obra del músico Aaron Copland, Fanfarria para el hombre corriente, pieza orquestal de encargo, escrita poco después del ataque a Pearl Harbor. Creo que este título encaja bien con la idea general que se pretende dar. A partir del siglo XIX hay un progresivo empequeñecimiento de los protagonistas de la novela. Para decirlo como Robert Musil, es el "hombre sin atributos". Uno de esos tipos comunes, sin nada de particular. Gógol insiste en que Akaki Akákievich, el protagonista de El abrigo, es un hombre que no destaca por nada. Ni siquiera la desgracia que le destruye tiene sentido heroico, muere de pena y abandono por perder su abrigo. Eso es todo. La mitología moderna no trata de Hércules, ni Andrómaca, ni Aquiles; trata de nuestro vecino, de cualquiera de nosotros. Considera el medio, el ambiente, generalmente hostil, en el que se desenvuelven los personajes. Se sitúa en la Historia. Y la Historia no es precisamente la Arcadia feliz.

El valor de creer

Creer, como crecer, son dos verbos que, sin más examen y un poco atolondradamente, suenan bien. Son caricias al oído. "Creo en tí" "Cree en tí mismo" "Creo -o no creo- en Dios" "Creo en el socialismo" "Creo en el libre mercado" "Creo en la independencia" ¿Qué es creer? Voy a decir lo que no es: creer no es pensar, ni examinar, ni razonar. Aunque se pueden aducir razones: "creo en x, porque esto y lo otro". Es un acto volitivo, no intelectual; puede ser consciente o no. Se puede creer en un sistema, en un objeto, en una persona, en una misión, en una tarea. Al que no cree en algo, como al que no cree en nada, se le llama "descreído" (Los hombres somos de tal forma que no nos gusta ver en alguien una muestra de desánimo, indiferencia o desesperación. Es bastante cómico que nos pasemos la vida dándonos ánimos unos a otros). Si la cosa es seria se le llama "infiel". La importancia de aquello en lo que se cree es diversa: podemos intentar hacer creer a alguien que es capaz de hacer algo (escribir un libro, resolver un problema de física, vender seguros, dejar de fumar, adelgazar, conquistar a una mujer). Se podría medir el afecto que una persona siente por nosotros por la importancia de aquello que pretende hacernos creer que somos capaces de lograr. El afecto es máximo cuando el objeto de la creencia es uno mismo: el amor nos hace decir a otra persona "creo en tí" 
        Uno de los versos más hermosos de la literatura es el último de la Divina Comedia: "el Amor que mueve el sol y las demás estrellas" Hay otro de Shakespeare, que aparece en esa tormenta de ambición, locura y crimen que es Macbeth, digno de memoria: "la leche de la bondad humana". El amor nos redime de la miseria, del error, del orgullo y la vanidad. Lo dijo San Agustín: "ama y haz lo que quieras". Pero... pero recuerdo una frase de los Relatos de Kolyma, de Varlam Shalamov que es muy inquietante. Está escrita por alguien que sobrevivió en circunstancias extremas de inhumanidad: "Todos los sentimientos humanos -el amor, la amistad, la envidia, el ansia de gloria, la misericordia o la honradez- nos habían abandonado con la carne con la que nos vimos privados durante nuestra prolongada hambruna. En la insignificante capa muscular que aún quedaba adherida a nuestros huesos, y que aún nos permitía comer, movernos, respirar, e incluso serrar leña o recoger con la pala piedras en la carretilla por los inacabables tablones de madera en las mimas de oro, en esta capa muscular sólo cabía el odio, el sentimiento humano más imperecedero" ¿Tendrá razón Shalamov? Me gustaría creer que no.

El sexo débil

 Cantando come donna innamorata
Purg. XXIX, 1

El antes llamado "sexo débil" está revolucionado. El feminismo es un movimiento emancipador que apoyo en mi modesta medida. Me parece bien, siempre que la cosa sea sensata y no caiga en extremismos, ni ridiculeces, como, por ejemplo, querer reescribir los cuentos infantiles, o pretender imitar lo vulgar propio del sexo masculino, como la competición deportiva. Creo que las mujeres son muy superiores al varón en casi todo: son más fuertes, más seguras, más duras, más disciplinadas, más ascéticas, más trabajadoras, más prácticas. No tienen ni gota de romanticismo. Tienen los pies en la tierra. Soportan más el dolor. La mujer tiene mucho más autocontrol que el hombre, sobre todo en lo que se refiere a la cosa sexual. En muchas situaciones, donde un varón se hunde, la mujer resiste y sale adelante. Encajan con más virilidad los golpes de la vida. A su lado muchos hombres son tarambanas y quejicas. Sin una mujer al lado muchos de ellos van dando tumbos, desorientados. La mujer, sin el hombre, se las apaña mejor. 
       En la sociedad machista que impuso el régimen de Franco era la mujer, en la mayoría de los casos, la que gobernaba la casa, la que administraba, la parte inteligente y civilizada del hogar. Dedicadas a "sus labores" mientras el varón era una máquina de ganar dinero al que había que poner las zapatillas y la comida cuando llegaba a casa. 
         Como todo dios sabe, millones de mujeres en el mundo padecen hoy esta penosa situación y otras peores, sobre todo en los países islámicos. Considero una desgracia para la Humanidad el dominio social que ostentan las religiones organizadas, entre otras razones porque todas tienen a la mujer por inferior al hombre.
      Si vamos al terreno de la Filosofía, pensemos en las mujeres que se carteaban con Descartes o Leibniz. Muchas ideas deben estos filósofos a sus amigas. Recuerdo que Stuart Mill dedica palabras de encendido elogio a su mujer. No quiero imaginar la cantidad de ellas que no pudieron desarrollar su talento por dedicarse a la crianza de los hijos. En esto Sor Juana Inés de la Cruz fue lista: prefirió meterse monja, aunque no tenía vocación, para seguir estudiando, que era lo suyo.

La voz viva

De vuelta del trabajo, en la burbuja del coche, escucho la voz de Auden, de Frost, de Robert Lowell o de Stephen Spender recitando sus poemas. Cualquier momento es bueno para escuchar a estos poetas de lengua inglesa. Hubiera sido espléndido, claro, poder escuchar a Baudelaire o Whitman, pero nacieron antes de este invento.

Karl Kraus, regrese usted

Con Karl Kraus no cabe término medio: o lo adoras o lo detestas. ¿Karl Kraus? Hoy nadie sabe quién fue este señor. En su época y su ciudad, en esa fabulosa eclosión de genio que fue la Viena de principios del siglo XX, KK fue el centro de todas las polémicas. Nadie le compadezca, porque nada deseaba más que eso. Este poeta aforista dramaturgo conferenciante actor editor panfletario y algunas cosas más -entre ellas judío- vivió en la Viena del "alegre Apocalipsis" la Primera Guerra Mundial y la desintegración del Imperio Austrohúngaro. Para KK su época fue una sucesión de catástrofes. 
        Satírico, violento, mordaz, reaccionario, misógino, justiciero, lúcido, temerario. Era un espíritu a la contra. Su talento se despertaba si encontraba algo que atacar, y como nunca faltan cosas que hagan comestible la mierda derrochó una inmensa cantidad de talento y energía. En un mundo feliz KK se hubiera marchitado y aburrido. KK fue editor de "La Antorcha" una revista medio artesanal que al principio contaba con algunos colaboradores que fueron desapareciendo hasta que la escribió él solo. Número a número durante varias décadas. Llegaba a los kioskos sin regularidad, cuando salía. KK escribía de noche. Odiaba la vida burguesa. Sus ataques iban dirigidos a la prensa oficial (Neue Freie Presse), al psicoanálisis, a la modernidad, al nacionalismo, a la guerra, a la estupidez, a la codicia. Disparaba a todo lo que se moviera. KK tiene mucho en común con el berlinés Kurt Tucholsky (ambos judíos) que también era un agudo crítico, tan mordaz venenoso brillante y ácido como KK. Pero Tucholsky (que según Erich Kästner pretendía detener la catástrofe -entiéndase el triunfo de Hitler- con su máquina de escribir) era incapaz de gritar. Tucholsky no pierde nunca la elegancia ni la compostura. KK, sin embargo, llega al paroxismo de la furia, lo que Tuchoslky no lograba, por carácter, supongo. Tucholsky era un leise Mensch, KK era un wütende Mensch. A las conferencias de KK asistió el joven Elías Canetti, del que se habló aquí en la entrada anterior. Un tomo de su autobiografía se titula "La antorcha al oído" Acabo de escuchar en youtube una grabación de KK en la que lee un texto que denuncia los viajes de turismo, en 1921, terminada la guerra, al frente de Verdún: Reklamefahrten zur Hölle. (Viajes promocionales al Infierno). No lee: aúlla. Si no fuera porque son polos opuestos podría confundirse con Hitler. Lo que me recuerda ese verso de Brecht: "también el odio contra la vileza enronquece la voz" Como muestra de que KK era una persona cabal está el elogioso poema que Georg Trakl le dedicó:

Weißer Hohepriester der Wahrheit,
Kristallne Stimme, in der Gottes eisiger Odem wohnt,
Zürnender Magier,
Dem unter flammendem Mantel der blaue Panzer des Kriegers klirrt

Blanco sumo sacerdote de la Verdad
cristalina voz en la que habita el helado aliento de Dios
iracundo mago
bajo cuyo flameante manto resuena la azul coraza del guerrero

Ad ora incerta

Hojeo en una librería El libro contra la muerte de Elías Canetti. Escribir ese libro es una idea que no llegó a realizar. Lo que queda es un proyecto interrumpido por la muerte. "Ya somos el olvido que seremos" es un verso de Borges. Gocemos, mientras podamos y nos dejen, de esta existencia breve. Un estoico diría que al sabio nada le perturba. Gocemos, alma mía, del agua, de la luz del sol, de la brisa, del mar, de una flor, de un paisaje, de algún libro, de la música. Mientras el corazón siga latiendo.

David Hume

Del breve ensayo De la inmortalidad del alma de David Hume tomo estas frases: 
-"La condenación de un hombre es en el universo un mal infinitamente mayor que la destrucción (subversion) de mil millones de reinos" (Dicho sea con permiso de Juan Calvino).
-"La mitad de la humanidad muere antes de alcanzar la edad de la razón" 
-"La debilidad del cuerpo y de la mente en la infancia están exactamente proporcionadas; su vigor en la edad adulta; su mutuo desorden en la enfermedad; su común decadencia gradual en la vejez. El paso siguiente parece inevitable: la común disolución en la muerte" 
-"Nada es perpetuo en este mundo. Cada ser, aunque parezca firme, está en continuo flujo y cambio. El propio mundo da señales de fragilidad y disolución" 
-"Nuestra insensibilidad, antes de la composición del cuerpo, parece a la razón natural una prueba de un estado semejante después de su disolución"
         Hume concluye que no se puede saber, por la mera razón natural, si el alma es inmortal. Sólo la revelación divina, termina diciendo, puede arrojar luz sobre esta gran e importante verdad.  Quizá esto lo dijera para estar a bien con la Iglesia y no por auténtico convencimiento. Lo que sí hizo fue sembrar suficientes dudas sobre nuestra pervivencia después de la muerte.  Los materialistas ateos de Francia, como D'Holbach o Helvétius, fueron tajantes en este asunto. Negaban la existencia del alma. Hoy este problema ha dejado de serlo, no porque se haya alcanzado una solución cierta, sino porque no existe como problema. La exaltación de la vida (de lo inmanente frente a lo trascendente) sin ninguna finalidad sobrenatural -la destrucción de la metafísica- fue realizada por Nietzsche.
        Para la época en que vivió está claro que David Hume era un pensador muy audaz. La filosofía era entonces una profesión peligrosa. Que se lo digan a Giordano Bruno, a Descartes, a Spinoza, a Servet o a Vanini. 
         Kant decía que Hume le había despertado de su "sueño dogmático"

Gaviotas

Un poema de Primo Levi habla de las gaviotas de Turín. Si la gaviota es una ave marina, Turín no es una ciudad costera. Creo, no recuerdo bien, que Primo Levi lamenta que las gaviotas hayan dejado de comer peces para alimentarse en los vertederos. Es triste, claro, cambiar el paisaje marino (los vastos horizontes, los espacios abiertos, la libertad) por los sucios tejados de una ciudad del interior. Pero aquí hay comida (en la basura) y es más fácil de encontrar. Esas gaviotas desplazadas de su hábitat natural, ¿son bioindicadores de la degradación medioambiental que los humanos provocamos? 
         De uno en uno (o de huno en huno) quizá los hombres seamos razonables y acaso tengamos nobles sentimientos; pero es evidente que como especie, como hormiguero, somos el mayor depredador que ha conocido la Tierra. Allí donde ponemos el pie causamos estragos.
         Las gaviotas llaman a nuestra ventana, como el cuervo de Poe. Da lástima verlas, aunque ellas no se enteren. Ser ciego a la propia miseria es una penosa ventaja. ¿Cuánto habrá de gaviota urbana en cada uno de nosotros? ¡Quizá estéis bien alimentadas pero habéis perdido el mar! 
          Como habrá adivinado el avisado lector esta entrada es una parábola sobre la libertad. 

Mal profeta

Mal profeta (no falso) me parece el excelente escritor William Hazlitt. El retrato que hace de Coleridge en el libro El espíritu de la época (1825) empieza como sigue: "La presente es una época de habladores, no de artífices, y la razón es que el mundo envejece. Estamos tan avanzados en Artes y Ciencias que vivimos mirando para atrás, como chocheando por los logros pasados. La acumulación de conocimiento ha sido tan grande que estamos perdidos de asombro por la altura que ha alcanzado en lugar de intentar subir y añadir algo, mientras la variedad de objetos distrae y deslumbra al que la contempla. ¿Qué nicho queda por ocupar? ¿Qué camino sin probar? ¿Para qué sirve hacer algo a menos que pudiéramos hacerlo mejor que todos los que han pasado antes que nosotros? ¿Qué esperanza hay en esto? Somos como esos que han llegado para ver algún noble monumento artístico y que se contentan con admirarlo sin pensar en rivalizar con él; o como invitados después de una fiesta que alaban la hospitalidad del anfitrión "y agradecen al generoso Pan" quizá llevándose algunos restos insignificantes; o como espectadores de una tremenda batalla cuyo ruido todavía oyen desde lejos, el choque de las armaduras, el relincho de los caballos de guerra y el grito de la victoria están en sus oídos, como el torrente de innumerables aguas" 
         En 1825 le parecía a Hazlitt viejo el mundo. En que no quedaba nada por descubrir o añadir a la suma de los conocimientos adquiridos es evidente que se equivocaba, como la paloma de Alberti. No creo que la historia sea un continuo amontonamiento de saberes, como una montaña que crece, sino más bien un olvido de lo pasado, cuyo lugar vacío vienen a ocupar nuevos apilamientos de otras formas de explicar la realidad. Y así sucesivamente. En nuestra época es el conocimiento tecnológico y científico. El escolástico medieval que discutía sutilmente sobre la naturaleza de los ángeles hoy se dedicaría a investigar los mecanismos genéticos de una enfermedad, o trabajaría en un acelerador de partículas, o haría algoritmos para predecir la evolución de los mercados financieros.
          Hay épocas que parecen viejas a sus contemporáneos, otras que son como auroras que despiertan entusiasmo. Las bibliotecas de Alejandría y Bagdad fueron pasto de las llamas. Civilizaciones enteras se han perdido. A finales de la Primera Guerra Mundial el inteligentísmo Paul Valéry señaló el alcance de la catástrofe europea en su breve texto "La crisis del espíritu".

El refugio

 L'Européen le plus moderne c'est vous Pape Pie X

En la hospedería del antiguo seminario de S* en la antigua ciudad de M* (esto parece un relato de Kleist) el marqués de A pasó tres noches. Fue a principios del siglo XXI, en pleno auge de la civilización neoliberal. El aristócrata habia caído en desgracia, viajaba solo, su equipaje era una mochila y una maleta donde llevaba su antología personal: hojas con textos literarios y filosóficos escogidos por él que sólo para él tenían valor. Al atardecer del segundo día el marqués (que naturalmente no era marqués) sacó de la maleta unas cuartillas y leyó en voz alta, en latín, un par de cuestiones de la Suma Teológica. Ese latín de las Divinas Palabras que hechizaba al pueblo llano e ignorante. Sabía que dentro de esos muros generaciones de muchachos habían estudiado la lengua de Cicerón. Se aferraba a la raíz, a la tradición que veía desmoronarse. Que las horas las señalaran las campanas y el curso del sol. Con gran satisfacción oyó el rebuzno atronador de un burro, ese équido mitológico. La ciudad de M* era un refugio, el último tal vez. Las calles desiertas de la ciudad abandonada eran acordes con su melancolía.
         Solitario, nostálgico y esquivo no era este marqués (que naturalmente no era marqués) como el otro: católico, feo y sentimental. Pero en lo esencial debían de parecerse.

Agujero negro

 Le silence éternel de ces espaces infinis m'effraie

El Homo sapiens es una paradoja no menos extraña que un agujero negro. Un agujero negro es nuestro espejo. Hace pocos días se logró la primera imagen directa de uno de esos extraños objetos o entidades del espacio-tiempo. Algo histórico, sin exageración ninguna. No se molestó en saludarnos (no fue un eclipse, ni un cometa, ni una supernova) lo han estado buscando un grupo de astrofísicos. Eso quiere decir que se sabe lo suficiente de la naturaleza como para concebir semejante ornitorrinco cósmico. Qué habría pensado Pascal de conocerlo. ¿Sentiría un espanto elevado a la enésima potencia?
     El coro de la Antígona de Sófocles canta la maravilla que es el ser humano (también podríamos cantar la maravilla que fueron los griegos). Cito la versión de Manuel Fernández-Galiano:

Muchas son las maravillas
pero el hombre es la mejor.
Por el mar canoso corre
sin miedo al soplo invernal...

Y lenguaje adquirió y pensamiento
veloz como el viento y costumbres
de civil convivencia y a huir aprendió
de los dardos funestos
de la helada lluvia.
Infinitos son los recursos con que afronta
el futuro, mas de Hades
no escapará, por más
que sepa a dolencias graves
sustraerse.
Pero así como mal puede usar
de su arte sutil e increíble,
le es posible aplicarla a lo bueno. Si cumple 
la ley de su país
de acuerdo con los dioses... 

Hemos visto por primera vez un agujero negro, cuyas características son un desafío a la imaginación. No vino ningún arcángel a anunciarnos tal cosa: su existencia se deduce de las ecuaciones de campo de la Teoría de la Relatividad General de Einstein. Su teoría es tan buena que le sobrepasó. No sé qué admirar más: si a esa singularidad donde el espacio-tiempo se anula o a la mente humana. Muchas cosas maravillosas quedan por conocer (lo que se ha logrado hasta ahora haría enmudecer a Sófocles) pero al paso que vamos no duraremos mucho. Estamos arruinando este planeta, es cuestión de décadas. Aparte de esto sabemos de lo que somos capaces: no podemos olvidarnos de Treblinka, por dar un ejemplo de monstruosidad de los muchos que ofrece la historia.
        Para cada uno de nosotros la muerte es el final... pero quién sabe. Somos tan frágiles, es todo tan extraño. Me temo que no hay Amor que mueva el sol y las demás estrellas. Dice Leopardi en el Canto del gallo silvestre: "Tempo verrà, che esso universo, e la natura medesima, sarà spenta. E nel modo che di grandissimi regni ed imperi umani, e loro maravigliosi moti, che furono famosissimi in altre età, non resta oggi segno né fama alcuna; parimente del mondo intero, e delle infinite vicende e calamità delle cose create, non rimarrà pure un vestigio; ma un silenzio nudo, e una quiete altissima, empieranno lo spazio immenso. Così questo arcano mirabile e spaventoso dell'esistenza universale, innanzi di essere dichiarato né inteso, si dileguerà e perderassi"
        ¿La naturaleza? ¿El hombre? Qué maravilla. Qué lástima. 

Plus ultra

Así comienza el cuento de horror La llamada de Cthulhu: "La cosa más piadosa del mundo, creo, es la falta de habilidad de la mente humana para relacionar todos sus contenidos. Vivimos en una plácida isla de ignorancia en medio de negros mares de infinitud, y no estaba determinado que tuviéramos que navegar lejos. Las ciencias, cada una tirando en su propia dirección, nos habían dañado poco hasta ahora; pero algún día la reunión de conocimientos dispersos abrirá vistas tan terroríficas de la realidad, y de nuestra espantosa posición en ella, que, o enloqueceremos con esa revelación, o huiremos de esa luz letal hacia la paz y seguridad de una nueva edad oscura" Me parece un comienzo redondo, se esté o no de acuerdo en lo que dice.
          Esta obertura trágica de Lovecraft se puede relacionar con el final de Los tres primeros minutos del universo, de Steven Weinberg: "Mientras escribo estas líneas, viajo en un avión a diez mil metros de altura, sobre Wyoming, en viaje de vuelta de San Francisco a Boston. Debajo, la Tierra parece muy suave y confortable, salpicada de vaporosas nubes (...) Es difícil darse cuenta de que todo esto sólo es una minúscula parte de un universo abrumadoramente hostil. Aún más difícil es comprender que este Universo actual ha evolucionado desde una condición primitiva inefablemente extraña, y tiene ante sí una futura extinción en el frío eterno o en el calor intolerable. Cuanto más comprensible parece el Universo, tanto más sin sentido parece también" Y poco más adelante Weinberg continúa, pero se aleja de Lovecraft: "El esfuerzo para comprender el Universo es una de las pocas cosas que eleva la vida humana sobre el nivel de la farsa y le imprime algo de la elevación de la tragedia" 
         Elevación de la tragedia. Weinberg me recuerda a Ulises, del canto XXVI del Infierno de Dante. Ulises cruza las columnas de Hércules, en un acto de osadía inaudita y navega, desafiando la voluntad divina, por el mar tenebroso. Uno de los nueve ensayos dantescos de Borges trata sobre este episodio. Ya se sabe cómo termina la aventura del magnánimo Ulises. Termina mal. Con el mar cerrándose sobre ellos. Naufragio. Es insensato, pero la grandeza de Ulises no se discute. 

Aprender un idioma

Aprender un nuevo idioma es regresar a la infancia. Se nombran las cosas esenciales: pan, casa, madre, lluvia, agua, cielo. Se nombran las acciones más simples, los verbos: ir, amar, hablar, comer, vivir, morir, cantar, beber, dormir, etc. Como los niños empezamos balbuceando, el idioma aún no está en nuestra cabeza. Pero si se tiene perseverancia, si hay pasión (y no hay verdadero aprendizaje sin pasión) la lengua extraña comienza a operar dentro de nosotros. Entonces el balbuceo se convierte en discurso. Esa lengua extraña empieza a sernos familiar. Aprender una lengua es fabricarnos otra cabeza y otro corazón. Somos esencialmente lenguaje. Así incorporamos una nueva visión del mundo y, si es de las llamadas "lenguas cultas" una tradición oral y literaria. Eso sucede si se estudia ruso o latín o alemán. Podemos beber en la fuente original de esa nueva cultura. Momento magnífico ese en que el idioma extraño se abre como niebla que se dispersa y descubrimos que el intrincado mecanismo se torna inteligible. Aunque para eso a veces hagan falta años de estudio.

Gibbon

Siglo XVIII, el siglo de las Luces; el siglo de Jovellanos, aquí. Época de "grandes esperanzas" A Edward Gibbon le tocó nacer en ese siglo y ser inglés. Él mismo reconoce en su Autobiografía que en la lotería de la vida tuvo mucha suerte. Al principio de su libro Historia de la decadencia y ruina del Imperio Romano, dice: "Antonino difundió orden y tranquilidad sobre la mayor parte de la tierra. Su reinado está caracterizado por la rara ventaja de proporcionar poco material a la historia, la cual es, de hecho, poco más que el registro de los crímenes, locuras y desgracias de la humanidad"

La fuga de Tolstoi

Llegado a los 82 años el viejo conde emprendió su última aventura, antes de hacer el último viaje. Como un adolescente que se va de su casa, Tolstoi huye de su hacienda, en Yásnaia Poliana, porque está harto, dice, de llevar una vida falsa. Le escribe una carta (escribir es lo suyo) a su mujer, Sofía, en la cual le pide que, por favor, no le siga, que le deje pasar solo, como hacen las personas de su edad, los últimos días. 28 de octubre, 1910. 
"Mi situación en casa se ha vuelto insoportable. Aparte de esto, no puedo vivir en la condiciones de lujo en las que he vivido, y he de hacer lo que los viejos de mi edad hacen normalmente: abandonan el mundo y pasan los últimos días de su vida en soledad y calma.
Por favor, entiende esto y no me sigas, si sabes dónde estoy. Tu llegada empeoraría tu situación y la mía y no cambiaría en nada mi resolución. Muchas gracias por los fieles 48 años que pasaste conmigo y te pido que me perdones en lo que haya sido culpable, como yo sinceramente te perdono todo por lo que fueras culpable ante mí. (...) Si quieres decirme algo, díselo a Sasha (su hija) ella sabe dónde estoy y me transmitirá lo que necesitas. No puede decir dónde estoy, pues le he hecho prometer que no se lo dirá a nadie."
        Cuenta Sergio Pitol, gran conocedor de la literatura rusa, que cuando la noticia de la muerte de Tolstoi llegó a San Petersburgo las calles se quedaron desiertas y doblaban las campanas.

In hac lacrimarum valle

541 a C. -La riada se llevó todo el ganado. El granizo arruinó la cosecha. Rezamos a los dioses para que dejen de asolarnos tantas calamidades. Del norte llegan vientos de guerra. Qué tiempos nos toca vivir. Vamos de mal en peor.
99 a C. - Ayer murió mi hijo mayor, se cayó de un árbol. Hemos rezado a Júpiter, ofrecimos sacrificios. Hubo un naufragio en la costa. Los bandidos nos tienen aterrorizados. Qué tiempos nos toca vivir. Vamos de mal en peor.
970 d C. - Arrepintámonos de nuestros pecados. Hace unos días me uní a un grupo de flagelantes. Hacemos penitencia. Pedimos limosna. Que Nuestro Señor Jesucristo nos proteja. He perdido a mi mujer y a mi hija en el incendio. Qué tiempos nos toca vivir. Vamos de mal en peor.
1348 d C. -Los cadáveres quedan insepultos. Anoche, dicen, un meteoro cruzó el cielo, un presagio funesto. El fin del mundo está cerca. Hace unos días murieron los tres hijos del herrero. Su mujer se tiró al río. Qué tiempos nos toca vivir. Vamos de mal en peor.
1635 d C. - Los suecos saquearon la ciudad vecina. Desde aquí se ven las llamas. Huele a carne quemada. ¿Dónde está Dios? Esos herejes. Pronto será nuestro turno. Todo está patas arriba. No se respeta nada. Qué tiempos nos toca vivir. Vamos de mal en peor.
1867 d C. -En la fábrica nos pagan una miseria. Trabajamos 14 horas al día. Tenemos que organizarnos. El aire está negro del humo, sobre los tejados hay una capa de hollín. Siempre borracho, esto no hay quien lo soporte. Qué tiempos nos toca vivir. Vamos de mal en peor.
1945 d C. -Fue más brillante que el sol. La ciudad desapareció en segundos. Se levantó un tornado de escombros. Mis parientes estaban en la ciudad. Me he quedado sola. En Tokio sólo podré dedicarme a la prostitución. Qué tiempos nos toca vivir. Vamos de mal en peor.
2019 d C. -El cielo está atravesado por los rastros de los aviones. El centro está imposible, por alquilar un cuartucho piden ya 900 euros al mes. El planeta se va a la mierda. He visto en internet que han tomado la primera imagen de un agujero negro. Pues nada, espero que nos destruya pronto.

Misterios de la memoria

No sé cómo -misterios de la memoria- ha destacado de la lectura de la canción XXXVII de Petrarca este verso: "et perché pria tacendo non m'impetro?" que Jacobo Cortines traduce como:"¿por qué, callando, no me vuelvo piedra?" Habiendo, como hay, tantos versos memorables en Petrarca parece que a mi memoria le ha gustado éste. Si le preguntó por qué no sabe qué contestarme.

Construir una biblioteca

María Zambrano escribió que una casa con libros se percibe antes de entrar en ella. Se percibe la gravitación de los libros. Me parece apropiado el verbo "construir" para referirse a una biblioteca. Es como levantar una torre, en la que posiblemente se quede uno encerrado. Libro a libro, como sillar a sillar, piedra a piedra, se van acumulando los volúmenes. La biblioteca a la que me refiero no es una habitación o dependencia dispuesta para los libros, son los mismos libros. Es una tarea de años, de toda una vida. No pasa con todos, pero muchos tienen recuerdos asociados: comprados en tal ciudad, en tal viaje, leídos en tal fecha. Son parte importante de nuestra biografía (o de nuestra vida, para ser más modestos). Aunque hay que distinguir entre lector y bibliófilo, no necesariamente van unidas estas dos facetas. Lo primero que pregunta alguien al entrar y ver la ingente cantidad de libros es: "pero, ¿los has leído todos?" Esa es pregunta de profano: los libros no hay por qué leerlos de cabo a rabo, se pueden ojear (¿o se dice "hojear"?). Algunos se adquieren "por si acaso", esperando el momento oportuno en que se puedan leer. Libros anotados, con marcas de lectura, con subrayados: esos son los buenos libros. Borges. que imaginó la Biblioteca de Babel, recordaba que Emerson decía que una biblioteca es un gabinete mágico: basta abrir un libro para conversar con alguien que lleva muerto siglos. La voz del difunto se hace viva en cada lectura. Eso dice el soneto de Quevedo. Hace un rato leí parte de la Autobiografía de Franz Grillparzer (gran escritor), y me trasladé a la Viena de principios del siglo XIX, a su casa familiar. Entre los libros se establecen extrañas conexiones: unos se refieren a otros. He visitado alguna biblioteca personal, pero la que recuerdo ahora antes que ninguna es la de Montaigne, en su torre circular, cerca de Burdeos. Los libros que manejó ya no estaban, era una sala vacía. En pocas partes como en esa torre se percibe el genio del lugar. Montaigne era un Quijote de la lucidez y el escepticismo. Se podría dividir a las personas en dos clases: la de los que leyeron los Ensayos y la de los que no. ¿Qué será de nuestros libros cuando ya no estemos? Vendrá la dispersión, el caos. ¡Tratadlos bien! Haced que caigan en buenas manos. Me parece que no es mala forma de pasar por este mundo, cada vez más poblado por cada vez menos almas, dejar como legado una montaña de libros.

Identidad lingüística

Hablar la misma lengua no es condición suficiente para que una comunidad se integre en otra. Sostener que hablar una misma lengua dota al cuerpo de hablantes de una identidad única es un error. Pero esto tiene matices.
         La lengua se usa a menudo como arma política para crear una comunidad particular. Esto se hace por la fuerza. Lo primero que hace un país invasor es imponer su idioma en los territorios ocupados. Por ejemplo, los rusos impusieron su lengua en los países bálticos y en las repúblicas de Asia Central. Fue lengua de estudio en sus países satélites. Kazajos, uzbekos, ucranianos, letonios, checos, eslovacos, húngaros, polacos, cubanos, estonios o azerbayanos se entendían en ese idioma.  
          No sé qué lingüísta dijo que un idioma es un dialecto con ejército y armada. Esto está muy bien dicho. 
          Antonio de Nebrija elaboró la primera gramática de la lengua castellana en tiempos de los Reyes Católicos. No es casualidad. Se publicó en 1492. El español sería la lengua del imperio. Tomo de wikipedia la siguiente defensa de esta gramática de Nebrija, redactada por fray Hernando de Talavera: Después de que Su Alteza haya sometido a bárbaros pueblos y naciones de diversas lenguas, con la conquista vendrá la necesidad de aceptar las leyes que el conquistador impone a los conquistados, y entre ellos nuestro idioma; con esta obra mía, serán capaces de aprenderlo, tal como nosotros aprendemos latín a través de la gramática latina.
         Siglos después los "bárbaros" americanos enriquecieron inmensamente el acervo literario del español. Rubén Darío, Borges, Vargas Llosa, Sábato, Rulfo, Octavio Paz, Cortázar, Carlos Fuentes, César Vallejo, Pablo Neruda, etc. 

Milagros

La superstición es tenaz: imposible convencer a un fanático que niega la redondez de la Tierra de que la Tierra no es plana. Dios, se dice, confunde a los sabios, prefiere los humildes, los analfabetos e ignorantes. Pero ser analfabeto e ignorante no es una ventaja si tenemos que desenvolvernos en este mundo, tan lleno de injusticia. No me parece honrado, sino artero, el fenómeno milagroso que ensalce la ignorancia y la sencillez de sus testigos, considerándolas prendas de valor ante el supuesto Ser Supremo. La Ilustración (pensemos en Kant) pretendió hacer salir al hombre de la infancia para que pensara por sí mismo. Eso no fue un acto de soberbia. Era decir: "no te dejes engañar, atrévete a saber". Desde luego, ante la miseria humana puede ser lógico (o ilógico) aferrarse a una devoción sobrenatural. La ciencia no remedia nuestra mortalidad, nuestra miseria esencial. No da respuesta a las últimas preguntas. No es ésa su tarea. La ciencia, esa aventura prometeica, no basta. Es cierto que somos miserables. No cambio la devoción de la Cruz por la devoción del tubo de ensayo. Entonces, ¿los sabios nada saben? Puede ser. Pero algunos fabrican la bomba atómica -ese prodigio de destrucción- mientras los demás contamos con los dedos. No creo en los milagros (intervenciones divinas que trastornan el curso de la naturaleza), pero me temo que sí son ciertas la desintegración del átomo y las bacterias resistentes a los antibióticos. Recuerdo a este respecto al atormentado Pascal, destruído a base de ascetismo y penitencia, desgarrado entre la fe y la razón.