El hombre muerto, el que hizo lo que había que hacer, el que ahogó su potencial por adaptarse al medio social (el medio puede ser insuperable por estúpido). Sus compañeros se enteran de su muerte. Nadie se conmueve. Lo único que les preocupa es quién ocupará su puesto. Su matrimonio ha sido una farsa. No hubo amor. Nadie le echará en falta. Charlas insustanciales, tópicos y lugares comunes. En la soledad de la agonía y la muerte Iván Illich, como Don Quijote, recupera el juicio: descubre que su vida ha sido mecánica, inerte y ve la muerte como una liberación. Qué pálido resumen. Es mejor leer el libro.
El perdurable esfuerzo
Me pregunto si San Agustín sabía que los bárbaros -los vándalos- estaban a las puertas de Hipona cuando murió. Esto me recuerda otra muerte en circunstancias terribles, la de Unamuno en su arresto domiciliario de Salamanca, el 31 de diciembre de 1936. La muerte le ahorró ver del todo el horror en que España se precipitó. Si no me equivoco Pablo Neruda murió pocos días después del golpe militar de Pinochet. Otro personaje que recuerdo es Henri Bergson, que falleció cuando París había caído ya bajo la invasión hitleriana. Bergson, que preparaba convertirse al catolicismo, rechazó finalmente bautizarse para seguir siendo judío. Antonio Machado murió agotado, extenuado, en el exilio de Colliure. Son cinco ejemplos de hombres que llegaron a la meta al tiempo que su mundo se desmoronaba. Contribuye a la civilización, a lo más noble que hay en nosotros (me dice el Espíritu) aunque el incendio de la Historia reduzca tu esfuerzo a cenizas. Porque tu esfuerzo perdurará.
Una hora antes del Pesimismo
¿Acaso yo como y bebo para volver a tener hambre y sed y así comer y beber de nuevo, hasta que se abra bajo mis pies la tumba que me devore y yo mismo sirva a la tierra de abono? ¿Engendro seres semejantes a mí para que también coman, beban y mueran y para que dejen tras de sí seres semejantes a ellos que harán lo mismo que yo hice? ¿Para qué sirve este ciclo que se repite perpetuamente, este juego que recomienza una y otra vez de la misma manera, donde todo existe para perecer, y perece sólo para volver a ser como ya era; este monstruo que se devora a sí mismo sin cesar para poder volver a alumbrarse, que se alumbra para poder volver a devorarse?
Es como si Fichte describiera la Voluntad de Schopenhauer. Se rebela contra este sinsentido atroz. Da un puñetazo en la mesa y añade:
Jamás podrá ser este el destino de mi ser, de todo ser. Debe haber algo que es porque ha devenido; que ahora subsiste y que nunca más podrá devenir una vez que lo ha hecho; eso que subsiste debe engendrarse en la mudanza de lo efímero, y perdurar en medio de ello y avanzar ileso sobre las olas del tiempo.
Fichte continúa, apretando los labios, con la mirada puesta en un porvenir maravilloso:
Ninguna obra que lleve el carácter de la razón y que hubiese sido emprendida para expandir el imperio de la razón puede perderse sin más en el transcurso del tiempo. Esas víctimas que la brutalidad impredecible de la naturaleza arranca a la razón deben cuando menos fatigarla, saciarla, aplacarla. Esa fuerza que ha dañado sin medida no puede volver a darse de esa manera, no puede estar destinada a renovarse, debe consumirse en su primer arrebato de una vez para siempre.
Ojalá fuera cierto.
Y para terminar, un poco más adelante, dice el bueno de Fichte:
Pero no es la naturaleza, es la libertad misma la que causa en nuestra especie la mayoría de los desórdenes y los más terribles de ellos. El enemigo más cruel del hombre es el hombre.
Estamos de acuerdo.
Y para terminar, un poco más adelante, dice el bueno de Fichte:
Pero no es la naturaleza, es la libertad misma la que causa en nuestra especie la mayoría de los desórdenes y los más terribles de ellos. El enemigo más cruel del hombre es el hombre.
Estamos de acuerdo.
Johann Gottlieb Fichte, El destino del Hombre
Olvido
Entonces, antes de la Gran Guerra (...) no era indiferente que uno viviese o muriese. Si uno era borrado de la fila de los mortales, no entraba otro en seguida en su lugar para hacer olvidar al difunto, sino que permanecía un hueco en el que aquel faltaba y tanto los testigos cercanos como lejanos de la pérdida enmudecían cada vez que miraban ese hueco. (...) Así era entonces. Todo lo que crecía necesitaba mucho tiempo para crecer, y todo lo que perecía necesitaba mucho tiempo para ser olvidado.
Joseph Roth, La marcha Radetzky
La grey de Rajoy
No fue la sociedad atenta (dicho sea con sarcasmo) la que forzó la renuncia al puesto en Washington en el Banco Mundial del exministro Soria. Fue -dice un diario- una rebelión interna en su propio partido. Todo sea por el bien de España, a la que tanto invocan estos señoritos ladrones; grey de Rajoy, el idiota máximo, el inútil ejemplar. ¡Oh sociedad atenta y libre, cada vez te retratan mejor Los Caprichos de Goya!
El último gesto
Díme tú que ya sabes: ¿qué nos pertenece si todo se nos ha dado prestado
y duramos tan poco?
y duramos tan poco?
Crítica
Con la muerte en los talones. Todo en esa película es odioso: la música orquestal (pastiche de la clásica), los actores (insoportables), la trama pseudokafkiana, la grotesca historia de amor (con una belleza, por supuesto), los muebles de lujo en mansiones suntuosas, los esperables golpes de ingenio del guión, la multitud filmada con malicia, el comercial director inglés naturalizado en Hollywood, las cabezas colosales del monte Rushmore, la escena del aeroplano agorafóbico que no despeina a un héroe que va teniendo cada vez más cara de idiota.
Obras de reforma (II)
La instalación provisional que han armado para ejecutar las obras de reforma en la oficina podría pasar perfectamente por una obra de arte contemporáneo. Si se expone en la Tate Gallery sería un éxito. Un gran telón gris de 5 metros de altura, desde el suelo al techo, forma un pasillo angosto con el búnker ante el cual los clientes se detienen, vacilantes y tímidos.. La obra produce desconcierto: esto es lo artístico de la obra. ¿Estamos en un banco? ¿Estamos en un laberinto? ¿Ha habido un atentado? Hay algo de belleza en este intervalo de transformación. Entre el principio y el fin de la obra nos sorprende lo insólito. Si es cierto que el arte sucede, aquí ha sucedido.
Obras de reforma
Las obras (que vienen como caídas del cielo) se realizan de acuerdo a un plan fríamente calculado, trazado en el plano por arquitectos, aparejadores, técnicos, directivos y otras eminencias. Inocentes, jóvenes, sonrientes obreros (no hay chicas en estos oficios) tiran los tabiques, abaten los muros, mueven las mesas, cambian el sistema eléctrico, reorientan las cámaras de seguridad. Se tiende un plástico de color gris, un gran telón gris, para aislar la zona de obras. No se ve la calle, ni rastro del cielo. Es una operación en el quirófano. Todo es aséptico. Se reordenará el espacio de acuerdo a las novísimas orientaciones del sector. Razón instrumental. Es la geometría perfeccionada del capitalismo con operadores remotos y zonas de autoservicio. Aquí la muerte pierde su sentido. ¿Instalarán por descuido alguna fuente de mármol? ¿Respetarán a las moscas y las arañas que se queden a pesar de las obras?
La especie
Miembros, producidos en serie, de la especie. La pulgada de carne que viene al mundo. Una especie que apareció en un planeta extraño en un universo frío y moribundo. Una aventura cósmica. Nuestros son el vértigo, la desesperación y el éxtasis.
La visita
Esta mañana entró un cóndor en la oficina. El pájaro se posó encima de un armario, defecó, giró la cabeza. Parecía tranquilo. Abrió las enormes alas negras y levantó una corriente de aire que arrastró varios folletos publicitarios. Ni los clientes ni los ordenadores se asustaron. El cóndor alzó el vuelo y dió cuatro vueltas alrededor de la columna. Como la mosca que busca la salida dió unos topetazos contra los altos cristales blindados hasta que se marchó de vuelta a los Andes.
De la ambigüedad
-No sé si me explico. Probablemente no.
-¿Probablemente, qué?
-¿Cómo?
-¿Probablemente no sabes que te explicas o probablemente no te explicas?
-No sabría explicarlo.
Samuel Johnson
He who makes a beast of himself gets rid of the pain of being a man.
El que se convierte en bestia se libra del dolor de ser hombre.
Poeta bielorruso
Del poeta bielorruso Sergei Kutznevsov (1950) traigo el siguiente poema de su libro El topo y la estrella (1981) en la traducción de Marina Fernández Muñiz:
HUMILDAD
"La innumerable cantidad de mundos
de algún modo aniquila mi importancia",
escribió el viejo Kant en la costilla
de un cetáceo varado en una playa báltica.
Triste verdad
Después del golpe de Estado fallido en Turquía los insurrectos vencidos son arrastrados y humillados, golpeados y escupidos por la chusma. El eufórico Erdogan propone la pena de muerte. Esto me hizo recordar una frase de Spinoza (no recuerdo si está en la Ética o en el Tractatus): "los hombres son más inclinados a la venganza que a la misericordia".
Fascismo
Al patio romano de la sede de una sociedad científica en la Italia de Mussolini llega un paquete por correo. El paquete contiene una publicación de otra sociedad hermana del norte de Italia, igualmente enemiga del régimen. Dentro del sobre hay además una chocolatina.
Farsa
La vida es una farsa. La misma multitud que incendia la casa protesta al día siguiente contra el fuego.
Chistosos
No entiendo qué quería decir Pascal cuando escribió: "amigo de frases ingeniosas, mal carácter". Dicho en pascaliano: Diseur de bons mots, mauvais caractère. ¿Quizá porque no se puede confiar en una persona que se distingue por ser chistosa?
¿Y qué son la mayoría de las relaciones sociales más que un festival de chistes?
Sea como sea me parece una observación psicológica tan oscura como interesante.
Juicio final
Si un dios tuviera que pedirnos cuentas al final de la vida es posible que le molestaran más las cosas que no nos atrevimos a hacer por cobardía -y que pudieron darnos felicidad- que las cosas malas que hicimos.
Vota Partido Jansenista
Condition de l'homme. Inconstance, ennui, inquiétude.
Inconstancia. Aburrimiento. Inquietud.
Inquietud. Inconstancia. Aburrimiento.
Aburrimiento. Inquietud. Inconstancia.
Y así barajando, hasta agotar todas las posibilidades.
Un gato tenaz
Georg Büchner fue un gran escritor a pesar de su brevísima vida. Es milagrosa la madurez de Büchner, Leopardi, Rimbaud o John Keats. Puede entenderse la precocidad en la música o las matemáticas -que no requieren experiencia- pero no en la literatura. A menudo recuerdo esta frase que Büchner pone en boca de Danton:
Das Nichts hat sich ermordet, die Schöpfung ist seine Wunde, wir sind seine Blutstropfen, die Welt ist das Grab, worin es fault.
La Nada se ha suicidado, la Creación es la herida. Nosotros somos las gotas de sangre y el mundo la tumba donde la Nada se pudre.
Esto es digno de Shakespeare. Macbeth o el Rey Lear podrían hablar así. La humanidad es un gato tenaz. Mientras la guillotina corta cabezas, una pareja copula bajo el cadalso. Convendría tener presente de cuántas catástrofes somos descendientes. Me temo que las catástrofes no son cosa del pasado. Se nos ha olvidado ya que hace 70 años Europa era un campo de ruinas, no un campo de fútbol. Divertimentos, que diría Pascal.
¡Más masacres!
¡América! ¿Qué nombre tiene un contenido igual a éste? Quien no nombra cosas del mundo pensable, no puede nombrar algo más alto en el mundo real. El individuo dice: mi mejor Yo; el globo terráqueo dice: América. Es la conclusión y la gran cadencia en el concierto de la perfección humana. Lo que en Europa es imposible, es posible en América; lo que no es posible en América es del todo imposible. Aquí veo el más alto y sano desarrollo de fuerza del cuerpo humano maduro; aparte de esto no hay más que convulsión y delirio.
Ferdinand Kürnberger, El cansado de América (1855)
Piero della Francesca
Este pintor y matemático del Quattrocento murió ciego el mismo día que se descubrió América. Hace tiempo que no me paro a mirar sus pinturas porque, como a todo el mundo, me arrastra la poderosa marea de la actualidad, la inquietud, la prisa. Qué suerte nacer en fecha incierta y que apenas se sepa nada de su vida. Qué suerte no dejar más rastro que esas pinturas intemporales que se desvanecen y que transmiten un orden, un silencio y una serenidad que no pueden expresar nuestras manoseadas y envilecidas palabras.
La pantera de Rilke
DER PANTHER
Im Jardin des Plantes, Paris
Sein Blick ist vom Vorübergehn der Stäbe
so müd geworden, dass er nichts mehr hält.
Ihm ist, als ob es tausend Stäbe gäbe
und hinter tausend Stäben keine Welt.
Der weiche Gang geschmeidig starker Schritte,
der sich im allerkleinsten Kreise dreht,
ist wie ein Tanz von Kraft um eine Mitte,
in der betäubt ein großer Wille steht.
Nur manchmal schiebt der Vorhang der Pupille
sich lautlos auf -. Dann geht ein Bild hinein,
geht durch der Glieder angespannte Stille -
und hört im Herzen auf zu sein.
LA PANTERA
Su mirada, del pasar ante los barrotes,
se ha vuelto tan cansada que no retiene nada.
Para ella es como si hubiera miles de barrotes
y tras los miles de barrotes ningún mundo.
El andar flexible de pasos elásticos y fuertes
que gira en círculos cada vez más pequeños
es como un baile de fuerza alrededor de un centro
en el que estuviera aturdida una gran voluntad.
Sólo a veces se alza el telón de las pupilas,
silencioso. Entonces entra una imagen
que atraviesa la tensa calma de los miembros
y se apaga al llegar al corazón.
Im Jardin des Plantes, Paris
Sein Blick ist vom Vorübergehn der Stäbe
so müd geworden, dass er nichts mehr hält.
Ihm ist, als ob es tausend Stäbe gäbe
und hinter tausend Stäben keine Welt.
Der weiche Gang geschmeidig starker Schritte,
der sich im allerkleinsten Kreise dreht,
ist wie ein Tanz von Kraft um eine Mitte,
in der betäubt ein großer Wille steht.
Nur manchmal schiebt der Vorhang der Pupille
sich lautlos auf -. Dann geht ein Bild hinein,
geht durch der Glieder angespannte Stille -
und hört im Herzen auf zu sein.
LA PANTERA
Su mirada, del pasar ante los barrotes,
se ha vuelto tan cansada que no retiene nada.
Para ella es como si hubiera miles de barrotes
y tras los miles de barrotes ningún mundo.
El andar flexible de pasos elásticos y fuertes
que gira en círculos cada vez más pequeños
es como un baile de fuerza alrededor de un centro
en el que estuviera aturdida una gran voluntad.
Sólo a veces se alza el telón de las pupilas,
silencioso. Entonces entra una imagen
que atraviesa la tensa calma de los miembros
y se apaga al llegar al corazón.
Hace 92 años
Hoy 3 de junio de 2016 hace 92 años que murió Kafka. En la agonía le dijo a su amigo Klopstock, que era el único que lo acompañaba: "no te vayas". Respuesta: "no me voy". Y Kafka: "soy yo el que se va". Kafka que medía 1,80 pesaba en ese momento 45 kilos. Era un esqueleto.
El Ártico se derrite
Una greguería de Gómez de la Serna dice, o mejor decía: "el hielo sólo es inmortal en el Polo Norte".
Chesterton
Hoy hace 142 años que nació Chesterton. Conocida fue su corpulencia (se cuenta que una vez cedió su asiento en el autobús a tres señoras) y su monumental despiste. A menudo se perdía y le enviaba telegramas a su mujer preguntándole dónde estaba (dónde estaba él, no su mujer). Para celebrar su nacimiento he aquí una anécdota de las miles que dejó este hombre excepcional. Mirando al muy delgado George Bernard Shaw le dijo: "al verte cualquiera diría que hay hambre en Inglaterra" Y Shaw, que no era manco, le respondió: "y al verte a tí, cualquiera diría que la has provocado tú".
Vuelta a Brines
Un día no serás, y nunca el mundo
sabrá que pudo ser siempre más bello
con sólo retenerte. Yo soy ese testigo
que canta, sin furor, tanta demencia.
Soy yo quien ha vivido
la desventura de tu muerte. Eso que nadie,
ni tan siquiera tú, sospecha que ha ocurrido.
sabrá que pudo ser siempre más bello
con sólo retenerte. Yo soy ese testigo
que canta, sin furor, tanta demencia.
Soy yo quien ha vivido
la desventura de tu muerte. Eso que nadie,
ni tan siquiera tú, sospecha que ha ocurrido.
Cuando pensamos en alguien queridísimo que hemos perdido estos versos de Brines son muy emocionantes. Pero cambiemos ese "tú" amado del poema por otra clase de sujeto mortal. Imaginemos que ese "tú" se refiere a Donald Trump o Vladimir Putin o Tayyip Erdogan o el rey de Arabia Saudí, por citar a cuatro antropoides tan poderosos como asquerosos y repugnantes. Entonces el poema suena a chiste. Entonces la elegía se convierte en parodia: Un día no serás, y nunca el mundo sabrá que pudo ser siempre más bello con sólo retenerte.
Si se cambia el verbo "retener" por "eliminar" el poema deja de provocar carcajadas.
Aquí viven leones
Hojeo en una librería el último libro de Fernando Savater. Es un libro dedicado a los escritores admirados por su mujer y él, un libro de las peregrinaciones que hicieron juntos a los lugares asociados a esos escritores. Aparecen Alfonso Reyes, Edgar Allan Poe, Leopardi, Valle Inclán, Shakespeare, Stefan Zweig, Flaubert y quizá algún otro más que se me olvida. Es un libro emocionante y hermoso, porque es un homenaje a su compañera fallecida. El libro se cierra con una Despedida, que contiene un fragmento de un poema de Francisco Brines:
Un día no serás, y nunca el mundo
sabrá que pudo ser siempre más bello
con sólo retenerte. Yo soy ese testigo
que canta, sin furor, tanta demencia.
Soy yo quien ha vivido
la desventura de tu muerte. Eso que nadie,
ni tan siquiera tú, sospecha que ha ocurrido.
sabrá que pudo ser siempre más bello
con sólo retenerte. Yo soy ese testigo
que canta, sin furor, tanta demencia.
Soy yo quien ha vivido
la desventura de tu muerte. Eso que nadie,
ni tan siquiera tú, sospecha que ha ocurrido.
No conocía estos versos que me tocan de lleno, en lo más hondo. Como este libro de Sara Torres y Savater. Nessun maggior dolore...
Rusia
El Poder siempre es peligroso. Con la caída de la URSS llegó el capitalismo a Moscú, a Bakú, a Georgia, a Vladivostok pero es evidente que la democracia no llegó ni a Rusia ni a sus repúblicas socialistas. En Rusia sigue el tenebroso Putin gobernando, no hay rastro de oposición. El que se atreve a levantar la voz muere en extrañas circunstancias o lo destruyen de otra forma (es fácil destruir a un ser humano, no hace falta matarlo para eso). Vladimir Putin es lo más parecido a un tirano que conozco.
Animales del Vesubio
Me entretengo esta tarde de domingo en apuntar los animales que aparecen en el poema "La Ginestra" de Leopardi, uno de los poemas más bellos de toda la literatura. Son, por este orden, si no me equivoco: la serpiente, el conejo, los bueyes (armenti), la hormiga, la cabra y el murciélago. Ninguna criatura exótica: animales humildes, viviendo sin cuidado su l’arida schiena del formidabil monte sterminator Vesevo. Desde luego a la lista habría que añadir otro animal, un poco más complejo pero no menos triste y vulnerable: el hombre.
El estoico Albert
Nun ist er mir auch mit dem Abschied von dieser sonderbaren Welt ein
wenig vorausgegangen. Das bedeutet nichts. Für uns gläubige Physiker hat
die Scheidung zwischen Vergangenheit, Gegenwart und Zukunft nur die
Bedeutung einer, wenn auch hartnäckigen, Illusion.
Ahora resulta que él se me ha adelantado un poco en la partida de este mundo extraño. Eso no significa nada. Para nosotros, físicos creyentes, la separación entre pasado, presente y futuro no es más que una ilusión, por muy tenaz que sea.
Carta de Einstein a la viuda de Michele Besso, 1955
Tres semanas después de escribir esta carta de consuelo a la viuda de Michele Besso, su amigo desde la juventud, Einstein también se despidió de este mundo extraño.
Sueltos
El sol es secreto.
La mitad de la vida ocultando la verdad y la otra mitad distorsionándola.
La muerte es la realización del hombre.
Tirar una piedra al agua y formar elipses, triángulos.
Galicia
Un par de noches en Galicia. Paseos por Santiago. Te sientas en un banco de granito. Una pareja pasa a tu lado: ella está enferma, el marido la cuida. Un hombre de tu edad se sienta en el parque, se mueve lento como un viejo de ochenta años. Al verlo te viene una palabra a la mente: "hermano". La noria, la tómbola, los niños. Sales de noche: después de tres ribeiros vuelves al cuarto (al cuarto de la pensión). Cruzas la región de punta a punta, en diagonal: desde Ribadeo hasta la ría de Vigo. Paseas por un pueblo costero. Los perros se meten en el agua.
Einstein
En Alemania, además del físico, hay más personas que se apellidan Einstein. Una de esas personas fue Carl Einstein, escritor y crítico de arte, anarquista, combatiente en la Guerra Civil en las filas de la CNT con la que acabó teniendo sus diferencias, igual que otro voluntario llamado George Orwell. Einstein pronunció el discurso fúnebre de Durruti. En su época fue bastante célebre (forma indirecta de decir que hoy ha caído en el olvido). Georges Braque fue su padrino de boda. Carl Einstein fue amigo de artistas como Picasso y colaboró con Georges Bataille. Como judío sufrió la persecución de los nazis. Se refugió en Francia. Cuando los alemanes entran en el país Einstein huye al sur. En la misma situación desesperada se vió Franz Werfel, que tuvo más suerte y logró escapar a América. Si se salvaba le prometió a la virgen de Lourdes escribir una obra sobre sus apariciones en la cueva, cosa que hizo. Pero Einstein no gozó de ese beneficio celestial y se tiró, en julio de 1940, por un puente en Pau. Walter Benjamin escapó de modo semejante en la ratonera de Port Bou en setiembre del mismo año.
Cuenta Cicerón en De la naturaleza de los dioses que un sacerdote enseñó al filósofo ateo Diágoras de Melos, para probar la providencia divina, los exvotos de los que se habían salvado de algún naufragio. "¿Y dónde están los exvotos de todos los que perecieron?" contestó Diágoras.
Enmienda a Chateaubriand
En traçant ces derniers mots, ce 16 novembre 1841, ma fenêtre qui
donne à l'ouest sur les jardins des Missions étrangères, est ouverte :
il est six heures du matin; j'aperçois la lune pâle et élargie; elle
s'abaisse sur la flèche des lnvalides à peine révélée par le premier
rayon doré de l'0rient; on dirait que l'ancien monde finit, et que le
nouveau commence. Je vois les reflets d 'une aurore dont je ne verrai
pas se lever le soleil. Il ne me reste qu'à m'asseoir au bord de ma
fosse; après quoi je descendrai hardiment, le CIGARE à la main, dans
l'éternité.
........................................
Chateaubriand, Mémoires d'Outre-Tombe
Dos destinos
El 11 de marzo de 1938 Egon Friedell escribió a Ödön von Horvárth: "en todo caso siempre estoy, en todos los sentidos, listo para partir". Se refería a la inminente llegada de las tropas alemanas a Viena; de hecho entraron en Austria al día siguiente. El 16 de marzo este escritor se arrojó al vacío desde el tercer piso de su vivienda en Viena, huyendo de la persecución. Antes de saltar tuvo la delicadeza de avisar a los viandantes: "¡Vorsicht, bitte!". El destinatario de la carta, von Horvárth, había conseguido ponerse temporalmente a salvo en París, via Budapest, después de la anexión de Austria. El 1 de junio de ese mismo año Ödön von Horvárth murió en los Campos Elíseos, mientras caminaba, alcanzado por la rama desprendida de un árbol.
Descartes, luego existes
Hoy hace 420 años que nació René Descartes. Este señor, orgulloso y desconfiado, taló el árbol seco de la Escolástica pensando junto a una estufa en la ciudad de Ulm, en una Europa convulsa. Y todo empezó porque se encontraba perdido en la vida. Eso nos pasa a todos (salvo a los muy burros) al menos una vez. Fue devoto católico mientras -sin darse cuenta- contribuía decisivamente a borrar a Dios del horizonte. Extraño caso de escisión espiritual. Sostengo que murió asesinado por la reina Cristina de Suecia, pues invitar a Estocolmo a un hombre de salud frágil y hacerle levantar a las 5 de la mañana, en pleno invierno, para las clases particulares (cuando a él le gustaba quedarse en la cama hasta el mediodía) es una maniobra homicida. La aventura hiperbórea fue fatal. Si Descartes -que fue uno de los mayores genios- fue así de ciego con lo que más apreciamos -que es la propia vida- entonces, ¿qué vamos a decir de la pobre Humanidad?
Ese señor del Instituto que lleva su nombre
Siguiendo con la manía o costumbre de recordar aniversarios hoy hace 184 años que, muy a pesar suyo, abandonó este mundo Johann Wolfgang Goethe. Se dice que sus últimas palabras fueron: "¡¡¡mehr Licht!!!". "Más luz" pedía el pobre moribundo. Un escritor austríaco dijo "¡Vorsicht, bitte!" antes de tirarse por la ventana. Era judío y los nazis acababan de entrar en Viena.
La embajada de Siria
La embajada de la "República Árabe de Siria" en Madrid está enfrente del museo del Prado. Cada vez que paso por allí hay, a una discreta distancia, un furgón de policía estacionado. Las ventanas del primer piso están cerradas. La bandera ondea sin sentido. De esas ventanas cerradas, de ese piso abandonado, se nota que emana el olor de la putrefacción. Cinco años de guerra civil mientras los turistas esperan a que el semáforo se ponga verde.
Experiencia del odio
En 1916 el filósofo Max Scheler escribió sobre la guerra que entonces asolaba Europa y otras partes del mundo: la Primera Guerra Mundial. Según Max Scheler lo que se esperaba del progreso y las comunicaciones: ser vehículos de amistad entre los pueblos, resultó lo contrario. Lo que unió a todas las naciones, metiéndolas en la Historia Universal, fue, paradójicamente, no el amor sino el odio.
En la situación general moral en la que la guerra ha desplazado al conjunto de la Humanidad civilizada hay una paradoja poco señalada. Esta paradoja consiste en que esta situación combina dos cualidades que a primera vista parecen excluirse. La guerra que brama en torno nuestro representa la más concentrada y profunda unidad de Experiencia que hayan alcanzado las más variadas partes de la Humanidad (Razas, Pueblos, Estados, Naciones, etc). Es el primer acontecimiento de la Historia que puede denominarse una experiencia total de la Humanidad. La "Historia Universal", una palabra que hasta ahora sólo designaba un compendio artificial, conceptual de Historias de Pueblos por separado y sus interacciones, se ha convertido en esta guerra, por primera vez, en un suceso real. Incluso la revolución de 1789 en comparación con este acontecimiento fue llevada sólo por una determinada parte de la Humanidad. Esta guerra, sin embargo, es el suceso más lleno de odio de toda nuestra Historia conocida; el suceso en el que la Humanidad, con el veneno del odio, se ha degradado y ensuciado más profundamente. La primera experiencia total de la Humanidad ha sido la experiencia del odio total.
Max Scheler, Las causas del odio a los alemanes, 1916
Georg Heym
3.II-1908. Dimos un paseo en trineo. En el ocaso se elevó una gran nube, con la forma de una cabeza de toro que miraba el suelo, densa se desplazaba despacio bajo una brillante estrella solitaria. También pensé qué hermoso sería dar este paseo en compañía de una querida muchacha. En un segundo trineo quizá Ernst Balcke o Werner Glimm con sus chicas. Viajando así por la tarde invernal.
Georg Heym, Diario
El 16 de enero de 1912 este poeta expresionista y su amigo Ernst Balcke se ahogaron en el río Havel cuando patinaban sobre el hielo. Balcke cayó en una brecha y Heym intentó salvarle. Tenían 24 años. Zbigniew Herbert dedicó a este suceso un hermoso poema. No llegaron a ver la Primera Guerra Mundial en la que es muy probable que hubieran caído.
Tempestades del Destino
Hoy hace 217 años que murió Lichtenberg. De tantos aforismos fabulosos como escribió recuerdo el que viene a continuación. Tal vez un soldado alemán llevara su librito en el bolsillo de su uniforme, en Verdún, antes de entrar en combate y de que un obús lo hiciera pedazos.
Ein Grab ist doch immer die beste Befestigung wider die Stürme des Schicksals.
Una tumba siempre es la mejor fortaleza contra las tempestades del Destino.
La batalla de Verdún
-El 21 de febrero de 1916 (hace ahora cien años, un siglo) empezó la batalla de Verdún.
-Pues vale.
-Pues vale.
Diario Romano, de Bruno Mesa
Me
preguntas si en las dos semanas que llevo en Roma he gozado siquiera un
momento de fugitivo placer, de placer robado, previsto o imprevisto,
exterior o interior, turbulento o pacífico, o vestido bajo una forma
cualquiera. Te responderé en buena consciencia y te juraré que desde que
puse el pie en esta ciudad jamás ha caído sobre mi ánimo una gota de
placer, excepto en aquellos momentos en que he leído tus cartas" Traigo
esta cita de Leopardi (de una carta del poeta a su hermano Carlo escrita en 1822) porque
quien lea "No guardes nada en tus bolsillos" puede llevarse la impresión
de que Bruno Mesa no lo pasó en Roma mucho mejor que Leopardi.
En principio que un escritor todavía joven tenga que pasar nueve meses en Roma como becario de la Academia de España sin otra obligación que la de realizar un proyecto literario más o menos vago suena de maravilla, es un regalo de la diosa Fortuna. Pero como Bruno Mesa es un poeta y no un apresurado redactor de folletos turísticos veremos que Roma, con todas sus maravillas, también contiene tedios y miserias. Para una persona de viva imaginación Roma puede ser un suplicio, pues todos los horrores de la Historia han pasado por ella. No todo son Berninis en la Roma de Mesa. Además está el problema de la convivencia: "Los nueves meses en Roma son un proyecto saludable, pero la estancia tenía una condición enfermiza: debía hacer la terapia en solitario, bajo el tinglado hipotético de los otros becarios y tal vez amigos" La convivencia, como se verá, no estará libre de conflictos.
Roma
fue durante siglos objeto de la codicia de muchísimos pueblos que
soñaron con saquear sus riquezas y entregarla al pillaje; fue objeto de
la ambición de sus propios caudillos y césares que quisieron poseerla
sin rival posible. (En el Diario Romano Bruno Mesa menciona a Julio
César un par de veces como precursor de los políticos italianos
de nuestro tiempo y también aparecen Calígula y Caracalla). Pues bien, según iba leyendo el libro se me
ocurrió invertir los términos y preguntarme si Roma sería capaz de
conquistar a Bruno Mesa. Dejo la pregunta, que me parece oportuna, sin
responder y que el lector conteste si quiere cuando termine el libro.
"Vagabundear por la ciudad se convirtió en una obsesión" dice Bruno Mesa en el prólogo. Y añade: "el
único protagonista de estas páginas debería ser la ciudad, y en ella
los que escapan y vuelven, ese desfile que nunca se agota". El ir y
venir de las gentes se le antoja a Mesa una puerta giratoria. "El que vagabundea por una ciudad no busca nada, dice Mesa, solo encuentra. Por eso durante meses me he dejado llevar por el azar, empujado por unas calles a otras como hechizado por sus historias. Por más que vagabundeo e insisto, no es posible aquí repetirse. Roma se reinventa en cada esquina" Desde la
llegada a la ciudad en octubre de 2010 hasta la partida en junio
de 2011 asistimos al encuentro de un escritor de Tenerife,
suficientemente exótico ("una especie de escarabajo africano" como se
define a sí mismo), con una de las ciudades más grandiosas de
este minúsculo planeta. ¿Qué cuenta un indígena cultísimo de las Islas
Afortunadas (para Bruno Mesa más bien "Desafortunadas"), que ha vivido
toda su vida con el rumor del turismo de masas en el aire, de una ciudad
que ha sido y es imán de millones de turistas y peregrinos?
Lo
singular de este Diario es que Bruno Mesa ofrece cualquier cosa menos la
perspectiva de un turista. De hecho, Bruno Mesa me parece la antítesis
de esta singular especie migratoria. Quizá porque procede de un
territorio donde el turismo es la principal fuente de ingresos y una
religión del culto a Helios cada vez más agobiante, Bruno Mesa ha
desarrollado anticuerpos que le protegen de la mirada superficial, la
prisa, el repentino e inexplicable interés por los monumentos y
el instinto de rebaño que caracteriza a esta especie. Pasar nueve meses
en Roma sin seguir las huellas de ningún cicerone parece una proeza y
desde luego es una extravagancia. Una extravagancia del vagabundo que
fue. Se equivoca quien espere en este Diario
Romano una guía al uso porque no encontrará tal cosa. El libro comienza
significativamente con un timo. Recién llegado a Fiumicino Bruno Mesa
cae en las garras de un taxista que le pide por el trayecto del
aeropuerto a la Academia 50 euros y le acaba cobrando 70.
El 1 de noviembre de 1786 un alemán llegó después de muchos días de viaje a esta misma ciudad: "por fin he llegado a esta capital del mundo". Ese alemán era Goethe. Bruno Mesa es menos solemne. Goethe llegó en varias etapas, cambiando muchas veces de coches de
caballos, y con el aire de Italia ya metido en los pulmones. El viajero
moderno que se baja del avión aterriza después de un salto. Hemos ganado
en rapidez, pero hemos perdido tiempo. La Roma de nuestros días no es
la Roma de Goethe, sino la de Fellini o Sorrentino. Hoy la visitan a miles japoneses y coreanos y existe muchísimo menos peligro de morir apuñalado en la calle.
Nueve
meses dan para conocer
con relativa profundidad el carácter de un pueblo y
sus costumbres. Aunque en este libro no aparecen retratados solamente el
camarero que trabajó en Madrid o el peluquero de Caserta al que Bruno
Mesa escucha con arrobo porque habla con acento del sur o el
político aventurero que hizo carrera pasando de un partido a otro hasta
fundar el suyo. Tambíen asoman sus compañeros becarios y los
funcionarios que mantienen la Institución donde se aloja.
"No hay lugar que represente mejor la decadencia que la Academia de España en Roma"
dice Mesa. Podemos imaginar que lo que sigue, en lo que atañe a esta
Institución, no será muy elogioso. Digámoslo claramente: es un
desastre.
Este
libro está escrito con tanta cólera como nostalgia. Luis Cernuda escribió en un poema: "esa inevitable/falacia de nuestro trato humano".
A esa inevitable falacia, que otros temperamentos más joviales pueden
tomarse a risa, es muy sensible Bruno Mesa. Eso no le acobarda: al contrario, le dispone al ataque. Las líneas que dedica al
director de la Academia son demoledoras. Este personaje"modoso e insustancial"
(espero por su bien que no lea el libro) es para Bruno Mesa el
representante de los diplomáticos y altos funcionarios del Estado. No sólo el
director es el blanco de sus dardos, también lo son supuestos
intelectuales. Gente que acude a la exposición de un artista, por
ejemplo: "Acuden, dice Mesa, muchos italianos de traje y
corbata, atraídos no sabemos por qué. Parecen gente seria,
intelectuales, señoras emperifolladas, una anciana solitaria con
sombrero cloché y aire decadente, desaparecida dentro de sí misma".
En un encuentro casual con una compañera por los pasillos del edificio
la joven le asegura que hay una reunión con genios internacionales, la
mayoría intelectuales y becarios de otras academias, sobre todo alemanes
y belgas, etc. Mesa termina la escena con una escueta frase: "Sin dudarlo me encierro en mi habitación." Mesa sabe ser mordaz y atajar la ingenuidad con una risotada. Una visitante de la Academia le confiesa: "Nunca
he estado con gente tan creativa, tan brillante... Te lo aseguro, estoy
sorprendida. No hay uno solo que no esté lleno de ideas y talento. "No puedo contener la carcajada", concluye Mesa.
Hay un ambiente opresivo dentro de los muros de la Academia que los paseos sin rumbo por Roma pueden ventilar. "Carezco, escribe, de virtudes sociales y tiendo a encerrarme y a huir. No confiaba en nadie e intuyo que ninguno confiaba en mí. Solo era el escritor zurdo de la habitación doce". Con
el paso del tiempo la cárcel que empezó siendo la Academia se convierte
en algo cada vez menos inhóspito. En estos vagabundeos por el
Trastevere, Villa Borghese o Villa Pamphili, recorriendo callejones y
parques, observando el fenómeno humano y la huella que ha dejado la
historia en los sampietrini, los adoquines de la ciudad, Bruno Mesa
parece encontrar aire fresco, aunque sea a costa de sufrir el caos
circulatorio de Roma (que será aún mayor en Nápoles) Las vespas son en
Roma, nos dice, lo que las vacas en la India.
"De exposiciones, actos literarios y otros compromisos sociales, líbranos Señor" esa parece su letanía. Bruno Mesa huye de ellos como de la peste. "Voy a un recital de poesía, que es un acto propenso al masoquismo" dice. En la sala del Instituto Cervantes en Piazza Navona organizan un acto titulado Creadores del Uruguay. "Es difícil saber por qué uno decide entrar", comienza. Al final queda clarísimo por qué huye.
En
una ciudad tan vital y decrépita Bruno Mesa anticipa con la imaginación
lo que será de nosotros dentro de unos cuantos siglos. Es una visión
melancólica. La visita a la Biblioteca Angelica, donde Mesa persigue una
de sus pasiones, la fotografía, le lleva a decir: "Dentro de unos
pocos siglos, en otra biblioteca al otro lado del mundo, alguien
repasará los lomos de otros libros con la misma amargura con que lo hace
uno, con la misma sed" Visitando una domus romana del siglo II a. C. dice: "Quizá
dentro de dos milenios alguien visite una excavación similar. Para ese
día seremos nosotros la historia, el rumor primitivo, el fraude del
tiempo" Y en las excavaciones de Ostia Antica se entrega a una meditación como de Shelley en las Termas de Caracalla: "En esto acabarán, dice Mesa, los lugares donde hemos dejado nuestras sombras, las calles que nos vieron nacer, aquella casa donde era posible caer enfermo"
En
esos nueve meses Mesa realiza un par de excursiones: Venecia (Nada es tan inverosímil cmo descubrir que Venecia es real), Florencia,
Nápoles. Su Diario Romano es también un Diario Italiano. Su visión no es
sólo urbana, es nacional. "Qué fabulosos espectáculos ofrece Italia
a un extranjero. Cada día, mientras leo el periódico, me pregunto si
este país no será ficción." De Italia destaca Mesa la ilimitada
capacidad para producir realidades inverosímiles. Y señala un rasgo de
los italianos: el individualismo. "Italia, dice Mesa, es un país de grandes individuos, contradictorios y fabulosos, de una inteligencia admirable".
Pero añade que este individualismo inherente al italiano produce todas
las maravillas y las miserias del país. Coincide Mesa con la visión
escéptica que tiene Ennio Flaiano: "En Italia la situación es grave, pero no seria" Del nepotismo romano observa Mesa: "Roma es una ciudad de hermanos y padres, de primos, sobrinos y cuñados" Esto podría corroborarlo un simple estudio de las familias que más papas han dado a la Iglesia.
Quien no quiso seguir a ningún guía se ve forzado a servir como tal: "Cumpliendo amistades, nos dice, he
visitado en los últimos meses 4 veces los Museos Vaticanos, 5
Capitolinos, 7 Foros Romanos, una decena de Navonas, Farneses y Trevis,
inteminables Santa Marías in Trastevere, Sopra Minervas y Panteones"
Mesa, que no se fija en los monumentos, repara en las expresiones de
asombro de sus acompañantes. Observa a los que observan. Durante su
estancia recibe varias visitas, entre ellas las de García Martín, Xuan
Bello y Javier Almuzara. "Antes de saludar a Martín ya estoy discutiendo con él" dice Bruno Mesa y añade más adelante: "Nuestra amistad no puede ser más sólida: nos vemos una vez cada diez años y vivimos a dos mil kilómetros de distancia" Esto suena a paradoja, pero como declara Mesa en este mismo libro: "Al ser humano le favorece la paradoja"
Sospecho que la visita que más le emociona es la que en marzo, medio
año de Roma a sus espaldas, le hacen su hermana, sobrina y cuñado. "Siento, dice Mesa, que apenas escribo de aquellos a los que debeo demasiado. A Sandra, mi hermana mayor, se lo debo casi todo" Bruno Mesa es ya un romano. Y quien ha sido romano alguna vez no dejará de serlo nunca. Tan romano como la estatua del sombrío Giordano Bruno.
Llega junio. Se acerca el final de la estancia, o como dice Mesa, enemigo de la solemnidad y la efusión sentimental: "se acabó el juego". Para esta despedida nos da un consejo sensato, el que da título al libro: "No guardes nada en tus bolsillos".
Es el momento de hacer balance: "Hemos sido durante unos meses, escribe, aquello que nos pasamos la vida intentando recobrar: ser niños que juegan inadvertidos, despreocupados, insensatos, tal vez felices. Hemos cumplido con todos los ritos: las discusiones, el amor, la enfermedad, el reglamentario frío, el arte y su fachenda, el timo y la ganga, la belleza y el miedo, hemos recorrido Italia y ella nos ha entregado su deliciosa enfermedad, su conjura escenificada." Finalmente no es el huraño irreductible que podría parecer y recuerda
con afecto, a punto de partir, a algunos compañeros de aventura a los
que cita por su nombre. Tal vez les guarde algo de afecto porque sabe
que no volverán a verse. Y eso, nos dice, es todo lo que se lleva de
allí. No hay mejor equipaje: "no hay Berninis, dice, Caravaggios
o Rafaeles que puedan igualar el milagro, detenido e irrepetible, de
verles compartir la locura de la existencia alrededor de una mesa." Si hay un lugar en el mundo donde se puede compartir esa locura de la existencia es Roma. Aunque a Mesa le basta un suburbio de Santa Cruz, su ciudad natal.
Con
esa ironía suya, que es rasgo de su estilo, habla Mesa de un viejo
amigo que la literatura no ha conseguido destrozar. La literatura: esa
enfermedad o toxicomanía como él la llama. Cumpliendo con estos ritos "propensos al masoquismo" he presentado a ustedes el Diario Romano de
Bruno Mesa y les animo a leerlo. Verán que Roma es algo más que el Coliseo y que Italia puede convertirse, para un escritor llegado
de un remoto archipiélago africano, ese escritor zurdo de la habitación doce, en una patria adoptiva que nos
maravilla y exaspera como lo hacen los amores verdaderos.
Sino por una avecilla...
El pasado abril les llamé, si recuerda, urgentemente por teléfono a las 10 de la mañana desde el Jardín Botánico para que oyeran conmigo al ruiseñor, que daba un todo un concierto. Nos sentamos sin hacer ruido, escondidos entre la espesa maleza, entre piedras por las que se filtraba un poco de agua. Después del ruiseñor oímos de pronto un monótono canto lastimero, que sonaba más o menos: "Gligligligligliglick!. Yo dije que sonaba como de ave de laguna o acuática y Karl concordó conmigo, pero no pudimos averiguar qué pájaro era. Imagínese, hace unos días por la mañana oí de pronto el mismo canto aquí. El corazón me latía de impaciencia por saber de una vez qué pájaro era. No estuve tranquila hasta que lo descubrí hoy: no es un ave acuática, sino el Torcecuello, una especie gris de pájaro carpintero. Es un poco más grande que el gorrión y se llama así porque cuando está en peligro ante un enemigo intenta asustarlo haciendo gestos raros y contorsiones de cabeza. Se alimenta sólo de hormigas que captura con su lengua pegajosa como el oso hormiguero. Los españoles lo llaman por este motivo Hormiguero. Mörike, por cierto, escribió un precioso poemita sobre este pájaro al que Hugo Wolf puso música. Desde que sé cuál es este pájaro de canto lastimero es como si hubiera conseguido un regalo. Tal vez le podría contar esto a Karl, se llevará una alegría.
Rosa Luxemburgo, carta desde la prisión de Wronke, 2 mayo 1917
Rosa Luxemburgo
Hoy se cumplen 97 años del asesinato de Rosa Luxemburgo. Lo que sigue es un fragmento de una de las cartas que escribió desde la cárcel. En la celda planeaba, con el detalle que sólo pueden lograr los cautivos, una excursión a Córcega con la destinataria, Sophie Ryss, segunda mujer de Karl Liebknecht.
Estoy enferma, pues ahora todo me conmueve tanto. ¿Sabe usted? A veces tengo la sensación de que no soy un verdadero ser humano, sino un pájaro cualquiera u otro animal con forma humana. En un trocito de jardín como el que hay aquí o en el campo bajo abejorros y hierba me siento interiormente mucho más en mi patria que... en un congreso del partido. A usted puedo decirle todo esto, no va a sospechar una traición al Socialismo. Usted sabe que aún así espero morir en mi puesto: en una lucha callejera o en un presidio. Pero en lo más íntimo de mi corazón soy más de mis herrerillos que de mis "compañeros". Y no es esto porque encuentre en la Naturaleza, como tantos políticos interiormente arruinados, un refugio o un lugar de descanso. Al contrario, encuentro también en la Naturaleza a cada paso una crueldad tan grande que me hace sufrir mucho. Piense por ejemplo en la siguiente pequeña vivencia que no se me va de la cabeza. La primavera pasada volvía a casa por calles tranquilas y desiertas de una excursión por el campo cuando en el suelo me llamó la atención una oscura y pequeña mancha. Me agaché y ví una tragedia silenciosa: un gran escarabajo yacía sobre sus espaldas y se defendía desvalido con las patas, mientras un enorme montón de minúsculas hormigas pululaban a su alrededor y... lo devoraban vivo. Me estremecí, saqué mi pañuelo y comenzé a ahuyentar a las brutales bestias. Pero eran tan atrevidas y tenaces que tuve que librar con ellas una larga batalla y cuando por fin liberé al pobre mártir y lo dejé sobre la ancha hierba, ya le habían comido dos patas. Me fui con la atormentada impresión de que, después de todo, le había hecho un muy dudoso favor.
Rosa Luxemburgo, carta desde la prisión de Wronke, 2 mayo 1917
Qué ilusión
La muerte no debe preocuparte, tu actividad en Facebook te mantendrá vivo para siempre.
Esto dice la noticia del diario. Otra noticia que me suena a chiste.
Sabio hindú
Un sabio hindú de hace miles de años dijo una vez: "todo lo que nace debe morir. El secreto de la vida es el sufrimiento. La verdadera esperanza es la aniquilación".
Vergüenza
Hay que hilar fino para examinar ciertos sentimientos. Qué es lo Bello, lo Sublime, lo Siniestro. Freud dedicó un estudio a lo Siniestro (das Unheimliche). Para Heidegger la Angustia, miedo sin objeto, es una revelación de la Nada. Hay un sentimiento, no sé cómo llamarlo, para el que no conozco ninguna palabra. Nunca he oído o leído noticia suya, quizá con una excepción: Es war, als sollte die Scham ihn überleben. Sólo que no es como si la vergüenza fuera a sobrevivirme (terrible idea de infinita abyección) sino algo ligeramente distinto pero no menos desagradable: es como si el universo me diera vergüenza.
Zelif 2016
El año nuevo es el cumpleaños de la gente. El equipo administrador de este blog, su consejo de administración y los empleados y empleadas que componen la familia de "Selva de varia opinión" desean a todos sus clientes y amigos un feliz y salvaje 2016 lleno de argucias y trucos para la supervivencia. Feliz año ñoño y próspero merimé.
Dulce sueño
Ven, dulce sueño. Sueño que caes sobre los soldados en las trincheras, entre los escombros; sueño que te posas sobre los enfermos terminales, sobre los desgraciados en el amor, sobre los ciegos, los solitarios, los tontos, los locos, los felices y los desesperados; sueño que te posas sobre los poderosos y los mendigos, sobre los cansados de esta vida. Ven, dulce sueño.
Del rebuzno de un burro
Ahora tengo que escribirte algo más de mi viaje. ¿Sabes que tu amigo ha estado muy cerca de la muerte? No te asustes, estuvo cerca, pero aún está vivito y coleando. Al día siguiente, después de que dejara en el correo de Gotinga mi carta para tí, partimos de esta ciudad hacia Frankfurt. Cinco millas antes de este lugar, en Butzbach, un pueblecito pequeño, nos detuvimos de mañana delante de una posada para darles de comer a los caballos, por lo que Johann soltó las riendas y seguimos sentados tan tranquilos. Mientras Johann estaba en la casa se acerca a nosotros por detrás un tiro de caballos de Steineseln y uno de ellos dió un relincho tan horrible que hasta nosotros, si no fuéramos tan racionales, nos hubiéramos desbocado. Pero nuestros caballos, que tienen la desgracia de no poseer Razón, se encabritaron y echaron a correr con nosotros como locos sobre el empedrado. Intenté agarrar las correas, pero las riendas estaban sueltas sobre el pecho de los caballos y antes de que tuviéramos tiempo de pensar en el enorme peligro nuestro ligero coche volcó y caímos. ¿Así que una vida humana depende del rebuzno de un burro? Si ése hubiera sido el fin, ¿para eso habría vivido? ¿Hubiera sido ésa la intención del Creador en esta oscura y enigmática vida terrenal? ¿Para eso habría tenido que aprender, actuar y nada más? Bueno, pero no pasó nada. Con qué fin el Cielo me ha concedido algo más de tiempo... ¿quién puede saberlo? En resumen: nos levantamos del suelo los dos, sanos y salvos, y nos abrazamos.
Kleist, carta a Wilhelmine, 21 julio 1801
Leopardi en Roma
Me preguntas si en las dos semanas que llevo en Roma he gozado siquiera un momento de fugitivo placer, de placer robado, previsto o imprevisto, exterior o interior, turbulento o pacífico, o vestido bajo una forma cualquiera. Te responderé en buena consciencia y te juraré que desde que puse el pie en esta ciudad jamás una gota de placer ha caído sobre mi ánimo, excepto en aquellos momentos en que he leído tus cartas, las cuales te digo, sin exageración ninguna, que han sido los momentos más bellos de mi estancia en Roma.
El hombre no puede vivir en absoluto en una gran esfera, porque su fuerza o su facultad de relación es limitada. En una ciudad pequeña podemos aburrirnos, pero al final las relaciones entre hombre y hombre y con las cosas existen, porque la esfera de las mismas relaciones está restringida y es proporcionada a la naturaleza humana. En una ciudad grande el hombre vive sin ninguna relación con aquello que lo rodea, porque la esfera es tan grande que el individuo no la puede llenar, no la puede sentir entorno suyo, y en consecuencia no hay ningún punto de contacto entre ella y él. De aquí se puede conjeturar cuánto mayor y más terrible es el tedio que se siente en una ciudad grande que en una pequeña ya que la indiferencia, esa horrible pasión, o más bien "despasión" del hombre, tiene verdadera y necesariamente su principal sede en las ciudades grandes, esto es, en las sociedades muy vastas. La facultad sensitiva del hombre en estos lugares se limita sólo a ver.
La única manera de poder vivir en una ciudad grande y que todos, antes o después, están obligados a seguir, es la de hacerse una pequeña esfera de relaciones, permaneciendo en una indiferencia total hacia el resto de la sociedad. En otras palabras: fabricarse dentro como una pequeña ciudad dentro de la grande, permaneciendo inútil e indiferente al individuo todo el resto de la misma gran ciudad.
La única manera de poder vivir en una ciudad grande y que todos, antes o después, están obligados a seguir, es la de hacerse una pequeña esfera de relaciones, permaneciendo en una indiferencia total hacia el resto de la sociedad. En otras palabras: fabricarse dentro como una pequeña ciudad dentro de la grande, permaneciendo inútil e indiferente al individuo todo el resto de la misma gran ciudad.
Leopardi, carta a Carlo Leopardi, 6 diciembre 1822
Kleist en París
Claro que hay vida... pero en París se está tan bien como un muerto. Cuando abro la ventana no veo más que la pálida, apagada y sosa ciudad, con sus altos y grises tejados de pizarra y sus chimeneas amorfas; veo algo de las Tullerías, y muchos hombres que se olvidan tan pronto dan la vuelta a la esquina. No conozco a ninguno, no amo a ninguno y no sé si amaré a alguno de ellos. Porque en las grandes ciudades los hombres están demasiado escarmentados para ser abiertos, son demasiado finos para ser auténticos. Son actores que se engañan mutuamente, y actúan como si no se dieran cuenta. Pasan fríamente los unos ante los otros, se abren paso por las calles entre un montón de individuos para los que todo es indiferente salvo lo suyo. Antes de tener una impresión, ésta ya ha sido arrastrada por otras diez; nada se liga a nada, nada se liga a nosotros. Se saludan cortésmente, pero aquí el corazón es tan inútil como un pulmón en un campana de vacío, y si se escapa por casualidad una emoción ésta se extingue como el sonido de una flauta en un huracán.
Kleist; carta a Karoline von Schlieben, 18 julio 1801
La Günderode
El pensamiento de poder perderte me era dolorosísimo. Temía que tu Yo y el mío tuvieran que disolverse en la materia primordial del mundo; luego volvía a consolarme pensando que nuestros elementos amigos, obedientes a las leyes de la atracción, se buscarían por el espacio infinito y se harían compañía mutuamente. Así luchaba en mi alma la esperanza y la duda, el valor y el desánimo. Pero el destino quiso que siga viviendo. Pero, ¿qué es la vida? Este bien que se abandona y se obtiene. Me pregunto a menudo: ¿qué significa que de la totalidad de la naturaleza un ser se separe con su conciencia y arrancado de ella sienta por sí mismo? ¿Por qué se fija con semejante fuerza a sus pensamientos y opiniones, como si fueran eternos? ¿Por qué puede el hombre morir para ellos, pues para él mismo se pierden con su muerte estos pensamientos? ¿Y por qué si, no obstante, estos pensamientos e ideas mueren con el individuo; por qué se producen una y otra vez e insisten a través de una fila de generaciones sucesivas hacia la inmortalidad en el tiempo?
Karoline von Günderode, Carta a Eusebio
Léopoldine
Gran poema de Víctor Hugo. Hay que descubrir jóvenes talentos. Una pena corroe al autor: la muerte de su hija, ahogada en el Sena a los 19 años, junto con su marido. Pareja de recién casados. La barca zozobró en un día de calma. Lo que queda del naufragio es esto.
Demain, dès l’aube, à l’heure où blanchit la campagne,
Je partirai. Vois-tu, je sais que tu m’attends.
J’irai par la forêt, j’irai par la montagne.
Je ne puis demeurer loin de toi plus longtemps.
Je marcherai les yeux fixés sur mes pensées,
Sans rien voir au dehors, sans entendre aucun bruit,
Seul, inconnu, le dos courbé, les mains croisées,
Triste, et le jour pour moi sera comme la nuit.
Je ne regarderai ni l’or du soir qui tombe,
Ni les voiles au loin descendant vers Harfleur,
Et quand j’arriverai, je mettrai sur ta tombe
Un bouquet de houx vert et de bruyère en fleur.
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