El sexo débil

 Cantando come donna innamorata
Purg. XXIX, 1

El antes llamado "sexo débil" está revolucionado. El feminismo es un movimiento emancipador que apoyo en mi modesta medida. Me parece bien, siempre que la cosa sea sensata y no caiga en extremismos, ni ridiculeces, como, por ejemplo, querer reescribir los cuentos infantiles, o pretender imitar lo vulgar propio del sexo masculino, como la competición deportiva. Creo que las mujeres son muy superiores al varón en casi todo: son más fuertes, más seguras, más duras, más disciplinadas, más ascéticas, más trabajadoras, más prácticas. No tienen ni gota de romanticismo. Tienen los pies en la tierra. Soportan más el dolor. La mujer tiene mucho más autocontrol que el hombre, sobre todo en lo que se refiere a la cosa sexual. En muchas situaciones, donde un varón se hunde, la mujer resiste y sale adelante. Encajan con más virilidad los golpes de la vida. A su lado muchos hombres son tarambanas y quejicas. Sin una mujer al lado muchos de ellos van dando tumbos, desorientados. La mujer, sin el hombre, se las apaña mejor. 
       En la sociedad machista que impuso el régimen de Franco era la mujer, en la mayoría de los casos, la que gobernaba la casa, la que administraba, la parte inteligente y civilizada del hogar. Dedicadas a "sus labores" mientras el varón era una máquina de ganar dinero al que había que poner las zapatillas y la comida cuando llegaba a casa. 
         Como todo dios sabe, millones de mujeres en el mundo padecen hoy esta penosa situación y otras peores, sobre todo en los países islámicos. Considero una desgracia para la Humanidad el dominio social que ostentan las religiones organizadas, entre otras razones porque todas tienen a la mujer por inferior al hombre.
      Si vamos al terreno de la Filosofía, pensemos en las mujeres que se carteaban con Descartes o Leibniz. Muchas ideas deben estos filósofos a sus amigas. Recuerdo que Stuart Mill dedica palabras de encendido elogio a su mujer. No quiero imaginar la cantidad de ellas que no pudieron desarrollar su talento por dedicarse a la crianza de los hijos. En esto Sor Juana Inés de la Cruz fue lista: prefirió meterse monja, aunque no tenía vocación, para seguir estudiando, que era lo suyo.

La voz viva

De vuelta del trabajo, en la burbuja del coche, escucho la voz de Auden, de Frost, de Robert Lowell o de Stephen Spender recitando sus poemas. Cualquier momento es bueno para escuchar a estos poetas de lengua inglesa. Hubiera sido espléndido, claro, poder escuchar a Baudelaire o Whitman, pero nacieron antes de este invento.

Karl Kraus, regrese usted

Con Karl Kraus no cabe término medio: o lo adoras o lo detestas. ¿Karl Kraus? Hoy nadie sabe quién fue este señor. En su época y su ciudad, en esa fabulosa eclosión de genio que fue la Viena de principios del siglo XX, KK fue el centro de todas las polémicas. Nadie le compadezca, porque nada deseaba más que eso. Este poeta aforista dramaturgo conferenciante actor editor panfletario y algunas cosas más -entre ellas judío- vivió en la Viena del "alegre Apocalipsis" la Primera Guerra Mundial y la desintegración del Imperio Austrohúngaro. Para KK su época fue una sucesión de catástrofes. 
        Satírico, violento, mordaz, reaccionario, misógino, justiciero, lúcido, temerario. Era un espíritu a la contra. Su talento se despertaba si encontraba algo que atacar, y como nunca faltan cosas que hagan comestible la mierda derrochó una inmensa cantidad de talento y energía. En un mundo feliz KK se hubiera marchitado y aburrido. KK fue editor de "La Antorcha" una revista medio artesanal que al principio contaba con algunos colaboradores que fueron desapareciendo hasta que la escribió él solo. Número a número durante varias décadas. Llegaba a los kioskos sin regularidad, cuando salía. KK escribía de noche. Odiaba la vida burguesa. Sus ataques iban dirigidos a la prensa oficial (Neue Freie Presse), al psicoanálisis, a la modernidad, al nacionalismo, a la guerra, a la estupidez, a la codicia. Disparaba a todo lo que se moviera. KK tiene mucho en común con el berlinés Kurt Tucholsky (ambos judíos) que también era un agudo crítico, tan mordaz venenoso brillante y ácido como KK. Pero Tucholsky (que según Erich Kästner pretendía detener la catástrofe -entiéndase el triunfo de Hitler- con su máquina de escribir) era incapaz de gritar. Tucholsky no pierde nunca la elegancia ni la compostura. KK, sin embargo, llega al paroxismo de la furia, lo que Tuchoslky no lograba, por carácter, supongo. Tucholsky era un leise Mensch, KK era un wütende Mensch. A las conferencias de KK asistió el joven Elías Canetti, del que se habló aquí en la entrada anterior. Un tomo de su autobiografía se titula "La antorcha al oído" Acabo de escuchar en youtube una grabación de KK en la que lee un texto que denuncia los viajes de turismo, en 1921, terminada la guerra, al frente de Verdún: Reklamefahrten zur Hölle. (Viajes promocionales al Infierno). No lee: aúlla. Si no fuera porque son polos opuestos podría confundirse con Hitler. Lo que me recuerda ese verso de Brecht: "también el odio contra la vileza enronquece la voz" Como muestra de que KK era una persona cabal está el elogioso poema que Georg Trakl le dedicó:

Weißer Hohepriester der Wahrheit,
Kristallne Stimme, in der Gottes eisiger Odem wohnt,
Zürnender Magier,
Dem unter flammendem Mantel der blaue Panzer des Kriegers klirrt

Blanco sumo sacerdote de la Verdad
cristalina voz en la que habita el helado aliento de Dios
iracundo mago
bajo cuyo flameante manto resuena la azul coraza del guerrero

Ad ora incerta

Hojeo en una librería El libro contra la muerte de Elías Canetti. Escribir ese libro es una idea que no llegó a realizar. Lo que queda es un proyecto interrumpido por la muerte. "Ya somos el olvido que seremos" es un verso de Borges. Gocemos, mientras podamos y nos dejen, de esta existencia breve. Un estoico diría que al sabio nada le perturba. Gocemos, alma mía, del agua, de la luz del sol, de la brisa, del mar, de una flor, de un paisaje, de algún libro, de la música. Mientras el corazón siga latiendo.

David Hume

Del breve ensayo De la inmortalidad del alma de David Hume tomo estas frases: 
-"La condenación de un hombre es en el universo un mal infinitamente mayor que la destrucción (subversion) de mil millones de reinos" (Dicho sea con permiso de Juan Calvino).
-"La mitad de la humanidad muere antes de alcanzar la edad de la razón" 
-"La debilidad del cuerpo y de la mente en la infancia están exactamente proporcionadas; su vigor en la edad adulta; su mutuo desorden en la enfermedad; su común decadencia gradual en la vejez. El paso siguiente parece inevitable: la común disolución en la muerte" 
-"Nada es perpetuo en este mundo. Cada ser, aunque parezca firme, está en continuo flujo y cambio. El propio mundo da señales de fragilidad y disolución" 
-"Nuestra insensibilidad, antes de la composición del cuerpo, parece a la razón natural una prueba de un estado semejante después de su disolución"
         Hume concluye que no se puede saber, por la mera razón natural, si el alma es inmortal. Sólo la revelación divina, termina diciendo, puede arrojar luz sobre esta gran e importante verdad.  Quizá esto lo dijera para estar a bien con la Iglesia y no por auténtico convencimiento. Lo que sí hizo fue sembrar suficientes dudas sobre nuestra pervivencia después de la muerte.  Los materialistas ateos de Francia, como D'Holbach o Helvétius, fueron tajantes en este asunto. Negaban la existencia del alma. Hoy este problema ha dejado de serlo, no porque se haya alcanzado una solución cierta, sino porque no existe como problema. La exaltación de la vida (de lo inmanente frente a lo trascendente) sin ninguna finalidad sobrenatural -la destrucción de la metafísica- fue realizada por Nietzsche.
        Para la época en que vivió está claro que David Hume era un pensador muy audaz. La filosofía era entonces una profesión peligrosa. Que se lo digan a Giordano Bruno, a Descartes, a Spinoza, a Servet o a Vanini. 
         Kant decía que Hume le había despertado de su "sueño dogmático"

Gaviotas

Un poema de Primo Levi habla de las gaviotas de Turín. Si la gaviota es una ave marina, Turín no es una ciudad costera. Creo, no recuerdo bien, que Primo Levi lamenta que las gaviotas hayan dejado de comer peces para alimentarse en los vertederos. Es triste, claro, cambiar el paisaje marino (los vastos horizontes, los espacios abiertos, la libertad) por los sucios tejados de una ciudad del interior. Pero aquí hay comida (en la basura) y es más fácil de encontrar. Esas gaviotas desplazadas de su hábitat natural, ¿son bioindicadores de la degradación medioambiental que los humanos provocamos? 
         De uno en uno (o de huno en huno) quizá los hombres seamos razonables y acaso tengamos nobles sentimientos; pero es evidente que como especie, como hormiguero, somos el mayor depredador que ha conocido la Tierra. Allí donde ponemos el pie causamos estragos.
         Las gaviotas llaman a nuestra ventana, como el cuervo de Poe. Da lástima verlas, aunque ellas no se enteren. Ser ciego a la propia miseria es una penosa ventaja. ¿Cuánto habrá de gaviota urbana en cada uno de nosotros? ¡Quizá estéis bien alimentadas pero habéis perdido el mar! 
          Como habrá adivinado el avisado lector esta entrada es una parábola sobre la libertad. 

Mal profeta

Mal profeta (no falso) me parece el excelente escritor William Hazlitt. El retrato que hace de Coleridge en el libro El espíritu de la época (1825) empieza como sigue: "La presente es una época de habladores, no de artífices, y la razón es que el mundo envejece. Estamos tan avanzados en Artes y Ciencias que vivimos mirando para atrás, como chocheando por los logros pasados. La acumulación de conocimiento ha sido tan grande que estamos perdidos de asombro por la altura que ha alcanzado en lugar de intentar subir y añadir algo, mientras la variedad de objetos distrae y deslumbra al que la contempla. ¿Qué nicho queda por ocupar? ¿Qué camino sin probar? ¿Para qué sirve hacer algo a menos que pudiéramos hacerlo mejor que todos los que han pasado antes que nosotros? ¿Qué esperanza hay en esto? Somos como esos que han llegado para ver algún noble monumento artístico y que se contentan con admirarlo sin pensar en rivalizar con él; o como invitados después de una fiesta que alaban la hospitalidad del anfitrión "y agradecen al generoso Pan" quizá llevándose algunos restos insignificantes; o como espectadores de una tremenda batalla cuyo ruido todavía oyen desde lejos, el choque de las armaduras, el relincho de los caballos de guerra y el grito de la victoria están en sus oídos, como el torrente de innumerables aguas" 
         En 1825 le parecía a Hazlitt viejo el mundo. En que no quedaba nada por descubrir o añadir a la suma de los conocimientos adquiridos es evidente que se equivocaba, como la paloma de Alberti. No creo que la historia sea un continuo amontonamiento de saberes, como una montaña que crece, sino más bien un olvido de lo pasado, cuyo lugar vacío vienen a ocupar nuevos apilamientos de otras formas de explicar la realidad. Y así sucesivamente. En nuestra época es el conocimiento tecnológico y científico. El escolástico medieval que discutía sutilmente sobre la naturaleza de los ángeles hoy se dedicaría a investigar los mecanismos genéticos de una enfermedad, o trabajaría en un acelerador de partículas, o haría algoritmos para predecir la evolución de los mercados financieros.
          Hay épocas que parecen viejas a sus contemporáneos, otras que son como auroras que despiertan entusiasmo. Las bibliotecas de Alejandría y Bagdad fueron pasto de las llamas. Civilizaciones enteras se han perdido. A finales de la Primera Guerra Mundial el inteligentísmo Paul Valéry señaló el alcance de la catástrofe europea en su breve texto "La crisis del espíritu".

El refugio

 L'Européen le plus moderne c'est vous Pape Pie X

En la hospedería del antiguo seminario de S* en la antigua ciudad de M* (esto parece un relato de Kleist) el marqués de A pasó tres noches. Fue a principios del siglo XXI, en pleno auge de la civilización neoliberal. El aristócrata habia caído en desgracia, viajaba solo, su equipaje era una mochila y una maleta donde llevaba su antología personal: hojas con textos literarios y filosóficos escogidos por él que sólo para él tenían valor. Al atardecer del segundo día el marqués (que naturalmente no era marqués) sacó de la maleta unas cuartillas y leyó en voz alta, en latín, un par de cuestiones de la Suma Teológica. Ese latín de las Divinas Palabras que hechizaba al pueblo llano e ignorante. Sabía que dentro de esos muros generaciones de muchachos habían estudiado la lengua de Cicerón. Se aferraba a la raíz, a la tradición que veía desmoronarse. Que las horas las señalaran las campanas y el curso del sol. Con gran satisfacción oyó el rebuzno atronador de un burro, ese équido mitológico. La ciudad de M* era un refugio, el último tal vez. Las calles desiertas de la ciudad abandonada eran acordes con su melancolía.
         Solitario, nostálgico y esquivo no era este marqués (que naturalmente no era marqués) como el otro: católico, feo y sentimental. Pero en lo esencial debían de parecerse.

Agujero negro

 Le silence éternel de ces espaces infinis m'effraie

El Homo sapiens es una paradoja no menos extraña que un agujero negro. Un agujero negro es nuestro espejo. Hace pocos días se logró la primera imagen directa de uno de esos extraños objetos o entidades del espacio-tiempo. Algo histórico, sin exageración ninguna. No se molestó en saludarnos (no fue un eclipse, ni un cometa, ni una supernova) lo han estado buscando un grupo de astrofísicos. Eso quiere decir que se sabe lo suficiente de la naturaleza como para concebir semejante ornitorrinco cósmico. Qué habría pensado Pascal de conocerlo. ¿Sentiría un espanto elevado a la enésima potencia?
     El coro de la Antígona de Sófocles canta la maravilla que es el ser humano (también podríamos cantar la maravilla que fueron los griegos). Cito la versión de Manuel Fernández-Galiano:

Muchas son las maravillas
pero el hombre es la mejor.
Por el mar canoso corre
sin miedo al soplo invernal...

Y lenguaje adquirió y pensamiento
veloz como el viento y costumbres
de civil convivencia y a huir aprendió
de los dardos funestos
de la helada lluvia.
Infinitos son los recursos con que afronta
el futuro, mas de Hades
no escapará, por más
que sepa a dolencias graves
sustraerse.
Pero así como mal puede usar
de su arte sutil e increíble,
le es posible aplicarla a lo bueno. Si cumple 
la ley de su país
de acuerdo con los dioses... 

Hemos visto por primera vez un agujero negro, cuyas características son un desafío a la imaginación. No vino ningún arcángel a anunciarnos tal cosa: su existencia se deduce de las ecuaciones de campo de la Teoría de la Relatividad General de Einstein. Su teoría es tan buena que le sobrepasó. No sé qué admirar más: si a esa singularidad donde el espacio-tiempo se anula o a la mente humana. Muchas cosas maravillosas quedan por conocer (lo que se ha logrado hasta ahora haría enmudecer a Sófocles) pero al paso que vamos no duraremos mucho. Estamos arruinando este planeta, es cuestión de décadas. Aparte de esto sabemos de lo que somos capaces: no podemos olvidarnos de Treblinka, por dar un ejemplo de monstruosidad de los muchos que ofrece la historia.
        Para cada uno de nosotros la muerte es el final... pero quién sabe. Somos tan frágiles, es todo tan extraño. Me temo que no hay Amor que mueva el sol y las demás estrellas. Dice Leopardi en el Canto del gallo silvestre: "Tempo verrà, che esso universo, e la natura medesima, sarà spenta. E nel modo che di grandissimi regni ed imperi umani, e loro maravigliosi moti, che furono famosissimi in altre età, non resta oggi segno né fama alcuna; parimente del mondo intero, e delle infinite vicende e calamità delle cose create, non rimarrà pure un vestigio; ma un silenzio nudo, e una quiete altissima, empieranno lo spazio immenso. Così questo arcano mirabile e spaventoso dell'esistenza universale, innanzi di essere dichiarato né inteso, si dileguerà e perderassi"
        ¿La naturaleza? ¿El hombre? Qué maravilla. Qué lástima. 

Plus ultra

Así comienza el cuento de horror La llamada de Cthulhu: "La cosa más piadosa del mundo, creo, es la falta de habilidad de la mente humana para relacionar todos sus contenidos. Vivimos en una plácida isla de ignorancia en medio de negros mares de infinitud, y no estaba determinado que tuviéramos que navegar lejos. Las ciencias, cada una tirando en su propia dirección, nos habían dañado poco hasta ahora; pero algún día la reunión de conocimientos dispersos abrirá vistas tan terroríficas de la realidad, y de nuestra espantosa posición en ella, que, o enloqueceremos con esa revelación, o huiremos de esa luz letal hacia la paz y seguridad de una nueva edad oscura" Me parece un comienzo redondo, se esté o no de acuerdo en lo que dice.
          Esta obertura trágica de Lovecraft se puede relacionar con el final de Los tres primeros minutos del universo, de Steven Weinberg: "Mientras escribo estas líneas, viajo en un avión a diez mil metros de altura, sobre Wyoming, en viaje de vuelta de San Francisco a Boston. Debajo, la Tierra parece muy suave y confortable, salpicada de vaporosas nubes (...) Es difícil darse cuenta de que todo esto sólo es una minúscula parte de un universo abrumadoramente hostil. Aún más difícil es comprender que este Universo actual ha evolucionado desde una condición primitiva inefablemente extraña, y tiene ante sí una futura extinción en el frío eterno o en el calor intolerable. Cuanto más comprensible parece el Universo, tanto más sin sentido parece también" Y poco más adelante Weinberg continúa, pero se aleja de Lovecraft: "El esfuerzo para comprender el Universo es una de las pocas cosas que eleva la vida humana sobre el nivel de la farsa y le imprime algo de la elevación de la tragedia" 
         Elevación de la tragedia. Weinberg me recuerda a Ulises, del canto XXVI del Infierno de Dante. Ulises cruza las columnas de Hércules, en un acto de osadía inaudita y navega, desafiando la voluntad divina, por el mar tenebroso. Uno de los nueve ensayos dantescos de Borges trata sobre este episodio. Ya se sabe cómo termina la aventura del magnánimo Ulises. Termina mal. Con el mar cerrándose sobre ellos. Naufragio. Es insensato, pero la grandeza de Ulises no se discute. 

Aprender un idioma

Aprender un nuevo idioma es regresar a la infancia. Se nombran las cosas esenciales: pan, casa, madre, lluvia, agua, cielo. Se nombran las acciones más simples, los verbos: ir, amar, hablar, comer, vivir, morir, cantar, beber, dormir, etc. Como los niños empezamos balbuceando, el idioma aún no está en nuestra cabeza. Pero si se tiene perseverancia, si hay pasión (y no hay verdadero aprendizaje sin pasión) la lengua extraña comienza a operar dentro de nosotros. Entonces el balbuceo se convierte en discurso. Esa lengua extraña empieza a sernos familiar. Aprender una lengua es fabricarnos otra cabeza y otro corazón. Somos esencialmente lenguaje. Así incorporamos una nueva visión del mundo y, si es de las llamadas "lenguas cultas" una tradición oral y literaria. Eso sucede si se estudia ruso o latín o alemán. Podemos beber en la fuente original de esa nueva cultura. Momento magnífico ese en que el idioma extraño se abre como niebla que se dispersa y descubrimos que el intrincado mecanismo se torna inteligible. Aunque para eso a veces hagan falta años de estudio.

Gibbon

Siglo XVIII, el siglo de las Luces; el siglo de Jovellanos, aquí. Época de "grandes esperanzas" A Edward Gibbon le tocó nacer en ese siglo y ser inglés. Él mismo reconoce en su Autobiografía que en la lotería de la vida tuvo mucha suerte. Al principio de su libro Historia de la decadencia y ruina del Imperio Romano, dice: "Antonino difundió orden y tranquilidad sobre la mayor parte de la tierra. Su reinado está caracterizado por la rara ventaja de proporcionar poco material a la historia, la cual es, de hecho, poco más que el registro de los crímenes, locuras y desgracias de la humanidad"

La fuga de Tolstoi

Llegado a los 82 años el viejo conde emprendió su última aventura, antes de hacer el último viaje. Como un adolescente que se va de su casa, Tolstoi huye de su hacienda, en Yásnaia Poliana, porque está harto, dice, de llevar una vida falsa. Le escribe una carta (escribir es lo suyo) a su mujer, Sofía, en la cual le pide que, por favor, no le siga, que le deje pasar solo, como hacen las personas de su edad, los últimos días. 28 de octubre, 1910. 
"Mi situación en casa se ha vuelto insoportable. Aparte de esto, no puedo vivir en la condiciones de lujo en las que he vivido, y he de hacer lo que los viejos de mi edad hacen normalmente: abandonan el mundo y pasan los últimos días de su vida en soledad y calma.
Por favor, entiende esto y no me sigas, si sabes dónde estoy. Tu llegada empeoraría tu situación y la mía y no cambiaría en nada mi resolución. Muchas gracias por los fieles 48 años que pasaste conmigo y te pido que me perdones en lo que haya sido culpable, como yo sinceramente te perdono todo por lo que fueras culpable ante mí. (...) Si quieres decirme algo, díselo a Sasha (su hija) ella sabe dónde estoy y me transmitirá lo que necesitas. No puede decir dónde estoy, pues le he hecho prometer que no se lo dirá a nadie."
        Cuenta Sergio Pitol, gran conocedor de la literatura rusa, que cuando la noticia de la muerte de Tolstoi llegó a San Petersburgo las calles se quedaron desiertas y doblaban las campanas.

In hac lacrimarum valle

541 a C. -La riada se llevó todo el ganado. El granizo arruinó la cosecha. Rezamos a los dioses para que dejen de asolarnos tantas calamidades. Del norte llegan vientos de guerra. Qué tiempos nos toca vivir. Vamos de mal en peor.
99 a C. - Ayer murió mi hijo mayor, se cayó de un árbol. Hemos rezado a Júpiter, ofrecimos sacrificios. Hubo un naufragio en la costa. Los bandidos nos tienen aterrorizados. Qué tiempos nos toca vivir. Vamos de mal en peor.
970 d C. - Arrepintámonos de nuestros pecados. Hace unos días me uní a un grupo de flagelantes. Hacemos penitencia. Pedimos limosna. Que Nuestro Señor Jesucristo nos proteja. He perdido a mi mujer y a mi hija en el incendio. Qué tiempos nos toca vivir. Vamos de mal en peor.
1348 d C. -Los cadáveres quedan insepultos. Anoche, dicen, un meteoro cruzó el cielo, un presagio funesto. El fin del mundo está cerca. Hace unos días murieron los tres hijos del herrero. Su mujer se tiró al río. Qué tiempos nos toca vivir. Vamos de mal en peor.
1635 d C. - Los suecos saquearon la ciudad vecina. Desde aquí se ven las llamas. Huele a carne quemada. ¿Dónde está Dios? Esos herejes. Pronto será nuestro turno. Todo está patas arriba. No se respeta nada. Qué tiempos nos toca vivir. Vamos de mal en peor.
1867 d C. -En la fábrica nos pagan una miseria. Trabajamos 14 horas al día. Tenemos que organizarnos. El aire está negro del humo, sobre los tejados hay una capa de hollín. Siempre borracho, esto no hay quien lo soporte. Qué tiempos nos toca vivir. Vamos de mal en peor.
1945 d C. -Fue más brillante que el sol. La ciudad desapareció en segundos. Se levantó un tornado de escombros. Mis parientes estaban en la ciudad. Me he quedado sola. En Tokio sólo podré dedicarme a la prostitución. Qué tiempos nos toca vivir. Vamos de mal en peor.
2019 d C. -El cielo está atravesado por los rastros de los aviones. El centro está imposible, por alquilar un cuartucho piden ya 900 euros al mes. El planeta se va a la mierda. He visto en internet que han tomado la primera imagen de un agujero negro. Pues nada, espero que nos destruya pronto.

Misterios de la memoria

No sé cómo -misterios de la memoria- ha destacado de la lectura de la canción XXXVII de Petrarca este verso: "et perché pria tacendo non m'impetro?" que Jacobo Cortines traduce como:"¿por qué, callando, no me vuelvo piedra?" Habiendo, como hay, tantos versos memorables en Petrarca parece que a mi memoria le ha gustado éste. Si le preguntó por qué no sabe qué contestarme.

Construir una biblioteca

María Zambrano escribió que una casa con libros se percibe antes de entrar en ella. Se percibe la gravitación de los libros. Me parece apropiado el verbo "construir" para referirse a una biblioteca. Es como levantar una torre, en la que posiblemente se quede uno encerrado. Libro a libro, como sillar a sillar, piedra a piedra, se van acumulando los volúmenes. La biblioteca a la que me refiero no es una habitación o dependencia dispuesta para los libros, son los mismos libros. Es una tarea de años, de toda una vida. No pasa con todos, pero muchos tienen recuerdos asociados: comprados en tal ciudad, en tal viaje, leídos en tal fecha. Son parte importante de nuestra biografía (o de nuestra vida, para ser más modestos). Aunque hay que distinguir entre lector y bibliófilo, no necesariamente van unidas estas dos facetas. Lo primero que pregunta alguien al entrar y ver la ingente cantidad de libros es: "pero, ¿los has leído todos?" Esa es pregunta de profano: los libros no hay por qué leerlos de cabo a rabo, se pueden ojear (¿o se dice "hojear"?). Algunos se adquieren "por si acaso", esperando el momento oportuno en que se puedan leer. Libros anotados, con marcas de lectura, con subrayados: esos son los buenos libros. Borges. que imaginó la Biblioteca de Babel, recordaba que Emerson decía que una biblioteca es un gabinete mágico: basta abrir un libro para conversar con alguien que lleva muerto siglos. La voz del difunto se hace viva en cada lectura. Eso dice el soneto de Quevedo. Hace un rato leí parte de la Autobiografía de Franz Grillparzer (gran escritor), y me trasladé a la Viena de principios del siglo XIX, a su casa familiar. Entre los libros se establecen extrañas conexiones: unos se refieren a otros. He visitado alguna biblioteca personal, pero la que recuerdo ahora antes que ninguna es la de Montaigne, en su torre circular, cerca de Burdeos. Los libros que manejó ya no estaban, era una sala vacía. En pocas partes como en esa torre se percibe el genio del lugar. Montaigne era un Quijote de la lucidez y el escepticismo. Se podría dividir a las personas en dos clases: la de los que leyeron los Ensayos y la de los que no. ¿Qué será de nuestros libros cuando ya no estemos? Vendrá la dispersión, el caos. ¡Tratadlos bien! Haced que caigan en buenas manos. Me parece que no es mala forma de pasar por este mundo, cada vez más poblado por cada vez menos almas, dejar como legado una montaña de libros.

Identidad lingüística

Hablar la misma lengua no es condición suficiente para que una comunidad se integre en otra. Sostener que hablar una misma lengua dota al cuerpo de hablantes de una identidad única es un error. Pero esto tiene matices.
         La lengua se usa a menudo como arma política para crear una comunidad particular. Esto se hace por la fuerza. Lo primero que hace un país invasor es imponer su idioma en los territorios ocupados. Por ejemplo, los rusos impusieron su lengua en los países bálticos y en las repúblicas de Asia Central. Fue lengua de estudio en sus países satélites. Kazajos, uzbekos, ucranianos, letonios, checos, eslovacos, húngaros, polacos, cubanos, estonios o azerbayanos se entendían en ese idioma.  
          No sé qué lingüísta dijo que un idioma es un dialecto con ejército y armada. Esto está muy bien dicho. 
          Antonio de Nebrija elaboró la primera gramática de la lengua castellana en tiempos de los Reyes Católicos. No es casualidad. Se publicó en 1492. El español sería la lengua del imperio. Tomo de wikipedia la siguiente defensa de esta gramática de Nebrija, redactada por fray Hernando de Talavera: Después de que Su Alteza haya sometido a bárbaros pueblos y naciones de diversas lenguas, con la conquista vendrá la necesidad de aceptar las leyes que el conquistador impone a los conquistados, y entre ellos nuestro idioma; con esta obra mía, serán capaces de aprenderlo, tal como nosotros aprendemos latín a través de la gramática latina.
         Siglos después los "bárbaros" americanos enriquecieron inmensamente el acervo literario del español. Rubén Darío, Borges, Vargas Llosa, Sábato, Rulfo, Octavio Paz, Cortázar, Carlos Fuentes, César Vallejo, Pablo Neruda, etc. 

Milagros

La superstición es tenaz: imposible convencer a un fanático que niega la redondez de la Tierra de que la Tierra no es plana. Dios, se dice, confunde a los sabios, prefiere los humildes, los analfabetos e ignorantes. Pero ser analfabeto e ignorante no es una ventaja si tenemos que desenvolvernos en este mundo, tan lleno de injusticia. No me parece honrado, sino artero, el fenómeno milagroso que ensalce la ignorancia y la sencillez de sus testigos, considerándolas prendas de valor ante el supuesto Ser Supremo. La Ilustración (pensemos en Kant) pretendió hacer salir al hombre de la infancia para que pensara por sí mismo. Eso no fue un acto de soberbia. Era decir: "no te dejes engañar, atrévete a saber". Desde luego, ante la miseria humana puede ser lógico (o ilógico) aferrarse a una devoción sobrenatural. La ciencia no remedia nuestra mortalidad, nuestra miseria esencial. No da respuesta a las últimas preguntas. No es ésa su tarea. La ciencia, esa aventura prometeica, no basta. Es cierto que somos miserables. No cambio la devoción de la Cruz por la devoción del tubo de ensayo. Entonces, ¿los sabios nada saben? Puede ser. Pero algunos fabrican la bomba atómica -ese prodigio de destrucción- mientras los demás contamos con los dedos. No creo en los milagros (intervenciones divinas que trastornan el curso de la naturaleza), pero me temo que sí son ciertas la desintegración del átomo y las bacterias resistentes a los antibióticos. Recuerdo a este respecto al atormentado Pascal, destruído a base de ascetismo y penitencia, desgarrado entre la fe y la razón.

El futuro

En nuestra época ya no miramos con confianza al futuro, todo lo contrario, lo miramos con temor, con recelo. No hace falta recordar al omnipresente Orwell. Después de perder el edén del pasado mítico no tenemos tampoco futuro. La situación es incómoda. Nuestro futuro parece un terreno donde combinar pesadillas. El pasado es un festín caníbal (el siglo XX y sus masacres) que se nos indigesta. Nos vendría bien un lavado de estómago.
         La tecnología abre la puerta a posibilidades siniestras o por lo menos perturbadoras. Un ejemplo: las grandes empresas tecnológicas Facebook, Apple, Amazon, Netflix y Google (FAANG), que manejan una inmensa cantidad de datos, pretenden ahora (esto acaba de anunciar Apple) dar el salto a los servicios. Apple anuncia una tarjeta de crédito; es decir, pueden convertirse en entidades financieras. ¿Cómo va a regularse esto?
        Como se sabe los bancos presumen de sus app, de su "digilosofía" (filosofía digital), pero al lado de los FAANG no tienen nada que hacer. Es como si un cojo presumiera de velocista ante Usain Bolt. 
        Nadie sabe hacia dónde vamos. Creo que cualquier persona sensata barrunta que vamos por mal camino. Esperemos que el futuro tarde en llegar lo máximo posible. Aunque me temo que se nos echa encima. "El hombre ha muerto", dijo Foucault. Tal vez esto abra nuevas posibilidades de libertad. Pero lo dudo. Nuestra teología es la tecnología.

Abandona lo que te abandone

Ya no siente el aguijón de la carne y está contento.
No siente la penosa necesidad de agradar a alguien.
No le ata nada a la tierra y es libre.
Sabe que la vida es un proceso de demolición y no le asusta.
Le basta con los recuerdos del pasado. 
No se irá con las manos vacías y se siente agradecido.
Conoció el éxtasis del amor correspondido. 
Ahora camina solo por una tabla que se adentra en el océano,
hasta que los hados determinen el necesario final.
A sus espaldas queda la servidumbre de las pasiones.
Que otros se afanen y se ilusionen.
Él cede el testigo sin amargura.
Que continúe el juego en otros seres.

Un ruso entiende a Dante

Para nosotros, que hablamos español (o castellano) es relativamente fácil disfrutar de la poesía italiana, ya que español e italiano son lenguas hermanas. Tenemos al alcance de la mano los tesoros de Dante, Petrarca, Ariosto, Leopardi o Montale. No creo que haya gran poeta que no sea excelente lector de poesía (parece una perogrullada). Osip Mandelstam, poeta ruso, admirado por Brodsky -últimamente aparece mucho Brodsky en este blog- demuestra con creces esta condición de gran poeta en su breve ensayo Coloquio sobre Dante. Que entendía perfectamente el toscano de Dante lo demuestra este trabajo suyo sobre la Divina Comedia, al que acompañan muchas citas en aquel italiano medieval. Eso sí que tiene mérito, porque el ruso es una lengua bien extraña a las romances. (Creo que Mandelstam se sabía de memoria poemas de Petrarca). Cuando leí este librito del gran poeta ruso, publicado por "Acantilado", comprobé que había reparado en el mismo detalle que a mí también me había llamado la atención, cosa que me alegró enormemente. Mandelstam dice: "La sed de volar torturaba y extenuaba a la gente de la época de Dante tanto como la alquimia. Era hambre de cortar los aires. Ninguna orientación. No se ve nada. Delante sólo hay una espalda tártara: la espeluznante bata de seda que es la piel de Gerión. Únicamente por el viento que azota el rostro se pueden intuir la velocidad y el rumbo. Aún no se ha inventado la máquina voladora, aún no existen los dibujos de Leonardo, pero el descenso en planeo ya ha sido resuelto."
        ¡Fabuloso! Yo reparé en lo mismo. En efecto, Dante, antes de la aviación, imaginó la sensación que se tiene al volar. Con respecto a Gerión, el monstruo que transporta volando a Virgilio y Dante a un círculo más profundo del Infierno, están en reposo. Todo está oscuro, no hay puntos de referencia. Dante, a ciegas, advierte el movimiento por el viento que le golpea desde abajo y de costado. Ni más ni menos que lo que dice Mandelstam, aunque él lo dice mucho mejor que yo. Un detalle: Mandelstam habla de espalda "tártara". En eso se nota que era ruso.

Hölderlin

Hoy el poeta Friedrich Hölderlin tendría que soplar 249 velas. Eso es demasiado para unos pulmones humanos. Según con qué lo comparemos (el movimiento relativo en el cielo de Aldebarán, por ejemplo) es un lapso de tiempo brevísimo, pero para nuestra vida, tan corta, es mucho tiempo. Como se sabe este poeta no tuvo apenas reconocimiento durante su vida, su admirado Schiller le despachó con bastante indiferencia, aunque -si no me equivoco- le ayudó a conseguir un puesto de bibliotecario o de preceptor, Hofmeister, una suerte de profesor particular para hijos de familias adineradas. Creo que en pocos artistas se nota tanto como en Hölderlin un choque tan violento entre la realidad del mundo, sus prosaicas exigencias, y el carácter del artista. En su tiempo Goethe supo acomodarse a la vida práctica sin renunciar a los demonios de la creación artística. Hölderlin se quebró. Hacia los 32 años de su edad se volvió loco y pasó el resto de su vida, que fue larga, sumido en la tiniebla mental, o como se dice en alemán en geistige Umnachtung. Ya sabemos que Hölderlin fue compañero de estudios de Hegel y Schelling en el seminario de Tubinga, tenían unos 19 años. Allí recibieron una excelente formación humanística orientada a una carrera eclesiástica de pastor protestante. Bien diferentes fueron los destinos de los tres jóvenes, los avatares de la vida les fueron separando. Quizá Hegel, en la cumbre de su fama, cuando era rector de la universidad de Berlín, se acordara con nostalgia de su viejo amigo. No me consta que exista testimonio sobre esto. Hegel, tras unos principios muy duros, consiguió la armonía familiar, una existencia burguesa. Se casó a tiempo con una señorita de buena familia y tuvo dos hijos. Hölderlin no tuvo esa suerte, se enamoró de la madre de sus pupilos, Susette Gontard, y fue correspondido. Pero duró poco la aventura. Ella murió poco después, cuando ya se habían separado. Hasta el colapso mental escribió el Hyperion, el Empédocles, poemas cortos y las grandes Elegías. Eso es lo que dejó. No es poco. Una nostalgia imposible se trasluce en estas obras. La vida es una tragedia extraña con algunos breves instantes de felicidad.

La lengua rusa

En ruso se omite el verbo "ser" en presente, lo que ahorra mucha tinta y saliva. "Yo, ruso". "Tú, albañil". "Ustedes, la ley". 
El ruso no tiene artículos. Es un idioma con declinaciones, hay seis casos. 
Los verbos tienen dos infinitivos: perfectivo e imperfectivo, para acciones terminadas y acciones no acabadas, respectivamente. 
Se dice que para palabras largas el alemán, pero hay palabras rusas más largas todavía. Fonéticamente es endiablado. Nunca se sabe dónde poner el acento.
El alfabeto cirílico tiene un punto exótico muy atractivo, sin ser tan marciano como el chino, el japonés, el hebreo o el árabe.
El ruso tiene la misma palabra para "Domingo" y "Resurrección"
No me gustan la arquitectura, ni los aviones, ni los coches rusos. La Unión Soviética fue más una pesadilla que un sueño. Quizá el Este tenga poco que ofrecer (si me dieran a elegir un país creo que me quedaría con Italia). Quitando Moscú y San Petersburgo, sólo hay grandes ríos, estepas y la taiga. La madre Tierra, que los rusos sienten tan profundamente.
"Mientras exista una lengua como la rusa la poesía es inevitable", dijo Joseph Brodsky. Пока есть такой язык, как русский, поэзия неизбежна.

El ruso es una lengua magnífica; una maravillosa y compleja manifestación del lenguaje.

Beckett, vía extrema

Dice Brodsky en uno de sus ensayos que una fotografía de Samuel Beckett le fascinó antes de haberlo leído. Extraño instinto. De Beckett me gusta su lenguaje: sin retórica, minimalista, osado y quaquaquaquaqua. No puede ser un autor popular, excepto en Esperando a Godot. Para mí lo mejor de Beckett es su trilogía: Molloy, Malone muere y El innombrable. Algunos relatos también: Primer Amor, Textos para Nada. Como es sabido su visión de la humanidad es profundamente pesimista, es un misántropo con humor. En un momento de su vida, hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, encontró su campo de trabajo: mendigos, ancianos decrépitos, vagabundos, desarraigados, payasos, derrotados. Personajes en el último trance de la soledad y la desesperación. La reducción es total. Trozos de cuerpos hablando. Memorias pálidas, olvido, amnesia, senilidad. No se trata de "dar voz" a los miserables, nada más lejos de Beckett que las causas humanitarias. Beckett ofrece un retrato fiel de nuestra condición: somos un desastre, no hay nada que celebrar, la vida es un montón de mierda. Llevado al extremo todo esto produce risa, como en las películas de Buster Keaton. Prisioneros de afectos enfermizos, de vínculos asfixiantes, de relaciones tóxicas, de ambientes esclavizantes. No es de extrañar que Cioran le admirara. Es asombroso que Cioran y Beckett llegaran a los ochenta años, con ese asco que le tenían a la vida, al menos eso es lo que reflejan sus obras. Eran duros, estoicos, resistentes. A estas alturas de la historia no conozco escritor que haya ido tan lejos como este irlandés que se marchó a Francia.

1859

El Origen de las Especies de Charles Darwin se publicó por primera vez en noviembre de 1859. Como se sabe Darwin es, con Copérnico y Freud, miembro de esa terna que bajó del pedestal al hombre. Encuentro un parentesco entre su idea revolucionaria de la Evolución (que hoy es incuestionablemente cierta) y la Voluntad de Schopenhauer. Ciertamente la primera es un proceso que se da en la naturaleza, la segunda es un principio metafísico. Uno es inglés, el otro alemán. Darwin dice al final de su obra magna: "Como todas las formas orgánicas vivientes son los descendientes directos de las que vivieron hace muchísimo tiempo en la época cámbrica, podemos estar seguros de que jamás se ha interrumpido la sucesión ordinaria por generación y de que ningún cataclismo ha desolado el mundo entero, por tanto, podemos contar, con alguna confianza, con un porvenir seguro de gran duración. Y como la selección natural obra solamente mediante el bien para el bien de cada ser, todos los dones intelectuales y corporales tenderán a progresar hacia la perfección" Darwin, como buen inglés, es optimista. En lo que Schopenhauer ve una fuerza ciega que sólo produce sufrimiento, Darwin observa un proceso que obra mediante el bien hacia la perfección. 
          Sin embargo Darwin confiesa en una carta al botánico Asa Gray, en 1860, lo siguiente: "Respecto al aspecto teológico de la cuestión, éste es siempre doloroso para mí. Estoy confundido. No tengo intención de escribir como un ateo. Pero confieso que no puedo ver, tan fácilmente como otros, y me gustaría hacerlo, evidencia alguna de propósito o beneficencia a nuestro alrededor. Me parece que hay demasiada miseria en el mundo. No puedo persuadirme a mí mismo de que un dios benéfico y omnipotente haya creado a propósito a los Ichneumonidae con la intención expresa de que se alimenten dentro de los cuerpos vivos de las orugas, o de que un gato juegue con el ratón. Por otra parte no puedo en forma alguna contentarme con la vista de este maravilloso universo y especialmente con la naturaleza del hombre y concluir que todo es el resultado de la fuerza bruta. Me inclino a ver todo como el resultado de unas leyes determinadas, con los detalles, buenos o malos, entregados al trabajo de lo que podríamos llamar azar. Esta noción no me satisface en absoluto. Creo firmemente que el asunto es demasiado profundo para el intelecto humano. Es como si un perro se pusiera a especular sobre la mente de Newton. Que cada hombre espere y crea lo que pueda".
           Darwin fue el terror de la religión de su tiempo. Pero era muy prudente y dejaba sus dudas para la intimidad. Un intento posterior de conciliar evolución y creación divina fue el realizado por el jesuita Teilhard de Chardin, pero parece muy poco consistente. Darwin fue enterrado con todos los honores en la abadía de Westminster.

Movilización general

Que todos tengamos, adultos y adolescentes, nuestro móvil no deja de ser maravilloso. Hace 20 años nadie se imaginaba que un dispositivo portátil podría cambiarnos tan radicalmente la vida. ¿Realmente la ha cambiado? Si lo llevara un 1% de la población mundial, seguro que no. Pero lo maneja el 99%. Y no por capricho, por necesidad. Si no llevas tu aparatito contigo doquiera vayas, estás fuera. ¿Fuera de qué? Fuera de la sociedad, de la humanidad, de la historia. Todo dios anda distraído con este invento. Imposible abstraerse durante unas horas. Nos interrumpen siempre. Recuerdo que de joven leí la Crítica de la Razón Pura. Eso exige un esfuerzo y una atención prolongadas. Hoy me sería imposible. 
        Estamos de cuerpo presente, e, intermitentemente, de alma ausente. Aquí y en otra parte. Dando saltos cuánticos. Viajamos en un vagón de metro, en un autobús, en un medio de transporte público. Salimos a la calle. A nuestro alrededor andan personas mirando una pantalla, escuchando música, esquivan el bulto que somos para ellos. Nosotros hacemos lo mismo. Más cercanos los lejanos, más remotos los prójimos. Amarás a tu prójimo como a tí mismo. ¿Quién es mi prójimo? ¿Es esa comunidad virtual de amigos, conocidos, familiares, amoríos o es el cuerpo que tropieza con nosotros? Ni remedian nuestra soledad, ni nos hacen compañía. Es como si hubiéramos perdido el cuerpo. Vivimos en la antroposfera, ruido y furia de la actualidad. No descansamos nunca de nuestra propia miseria. Nos hemos olvidado de mirar al firmamento (el cielo estrellado sobre mí, de Kant), al fuego que crepita, a una puesta de sol, a un diente de león que asoma en el asfalto.
        Todo invento tiene su antecesor. Las telecomunicaciones empezaron hace siglos. Pensemos en las cartas de los emigrantes, de los enamorados, en las botellas de los náufragos. Principios del siglo XX. Gran invento el teléfono: gracias a él podíamos hablar con nuestra abuela (recuerdo una página de Proust al respecto). Todo progreso tiene su lado oscuro. Gran invento el teléfono: reuniones de trabajo en cualquier sitio, a cualquier hora, siempre dispuestos para el hostigamiento. Conversar con un desconocido por el móvil. Es todo tan irreal. Son medios fríos, sin tacto, sin ese aura que tiene la presencia de la otra persona. Obligarse a una desesperada cortesía o abandonarse al insulto. Tengo por idiota a la legión de tecnólatras que puebla este planeta. Pero estos maravillosos medios adolecen de una gran y terrible limitación: no podemos comunicarnos con los muertos. También de los muertos parece que nos olvidamos.
         La naturaleza no nos deshumaniza, aunque sea hostil, la muy puta. ¿No estamos hechos de su mismo barro? Somos los mismos hombres lo que nos deshumanizamos. 
      Y me callo, que esto se parece peligrosamente a un sermón.

Un sueño de Walter Benjamin

En ese delicioso libro que es Dirección Única, Walter Benjamin narra un sueño que tuvo. 
        "En un sueño me vi en el gabinete de trabajo de Goethe. No se parecía en nada al de Weimar. Ante todo era muy pequeño y tenía sólo una ventana. Contra la pared, situada frente a ella, adosaba el escritorio uno de sus lados angostos. Sentado a él, el poeta, ya muy anciano, estaba escribiendo algo. Yo me había puesto a un lado, cuando él se interrumpió y me obsequió con un pequeño jarro, una vasija antigua. La hice girar entre mis manos. En la habitación hacía un calor espantoso. Goethe se levantó y se dirigió conmigo a la estancia contigua, donde habían dispuesto una larga mesa para mi parentela. Sin embargo, parecía calculada para muchas más personas de las que ésta contaba. También la habían puesto, sin duda, para mis antepasados. Tomé asiento en el extremo derecho, junto a Goethe. Concluida la cena, él se levantó con dificultad, y yo, haciendo un gesto, le rogué que me permitiera sostenerle. Al tocarle el codo, rompí a llorar de emoción"
         Estoy convencido de que Benjamin soñó ese sueño en realidad, que no es inventado. Debió de anotarlo nada más despertar. Me parece la clase de sueño vívido y emocionante que no deriva en otro, sino que se interrumpe y despertamos. Arriesgo una interpretación, casi evidente: Benjamin, como judío, sentía el desarraigo de su condición. A la vez, como intelectual, una inmensa admiración por Goethe. Me parece muy significativo que Goethe sea un anciano debilitado y que Benjamin lo sostenga, y que Goethe disponga una mesa para la familia judía de Benjamin. Con este sueño Benjamin revela un enorme deseo de ser aceptado, de pertenecer a la cultura de su lengua materna, que aquí representa Goethe, quien no fue antisemita, ni nacionalista alemán. Algo por lo que merece ser admirado.
      Ser un desarraigado, un apátrida, pertenecer a una minoría, tener una insaciable voracidad intelectual, ser el primero de la clase, crear teorías originales, subversivas: todos estos son rasgos de los judíos germánicos del siglo XX. Fueron los más brillantes, los más inteligentes, los mejores. Algunos pagaron con la vida su condición de judíos, casi todos con el exilio. Me parece que este sueño de Benjamin podría haberlo tenido también Freud, Kafka, Joseph Roth, Stefan Zweig, Hannah Arendt, Hofmannsthal, Arnold Schönberg, Paul Celan, Reich-Ranicki o Einstein. (De que lo pudiera tener Einstein no estoy tan seguro).

El buen rollo

Los humanos somos majos si tenemos el estómago lleno. En la fiesta, si se está cómodo y hay para todos, somos simpáticos, gentes de bien, amantes de la paz. En tiempos de abundancia somos maravillosos. Pero las sonrisas enseñan también los colmillos. Que llegue la escasez, que las condiciones se degraden, en una familia, o en una región, o en una nación; si estalla la guerra algunos serán capaces de las mayores atrocidades. Hay muy poca distancia entre la persona maja y el monstruo. Se trata de evitar que asome el lobo que llevamos dentro. En Siria llevan ocho años de guerra civil. Ahora la comunidad internacional quiere sentar en el banquillo a los torturadores y genocidas. Les abandonamos a su suerte y luego, para lavar nuestra conciencia, juzgamos a los malos. Suena a chiste. ¿Es que la propia comunidad internacional no fue capaz de interrumpir esas matanzas? Quizá esta pregunta parezca ingenua a los diplomáticos. La geopolítica es compleja, un arte demoníaco. Un apretón de manos, una firma y con eso entregamos a una ciudad remota a la devastación y la esclavitud, al saqueo y la masacre. Los poderosos nunca se manchan de sangre las manos, ordenan la matanza desde un despacho. El tiempo lo arrastra todo. Pensemos en Euskadi. Aquella región que se agitó en una tormenta de odio se apacigua. El tiempo lo arrastra todo. Allí hubo víctimas y verdugos; unos ejercieron el terror, otros lo padecieron. Simular concordia entre unos y otros con un brindis navideño que pretenda indicar que "aquí no ha pasado nada" da náuseas.

Ariosto y la violencia contra las mujeres

El canto V del Orlando Furioso de Ludovico Ariosto comienza con una invectiva contra una clase de violencia que cualquiera reconocerá inmediatamente. Nos compara con los animales, no porque ellos hagan lo mismo, sino porque no lo hacen: el oso, el león, el lobo o el toro viven pacíficamente con sus compañeras.

Tutti gli altri animai che sono in terra,
     O che vivon quieti e stanno in pace,
     O se vengono a rissa e si fan guerra,
     Alla femina il maschio non la face
 
En cambio, el hombre... En la tercera estrofa Ariosto es contundente:
 
Parmi non sol gran mal, ma che l’uom faccia
     Contra natura e sia di Dio ribello,
     Che s’induce a percuotere la faccia
     Di bella donna, o romperle un capello:
     Ma chi le dà veneno, o chi le caccia
     L’alma del corpo con laccio o coltello,
     Ch’uomo sia quel non crederò in eterno,
     Ma in vista umana uno spirto de l’inferno.

Hora intempestiva

Nos volvemos locos por distraerla. Ya que es inevitable, me pregunto cómo será. ¡Esa sí que va a ser una experiencia! La última experiencia. Y la tenemos segura, y para más excitación ignoramos cuándo. No creo que haya mayor misterio que el de la duración de cada vida: es un secreto que se guarda con siete llaves. La vida es un vano sueño, es humo y sombra y nada. Ningún mortal sabe nada de ella: frente a ella estamos desnudos. De ella sabe tanto un centenario como un niño, tanto Einstein como su peluquero, tanto el más intrépido aventurero como la persona más sedentaria y tímida con la vida más rutinaria. Lo dejaremos todo, nos dejaremos a nosotros mismos, a este cuerpo que somos. Dejaremos a nuestros seres más queridos, sea como sea: aunque niños indefensos, aunque ancianos valetudinarios. A Mozart lo arrebató a los 35 años. Le da lo mismo. Lo más importante será nada. Nada nos importará. Nuestra pequeñísima vida, ese estrechísimo círculo de nuestras relaciones, estallará como una pompa de jabón. No oiremos lo que dirán de nosotros durante un tiempo, hasta que poco a poco se nos olvide. Volveremos al seno profundo de la materia, seremos disgregación total. Es la ley universal. Ni las estrellas se escapan. Es la que todo lo iguala. La inapelable. Mejor estar preparado porque puede destruirnos en cualquier momento. Si no se está preparado da lo mismo. Sin falta de entrenamiento ni estudio, seguro que lo haremos a la perfección.

Schiller como educador

En la sexta de sus Cartas para la educación estética del hombre, dice Schiller: "¿Por qué el individuo en Grecia es un representante calificado de su tiempo, mientras que no hay entre los modernos quien se atreva a pretender semejante galardón?" Y añade poco después: "La cultura misma es la que ha descargado ese golpe sobre la humanidad actual. Por una parte, la experiencia y el pensamiento, cada día más amplios y precisos, han hecho necesaria una división más estricta de las ciencias; por otra parte, la creciente complicación del mecanismo político ha exigido que se separen las clases y los oficios. Se ha roto la unidad interna de la naturaleza humana, una fatal hostilidad opone unas a otras sus armoniosas fuerzas" Estas cartas se escribieron hacia 1795. Schiller es optimista, pretende resolver esta ruptura con una educación en la Belleza que armonice, en lo posible, la naturaleza humana. A la vista de lo que vino después me temo que el idealista Schiller se equivocó por completo. No se aplicó jamás su remedio, por imposible. En cambio su lúcido análisis del hombre moderno es verdadero, de hecho esa ruptura de la armonía ideal (que para él se encarnó en Grecia) es total en nuestro tiempo. Bueno, yo diría que llevamos rotos más de 200 años. De catástrofe en catástrofe. Vivimos unos tiempos muy sombríos, en los que "ya no conviene, dice Schiller, el goce con el trabajo, el medio con el fin, el esfuerzo con la recompensa. Eternamente unido a una partícula del conjunto, el hombre se educa como mera partícula; llenos sus oídos del monótono rumor de la rueda que empuja, nunca desenvuelve la armonía de su esencia, y, lejos de imprimir a su trabajo el sello de lo humano, se torna él mismo un reflejo de su labor o de su ciencia". Como Chaplin en Tiempos Modernos. Lo mejor que puede pasarle a un esclavo que no tiene posibilidad de liberación es ignorar su penosa condición. Eso es lo que nos sucede. Pero, ¿no será aún más grave nuestra crisis? Lo que propone Schiller suena a música celestial.
         De la plenitud de los antiguos griegos hoy no tenemos ni idea (y fue una socidad esclavista, así que esa plenitud estaba reservada a los happy few). Que el Hombre, en tanto ideal, está arruinado es algo indiscutible. Aparte de que, por definición, es inalcanzable. No digo nada nuevo, desde luego: nada que no dijeran los poemas de Paul Celan y los maestros de la escuela de Frankfurt, Adorno y Horkheimer, hace unas cuantas décadas. No puede haber vida buena en lo falso. Si vivimos en un sistema que tritura ese ideal humano, en una época que lo hace imposible, no es de extrañar que seamos, cada uno de nosotros, fragmentos, seres incompletos, insignificantes piezas de un vasto y monstruoso engranaje. Estoy seguro de que Hölderlin tenía en mente las palabras anteriores de Schiller cuando atacó a los alemanes en su novela Hyperion. Concluyo con otra frase de la misma carta: "es preciso ser un espíritu nada vulgar para cumplir con las obligaciones profesionales y conservar, sin embargo, energías sobrantes aplicables a las libres aficiones" Al leer esta frase pensé en alguien, pero no diré en quién. 
         Schiller aún tenía un vago conocimiento de lo perdido. Que idealizó a los griegos es seguro. Nietzsche nos mostró que no eran tan maravillosos.

En tu loca juventud

Alguna clase de trastorno mental grave, una especie de romanticismo exacerbado o de Weltfremdheit (extrañamiento del mundo) debió de afectar a los muchachos nacidos en Alemania hacia 1890. Es el caso de una generación a la que le tocó mala fecha y mal lugar para nacer, porque estaban destinados a las trincheras en 1914. No me parece casualidad que dos importantes escritores alemanes, Hans Fallada y Johannes R. Becher, nacidos en 1893 y 1891 respectivamente, trataran de suicidarse cerca de los veinte años de edad: el primero en 1911 y el segundo en 1910. Lo singular del caso es que no lo hicieron solos: siguiendo el ejemplo de Heinrich von Kleist hicieron un pacto suicida con otra persona. Hans Fallada planeó con un amigo suyo, Hans Dietrich von Necker, un duelo a pistola en el que los dos deberían morir. Becher lo hizo con una chica llamada Fanny Fuss, en este caso a la manera de Kleist: primero él disparaba a la chica y luego a sí mismo. Para Fallada y Becher fue un suicidio frustrado: sobrevivieron de milagro, gravemente heridos. En cambio sus dos compañeros, el chico y la chica, murieron. Johannes R. Becher, conocido sobre todo como poeta, llegó a ser ministro de cultura de la DDR y Hans Fallada fue un autor de novelas de mucho éxito cuyos personajes eran gente sencilla, el hombre de la calle. Es casi seguro que ninguno de los dos se recuperó de ese trauma. Becher fue un comunista militante que buscó refugio en la URSS, el resultado fue que casi lo ejecutan durante la Gran Purga, acusado de trotskista. Intentó suicidarse varias veces. Durante la invasión nazi fue evacuado con otros alemanes al interior de la URSS, a Tashkent, donde hizo amistad con el filósofo marxista Lukács. Al acabar la guerra se instaló en la zona soviética de Berlín. En sus últimos días renegó del socialismo. Hans Fallada pasó muchas temporadas en psiquiátricos, en curas de desintoxicación (alcohol y morfina). Tuvo una vida sentimental turbulenta, en una bronca con su exmujer, estando borracho, disparó una pistola (esta vez, por fortuna, no acertó). Murió en Berlín en 1947 con su organismo arruinado por el consumo de las drogas y el alcohol. Su última novela, que es la mejor, la escribió de un tirón: se titula Jeder stirbt für sich allein, en la traducción castellana Solo en Berlín. Curioso título: "cada uno muere solo". ¿Recordaría Hans Fallada ese lejano episodio de su juventud? Becher falleció también en Berlín, en el sector oriental, de cáncer, en 1958.
       Quizá sea un fiel indicador de la salud de una época el estado mental de sus adolescentes.

El lugar del fusilamiento

En uno de los paseos errabundos que tanto nos gusta dar a mi sombra y a mí, pasé al lado de la antigua cárcel de la ciudad, hoy convertida en Archivo Provincial. Es un barrio que conocemos poco mi sombra y yo, así que es más interesante. Calles desoladas, edificios en ruinas, almacenes industriales y una vista interesante del resto de la urbe. Delicioso. Al pasar a lo largo de la calle de la cárcel vimos, en el patio del edificio, una placa conmemorativa. Mi sombra y yo somos cortos de vista, pero pudimos distinguir en la placa el rostro de un varón con gafas y un texto que se refería a algún hecho necesariamente trágico (en las cárceles no suceden cosas alegres, las prisiones son lugares dignos de respeto). Con mucho gusto nos hubiéramos acercado a la placa para leer las palabras que nos intrigaban, pero nos separaba la valla metálica que cierra el perímetro del edificio penitenciario. Es curioso querer y no poder entrar en el recinto de una prisión, pero así fue esta situación. 
      Nos quedó en la memoria esa placa y ahora puedo confirmar que mi intuición había acertado. Se trata de un recuerdo que conmemora el octogésimo aniversario del fusilamiento en la cárcel de Oviedo, el 20 de febrero de 1937, del rector de la Universidad de Oviedo, Leopoldo Alas Argüelles. Estamos en la Guerra Civil. La notoriedad y la inocencia de la víctima y el desenlace fatal nos recuerdan la pasión y muerte de García Lorca. Durante el proceso llegaron hasta del extranjero peticiones de indulto. Todo inútil. El primogénito del gran Clarín fue fusilado un sábado a las seis de la tarde. Ese mismo día otros detenidos fueron también pasados por las armas. 
     Hay una obra de teatro de Pedro de Silva, "El Rector", publicada en 2014, que trata de este trágico episodio y que ahora tengo curiosidad por leer. Recuerdo haber visto de manera distraída el cartel que anunciaba su estreno absoluto, en abril del 2018, en el teatro Campoamor. Haber pasado al lado de la cárcel, el lugar del fusilamiento, en el azar de un paseo matutino, me ha despertado a la trágica historia de esta figura de la Universidad.

Escritores inteligentes

Leyendo un ensayo de Joseph Brodsky encuentro esta frase: "el efecto de su instrumentación (se refiere a la poesía de Anna Ajmátova) en sus temas era similar al de una persona acostumbrada a que la coloquen frente a la pared cuando de pronto la colocan ante el horizonte". No entiendo lo que quiere decir, pero adivino una idea muy brillante, una espléndida comparación. Brodsky me parece un escritor especialmente inteligente. 
          Se me ocurren unos cuantos escritores más en los que la inteligencia brilla no por su ausencia, sino por su poderoso fulgor. En este blog apareció una cita de Gabriel Ferrater en la que hacía unas observaciones muy agudas sobre los cambios en las formas de relacionarse, a propósito de la correspondencia entre D'Alembert y Lagrange. Es fácil recordar a Borges, si buscamos un autor en el que la inteligencia destaque. Otro que podría añadirse es Cesare Pavese; también W. H. Auden (que según Brodsky era la mente más brillante del siglo XX).
        Todos ellos tienen en común la capacidad para relacionar ideas o fenómenos que a primera vista nada tienen en común, un excelente talento para la crítica (pueden triturar o de ensalzar a un autor con una frase), son políglotas y creo que entenderían las más abstractas teorías de la física o las matemáticas. Ahora se me ocurre Samuel Taylor Coleridge, que decía que asistía a las conferencias del químico Humphry Davy para aumentar su arsenal de metáforas. 
         Otra figura más, esta femenina, es Sor Juana Inés de la Cruz. En la Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, demuestra una asombrosa capacidad intelectual, recuerdo ese pasaje en que dice: "Estaban en mi presencia dos niñas jugando con un trompo, y apenas yo vi el movimiento y la figura, cuando empecé, con esta mi locura, a considerar el fácil moto de la forma esférica, y cómo duraba el impulso ya impreso e independiente de su causa, pues distante la mano de la niña, que era la causa motiva, bailaba el trompillo; y no contenta con esto, hice traer harina y cernerla para que, en bailando el trompo encima, se conociese si eran círculos perfectos o no los que describía con su movimiento; y hallé que no eran sino unas líneas espirales que iban perdiendo lo circular cuanto se iba remitiendo el impulso" 
          En los aforismos esta cualidad es fundamental. Uno de los maestros de este género es el polaco Stanislaw Jerzy Lec. Un aforismo suyo: "La primera obligación de la inteligencia es desconfiar de ella misma" Y otro más, y termino para no cansar: Elias Canetti. También espléndido aforista y temible crítico. Y también Susan Sontag.

Del alemán al ruso

Quien tradujera al ruso la "Fenomenología del Espíritu" de Hegel acometía una tarea gigantesca. Geist, Bewusstsein, Aufheben, Wissenschaft, Gegenstand, Bewegung, Werden, Begriff, etc.: todos estos germánicos conceptos tuvieron que encontrar un equivalente en ruso. El intrincado y racionalísimo pensamiento de Hegel tuvo que acomodarse al espíritu de la lengua rusa. Está claro que la traducción del pensamiento de Marx a esta lengua fue la que tuvo consecuencias históricas; aunque el origen de Marx es Hegel. Entre las líneas de las versiones rusas de Marx y Engels, en ese traslado de ideas, tal vez se vislumbrara la figura de Lenin, la revolución de Octubre, Trotski, los procesos de Moscú, la hambruna de Ucrania, Stalin, Stalingrado, el Gulag, la Yezhovina, la NKVD, Gagarin, el pacto de Varsovia, la Guerra Fría, Cuba, la insurrección de Budapest, la primavera de Praga... y Pablo Iglesias. Todos estos fantasmas salieron de la cabeza de Marx y Marx salió de la cabeza de Hegel. ¿Qué falta en todo esto? Un poquito de humor. Aunque no faltó el humor negro.
     ¿Quién enseñó, por cierto, entre 1933 y 1939, a los intelectuales franceses cómo pensaba Hegel? Un ruso, Alexandre Kojève.

Profunda reflexión

Los hombres somos efímeros, lo eterno es el lenguaje. O dicho de otra forma: sólo existe el lenguaje.

El genio del feminismo

Sofía Kovalevskaya (1850-1891) fue una matemática rusa, la primera mujer en conseguir un puesto de profesora en la universidad. Nació niña, cierto, pero en el seno de una familia culta entre cuyas amistades se encontraba un tal Dostoievski. En Rusia encontró dificultades insalvables para desarrollar su talento: el remedio fue emigrar. Viajó por Europa, estudió en la erudita Alemania, recibió clases particulares del matemático berlinés Karl Weierstrass, ya que no podía asistir a las clases. Hay que decir que Weierstrass se portó muy bien con ella, reconoció su talento y la ayudó en lo que pudo. Así lo dice la historia. Kovalevskaya tuvo una vida corta, murió a los 41 años. (Tendría que escribirse una historia de vidas truncadas, pero sería interminable. ¡Qué pocos individuos se realizan!). Su matrimonio no parece que fuera feliz, su marido, Vladimir Kovalevski, paleontólogo, traductor de Darwin al ruso, se suicidó en Moscú, separado de su mujer y la hija que tenían en común. August Strindberg, el dramaturgo sueco, conocido por su misoginia, escribió ante la noticia del nombramiento de Kovalevskaya como profesora de la universidad de Estocolmo, en 1884: "que una mujer sea profesora de matemáticas es algo perjudicial y desagradable, incluso podría decirse que es una monstruosidad. La invitación de esta mujer a Suecia, que tiene profesores de sobra que la superan con mucho en conocimientos, sólo se puede explicar por la amabilidad de los suecos hacia el género femenino". Uno de estos amables suecos, el más amable, gracias al cual Kovalevskaya logró el puesto docente, fue el matemático Gösta Mittag-Leffler. Nada más pisar suelo sueco Sofía Kovalevskaya -que debía de tener una voluntad de hierro- se dedicó a estudiar a fondo el sueco, idioma que consiguió dominar, hasta poder hablarlo y escribirlo perfectamente, en menos de un año. En el siglo XIX el latín ya no era la lengua de los sabios. El sueño de esta mujer era dar clases en París, pero no lo vió realizado. Llegó a Estocolmo y allí se murió de neumonía (de vuelta de unas vacaciones en Niza) como el valetudinario Descartes. Ella murió un 10 de febrero; Descartes un 11 de febrero. ¡Cuidado con Estocolmo, que es una trampa para sabios! Ciertamente, Kovalevskaya era rusa, y los rusos entienden bastante de frío.
        Como habrá advertido el avisado lector, el título de esta entrada es un guiño a Chateaubriand.

Evocando a los clásicos

En alguna parte de las cartas a su amigo Ático (qué lecturas ya tan lejanas de mi juventud) dice Cicerón que no se le ocurre nada que escribirle y que eso es, precisamente, lo que le escribe. Ahora recuerdo algunos de los autores antiguos que leí hace veinte años: Platón, Aristóteles, Séneca, Cicerón, Luciano, Elio Arístides (que escribió un diario de sus sueños con fines terapéuticos), Lucano, Catulo, Eusebio de Cesarea, Marco Aurelio, Epicteto, fragmentos de los estoicos griegos -Cleantes, Crisipo (que murió de risa viendo a un burro comer no recuerdo qué)-, Diógenes Laercio, Esquilo, Sófocles, Eurípides, Aristófanes, San Agustín, San Jerónimo, Orígenes, Jámblico (que escribió una vida de Pitágoras), los presocráticos, Teofrasto, Virgilio, Horacio, Lucrecio, Porfirio, Plotino, Quinto Curcio (que escribió una vida de Alejandro Magno), Ovidio, Suetonio, Tácito, Tertuliano, San Justino, Plutarco, Ireneo de Lyon (para conocer a los gnósticos), Julio César, Calímaco, Juvenal, Hesíodo, Demóstenes, la Antología Palatina, algo de Tito Livio, Homero, Clemente de Alejandría, Jenófanes, los líricos arcaicos griegos, Heródoto, Tucídides, Teócrito, Polibio, Plauto, Terencio, Salustio, Petronio, Apuleyo, Boecio, los dos Plinios, Persio, Amiano Marcelino, Juliano el Apóstata, Símaco... me paro.
     Y también leí a aquellos que a lo largo de los siglos volvieron sobre ellos: Erasmo, Montaigne, Gibbon, Hume, Goethe, Schiller, Nietzsche, Schopenhauer, Shakespeare, San Isidoro, Fray Antonio de Guevara, Quevedo, Gracián, Cervantes, Dante, Petrarca, Pascal, Byron, Keats, algo de Rabelais, Voltaire... qué sé yo.
     Lista exhaustiva y tediosa. Pero a mí me gustan las listas, como a Umberto Eco. Con qué pasión los devoré, con qué frenesí llené de notas esas páginas. Cuando un pasaje me gustaba especialmente ponía al margen este signo (!). En general, los paganos tienen gracia; los Padres de la Iglesia me parecen antipáticos. Si algo hice en esta vida de lo que pueda estar orgulloso es de haber pasado tantas horas en compañía de estas sombras que son lo mejor que ha dado nuestra triste y cruel especie. Siempre me encontré más a gusto entre ellos que entre mis contemporáneos. Reparo en que, excepto Safo, no hay ninguna mujer. En fin, aspiro, modestamente, a no morirme imbécil. Quizá ellos me ayuden.

Zelif 2019

Olvidábasele al equipo de administradores, consejeros, redactores y relatores de este blog desear a los lectores que por aquí caigan un feliz año nuevo. Que les sea muy venturoso y que lo aprovechen. Los años pasan muy rápido. Feliz 2019.

Infancia

En la película Yo, la peor de todas sobre la vida de Sor Juana Inés de la Cruz hay una escena en la que la poeta mexicana toma en sus brazos a un niño recién nacido y dice, (cito de memoria): "supongo que Dios no se ha cansado de la Humanidad, pues aún nacen niños." A lo que contesta la madre, esposa del virrey de la Nueva España y gran amiga de sor Juana, sonriendo: "cómo eres, otra persona acariciaría al niño, pero a tí se te ocurre una reflexión" No hace mucho vi una escena infantil tal como ésta: un niño de unos 4 años llevaba de la mano un juguete, era un unicornio que daba unos pasos, hacía un ruido de cascabeles y relinchaba. Ante tal maravilla una niña de esa edad se acercó al fabuloso animal, atraída por la gracia de la criatura mecánica. Recuerdo ahora los versos de José Emilio Pacheco:

Hay minas especiales para no combatientes,
minas con forma de pelota y muñeca. 
Nadie podría decir nada más atroz
acerca de nosotros.